.Devils Throat- Novela yaoi / homoerótica para mayores de edad.
 

Capítulo 46
The windows of the soul

Noviembre 15, sábado.

Ash se pasó una mano por el cabello, metiendo ambas luego en los bolsillos de sus jeans. Miró a Vargas, sonriendo un poco.
–Queda lejos, ¿no? Por eso me mudé. Imagina caminar esto todos los días.

–Sí, puedo hacerme una idea… –sonrió ligeramente, y luego se llevó el cigarro a los labios, mirando a lo lejos y pasándole el brazo por los hombros.

–Ha… Hace frío, ¿no? –comentó sin saber por qué se sentía tan nervioso. No era como que le fuera a presentar a sus padres o algo así –De todas maneras está destruida.

–¿En serio? Bueno, el terreno tendrá suficiente valor –lo calmó. De hecho, durante aquellos días en la ciudad, habían estado preguntando qué tal se vendería esa casa y demás. Pero según Ash, los papeles estaban por allí en algún lugar.

–Sí, eso supongo. No he podido mantenerla como verás –se rio ya que creía haber sonado como un magnate.

–Bastante te cuesta mantenerte a ti mismo –se rio también, bajando la mano y metiendo el dedo por un agujero de sus jeans –. Aunque esto me gusta.

–Deja eso –lo riñó enrojeciendo y desviando la mirada –. Por lo menos estaba cerca de la playa. Hay un camino que baja… Bueno, eso debes saberlo tú también, es viejo.

–¿Me estás llamando viejo? –lo sujetó por la cintura después, tratando de convencerse de que no se sentía incómodo recorriendo aquella zona de la isla después de tantos años.

–Claro que no, tonto –enrojeció más, aunque dejándose sujetar así –. Quise decir que no lo hicieron luego de que te fuiste…

–Lo sé. Yo solía pasar por aquí a menudo… –comenzó a bajar con él por aquel camino estrecho, dejando salir el humo lentamente de entre sus labios.

–¿Sí? Bueno, sí. Claro… Es difícil no recorrerse toda la isla, es tan grande –se rio mientras observaba el camino serpentear hacia la izquierda. En aquella zona había más casas, pero no vivía mucha gente allí. Eran bastante antiguas y contando la de personas que se habían ido a la ciudad, además de los que habían hecho como él y preferían alquilar algo más cercano al puerto… allí sólo quedaban alguno que otro anciano.

Seguramente en el futuro estaría lleno de casas de veraneo.

–¿Es una de esas casas? –le preguntó, subiéndose un poco las gafas y sintiendo un nudo en el estómago.

–Sí, la última –señaló al final del camino –a mano izquierda –. Estaba sonriendo un poco, de pronto sentía algo de nostalgia por esos días en los que no había tenido que preocuparse por nada.

Vargas pareció hacer al contrario, y le apretó un poco la cintura sin darse cuenta.

–¿Cómo se llamaba tu abuela?

–Alba, ¿por qué? ¿La conocías? –lo miró con la misma expresión, preguntándose entonces por qué estaba tan serio.

–Conocía a su hija. ¿Tú no… la conociste? –no lo miró, se llevó el cigarro a los labios otra vez.

–No, nunca hablaba de ella. Creo que no se llevaban bien –se encogió de hombros.

–No, tal vez no… –sonrió para sí, pensando que además era una cabezona, precisamente por eso se sentía dolido también, aunque ya no quería pensar más en ella.

–No me digas que era tu novia, ¿eh? –alzó una ceja, metiéndole un codazo porque no le había gustado esa sonrisa.

–Ah… ¿lo siento? –se rio, frotándose el costado –Fue mi primera novia.

–Pues ya deja de pensar en ella –lo empujó de nuevo, echando a correr –¡El que llega de último es tonto!

Vargas tiró el cigarro y corrió tras él, aunque definitivamente iba a ganarle.

–Has tomado ventaja, desgraciado –le empujó la cabeza al alcanzarlo, jadeando un poco, y pensando que al menos así no se sentía tan extraño ya.

–Claro, porque tú eres el tonto –se rio, sujetándolo un poco antes de entrar en la casa. Ahora le daba vergüenza haberse comportado así y para colmo, sí que se ponía celoso, pero no quería admitirlo.

Apartó un trozo del cielo raso que se había caído y observó aquel lugar lleno de polvo y suciedad, los pocos muebles que quedaban estaban hechos una mierda. Claro, por eso los había dejado allí en primer lugar.

–Esto está como siempre…, pero con mierda incluida. Esa mujer era una maniática de la limpieza… –murmuró, pensando que ese lugar le traía recuerdos, muchos nada buenos –Yo no le gustaba mucho para comenzar… –tocó la chimenea, dibujando en el polvo y soplándose el dedo después.

–¿No? No era tan terrible, un poco severa… –se encogió de hombros de nuevo, adentrándose más –, pero sí, era un poco maniática –se rio intentando imaginarse a Vargas de adolescente –. ¿Cómo era su hija?

–Muy seria…, pero cariñosa en privado. Supongo que tenía una falta de afecto notable, o tal vez simplemente necesitaba relajarse. Se preocupaba demasiado por todo… –murmuró, mirando hacia las escaleras, tentado a subir y a la vez no.

–Hum… –lo miró preguntándose si aún pensaba en ella y frunciendo un poco el ceño. Se acercó por fin –Mi habitación estaba arriba, creo que aún podemos subir sin riesgo de quebrarnos algo.

–Vamos… tú primero –lo colocó delante y sujetó su cintura mientras subía las escaleras –, así te veo el culo.

–Y me atrapas si me caigo –le advirtió mientras subía, frotándose los brazos. Estaba seguro de que habría alguna ventana abierta o algún agujero en el tejado, con ese frío… Aunque tampoco es que tuviera calefacción.

–Eso siempre –lo abrazó desde atrás mientras caminaban por el pasillo. Ni siquiera se sorprendió cuando lo vio abrir la puerta del cuarto que había sido de ella. Era una casa más bien pequeña, lo había supuesto –. Este era su cuarto antes.

–Ya veo… –lo miró molestándose, aunque sabía que no era su culpa, pero ahora se sentía como un reemplazo –Me gustaba la vista –casi refunfuñó, entrando y abriendo la ventana, a pesar del golpe de aire frío que lo recibió.

–A mí me gusta más la vista interior… aunque llevas mucha ropa –sonrió, mirando sus cosas y abriendo los cajones por si había algo.

–¿Qué buscas, eh? –le preguntó, girándose y repasando mentalmente si habría dejado algo allí olvidado, alguna cosa de chiquillo que le diera vergüenza luego.

–Cotilleo… No vaya a ser que tengas fotos de un ex o algo… De Roi en tanga, un suplemento de “Muy machos”.

–Sí, eso tengo, porque cuando era niño me gustaba jugar con literatura homosexual –frunció el ceño, rojo, girándose de nuevo hacia la ventana. No podía explicarlo, pero de pronto se sentía sumamente triste, como si aquel frío pudiera entrar por su boca y llegar hasta su corazón, congelándolo de manera sobrecogedora.

–A mí también… ah… cuántas cosas en común tenemos… –se sentó en el borde de la mesa, aunque luego al ver su expresión se levantó y lo abrazó, dándole un besito en el borde de la oreja –¿Estas celosillo?

Ash negó con la cabeza, en silencio, bajándola luego e intentando explicarle sin ser capaz de pronunciar palabra en realidad. Se sentía incluso lejano. Empezó a llorar de pronto, de forma desconsolada y aferrándose al borde de la ventana cada vez más.

–Eh… Ash –Vargas trató de tranquilizarlo, pensando que debía ser por los recuerdos, y la ausencia de sus abuelos en aquel lugar –. No llores más, ¿vale? Busquemos los papeles y vayámonos.

–¡No! –el chico lo miró de pronto con una expresión furibunda en el rostro, y alzó una pierna apoyándola contra el borde de la ventana y luchando por zafarse de sus brazos. Se inclinó hacia delante, con la clara intención de lanzarse a como diera lugar.

Vargas tiró de él, apretándolo contra su cuerpo y pensando que no podían ni estar cinco segundos tranquilos en aquella isla. No le quedaría más remedio que irse aunque se quedase sin un duro, pero para él estaba claro que aquel no era su novio en esos momentos.

–¡Para! –le gritó porque estaba haciéndose daño, y lo apartó de allí, parándose frente a la ventana.

–¡No! –volvió a gritarle el chico, jadeando por el esfuerzo y mirando a su alrededor, aunque su mirada era la de un loco, no estaba razonando para nada. De pronto lo miró como cansado, daba la impresión de que en cualquier momento se desplomaría, pero en vez de eso, tomó impulso y volvió a correr hacia la ventana, con las manos extendidas frente a su cuerpo.

El moreno lo sujetó, aunque los dos se cayeron por la ventana del segundo piso.

–¡Agh! –se quejó al recibir el golpe contra la espalda. No había querido girarse para que Ash no se hiciera daño.

Ash se había aferrado a su ropa, ocultando la cara contra su pecho como un reflejo. Una sola pregunta escapó susurrante de sus labios, confundiéndose con el viento, antes de que perdiera el conocimiento.

–¿Por qué?

–Ash… –lo sacudió nervioso –¡Ash! –insistió, apretándolo contra él y mirando a su alrededor, cómo si algo a su alrededor pudiera explicarle qué ocurría.

El chico abrió los ojos, mirándolo confundido.

–¿Qué? –le preguntó, sintiendo cómo el frío lo golpeaba en la cara de nuevo, el viento arremolinándose alrededor de ambos –¿Qué hacemos aquí?

–Sucedió algo… –le aclaró a medias, aliviado al verlo abrir los ojos. Lo sujetó más mientras se levantaba, recolocándose las gafas y sujetando su mano para que corriese con él. ¿A dónde? Realmente no lo sabía.

–¿Qué sucedió? ¿A dónde vamos? –le preguntó, aunque dejándose llevar, asustado. El viento parecía gritar a su alrededor, era un lamento largo y espantoso.

–¡No tengo tiempo para contarte el cuento ahora! –siguió corriendo, pensando que lo mejor era ir a algún lugar con más personas. Después de todo, había visto a aquel fenómeno desaparecer al reunirse los del pueblo para apagar el fuego.

–¡Ah! –gritó Ash de pronto al sentir que una piedra le golpeaba la espalda. Aceleró, mirando hacia atrás por un momento, pero allí no había nada, seguro que Bronco sí hubiera visto algo. Antes de que pudiera decirle algo a Vargas, una lluvia de piedras pequeñas empezó a llover contra él.

–Dios –Vargas lo colocó contra él, tapándolo con su cuerpo y bajando la cabeza. No tenía ganas de que le partiese los cristales en la cara.

De pronto las piedras comenzaron a caer poco a poco, de vez en cuando, y aquella lluvia se detuvo. Sólo alzó un poco la cara, le bajaba sangre por la frente y estaba seguro de estar magullado por todos lados –. Nos vamos de aquí, al barco. Y no regresas más –le advirtió.

–¿Cómo que no? ¿Y la escuela? ¿Tu trabajo? –preguntó confuso, más que nada porque tenía la mente demasiado hecha un lío como para razonar con lógica.

Vargas se detuvo de golpe, como si algo lo hubiese sujetado desde atrás, con tanta fuerza que se cayó de espaldas, y tuvo que soltar al otro. Se tuvo que cubrir la cara, de algún modo sintió que le golpeaban y de pronto un arañazo en el brazo.

Estaba respirando con fuerza, luchando contra algo que no podía tocar, súbitamente se detuvo otra vez, y sintió algo caer sobre su pecho, como una gota de lluvia gélida.

–¡Vargas! –Ash se giró, viéndola ahora, casi transparente, pero de todas maneras se podía vislumbrar la silueta de una chica, llevaba algo blanco puesto y estaba sobre el moreno, quieta, casi abrazándolo.

Él estaba espantado, pero de todas maneras corrió hacia ellos, intentando sacarla de encima, su mano sólo se hundió a través de su forma, y de todas maneras se sujetó a Vargas, intentando ayudarlo a ponerse de pie, pero no se movía. De hecho ni siquiera parecía tener la intención de hacerlo. Estaba mirando aquella figura translucida y cuando Ash tiró de él una vez más, se levantó al fin.

Sintió un frío gélido, terrible, doloroso y hasta cortante que te hacía sentir mal. Escuchó un llanto horrible que se perdía en el viento y de alguna manera, quiso que su mente se detuviera y dejase de pensar.

–¡Corre! ¡Corre, Vargas! –insistió Ash, que tiraba de su mano con urgencia. Aquella figura no parecía tener la intención de perseguirlos por el momento, pero él seguía igual de espantado. No comprendía nada, ni sabía qué hacer, pero ahora estaba pensando en lo mismo que le había dicho Vargas hacía un momento: en subir al barco e ir a la ciudad. Luego podrían detenerse a pensar.

Y efectivamente no se detuvieron hasta llegar a puerto, pero la barca no saldría todavía. De hecho acababa de llegar, y Zeus saltaba con Skylar al cemento, bromeando y ajenos a lo que les había ocurrido.

Vargas le silbó con los dedos entre los labios, y el chico alzó la mano, sonriendo un segundo, hasta que incluso de lejos notó que se acercaban heridos.

–¿Qué os sucedió? –preguntó Skylar alarmado, apenas estuvieron frente a frente, aunque Ash también miraba con sospecha aquella cortada en su cara.

–Lo de siempre, esta vez en casa de mis abuelos o… Bueno, fue peor –se explicó el moreno, respirando con dificultad a causa de la carrera.

–A nosotros también nos pasó algo hoy –miró a Vargas directamente –. Cuando clavamos una navaja en un árbol con un corazón que ponía: “V y S”.

Vargas estaba jadeando, y casi gimió al escuchar aquello, en realidad era un quejido entre incrédulo, y que le traía mucho dolor, pero lo cierto es que no tenía sentido. Se apoyó contra la muralla del puerto.

–¿S? –Ash miró a Vargas, sentándose en el suelo porque estaba cansado de correr –¿Tú sabes algo, no? ¿Qué está pasando?

–No sé nada… No tiene sentido –se sentó también, casi arrastrando la espalda por la pared, y bajando la cabeza entre las manos, con los codos sobre las rodillas.

–¿Era tu novia o qué? ¿Qué le pasó? –Zeus se acuclilló frente a ellos.

–¡Es que no le pasó nada! –le contestó enfáticamente el moreno.

–Pero si no le pasó nada, ¿quién es esa? –le preguntó Skylar, acuclillándose junto a su novio –La vimos, una mujer con la ropa manchada de sangre.

–Quizás es alguien confundido… –sugirió Ash, aunque lo dudaba mucho, pero no quería que le echaran la culpa a Vargas –¿Qué pasó entre vosotros?

–Era mi novia, ya te lo dije –lo miró a los ojos, negando con la cabeza luego y apartando la vista. Cogió un cigarro y se lo llevó a los labios con las manos temblorosas –. No puede ser ella, no tiene sentido. Y no es una mujer, es una… una niña. No tiene sentido –repitió.

–Pero te fuiste, rompisteis de alguna manera. ¿Había alguien más? –le preguntó Skylar de nuevo, ya que de todas maneras no podían irse aún. Tenían que esperar a que fuera la hora de partida.

–¡No! No fue nada de eso, ella se fue. ¡Y está casada! ¡Basta ya! No está muerta… –frunció el ceño, mirándolos a los ojos para que dejasen aquel tema, pero él sabía muy bien lo que había sentido antes.

–Olvidadlo, estamos cansados y… –Ash negó con la cabeza, sujetando su mano. No estaba seguro de aquello, pero no lo iba a presionar más, se veía incluso peor que él, aunque extrañamente también se sentía celoso por su actitud.

–Es igual, no queríamos molestar –suspiró Skylar, pensando que no les iba a responder de todas maneras, tal vez se lo dijera a Ash en privado, luego.

Vargas no dijo nada más, se llevó la mano de Ash a los labios y se la besó, aunque su mirada seguía perdida en el suelo.


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