.Devils Throat- Novela yaoi / homoerótica para mayores de edad.
 

Capítulo 45
Close to you

Noviembre 15, sábado.

–¿Quieres una cerveza o… pepsi? También tengo agua… –Roi miró a Jari, que había ido a buscarlo a casa. Había pasado aquellos días con él desde la muerte de Bronco, pero como en una nube, y ahora que se sentía mejor, volvía a resultarle incómodo estar a solas con él.

–Pepsi está bien –asintió pensando que prefería la soda de fresa, pero seguro que se ponía nervioso si le decía eso –. ¿Por qué estás tan serio ahora?

–No lo estoy… –se bajó un poco la gorra y le pasó la lata, sentándose en el otro extremo del sofá de tres plazas y abriéndose otra lata para él.

–Sí lo estás y lejooooooooos… –se rio, gateando hasta colocarse a su lado, pegándose antes de abrir la lata.

Roi lo miró de soslayo y bebió un poco, antes de pasarle el brazo por encima.

–Tal vez sí que vaya contigo en Navidad.

–¿Sí? Ven conmigo –se entusiasmó casi saltando en el sofá –. Nos divertiremos.

–¿Seguro que tus padres te dejan?

–Sí. Bueno, se van a molestar, pero yo los calmo –le aseguró, recostándose contra su hombro –. Se molestan por todo.

–Pues no sé, tampoco quiero ir a arruinarle las navidades a nadie…

–No lo harás… De todos modos pensaba hablar con ellos en navidad, es importante –le aseguró un poco más serio, bebiendo de su soda.

–Bueno… –se encogió de hombros, pensando que era algo incómodo igualmente –Seguro que me ponen a dormir en la otra punta de la casa.

–Pero yo me escaparé de noche e iré a dormir contigo –sonrió decidido –. No quiero separarme de ti.

–Tampoco los cabrees, a ver si luego te sacan del internado –le pidió, mirándolo –. ¿Tienes hermanos?

–No, si así fuera no se fijarían tanto en mí. Me gustaría tener uno, ¿sabes? Uno mayor que me protegiera…

–A mí no me gustaría nada… y además me tienes a mí y yo te protejo –lo rodeó de pronto, celándose sólo de imaginarse la escenita del hermano mayor protector.

–Sí, pero me refiero a uno que me protegiera ante mis padres. Ya sabes… –se rio, contento porque lo abrazara de esa manera –Te quiero, Roi.

–Ya, pero mejor no… –se quejó igual, rozándole la cintura con una mano –Me celo –le aclaró, tirando un poco para sentarlo sobre sus piernas.

–Lo sé y me gusta –sonrió, acomodándose y mirándolo –. Me haces feliz.

–Y tú a mí –se apoyó contra el respaldo y luego se sacó la gorra y se la puso, bajándole un poco la cabeza antes de inclinarse para besarlo.

Jari cerró los ojos, dejándose besar y sintiendo un calor recorrerle el pecho. A veces le costaba trabajo pensar que por fin lo tenía a su lado. Le tocó una mejilla, mirándolo luego de romperse el beso.

–¿Qué miras? –protestó, aunque igualmente había enrojecido y eso no podía ocultarse –¿Quieres…? No sé…

–¿El qué? Sólo pensaba en que te amo –contestó sinceramente, tocándole la mejilla de nuevo al verla roja.

–Subir a mi cuarto… –contestó en tono de protesta.

–Oh, pues… claro –enrojeció por no haberlo comprendido de buenas a primeras, besándolo ligeramente en los labios de nuevo y saltando para quitársele de encima. Dejó la soda sobre la mesa ya que no quería derramarla.

Roi subió delante de él, pensando que era un ambiente muy extraño hacerlo de esa forma. No tenía que haberle dicho de subir a la habitación, pero sólo se sentía seguro allí desde que Bronco no estaba y a pesar de que no tenía mucho sentido.

Jari lo siguió sigiloso, como si fuera algo ceremonial casi. Estaba nervioso, y le latía el corazón con fuerza, pero había notado que Roi se asustaba con facilidad y no quería que se arrepintiera de haberlo propuesto.

El rubio le tiró de la camiseta tras cerrar la puerta y se apoyó contra la misma, besándolo otra vez y sacándole la gorra, dejando que cayese al suelo. Lo cierto es que ya estaba empalmado, sólo por estar pensando que iban a enrollarse.

El chico lo sujetó por la cintura, metiendo las manos por debajo de su jersey, sintiendo la calidez de su piel, pero no dejaba de besarlo. Por fin se apartó, quitándose la camiseta y dejándola a un lado, pegándose de nuevo a Roi como si no pudiera estar sin él ni un segundo.

Las manos del otro pasaron por su espalda con unas ansias que ni siquiera se había dado cuenta de que sentía, y a los pocos segundos ya estaban sobre sus nalgas, atrayéndolo contra él mientras le besaba el cuello.

–Te quiero, Roi… –jadeó Jari, entrecerrando los ojos y echando la cabeza hacia atrás. Dio un salto, quedando trepado sobre su novio, sujetándose a sus caderas con las piernas.

–Te quiero… –susurró de vuelta, apretándolo más contra él, frotándolo con su sexo y estrujándole las nalgas como si no hubiese mayor placer en el mundo, incluso se le escapó de entre los labios un jadeo contenido. Le dio una nalgada y lo hizo bajar para poder quitarse la camiseta también, y luego abrirle los pantalones.

–Y eres sexy –comentó Jari innecesariamente, pero no había podido contenerse al verlo sin camiseta. Se bajó los pantalones y la ropa interior. Siempre había pensado que estaría nervioso en el momento de hacerlo, y lo estaba, pero también estaba completamente seguro de que eso era lo que quería.

Roy lo miró, pensando que no había tardado ni dos segundos en sacárselo todo. La verdad es que al principio se había sentido un poco culpable de estar pensando en eso, pero ahora ya no podía pensar en otra cosa.

Lo sujetó por la nuca para aproximarlo a él y lo beso profundamente, masturbándolo con la otra mano y mordiéndole los labios sin querer a cada rato.

–Mmm… gemía Jari, con los ojos a medio cerrar de nuevo, dejándose llevar. Lo lamía cada vez que no lo estaba mordiendo, y se estremecía al sentir su propio sexo pulsar en la mano de Roi. Le gustaba su manera de manejarlo, tan fuerte y a la vez cariñosa.

El rubio bajó la otra mano por su espalda y la apoyó sobre sus nalgas, deslizando un dedo entre ellas, acariciando su forma y atreviéndose a bajar hasta su ano. Le dio un golpecito con el dedo, mirando sus ojos al ver que gemía.

–Toca, toca… –le pidió el chico, ya que le había gustado y bajó la cabeza buscando sus labios una vez más. Se sentía arder, no podía ni pensar.

Roi le sujetó las nalgas con ambas manos, apretándoselas y bajándolas un poco por sus piernas, subiendo de nuevo y separándoselas, volviendo a tocarlo allí y rompiendo el beso para besarle los pezones, comenzando a arrodillarse poco a poco, mientras el chico se apoyaba contra la puerta, sin poder aguantar más, estremeciéndose.

Le acarició el cabello, estrujándolo un poco y observando la curvatura de su espalda, sus hombros fuertes y amplios. Gimió en voz alta, al sentir cómo lo recorría con la lengua, succionándolo.

Besó su sexo varias veces, mojándose los labios de su propia saliva y estrujándole más las nalgas, sin dejarlo que se apoyase del todo contra la puerta.

Finalmente se levantó de nuevo y lo besó antes de girarlo de espaldas a él y abrirse el pantalón para apretarse contra una de sus nalgas, frotando su sexo allí y jadeando. Le tocó la otra con una mano, apretándosela y luego pegándole con suavidad, sólo para luego hacerlo un poco más fuerte.

–Ah… Oh, Roi… –gimió el chico, pegando la frente contra la madera de la puerta y mirando hacia abajo. Su propio sexo estaba apuntando al frente como nunca. Nunca le había pasado por la cabeza, pero estaba disfrutando de aquellas nalgaditas. Mucho más si podía sentir a Roi contra su ano, empujando un poco, mojándolo.

–Ven… –le pidió, sujetándole una mano para que lo acompañase a la cama. Lo besó otra vez, pero no lo dejó acostarse y le hizo inclinarse hacia el colchón con las manos, a pesar de que sus piernas seguían estiradas y abiertas con los pies en el suelo. Roi se arrodilló, tocándoselas y recorriéndolas con las manos mientras le mordía las nalgas comenzando a besar su ano y a lamerlo despacio, pero apretando la lengua contra él.

–Mhm… Roi… me muero… –gimió el chico, bajando la cabeza contra el colchón y acariciándose con las sábanas como si fuera un gato, mientras se ponía de puntillas como resultado del placer que estaba sintiendo.

Roi resopló, enrojeciendo y empujando la lengua dentro de su cuerpo, separándole las nalgas con las manos y apretándoselas. Movió una entre sus piernas y comenzó a masturbarlo también, masajeando su sexo hacia abajo como si lo ordeñase.

Siempre había imaginado hacer algo así, y lo mejor es que él le dejaba, es más, parecía estar muy excitado. Movió un poco la cabeza y empujó más la lengua, pensando que si tanto le costaba meterla, se iba a correr sólo con penetrarlo.

–Más, más… –le pidió Jari como si no cayese en cuenta de lo que le hacía, girando la cara de lado para poder verlo de soslayo, aunque igual no lo conseguía en esa posición. Estaba temblando casi por la excitación y su sexo palpitaba con urgencia, aquello era lo mejor de lo mejor.

Roi comenzó a chupársela de pronto, tras sentarse en el suelo y apoyar la cabeza en el colchón, resoplando por la nariz al sentir sus gemidos y su forma de estremecerse. Deslizó los dedos por su entrada húmeda y empujó dos despacio, moviéndolos dentro de la humedad caliente de su interior. Tenía los ojos cerrados y ya no sabía ni lo que estaba haciendo.

–Me muero, Roiiiiiiiiii… –gimió de nuevo, casi arrodillándose por el placer, le doblaba las rodillas. Ni siquiera le molestaban los dedos en su interior.

El rubio se sentía un poco asfixiado por la forma en la que empujaba su sexo contra el paladar, pero en realidad le gustaba y le pegó otra nalgada, moviendo los dedos con más fuerza dentro de él y resoplando por la nariz ruidosamente. Alzando la vista para ver su expresión y por poco gimiendo a pesar del sexo en su boca, lo cual desencadenó otro gemido por parte de Jari.

El chico apretó los párpados, aferrándose a las sábanas y tratando de resistir, pero le costaba trabajo no correrse con lo excitado que estaba. Volvió a gemir, estremeciéndose y moviendo ligeramente las caderas.

Roi lo dejó salir de su boca, jadeando y succionándole los testículos antes de salir de debajo de sus piernas. Se puso de pie tras él y apoyó su sexo contra su ano, sujetándolo con una mano y pensando que casi entraba solo ahora. Gruñó por no gemir, penetrándolo despacio y observando cómo entraba su sexo en el cuerpo del chico. Le sujetó las caderas y se quedó completamente en su interior, pensando que era increíble y resoplando enrojecido.

Jari estaba gimiendo, completamente perdido. No se podía creer que se sintiera así. Apretó su propio sexo tan sólo una vez, quedándose quieto luego porque no quería correrse demasiado pronto.

El rubio le pasó una mano por el pecho y lo irguió poco a poco, deslizando las manos por sus brazos para que se sujetase a su cuello. Lo besó de aquella forma incómoda, pero nada le resultaba incómodo ya en realidad, y lo levantó por debajo de las piernas, mirando hacia el espejo de su cuarto y moviéndolo sobre su sexo.

–Aguanta un poco –le pidió, preguntándose si estaba incómodo, a él no le pesaba nada, quería ver su sexo, y cómo entraba y salía el suyo de él.

–No me... dejes caehr… –le pidió, sujetándose con fuerza y temblando de todas maneras. Entre los nervios y la excitación, no podía hacer otra cosa.

–No… –jadeó, besándole el cuello y luego llevándolo a la cama para que no estuviese asustado. Lo acostó y se coló entre sus piernas, fundiéndose con su cuerpo al fin y sintiendo su calor. Le levantó las nalgas y lo frotó contra su abdomen, jadeando y moviéndose dentro de él con urgencia.

Jari se corrió enseguida, casi gritando por cómo gemía. Lo cierto es que ver aquello lo había acelerado más aún, estaba seguro de que se iba a quedar seco por dentro, pero aquello era el cielo.

–Te amoooooooooooo, ¡Te amo, Roi!

–¡Nhg! –Roi se empujó dentro de él, moviéndose con fuerza un poco más y luego simplemente se quedó quieto mientras se corría, incapaz de moverse por la intensidad del orgasmo. Lo besó aunque todavía no era capaz de respirar bien siquiera.

–Te amo… –volvió a repetir el chico, ya sin aliento, completamente exhausto –Te amoooooo….

–Te amo… –le contestó por fin, todavía sin salir de su cuerpo y rodeándolo con fuerza de pronto, sintiéndose más próximo a él que nunca, y no de una forma física en realidad.

Jari cerró los ojos, sonriendo como nunca y abrazándose más a él.

–Te amo –repitió, sin saber qué más decir, pero era lo que sentía y a la vez, esas palabras no podían expresar ni un cuarto de lo que llevaba por dentro.

Roi le acarició una mejilla con la suya, sin moverse de encima tampoco. En realidad estaba seguro de que no iba a dejar de abrazarlo en horas. No quería que desapareciese aquella sensación tan íntima.


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