.Devils Throat- Novela yaoi / homoerótica para mayores de edad.
 

Capítulo 34
Refuge

Parte I
Moving together

Noviembre 10, Lunes.

Vargas alzó la vista de la televisión, ya que no podía leer sin sus gafas, y se giró de medio lado al escuchar que abrían la puerta. Finalmente no había ido a buscarlo por si quería charlar con Roi.

–Hola… ¿tienes hambre?

–Me muero –se quejó el chico, mirándolo y frunciendo el ceño –. No estabas allí.

–De pronto recordé que no quería ser uno de esos novios que no te dejan ni respirar –se levantó, apoyando la mano en su hombro y besándolo profundamente luego de un beso suave.

–No, pero yo estaba de acuerdo en que me fueras a buscar –protestó de todas maneras, luego de romperse aquel beso. Sacó su móvil, devolviéndoselo –. Toma.

–Ya, pero no sabía si era por complacerme… –le echó la lengua, suspirando y sujetando el móvil y guardándoselo en el bolsillo antes de entrar en la cocina para calentar la cena que había cogido en la ciudad.

–No, aunque supongo que no quiero que Roi regrese solo por ahí. Es… una tontería –sonrió ya que eso no le había preocupado antes, era un pueblo completamente seguro.

–Sí, no vaya a ser que lo violen… –alzó una ceja, sentándose en una de las sillas de la cocina y bajando la cabeza contra el brazo mientras esperaba a que el microondas terminase.

–No seas denso –se acercó, dándole con suavidad en la cabeza y sentándose en la silla de al lado –. Me pone nervioso lo que está sucediendo.

–Lo sé, a mí también, pero de alguna forma… me gusta pensar que se quedará allí. Saca eso del micro… –le pidió, pinchándole la nalga con un tenedor que ya había colocado antes sobre la mesa.

–Deja… –se quejó Ash, poniéndose de pie y quitándole el tenedor luego, antes de ir a sacar la comida –Oye… ¿cuántas veces me llamaste antes de que contestara?

–No lo sé, ¿tres? No me acuerdo –suspiró, pensando que iba a necesitar ese tenedor, y se recostó contra el respaldo, colgando los brazos del mismo y balanceándose un poco –. ¿Qué hacías? ¿Meterle mano a Roi?

–No, no sonó el teléfono –le aseguró mientras servía la comida en dos platos –. ¿Me llamaste justo antes de que te contestara?
–Te llamé todo el rato hasta que me contestaste. Casi llamo a Roi.

–Lo hubieras llamado, pero… ¿no te contesté antes? Una vez –le insistió, deteniéndose y pensando que mala señal o no, él también debería haber escuchado.

–¿Quieres decirme de una vez qué pasó? No sé de qué me hablas. Por un momento no escuché nada –le aclaró por si se refería a eso.

–Oh, probablemente fue eso… –suspiró sonriendo y negando con la cabeza mientras colocaba los platos en la mesa y se sentaba, devolviéndole su tenedor –Recibí una llamada extraña, proveniente de tu número, pero creo que fue la señal, sí.

–Seguramente… la señal en esta isla es una mierda… –le pinchó las nalgas con un dedo, dejando de balancearse en la mesa –Devuélveme mi tenedor.

–Ya te lo devolví, mira en tu plato, y no me pinches la nalga –lo riñó, poniéndose de pie de nuevo porque ahora había olvidado sus propios cubiertos.

–Ven aquí –lo sujetó, sentándolo sobre sus piernas antes de que se fuera hacia su silla, y lo besó otra vez –, repelente.

–Aprovechado –le devolvió, frunciendo el ceño, aunque estaba intentando no reírse, a decir verdad.

–Te echaba de menos, y tú mucho que querías besarme y luego me sacas… –protestó, tocándole la cintura por una rendija entre la camiseta y el pantalón –¿Estoy frío?

–No mucho, yo sí debo estar frío –se disculpó, tocándole el pecho –. ¿Qué haces todo el día, eh?

–Jugué un partido con Skylar, Zeus y algunos chicos… Fui a la ciudad a buscar una óptica, guardé tu ropa en mi armario… di vueltas por la cama… me aburrí viendo la tele –le enumeró, tocándole la columna –. Estás calentito.

–No hay nada que hacer en esta isla –se rio, enrojeciendo y pensando que le gustaría tener tiempo de aburrirse aun así.

–No –lo pegó a él un poco más, mirándolo a los ojos –. ¿Crees en mí?

–Lo suficiente –bromeó, preguntándose qué quería decir con eso –. ¿Por qué lo preguntas? ¿Sucedió algo cuando fuiste a mi casa?

–Sí, pero no era por eso… –se rio, pensando que no iba a contárselo, pero si se lo preguntaba directo no podía ignorarlo –Bueno, ya te dejo cenar, que tenías hambre –le dio una nalgada para que se levantase, y se pasó la mano por el cabello.

–Dime qué sucedió –le advirtió, sentándose y mirándolo ahora sí, con sospecha –. Y luego me dices por qué me preguntaste eso, no se me va a olvidar.

–Qué horror… –suspiró, pensando que así debía sentirse estar casado –. Bueno, digamos que había dos intrusos en tu casa haciéndose los valientes, y salieron cagando hostias… y pasaron cosas. Como la otra vez, nada que tenga que contarte –le aseguró por tranquilizarlo también.

–Asumiré que Zeus y Skylar… –sugirió, ya que los había mencionado antes y no creía que hubiese ido a buscarlos especialmente a ellos –¿Y la pregunta?

–No lo sé, por saber si crees en esto –enrolló los tallarines en el tenedor y se lo metió en la boca, mirándolo.

–Sí, pero ¿tienes dudas? –le preguntó ahora nervioso y empezando a comer, casi imitándolo.

–Las normales… –sonrió un poco, levantándose a por unas cervezas.

–Ya… –contestó mirando su comida y tratando de no joderse mucho el cerebro con ello –¿Por eso me llamaste? Por lo que sucedió en mi casa.

–Te llamé porque tú me pediste que te llamase al salir, porque estabas muy preocupado por mí… –alzó una ceja, sentándose y abriendo su propia lata.

–Sí, pero podías haberme dicho lo que sucedió –lo miró, llevándose otro poco a la boca y resoplando luego.

–No quería preocuparte cuando ibas a estar sólo por ahí trabajando. Si crees en esto, entonces puedes trabajar menos horas –le soltó de pronto.

–¿Eh? ¿Por qué? De todas maneras tengo que mantenerme y la escuela… –lo miró frunciendo el ceño y preguntándose de dónde había salido aquello.

–Pero ya no tienes que pagar la casa, ni la comida. Estás aquí conmigo… –lo miró a los ojos, moviendo un poco la lata –Tampoco te digo que lo dejes.

–Claro que tengo que pagar la comida, es sólo por estos días… No seré una carga –negó, poniéndose nervioso de todas maneras –. Y mira, no sé si tendré que pagar algo por la casa porque no creo que a los dueños les haga gracia que se las haya dejado así.

–Pues mira, no es algo probable que hayas sido tú –se rio de que pensase que podían culparlo por ello –. Cambiaremos las bombillas y punto. No me digas que es temporal… será como ir hacia atrás. No quiero.

–Es temporal lo de la comida, podemos dividirlo… –enrojeció aún nervioso, pero pensando en todo lo que estaba arriesgando Vargas por estar con él –¿No se verá extraño que viva con mi profesor?

Vargas lo miró a los ojos, moviendo un poco una pierna.

–Me da igual cómo se vea. No pueden probar nada, sólo que vivimos en la misma casa. Si no quieres lo dices, no pongas más excusas.

–No dije que no quiera –le dieron ganas de lanzarle algo, pero sólo resopló de nuevo, bebiendo más cerveza –. Lo pensaré…

–Pues no te lo pienses mucho, que la oferta es hasta final de existencias –se quejó, moviendo la pasta con el tenedor y pensando que no confiaba en ello realmente. Bueno, tampoco podía culparlo, ¿a quién trataba de engañar? Ash tenía la vida por delante, y él era un adulto que impartía clases en una isla a chicos problemáticos. Toda una joya.

–Tengo que calcular gastos –le explicó sin mirarlo por un momento y luego mirándolo de soslayo para ver su expresión, pero Vargas se había puesto a comer otra vez y estaba serio.

Ash continuó comiendo también, serio por unos minutos, pensativo. Lo tensaba tanto silencio, a decir verdad, era distinto si estabas comiendo solo claro.

–Vargas…

–¿Qué…? –alzó la mirada, sujetando la lata para beber otra vez.

–No seas terco…

–¿Tú ves que esté discutiendo? No, pues entonces no me digas terco. Sólo estoy cenando –volvió a comer como para demostrarlo.

–Cenando serio, tú nunca estás serio –le insistió jugando con su propia comida, nervioso.

–Bueno, es que estábamos hablando de algo serio. Deja de jugar con eso y cena, no estoy enfadado.

–No te creo –le devolvió, comiéndose un trozo de carne pequeño.

–Ya lo sé, ese es el problema –arrugó la nariz como si le fuera a gruñir, y se levantó para guardar lo que le había sobrado. No le gustaba cenar mucho de todas formas.

–Cómete tu comida –le insistió el chico, haciendo un gesto con la boca y recostándose hacia atrás en la silla, aunque él sí continuaba comiendo.

–No quiero más, si ceno mucho me da ardor de estómago –bebió la cerveza y se la acabó, tirando la lata en un cubo de basura que había improvisado –. Me voy a la cama, que estoy cansado.

Ash exhaló, poniéndose de pie y acercándose a él. Lo sujetó por la cintura pegándose a su cuerpo y besándolo, a pesar de que estaba rojo.

Vargas le apoyó la mano en la cabeza, devolviéndole el beso y suspirando después. Lo pegó contra su pecho y bajó la cara para apoyarse contra su cabello.

–Es igual. Tú tienes razón, si apenas nos conocemos…

–Eres un idiota –le contestó el chico, aunque sin soltarlo –. Tengo miedo.

–Y yo… –lo abrazó, bajando los brazos y levantándolo a horcajadas –, pero me siento como nunca contigo.

–Y yo…, pero eso es lo que me asusta. Y todo te lo tengo que explicar –se rio un poco, todavía nervioso.

–Sí, me lo han dicho otras veces, que nunca comprendo, pero es mentira. Lo que pasa es que guardo esos poderes para momentos clave –sonrió un poco, besándole una mejilla –. ¿No quieres comer más?

–No, quiero estar contigo –se quejó alzando la mirada un poco –. Tienes que utilizar mejor esos poderes.

–Un día te sorprenderé… –sonrió, pensando que a veces podía ser muy crío. Subió con él por las escaleras hacia el dormitorio, estrujándolo un poco –Vamos a la cama.

–Tenías que guardar la comida, se llenará de bichos –le advirtió, riéndose un poco.

–No, están todos congelados en esta época –se rio, sentándose en la cama y dejándose caer hacia atrás con el chico encima, mirándolo a los ojos –. Bueno, no te ralles, puedes tomarte tu tiempo en decidirlo, ¿vale? No es hasta fin de existencias –cedió.

–¿Tengo una extensión? Qué suerte –se rio, incluso si sentía que la decisión ya estaba medio tomada. De todos modos quería hablar con Roi antes –. Tengo una condición, no quiero verte cerca de ninguna tía.

–¿De otros tíos sí? –se rio, pensando en lo de Skylar, aunque bromeaba.

–Depende… –lo miró, frunciendo el ceño y pegándole en el pecho –Lo sabré.

–Yo no soy infiel… Lo que pasa es que no soy constante –sonrió un poco, pegándole una nalgada suave –. Pero te quiero.

–Me quieres… –repitió como si no confiara del todo, sonriendo luego mientras se dejaba caer por completo sobre su pecho –Conmigo serás constante.

–Claro… –le pasó la mano por la espalda, dibujando su cuerpo y cerrando los ojos, preguntándose por qué se sentía tan ligado a él ya. Quería protegerlo y hacerlo feliz –¿Tienes sueño? No te dejé dormir hoy.

–Sí tengo, pero justo ahora no lo siento –se rio, acomodándose un poco –. ¿Te incomodo?

–Nada –sonrió sin abrir los ojos, sintiéndolo simplemente y rozándole la oreja con un dedo –. ¿Eras feliz con tus abuelos?

–Hum… sí. Bueno, tenían sus cosas de viejos de pueblo, pero cuidaban de mí y mi abuela me llevaba a caminar por la playa cuando era pequeño –sonrió, cerrando los ojos también.

–Se escucha bien –se rio de eso de las cosas de pueblo, pensando que ellos también eran de pueblo –. Mi padre era un hombre muy rudo, no malo, pero la verdad era como si no existiera. Mi madre no, ella era cariñosa –no solía hablar de ellos porque se sentía culpable, y le resultó extraño que le saliese con naturalidad. Le tocó el cabello en la nuca, jugando.

–¿Sí? ¿Ya no tienes familia aquí?¿Qué pasó con ellos? –le preguntó moviendo una pierna y disfrutando de escuchar su voz así.

–Eran mayores cuando me tuvieron a mí. Mi madre hizo unas cosas para conseguir quedarse embarazada porque no había manera –se rio, pensando que era una mujer muy supersticiosa –. Querían tener un hijo, pero la verdad es que yo me largué en cuanto pude, y me hice el loco en cuanto a regresar.

–Oh, bueno… yo también quería largarme –comentó pensando que lo comprendía –. Supongo que tenemos algo en común. No eran realmente mis padres, pero eran mayores de todas maneras.

–Ya… –le pasó la mano por la espalda otra vez, sobre el grueso jersey de lana, seguro de que era uno de esos hijos de mujeres solteras que enviaban a los pueblos a casa de sus familiares y los olvidaban allí. Le apoyó las dos manos en las nalgas y empezó a darle palmaditas con una y la otra alternativamente –Al final he acabado aquí de nuevo.

–Viniste a buscarme a mí –soltó Ash, enrojeciendo de pronto al darse cuenta de lo que acababa de decir.

–Bueno, entonces no me importa haber venido –sonrió, aunque le daba la risa, no lo que decía, si no la forma de hacerlo. Le sujetó la nuca para que levantase la cabeza y besarlo, la verdad es que no quería dejarlo escaparse, por algún motivo incluso se sentía celoso, cosa que no le ocurría normalmente.

Ash ni siquiera abrió los ojos, solo le devolvió el beso sintiendo que el corazón le latía con fuerza. No sabía qué le sucedía, era cierto que apenas conocía a Vargas, pero sentía como si le fuera infinitamente familiar.

–¿Entonces no tienes sueño? –Vargas le preguntó una vez más, subiendo la mano por su espalda bajo la ropa esta vez, como para darse a entender.

–No tanto –contestó un poco más rojo, alzando la cara para mirarlo.

–¿No? –sonrió, quitándole el jersey y la camiseta a la vez, mirando lo despeinado que estaba. Le sujetó la cara con las manos y volvió a besarlo, bajando una por su espalda –Qué guapo eres… –susurró, apretándole las nalgas sobre los jeans.

–No tanto –repitió como si esa fuera su respuesta para todo, riéndose luego y tocándole el pecho.

–Sí tanto… –se rio, sujetándole la cintura y volteándose sobre él para quitarse la chaqueta y la camiseta y quedar encima. Le besó el pecho, oliéndolo y jugando con la mano en su cintura, rozándole con los dedos la zona del borde del pantalón y sonriendo al notar cómo se tensaba cuando metía las puntas bajo la tela.

–Te dará frío –comentó el chico sólo porque estaba nervioso, ya sabía que eso no tenía ningún sentido en ese momento. Deslizó los dedos por la espalda del profesor, con cuidado, cautelosamente.

–No tengo frío –susurró, besándole el cuello con cuidado de no marcarlo y pasando la mano por encima de su sexo sobre los jeans, apretándolo y dibujando su forma.

–Hm… –gimió el chico, cerrando los labios para no hacer demasiado ruido y estremeciéndose sólo por sentir aquel contacto indirecto.

Vargas le abrió los botones de los jeans poco a poco, y pasó los dedos por encima de la tela de los boxers, levantándola y pasando un dedo por su sexo. Le besó el pecho y el abdomen, sacándole la ropa y arrodillándose en el suelo entre sus piernas.

–¿Qué haces? –le preguntó ilógicamente, pero no podía evitarlo, a veces decía cosas estúpidas cuando se ponía nervioso –No, deja… –le pidió, enrojeciendo de nuevo y pasándose las manos por el cabello.

–No, no voy a dejar –se metió con él, besándole los muslos y metiendo las manos bajo sus nalgas para apretarlas mientras comenzaba a besar su sexo y sus testículos, alzando la mirada para observar su expresión.

–Mmmm… –Ash gimió de nuevo entrecerrando los ojos, y bajando las manos, esta vez para tocar el cabello de Vargas. Además, prefería tenerlo así, no quería que lo mirase muy directamente, seguro que tenía cara de idiota.

El moreno sonrió un poco, pensando que el día anterior apenas sí le había dejado tocarlo. Sujetó su sexo con una mano, deslizando la piel y observándolo antes de recorrerlo con la lengua hasta la punta. La rodeó y se lo metió en la boca profundamente. Hacía tiempo que no tenía sexo con un hombre y mucho menos con uno así.

–Mmm… ah… –abrió la boca por fin, sin poder contenerse, estremeciéndose y apretando un poco la mano contra la nuca de Vargas, aunque ni siquiera se daba cuenta de que estaba haciendo aquello.

Succionaba con más fuerza, subiendo y bajando sobre su sexo mientras se abría el pantalón para masturbarse. Le lamió los testículos y pasó la lengua por la piel suave de sus ingles antes de tomar su sexo de nuevo, acelerando cada vez que su propio sexo le pedía más.
–Ah... Vargas… Podemos… Podemos –jadeó mirándolo, a pesar de que le costaba no estremecerse a cada lamida del moreno, su sexo pulsaba con urgencia.

Vargas sonrió, pensando que lo que le parecía que podía hacer él era correrse, a pesar de que hubiera comenzado hacía nada, se le veía sumamente excitado.

–¿Qué? –le preguntó de todas formas, por no ser demasiado malo, separando los labios de su sexo, aunque igualmente se lo empezó a masajear con la mano.

–Hacerlo –casi refunfuñó, desviando la mirada porque además le daba vergüenza tener que decirlo así. Se dejó caer hacia atrás, cubriéndose la cara.

–¿En serio? –subió sobre él, apartándole las manos de la cara y besándolo profundamente, acariciándole una pierna con la mano y pasando luego los dedos por entre sus nalgas, empujando uno lentamente en su cuerpo, deslizándolo gracias a la saliva que había resbalado de su sexo.

–Sí, en serio –le aseguró con la voz temblorosa por la excitación, apretando las nalgas instintivamente por el nerviosismo –. Te quiero, Vargas.

–Te quiero… –le contestó enseguida, excitado y empujando un dedo más dentro de su cuerpo –No aprietes tanto –susurró contra su oreja, lamiéndole el lóbulo y mordiéndole suavemente mientras lo penetraba con los dedos.

–No… ya no lo hago… –se quejó, aflojando tanto como podía y sujetándose de sus brazos. Para colmo, lo debilitaba el que le mordiera la oreja, era extraño.

–¿Quieres que use un preservativo? –se le habían escurrido los jeans hasta medio muslo, y movió una pierna para empujarlos.

–No… No… porque estás bien, ¿verdad? –le preguntó por si acaso, pensando en la tía que gritaba tanto.

–Siempre uso –se frotó contra él, apretando su sexo contra el del chico y rozando luego su ano con la punta, tras retirar sus dedos despacio. Se empujó dentro de él lentamente, sujetándole las rodillas y doblándoselas un poco.

–Hmmpf… –Ash apretó los párpados, conteniendo los gemidos de dolor para no preocuparlo, aunque sus dedos se tensaron en los brazos de Vargas. Exhaló, relajándose poco a poco y concentrándose en su propio placer.

El otro le sujetó las caderas para colocarlo mejor, ya que le parecía que se escapaba inconscientemente, probablemente porque le dolía. Lo besó profundamente y bajó una mano entre sus piernas, sujetando su sexo y apretándolo, masajeándolo de forma ruda a causa de su propia excitación, comenzando a moverse entonces dentro de él, y apoyando un codo por encima de sus hombros.

Ash empezó a gemir descontrolado, aunque se internaba en la boca de Vargas para acallarse a sí mismo, porque le daba vergüenza. Cerró los ojos, convulsionándose a medida que el placer se adueñaba de su cuerpo por completo, eclipsando aquel dolor. Estaba demasiado excitado, no iba a poder aguantar mucho.

Vargas le lamió los labios, bajando a su cuello otra vez y mordisqueándole. Olía bien, sus gemidos le volvían loco y su cuerpo lo apretaba drenándolo. Lo abrazó y se arrodilló en la cama con el chico sujeto por debajo de las nalgas, moviéndolo sobre su sexo y contra su cuerpo. Podía ver el reflejo de sus cuerpos en el cristal de la ventana, pero cerró los ojos, dejándose llevar como nunca y acelerando el ritmo con sus brazos.

–Agh… –se aguantó como pudo aquel gemido, aunque luego separó los labios, corriéndose con él y olvidándose ya de guardar las formas de ninguna clase. No le importaba si los escuchaban en la otra punta del pueblo.

Ash le sujetó las mejillas casi obligándolo a besarlo de nuevo, acallando los gemidos de ambos como podía, aunque sentía que se estaba muriendo por tanto placer, era la primera vez que se corría tan abundantemente.

–Te quiero… –jadeó el mayor al acabar ambos, apretándolo con fuerza y tirándose en la cama sobre él, porque tenía los brazos cansados además.

–Yo… Yo a ti –sonrió, aún con los ojos cerrados y preguntándose si lo habría hecho bien. Lo único que sabía es que estaba satisfecho y sumamente cansado.

–Espera… –bajó una mano y tiró de las mantas, subiéndolas hasta arriba y rodeándolo otra vez contra su cuerpo –Hace frío ahora… –susurró, besándole la frente.

–Sí, ahora sí hace frío. Por eso… –Ash se pegó más a él, sujetándole un brazo como diciéndole que no se fuera a mover de allí, aunque él no pensaba hacerlo de todas formas.

Moving together

Noviembre 10, Lunes.

Al cabo de un tiempo, una súbita ráfaga de viento logró pasar más allá de las cortinas, perturbando incluso las sábanas ligeramente. Vargas y Ash estaban demasiado cansados como para notarlo, pero la habitación empezaba a llenarse de un frío gélido que iba a acompañado de una tenue niebla. La misma se empezó a extender desde los pies de la cama, hacia la cabecera, haciendo que el chico se estremeciera en sueños.

Vargas movió la pierna, sintiendo como si algo se la hubiera tocado, pero estaba demasiado dormido y simplemente la movió, como tratando de deshacerse de ello.

Sin embargo, lo que fuera aquello se aferró más a su pierna, subiendo rápidamente por su cuerpo.

Ash abrió un ojo, al sentir el colchón hundirse, pero al no ver nada, decidió que era su imaginación y volvió a cerrarlo. Se hubiera quedado así, si no hubiera escuchado aquella voz extraña, jadeante.

Vargaaaaaaaaaaaas…

El moreno se despertó de golpe, y trató de liberarse de aquel peso extraño que sentía, frío sobre su cuerpo, no, helado.

La sábana estaba abultada por encima de él, y sintió un terror insoportable ante la idea de levantarla y ver qué originaba aquello. Le parecía estar sufriendo una pesadilla demasiado real, y observó mechones de cabello oscuro asomando bajo la sábana, sobre su pecho desnudo.

Apartó las sábanas de golpe, en un arranque de valor o de desesperación, pero no había nada.

–¡Vargas! –lo llamó el chico, espantado, saltando de la cama, pero algo lo sujetó por un tobillo, haciéndolo caer de bruces al suelo. Aquel viento frío azotó la habitación de nuevo.

El moreno lo sujetó, llevándoselo con él y encerrándose en el baño, aunque probablemente no tenía mucho sentido. Afuera se escuchaba un ruido extraño, como un estallar de articulaciones repetido, similar al de alguien apretando sus manos. Se puso el pantalón de pijama que había allí y le dio su bata al chico por si tenían que huir de la casa.

De pronto no se escuchaba nada, y se aproximó a la puerta despacio, apoyándose en la misma para escuchar, y oyendo un ruido quedo, como el de unas uñas rascar la madera. El corazón le iba a toda prisa en el pecho.

–Siempre me llama, ¿verdad? ¿Tú lo has escuchado?

–Sí, ahora… ¿Cómo que siempre? –frunció el ceño porque no se lo hubiera dicho, apartándose la bata alrededor de la cintura. Sin embargo, no tuvo mucho tiempo para protestar ya que algo golpeó la puerta con tal fuerza que la misma se dobló hacia adentro con el impacto.

Ash saltó, retrocediendo y mirando hacia atrás, pero no había por dónde escapar. Aquel golpe sonó de nuevo, esta vez acompañado por un quejido lastimero, lo suficientemente alto como para que no pudiesen descartarlo como el sonido del viento.

Vargas se frotó la cara, nervioso. ¿Qué se podía hacer contra algo así? Es más estaba tan nervioso que dudaba que fuera capaz de hacer nada de ninguna clase. La puerta volvió a abombarse, de forma antinatural incluso, y la madera empezó a hacer un ruido extraño, a la vez que se abría y partía lentamente.

El ventanuco del baño era muy estrecho para que salieran, lo miró fijamente como si de ese modo fuera a poder hacerlo más grande. Sujetó la mano de Ash, y golpeó la puerta de su lado de pronto, no sucedió nada.

La abrió, no había nada en el cuarto. La ventana estaba abierta, las cortinas entraban por encima de la cama, moviéndose de forma extraña. De cualquier modo y frente a la quietud de la estancia, se sentía observado.

–Vámonos –le pidió Ash con voz temblorosa –Vámonos… –repitió, pensando en Roi, pero no quería decirlo en voz alta por temor a ser escuchado. Había pensado que estaba a salvo en aquella casa, entre sus brazos, pero tal parecía que aquello los seguía. Un sonido lo sobresaltó, haciéndolo saltar y movió la cabeza en esa dirección, observando un frasco de colonia, roto en el suelo.

Vargas tiró de su brazo.

–Es igual, déjalo –Salió de la habitación a toda prisa, corriendo escaleras abajo y por poco cayéndose junto al chico al sentir que las mismas se sacudían como si algo increíblemente pesado los siguiera. Tiró el colgador al suelo y corrió con Ash fuera de la casa, sin cerrarla ni siquiera y con las cazadoras colgando en la mano.

Él estaba pensando en lo mismo, en la casa de Roi, no tenían nada más salvo el internado.

Un grito desgarrado surgió de la casa que acababan de dejar. Era una voz ronca y distorsionada, llena de furia y dolor, definitivamente no sonaba a humana.

Ash se estremeció sin dejar de correr, estaba seguro de que era la voz que había escuchado antes en el teléfono.

Vargas…

El moreno volvió a escuchar aquel sonido, esta vez suave, como susurrado cerca de su cuello. De nuevo aquel tacto gélido en la nuca, y cuando miró atrás le pareció ver una figura humana en la entrada de su casa, como un borrón negruzco que a pesar de no tener rostro sabía que lo observaba.

Apretó con más fuerza la mano de Ash, se estaban clavando las piedras del camino en los pies descalzos, y estaba congelado. Ninguno de los dos se había dicho a dónde ir, pero ambos iban hacia allí con una seguridad pasmosa.

–¡Roi! ¡Roi! –Ash llamó a la puerta de su mejor amigo sin siquiera pensar en que lo pudiese molestar. Tenía completa confianza en él y sabía que allí siempre sería bienvenido.

El perro bajó por las escaleras como una exhalación, ladrando y saltando contra la puerta para abrirla. Dejó entrar a Ash, sin embargo le gruñó al otro ladrándole para que no pasase.

–¡Eh! –Roi le gritó mientras bajaba, y el perro se apartó, aunque no parecía muy convencido –¿Qué pasa? –preguntó al verlos allí y en esas condiciones.

Vargas cerró la puerta de golpe como si los persiguiesen.

–Entró a la casa de Vargas también, no sabíamos a dónde más ir –le contestó, frotándose los brazos y cambiando de un pie al otro, ahora que volvía a ser consciente del frío.

–Dios… espera que os bajo algo de ropa –el rubio sacudió la cabeza –. No, subid –los llamó para que lo siguieran a su cuarto, ya que tenía una estufa encendida allí.

El perro olía a Vargas y lo seguía de cerca como si no se fiase de él.

–Gracias –susurró el mayor, siguiéndolos, por supuesto además de preocupado algo incómodo.

–Bronco, está bien –le aseguró Ash, aunque suponía que no tendría ningún efecto. Por ahora lo que lo tranquilizaba es que no estuviera ladrándole al vacío, eso significaba que no los había seguido hasta allí.

–Es normal, no me conoce –Vargas miró al perro de soslayo, y el mismo seguía mirándolo fijo.

Roi le dio un chándal a Ash y fue al dormitorio de sus padres para llevarle a Vargas ropa de su padre.

–A ver si te sirve eso.

–Seguro, gracias –le dijo, poniéndose la camiseta y el jersey.

Roi se sentó en la cama, mirando a Ash y suspirando, sacando calcetines para ambos, ya que no tenía otro calzado que el suyo.

–Gracias –le sonrió cansado el chico mientras se vestía y se ponía los calcetines –. Creo que fue eso lo que me llamó, era la misma voz.

–¿Por teléfono? –Roi suspiró, pensando que seguro que lo había cabreado. Miró de soslayo a Vargas, tenía las manos cruzadas colgando entre las piernas y miraba al suelo.

–Sí, por teléfono –Ash siguió su mirada también y colocó una mano sobre la nuca de Vargas –. Me pareció que era más violento esta vez.
Él lo miró, suspirando ligeramente y limpiándose un poco los pies antes de ponerse los calcetines.

–Creo que le pediré ayuda a esos… Si no consiguen nada, al menos a ver si se lo llevan con ellos.

–Qué cabrón… –Roi sonrió, pensando que no perdía el buen humor ni así, aunque ahora se preguntaba si era una broma, porque a juzgar por su expresión…

–No digas eso… –sonrió Ash mirándolo, aunque estaba seguro de que no podían seguir huyendo de una casa a la otra, o al final iban a dejar todo el pueblo embrujado.

–Pues no sé qué quieres que diga, es lo que pienso. Y también pienso que me está siguiendo a mí. Deberías quedarte aquí con Roi, yo ya veré qué hago.

–Voy a haceros un café… –les dijo el rubio, en parte porque veía que tenían que hablar.

–Gracias, Roi –casi susurró Ash, bajando la mirada –. No es cierto, vino a mi casa primero.

–La escuché llamarme en esa cueva… ¿y tú? ¿A ti te llamó?

–No, pero bueno… me llamó por teléfono de todas maneras –se encogió de hombros.

–Es igual, hay que probar entonces. Te quedas con Roi mañana.

–No, no quiero estar sin ti. Además, ¿a dónde vas a ir? No te puedes quedar en esa casa –se alteró sujetándolo por un brazo.

–Pues me quedaré en el internado por un día, o alquilo una habitación en la ciudad, no sé –le sujetó la mano, mirándolo a los ojos y pensando que no podía protegerlo de aquello. Lo único que se le ocurría era alejarse.

–Pues sí, pero tengo que ir casa por la mañana de todas formas –lo rodeó por los hombros, besándolo en los labios –. Tú llámame también si algo ocurre, ¿vale? Y no me seas infiel con Roi.

El rubio carraspeó al entrar, apoyando tres tazas de café con leche en la mesita de noche.

–Nuestro amor es fraternal.

–O eso dices…

–Lo es… –le aseguró Ash, haciendo un esfuerzo por sonreír de nuevo, pero no podía dejar de estar asustado. Se levantó, yendo a buscar el café.

–Dame el mío, churri –le pidió Vargas, en tono serio, aunque lo hacía de broma.

Roi sonrió de nuevo, y llamó a Bronco para que se acercase, rodeándole el cuello y estrujándoselo en cuanto estuvo cerca.

–No me llames churri –se quejó el chico, aunque entregándole su café y volviendo a sentarse a su lado.

–¿Por qué, churri? –Vargas sonrió, pasándole la mano por la cintura.

–Es horrible –Roi se rio, acercando una silla y sentándose frente a ellos –. ¿Y si es un poltergeist? Como en las pelis.

–¿Un poltergeist? Pero no lo estoy causando yo –Ash negó, dado que había escuchado que solía suceder cuando había adolescentes cerca –. ¿Podría haber un poltergeist en esa cueva?

–No tengo ni idea, sólo es algo que se me ha ocurrido.

–Dudo que la gente sea consciente de cuando está o no causando un fenómeno de ese tipo…, pero es verdad que sucedieron cosas en la casa sin estar ninguno de nosotros dos presentes –Vargas bebió un poco, después de calentarse las manos.

–, así que no lo creo. Tiene que ser otra cosa.

–Dijiste que te llamaba. No sé… ¿alguien te la tiene jurada? ¿Mataste a alguien? –Roi lo miró, sonriendo después.

–No –se rio, negando con la cabeza –. Ni una cosa ni la otra. La única mujer que puede estarme persiguiendo es mi madre, y ella no me llamaba Vargas de todas formas.

–¿Estás seguro de que no dejaste a alguien más en la isla? –le preguntó Ash, suspirando luego y bebiendo del café –Tal vez simplemente nos escuchó llamarte esa noche, no sé…

–Tal vez sea eso. Pero no dejé a nadie en la isla –se quedó pensativo, y luego se frotó la nuca –. Tuve una novia, pero ella se fue antes que yo.

–¿Cuántas novias has tenido? –le preguntó Ash de manera casual, aunque le temblaba una ceja.

–Sólo una –se rio, mirándolo a los ojos.

–¿Sólo una? –Roi lo miró escéptico.

–Sí, desde esa me empezó a dar alergia el compromiso… Qué frío hace, ¿no? Hay que ver…

–Eso es peor… –Ash movió una pierna, tocando al profesor y mirando hacia otro lado.

–Pero contigo va en serio… –Roi bebió un poco, pensando que si no le iba a dejar a Bronco desahogarse.

–Claro que sí, eso ya lo sabe él –Vargas sonrió y lo rodeó por detrás, besándole una mejilla.

–Podéis dormir en la cama de mis padres si queréis, pero mejor que cambiéis las sábanas porque… yo no las he cambiado nunca.

–Vale, no quiero dormir en polvo ancestral –se rio Ash, aunque mirando a Vargas de manera sospechosa y bebiendo un poco más de café –. Gracias, Roi.

–No… ya sabes que no tienes que darlas, pero no me hago responsable si Bronco os visita por la noche –se rio, apoyándole la taza en la cabeza al perro, y haciendo que alzase la vista. La dejó en la mesa de nuevo y se rascó la nuca.

–Bueno, entonces te dejamos dormir –Vargas le apoyó la mano en la cabeza a Ash y se levantó.

–No me trates igual que a Bronco –se quejó el chico frunciendo el ceño y terminándose el café antes de ponerse de pie.

–Ya no te acaricio más… –le sujetó la nuca, apretándosela un poco, mientras Roi se metía en la cama de nuevo.

–Buscad las sábanas por el armario, que tengo sueño…

–Vale, buenas noches –se rio Ash, dándole una palmadita a Vargas y alejándose para buscar las sábanas –. No digas tonterías –refunfuñó luego.

–No me trates fríamente sólo porque hay otros delante.

–Es como tener a mis padres en casa de nuevo… –les dijo el rubio desde la cama, cerrando los ojos y sonriendo, pasándole el brazo por encima a Bronco cuando saltó sobre el colchón.

–Agh, mira… –se quejó Ash, enrojeciendo y saliendo de la habitación con rapidez.


Continua leyendo!

 
 

Tambien puedes dejar tus comentarios y opiniones en la sección de este fic en el foro foro yaoi

yaoi shop, yaoi t-shirts, uke t-shirts, wings on  the back