Capítulo 21
The party
Parte I
Coming together
Noviembre 7, Sábado.
–Ven… –Zeus esperó a que saltase por
la ventana para salir del internado, y luego le sujetó la
muñeca –, se me ha ocurrido… que podemos gastarles
una broma.
–¿Una broma? Cuenta conmigo –Skylar le guiñó
un ojo, alborotándose un poco el cabello con la otra mano,
mientras se alejaban de aquel lugar.
–Pero no sé el qué todavía, algo para
que se asusten en ese lugar. Tal vez podemos ir antes y ver si hay
algún sitio en dónde esconderse para hacer como si
hubiéramos desaparecido. Mejor uno de los dos sólo,
si no seguro que… –le dio la risa, pensando que se pondría
a sobarlo.
–Podrías decir que no me encuentras. O quizás
yo, creo que soy mejor actor –se rio, imaginándose
que le iban a querer pegar después –. ¿Puedes
gemir como alma atormentada?
–No sé yo…, pero imagino que sí, si
no me la casco mientras a ver si gimo un poco –bromeó
–. Sí, podré, estarán asustados y se
lo creerán igual.
–Seguro que sí. ¿Sabes que nos van a odiar,
no? –se rio como si no fuera importante. Se estaba dejando
llevar por la emoción de meterse con ellos, sólo era
una broma después de todo.
–Un rato, pero les damos una memoria para toda la vida –se
rio con maldad, sujetándolo de la cintura y pegándolo
a él para besarle la mejilla.
–Te amo –se rio, girando la cara para besarle los
labios luego –. Tendremos que apresurarnos entonces, no vaya
a ser que Sneik ya esté allí.
–No, Sneik no, es creepy –se quejó, pensando
que a lo mejor les arruinaba la broma –. Tal vez deberíamos
incluirlo, si no se asusta enfriará el chiste.
–No sé si es la clase de chico que hace bromas. O
tal vez sí –se rio pensando que podía tener
curiosidad.
–Pues si no lo es, que por lo menos sea de la clase de chico
que se calla… –se quejó, alzando una ceja y preguntándose
si no había más remedio que esperar a ver si no arruinaba
la cosa –Tú habla con él, que te llevas bien,
pero no muy cerca –le advirtió.
–¿Tienes miedo de que me conquiste? –le preguntó
de manera juguetona, tirando de sus ropas para atraerlo hacia él,
a pesar de que no se había detenido.
Zeus se quedó mirándolo, preguntándose qué
clase de respuesta le motivaría menos a probarlo. Lo besó
profundamente, optando por no responder a eso.
Skylar lo besó de vuelta, dándole una nalgada y
sonriendo contra sus labios.
–Si seguimos así, no vamos a llegar a tiempo.
–Pues no me busques las cosquillas –se quejó,
pegándole un toque en la entrepierna y apretujando un poco
–. Vamos –lo besó otra vez antes de sujetarlo
por la cintura de nuevo.
–No me pidas lo imposible –le contestó riéndose
y pegándose a él, además hacía frío
como todas las noches.
...
En realidad, Sneik estaba encogido por ese mismo motivo, con la
cara un poco refugiada en su bufanda blanca, y las manos a pesar
de los guantes, caladas de todas formas dentro de los bolsillos
de su grueso abrigo. En el puerto el viento soplaba más fuerte,
y el aire estaba cargado de una humedad desagradable. No pudo evitar
pensar en lo mucho que odiaba el frío.
La embarcación se detuvo y el bibliotecario se bajó,
con la bufanda tapándolo un poco también, aunque no
iba tan abrigado como Sneik. De todas maneras sonrió el verlo
allí, y se acercó.
–¿Estás aquí desde hace mucho?
–No, diez minutos –alzó la vista y luego se
levantó, pegándose a él discretamente al caminar,
además porque tenía frío –. ¿Es
molesto que esté aquí esperando?
–Para nada, por el contrario, es agradable –le aseguró,
sujetándolo por la cintura –. Sólo espero que
no te vayas a resfriar, estás helado.
–No suelo resfriarme –sacó una mano del bolsillo
y cubrió la suya, mirando hacia delante –. Alguien
estuvo en mi cama, es por eso que no soporto estar en un internado.
–Tal vez fue tu compañero de cuarto –sugirió
el bibliotecario, pensando en lo molesto que sería tener
a alguien tocando sus cosas.
–Sí, estoy seguro de eso…, pero probablemente
porque Roi estaba con él. Jari no suele ponerse en mi cama,
sabe que lo odio. Ahora no dejo de preguntarme, si hacían
algo en mi cama.
–Creo que eso depende de qué tan desordenada estaba
tu cama. ¿Son novios? –le preguntó, aunque realmente
no estaba tan interesado en ellos.
–No tan desordenada, supongo… –lo miró
pensativo por un momento y luego le contestó –Son novios,
imagino.
–Bueno, podrían utilizar la cama de Jari en todo caso,
es un irrespeto –exhaló, apretando su mano.
–Sí, pero estoy seguro de que Jari es de esos que
le permiten a su novio lo que sea… –meditó para
sí.
–¿En serio? –se rio suavemente, acomodándose
la bufanda después –Aun así, no te debe involucrar
en sus decisiones. Me pregunto qué tipo de novio serías
tú.
El rubio sonrió un poco.
–Yo diría, que probablemente eso es algo que no tiene
que seguirse preguntando, ¿verdad? ¿O de qué
forma calificaría esto? ¿De relación complicada?
–Complicada, definitivamente –se rio, apretándolo
un poco contra él –. Hoy nos besamos, aún me
queda algo de tiempo antes de averiguar qué clase de novio
eres.
–¿Y qué clase de novios hay? –sonrió,
en realidad jugando con sus palabras.
–Los cariñosos, celosos, posesivos, considerados,
descuidados, hay muchas clases de novios. También hay libros
sobre eso –sonrió mirándolo.
–¿Y qué clase de novio es usted, Gale? –lo
miró, rozándole la mano y el brazo, a pesar del cuero
de sus guantes.
–Tendrás que averiguarlo a medida que avanzamos.
–No quiere apagar mi curiosidad… –sonrió
un poco, guardándose las manos en el bolsillo otra vez –,
pero tengo mucha. A lo mejor me responde qué tipo de novio
es el que suele gustarle entonces. Aunque no tiene aspecto de tener
novio.
–No, no suelo tener pareja, no me gustan los problemas y
mucho menos la compañía poco interesante –lo
miró de soslayo por un momento –. No me tengo que preocupar
por eso contigo.
–No lo creo, aunque habrá quien no diga lo mismo
con respecto a los problemas, o no estaría aquí –sonrió
ligeramente, devolviéndole la mirada –. Yo no creo
ser celoso, pero no soporto que me falten al respeto –comentó
de pronto, seguro de que lo comprendía.
–Y yo no soporto las faltas de respeto –lo miró,
sonriendo un poco de nuevo –. Es importante asumir el compromiso.
–Supongo, o carece de sentido… –se estremeció
un poco por el frío, frunciendo el ceño y pensando
que odiaba ese lugar –. ¿Podría ir a su casa
mañana? Quiero ver su colección –lo miró,
subiéndose un poco la bufanda.
–Si no tienes ningún problema con el internado…
–aceptó, soltándolo de pronto y rodeando sus
hombros –Buscaré los libros que puedan interesarte.
–No tengo ningún problema. Mis padres me dan permiso
para salir, simplemente no me quieren cerca, saben que puedo hacer
el mismo tipo de cosas en un lugar cerrado o no… –se
acurrucó casi contra él mientras caminaban, mirando
hacia la playa que se veía ya a lo lejos.
–No sé por qué no te querrían cerca,
para mí eres encantador –le aseguró sonriendo
un poco más y atreviéndose a acariciar su cabello
–. Tus amigos se sorprenderán de verme allí.
–Sin duda, pero yo lo estoy deseando –sonrió
un poco, dejándose acariciar y pensando que ojalá
sus padres se parecieran a él remotamente tan siquiera.
...
Roi corrió por el sendero hacia la casa de Ash para ir a
buscarlo, pensando en contarle lo sucedido con Jari por el camino,
pero notó que había luz en la casa del profesor de
literatura y se fijó en las siluetas del interior, notando
que Ash estaba con él.
No se atrevía a ir a buscarlo de ese modo, y por otra parte…
¿estaría Ash incómodo solo con él y
Jari? Eso era deprimente sólo pensarlo, y suspiró,
de todas formas cambiando la ruta para ir hacia el internado.
–Deberíamos irnos antes de que los demás se
harten de esperar. Vienes, ¿verdad? –le preguntó
Ash sin tener ni idea de que Roi estaba afuera, en realidad se preguntaba
por qué no lo había visto en todo el día.
–Sí, claro que voy –le aseguró, cogiendo
su cazadora de cuero gris y cerrándosela. Tomó la
que le había dado antes por si le daba vergüenza llevársela
finalmente, y le ayudó a ponérsela, cerrándole
la cremallera y mirándolo.
–No tienes que hacer eso –enrojeció preguntándose
si se creía su padre o qué, y se apartó, colocándose
los guantes sin dedos que solía llevar.
–No tienes que decirme cada cosa que no tengo que hacer
y hago, maleducado… –le dio un capirote y se rio.
–Pues no hagas eso tampoco –se cubrió, frunciendo
el ceño, aunque era un poco gracioso.
–Que no me digas lo que tengo que hacer –le dio una
nalgada, saliendo de la casa y pensando que hacía frío
afuera, alzó la vista preguntándose si se pondría
a llover –. Coge el paraguas…
–Sí, papá… –se quejó, aunque
cogiendo el paraguas de todas maneras, y pensando en darle con él.
–No me digas eso, que me hace sentir viejo –en realidad
le hacía sentir de otra forma muy distinta. Lo sujetó
por los hombros una vez hubo cerrado la puerta, y lo aproximó
a él mientras caminaban hacia la playa.
–Pues deja de portarte como un padre, profesor –se
rio, aunque en realidad lo era –. Creo que debería
haber traído algo caliente.
–¿Algo caliente como qué? Ya me tienes a mí
–sonrió un poco, frotándole el brazo por si
tenía frío –. ¿En serio me comporto como
un padre?
–Sólo bromeaba –negó, aunque lo cierto
era que le agradaba que alguien se preocupase por él.
–No hace gracia –le empujó un poco la cabeza,
alzando una ceja y riéndose después –. ¿No
lleváis alcohol ni nada? ¿Qué clase de fiesta
es esa?
–No lo sé, supongo que alguien más lo llevará.
Roi o Zeus… –se encogió de hombros, mirándolo
–O puedes comprarlo tú.
–Vale, vamos a comprar alcohol, pero diré que fue
idea tuya y que yo traté de disuadirte.
–Nadie te lo va a creer –se rio, pensando que tenía
cara de bandido –Seguro que a todos se les olvidó.
–No tenéis ni idea de cómo organizar una fiesta…
–se quejó, subiéndose un poco las gafas porque
tenía una patilla floja y se le caían –. A vuestra
edad yo sabía pasármelo bien –demasiado, pensó
luego para sí.
–Sí, seguro que sí, pero no tenías que
trabajar, ¿o sí? –lo miró alzando una
ceja y enrojeciendo luego por haber dicho eso.
–No, la verdad es que no…, pero divertirse es algo
innato, no importa que trabajes. O los adultos no nos divertiríamos
nunca.
–Sí, pero a mí me resulta difícil estar
pensando en fiestas. Ya tengo suficiente con mantener mis notas
aceptables –se quejó de todas maneras, metiendo las
manos en los bolsillos de la cazadora y pensando que era agradable
que no tuvieran agujeros.
–Te quejas mucho… –se quejó él
también –, y me dan ganas de morderte.
–¿Eres un perro? –lo miró riéndose
con incredulidad –No me quejo tanto.
–Sí te quejas, y no sé, me han dicho hijo
de perra alguna que otra vez –bromeó.
–No me extraña –le contestó serio, aunque
sonriendo un poco después.
–Te voy a morder, te lo he advertido… y me estás
buscando –le amenazó, aunque se estaba riendo y probablemente
perdía toda la eficacia, pero lo sujetó contra él,
bajando la cara para morderle una mejilla, aunque luego le dio un
beso y lo soltó, empujándolo hacia delante.
–Agh, que no hagas eso –se cubrió la mejilla
riéndose, aunque estaba sumamente rojo. Se había preocupado
por estar extralimitándose, pero Vargas no se comportaba
como un profesor ni por dos minutos.
–Ya sé yo que luego esa mejilla no te la lavarás
más –se rio, entrando en un ultramarinos que había
en el pueblo y pidiéndole unas cervezas además de
alguna cosa de comer, aunque la cara que ponía la mujer era
todo “un poema”.
Parte II
Inside the bowels of hell… it’s cold
–Ya voy, ya voy –susurró Jari mirando por la
ventana a Roi, que lo esperaba afuera. Se metió de nuevo,
tomando aquella cazadora rosa con diseños de patitas y se
la puso, antes de descolgarse por la ventana.
El rubio lo sujetó en brazos antes de que se soltase, y
lo besó profundamente, aunque no habían pasado mucho
tiempo sin verse en realidad.
Jari le devolvió el beso de la misma manera, sonriendo
contra sus labios.
–Te extrañé.
–No es posible… –lo dejó bajar, colocándose
la gorra porque se le había ido hacia atrás con el
beso –Aunque yo no he dejado de pensar en ti –confesó
serio, como si simplemente se lo plantease.
–Ya ves, sí es posible –se rio, sujetándose
de su brazo y pegándose a él –¿Sabes
en dónde es?
–Más o menos, no sé el lugar exacto de la
cueva, pero por ahí deben de andar los demás ya –se
guardó la mano en el bolsillo de la cazadora, mirándolo
de soslayo –. ¿Sabes que usar cazadoras rosas es muy
gay, no?
–¿Sabes que yo soy muy gay, no? –se rio, mirándolo
y moviéndole el brazo como jugando –Y a ti te gusta.
–Pero no tienes que andarlo anunciando…
–No me digas que te da vergüenza. Pero si somos novios.
–No me da vergüenza, pero es que parecerá que
te vas anunciando, y ya no estás en circulación –frunció
el ceño, soltándolo de su brazo y cogiéndolo
por encima de los hombros –. Eres mío.
–Oh, pero es que me gusta verme guapo… –se rio,
enrojeciendo y pegándose aun más a él –Me
pondré una camiseta que ponga “propiedad de Roi”.
–No… –se rio, besándolo otra vez y enrojeciendo
por su culpa –A mí también me gusta que estés
guapo, pero no coquetees –le dijo de nuevo –. Y no coquetees
con el profesor ahora.
–No coqueteoooooo… –negó, aunque no estaba
seguro de a qué se refería.
–Lo haces… –le dio una nalgada, aunque en parte
iba en su propio beneficio –¿Quieres ver a mi perro
o qué? Llegaremos tarde.
–No importa, quiero verlo. ¿Cómo se llama?
¿Qué raza es? No me va a morder, ¿verdad? –le
preguntó entusiasmado.
–Es de raza sin raza… –se encogió de
hombros –Es un perro grande y negro, guapo. Duermo con él.
–Pero tiene nombre, ¿o no? –volvió a
preguntarle riéndose –. Quiero veros dormir juntos,
seguro que es tierno.
–Seguro que no… –enrojeció, pensando
que dormir abrazado a tu perro era una cosa que posiblemente Jari
consideraría tierna –Se llama Bronco.
–Bronco, seguro que sí –se recostó contra
su hombro –. Me gustan los animales.
–A mí algunos… –lo miró de soslayo,
pensando que él se comportaba como un gato mimoso, claro
que eso le gustaba. Nunca lo había llevado a su casa, en
realidad sólo a Zeus y a Ash, estaba hecha un desastre.
–¿Has tenido problemas con algún animal? –le
preguntó apartándose y mirándolo.
–No, pero algunos son feos, o estúpidos.
–Bueno, pero yo no puedo mirar feo a un animal, pienso que
no es su culpa –le aclaró girándose de nuevo
–. ¿Ya llegamos?
–No los miro de ninguna manera, pero no me interesan –se
rio, pensando en eso de “mirar feo” a un animal, como
si al animal le importase –. Es allí —le señaló
la casa antigua, tenía la puerta cerrada, pero el perro estaba
mirando por el cristal de la ventana ya, nervioso porque veía
a su dueño.
–Oh, es grande. Bueno, más grande que un dormitorio,
eso es seguro –se rio, aproximándose y pegándose
a la ventana, haciendo que el perro le ladrase.
–Ladra de contento, no es agresivo –le aseguró,
abriendo la puerta y dejándolo salir. Le saltó encima
y le sujetó el pellejo, apartándolo y sujetándolo
para que no le saltase a Jari –. Lo puedes tocar, pero te
va a tratar de sujetar la mano… no hace nada, sólo
babas…
–Vale… –el chico se acercó, aproximando
la mano y deteniéndose, riéndose nervioso, antes de
extenderla de nuevo –Hola, Bronco, soy Jari.
El rubio lo soltó, dejando que le saltase encima y lo babease
un poco para que se quedase a gusto, aunque luego lo sujetó
por detrás para sacárselo.
–Ala, a cascarla… –le mandó, haciendo
un gesto para que fuese a la cocina –Ven, que te limpias en
el baño…
–Vale, pero es tierno, cariñoso como tú –se
rio porque no era así, pero le había encantado abrazarlo.
–Sí, seguro, yo soy un torrente de amor y afecto…
–subió por las escaleras, pensando que vivía
en su propio mundo y abriendo la puerta de su habitación
y luego la del baño. También había un baño
al final del pasillo, pero no lo utilizaba.
Jari lo siguió, fijándose en su vivienda ahora.
Sí era grande para vivir solo, y fría. Ahora tenía
ganas de venir a arreglársela, aunque no fuera lo suyo.
–Está terrible, lo sé, pero es que no tengo
humor de ponerme a limpiar… –sonrió, disculpándose
y apoyándose en el marco de la puerta mientras esperaba a
que se limpiase las manos.
–No, es normal supongo –le contestó mientras
se limpiaba las manos, preguntándose si habría sido
demasiado obvio –. Pero yo puedo limpiar por ti, un día
de estos. Me gustaría.
–Vaya ganas… ¿Te gusta limpiar? –se rio,
pensando que estaba loco –Quédate a dormir –le
pidió luego, mirándolo fijamente.
–No, no es que me guste limpiar, me gusta hacer cosas buenas
por la gente que quiero –le contestó riéndose
–, pero sí me gusta decorar. ¿No crees que se
darán cuenta si me quedo?
–Bueno, pues olvídalo… –se giró,
incómodo, ya que le había costado pedírselo
–Vamos –le dijo comenzando a bajar las escaleras.
–No, me quedo… Regresaré temprano –sonrió
porque le notaba la cara de “no importa, pero sí importa”.
–Que no, es igual, vamos –abrió la puerta,
recordando que tenía que coger unas cervezas que había
dejado en la nevera, y regresó, cogiendo la bolsa y sobándole
la cabeza al perro, inclinándose para morderle una oreja
antes de salir, aunque luego escupió unos pelos a un lado.
–Bueno, pero no te espantes si te despiertas y estoy a tu
lado, con Bronco –se quejó el chico, volviendo a sujetarse
de su brazo.
–Eres terco, ¿eh? –se quejó, soltándose
para tomar su mano.
...
Skylar y Zeus hacía tiempo que habían llegado a la
playa, y Zeus miró al moreno cuando notó de quién
iba acompañado el rubio.
–Esto va a ser un poco más difícil –suspiró
Skylar, aunque sonriendo luego y alzando una mano –¡Sneik!
–Aquí vamos… –murmuró Gale, cortándose
luego para no incomodar, aunque igual llevaba una ceja alzada.
El rubio lo saludó con la mano discretamente sin embargo.
–Hola, ¿solo hemos llegado nosotros cuatro?
–Sí –Zeus miraba a aquel hombre, como siempre
interesado, aunque se preguntaba qué pintaba un adulto allí.
Le quitaba la gracia al asunto –. ¿Qué hace
aquí?
–Yo lo invité. ¿Es una molestia para ti? –preguntó
serio, en realidad muy atento a su respuesta, pero a Zeus le ponía
los pelos de punta.
–No, si no nos delata.
–¿No crees que eso sería estúpido estando
él aquí? Bueno… –lo dejó en el
aire, mirando a Skylar –¿Habéis entrado?
–Aún no, llegamos hace poco. ¿Puedo hablar
contigo un momento? –se levantó con una mirada de complicidad.
–Por mí no hay problema –le aseguró Gale
por si acaso, sentándose mientras sobre una piedra, pasándole
una mano primero –. Y os aseguro que no pienso delatar a nadie.
–Es el bibliotecario, ¿no? –le preguntó
Zeus, acuclillándose frente a él con curiosidad.
–Sí, y tú nunca has ido a la biblioteca –le
contestó impasible.
Sneik le apretó un poco el brazo como para darle su pésame
y se apartó un poco para hablar con el otro.
–¿Qué ocurre?
–Es que habíamos planeado jugarles una broma a los
demás, pero queríamos tu cooperación. Claro
que… no sé si el bibliotecario estará de acuerdo.
–Se llama Gale –le aclaró –. ¿Y
qué haremos? Podemos ir con él, no creo que le moleste,
la verdad –le hizo un gesto y se aproximó al rubio,
sentándose a su lado –. Quieren gastarles una broma.
–Para asustarlos –Zeus se rio –, habíamos
pensado en esconderme yo por ahí y hacer gemidos.
–Y yo voy a pretender que no lo puedo encontrar. Como llegamos
de primeros… –sonrió Skylar mirando al bibliotecario
de reojo de todas maneras.
–Una broma, ¿eh? No voy a delataros si es eso. Estoy
aquí como un invitado de todas maneras –les aseguró,
preguntándose en realidad si no sería peligroso que
se metieran entre las rocas a esas horas de la noche, sin ver nada.
–Pienso que sería mucho más creíble
si lo hacéis a mitad de la noche, y cuando ya estén
un poco bebidos. Quiero decir que si ahora llegan y no está,
harán algo aburrido como ir a buscarlo hasta el internado
o por el camino, pero si después de un rato, cuando se estén
distrayendo cada uno por su lado… os quedáis solos
adentro y él desaparece, es mucho más creíble
y tiene más sentido que entren a buscarlo. ¿No? –miró
a Gale, como pidiéndole su opinión.
Gale sonrió observándolo, y asintiendo.
–Creo que tienes razón. Pensadlo bien, en ese tipo
de leyendas urbanas, la historia comienza con “Unos chicos
decidieron hacer una fiesta…” O “estuvieron bebiendo
hasta tarde...” no comienza con “Llegaron y había
desaparecido” Es como echar a perder el final.
Skylar se rio, asintiendo y comprendiendo por qué le gustaba
a Sneik, hacían muy buena pareja.
–Bueno, esperaremos…
–Vale… –Zeus se echó un poco hacia atrás
pensando que iba a impacientarse.
–No bebas demasiado, podría acabar ocurriendo algo
de verdad si haces eso –Sneik lo miró a los ojos, preguntándose
si le haría caso.
–Vale, beberé después –se rio –.
¿Estáis enrollados?
–No creo que eso se nos aplique.
–A nosotros sí –se rio Skylar sujetando la
mano de Zeus.
–Dejando los términos a un lado, sí, estamos
juntos –les aseguró Gale, sonriendo un poco luego –.
¿Nos vais a delatar?
–Sí, porque seguro que nos creen… –Zeus
alzó una ceja, mirándolos a ambos, pensando que eran
una pareja terrible.
Gale suspiró pensando que no comprendía sus bromas.
Bueno, casi nadie lo hacía de todas maneras. Se sacó
una linterna de un bolsillo interno, entregándosela al chico.
–Para cuando vayas a desaparecer, las rocas estarán
oscuras y probablemente resbaladizas.
–Oh… qué previsor –se la guardó
en el bolsillo tras probarla un momento.
–Eh –Vargas, que venía junto a Ash por la arena
los saludó alzando una mano –. Trajimos cerveza.
–Tú sí que sabes invitarte –Zeus se
levantó.
–Y vosotros lo olvidasteis, ¿no? –los saludó
Ash, como si a él no se le hubiera olvidado también,
y parándose en seco al ver al bibliotecario.
–Buenas noches –los saludó el rubio, secretamente
divertido con sus caras de perplejidad.
Vargas lo miró, preguntándose por qué habían
invitado a un tío tan muermo, buenas noches decía
el muy pedante.
–Hola –lo saludó, pasándole luego una
bolsa a Zeus.
–¿Me das uno?
–Toma –le dio un cigarro y le acercó el encendedor,
mirándolo –. ¿Fumas?
–Cuando puedo…, pero aquí no hay quién
coño compren sin que se enteren –le dijo el chico,
agradeciéndoselo y pensando que no era como un profesor para
nada.
–Y… ¿Roy y Jari? ¿Aún no llegan?
–preguntó Ash pensando que Skylar y Zeus estaban muy
juntos, aquello lo confundía. Sacó una cerveza, abriéndola
y bebiendo un poco.
–No, fuimos los primeros –le sonrió Skylar notando
su mirada.
–¿No vamos a entrar? –el profesor miró
hacia la cueva con curiosidad, pensando que después de todo
se había pasado toda la infancia con la curiosidad de hacerlo,
y ahora hasta sentía que lo llamaba.
–Cuando vengan todos –Zeus cogió otra y la
abrió, bebiendo y pasándosela a Skylar.
–Gracias…, aunque no debo beber mucho –mintió
el chico como recordándoselo a Zeus, porque no quería
que le pasara nada. De todos modos, si lo veía muy ebrio,
se escondería él.
–Ya eso no engaña, ¿eh? –le advirtió
Ash que lo había visto beber como nunca la noche anterior
–Podemos encender una fogata allí adentro.
–Hay bastante viento, aunque creo que se podrá…
–le dijo Sneik, mirando de soslayo al profesor, que se estaba
asomando ya, y usaba el encendedor para ver algo.
Roi les silbó, caminando con el otro de la mano.
–¡Guau! –le gritó Zeus.
–¡Miau! –le contestó Jari, riéndose,
y tirando un poco de Roi.
Ash los miró como si estuvieran locos, no comprendía
nada, pero suponía que era mejor mientras no siguieran peleando.
–Hola –saludó, lanzándole una cerveza.
–¿Para mí no hay? –Jari se rio mirando
al bibliotecario primero, confundido y luego a Vargas, corriendo
hacia allí –¿Entramos?
–No veo por qué no –Skylar se le había
acercado y le entregó una cerveza, asomándose también.
Por alguna razón, nadie parecía atreverse a ser el
primero.
–Traeros las bolsas –les pidió Vargas, que
iba entrando y suspiró al notar que eso comenzaba a estrecharse
–. Agh… debisteis avisarme que dejara de ir al gimnasio
unos meses antes –murmuró, pensando que le costaba
pasar.
Roi se rio esperando con Ash afuera todavía, llevando una
de las bolsas.
–Dame la mano, Jari, que tengo miedo.
–¡Eh! No se la des –cambió de expresión
de golpe.
–¡Ah! No puedo, Roi da más miedo –se
rio el chico mejor esperando.
–Si quiere yo le sujeto la mano, profesor –se ofreció
Gale sin poder resistirse, aunque se cubría los labios con
dos dedos.
–No gracias, que me da alergia el polvo de los libros –se
rio entre dientes, aunque en realidad casi se le había caído
el cigarro por culpa de la propuesta.
–Menos mal que los mantengo limpios…
Skylar sujetó otra de las bolsas, poniéndose de pie
y riéndose.
–Vamos, a ver qué pasa… –le susurró
a Zeus.
–Felicidades –Ash le susurró a Roi, aunque seguía
sin comprender la actitud de los demás.
–Gracias, bueno… Skylar y Zeus están enrollados
–se encogió de hombros –. No entiendo nada.
–Yo menos. Debiste habérmelo dicho –le dio un
ligero codazo, sonriendo un poco y mirando a Jari luego, que los
miraba serio.
–Cuando pasé a buscarte, me di cuenta de que estabas
con Vargas en su casa y me dio palo, así que me piré
–le explicó, sin percatarse de la expresión
de Jari.
–Oh, bueno… sólo hablábamos, lo ayudaba
a desempacar y tu novio me quiere matar –le dejó saber,
sonriendo un poco.
–Roi… me aburro –se quejó Jari, corriendo
hacia él y sujetándose de su brazo.
–Estábamos hablando de lo sucedido –le explicó,
pensando que no tenía que ser así tampoco, iban a
estresarlo –. Bueno, vamos adentro –les dijo a ambos,
apretando el hombro de Ash para que pasase delante de él.
–Vamos… –asintió el chico adelantándose
y sintiendo un escalofrío al entrar, aunque seguramente era
por todas esas historias que había escuchado en su niñez.
Vargas ya estaba dentro, y la verdad es que la sensación
era extraña. Hacía mucho frío allí,
y sentía que si hablaba provocaría eco.
Zeus dejó varias maderas secas en el suelo para encender
una hoguera, y le dio en la pierna para que le pasase el encendedor,
ya que era la segunda vez que se lo pedía.
–Respétame, mierdecilla –se lo apoyó
en la cabeza.
–No puedo si me llamas mierdecilla –se rio el chico,
prendiendo unos papeles de la compra.
–Hace frío aquí, ¿no? Más que
afuera –se quejó Ash, frotándose los brazos
mientras se sentaba.
–Debe ser por la humedad en las rocas. La hoguera nos calentará
–comentó Gale, estudiando aquel lugar con la mirada.
Tenía un aspecto interesante de noche.
–Yo prefiero que Roi me abrace, abrázame, Roi –se
rio Jari cruzando las piernas y abriendo aquella lata de cerveza
por fin.
–Tú siempre prefieres algo que sea de sobar –le
dijo Roi, de todas formas haciéndolo.
–Y eso es algo para quejarse… –Zeus ironizó.
–Yo soy muy calentito si alguien quiere abrazarme –Vargas
cogió una cerveza, sin sentarse, mirando hacia arriba por
el agujero.
Sneik se sentó sobre una roca, mirando al profesor.
–¿Sabe algo de este lugar?
–No mucho, lo que sabe todo el mundo, supongo –le
dijo mirándolo.
–Es una lástima, tenía la impresión
de que los locales podrían contarnos algunas leyendas…
–lo miró Gale, ahora sí, interesado.
–Bueno… los locales no sabemos mucho –contestó
Ash, pensando que ya lo iba a convertir en una cosa educativa. Tampoco
comprendía qué hacía allí –. Hay
varias historias, pero más que nada nos decían que
no nos acercáramos, que caeríamos al infierno o cosas
así.
–Bueno, había gente que decía que había
visto cosas extrañas, pero eso… –Vargas hizo
un gesto de incredulidad, y se acuclilló cerca de Ash, ayudando
a Zeus con la hoguera.
–¿Qué tipo de cosas extrañas? –preguntó
ahora Skylar por si acaso podían utilizar algo de eso en
su broma.
–Pues por ejemplo… algunos pescadores dijeron que
habían visto una bruma negra entrar desde allí arriba
–señaló el mayor al agujero, llevándose
el cigarro a los labios de nuevo otra vez, y riéndose con
el mismo entre los labios –. Yo escuché gemidos una
vez, hace muchos años…
–¿Está seguro de que no era el viento? –le
preguntó Gale, aunque planteándose la posibilidad
de que no fueran los únicos adolescentes que hubiesen desafiado
aquella cueva.
Skylar estaba pensando lo mismo y comenzaba a reírse mientras
bebía un poco más de cerveza.
Sin embargo, Jari se había pegado un poco más a Roi,
nervioso.
–No, bueno… No sé yo, pero también escuché
algo una vez, pero luego me riñeron así que no estoy
muy seguro –les comentó Ash.
–A mí no me pareció el viento, pero la verdad
es que me dio miedo y me largué –le contestó
el moreno –. No sabía que existía una cueva
realmente, me enteré después, así que…
pensé que si salían voces de un agujero en la piedra…
no podía ser algo humano.
–Yo siempre lo supe. Desde pequeño me lo decían
–sonrió Ash, mirando a Roi luego –. A ti también,
¿no?
–También, para que no fuera. Me gustaba jugar en
la playa con Bronco, ya sabes.
–Estaba pensando que pudieron haber sido unos chicos, usando
este lugar para… ya sabéis –les explicó
el bibliotecario –. No me parecería sorprendente.
–No sé, no había muchos chicos –le advirtió
el moreno, fumando y pensando que realmente hacía frío
allí. Cogió otra lata para seguir bebiendo, aunque
ni loco quería emborracharse y luego no poder salir de allí.
–Pudieron haber sido turistas… –comentó
Jari sólo por tranquilizarse.
–Creo que no había muchos turistas antes tampoco,
pero no sé. Aún no nacía –se rio Ash,
mirando al profesor, y bebiendo un poco más de cerveza.
–No, no había turistas nunca. No había nada…
sólo unas cuantas personas y… la misma gente siempre
–abrió un paquete de patatas fritas y se metió
unas cuantas en la boca –. Era peor todavía que ahora.
–Ya sé para qué hicieron ese agujero, para
suicidarse –Zeus se rio, apoyando una mano en el muslo de
Skylar.
–Seguro, ¿eh? –se rio Skylar, apoyándose
contra su hombro como al descuido.
–Las cosas no han mejorado demasiado –les aseguró
Ash, suspirando y mirando el fuego.
–Pero deben haber algunas leyendas específicas, ¿o
no? Sobre este lugar –insistió Gale que no se daba
por vencido en ese tipo de casos.
–Hay muchas leyendas, cada viejo tiene su versión
por así decirlo. Está claro, a mí pese a todo,
no me parece muy natural esto, ¿no? –miró hacia
arriba otra vez.
–Dios metió la polla y se folló a la tierra
–Zeus se rio, siempre se le subía rápido, Roi
le dio con el pie, riéndose también.
–Tiene una Black & Decker.
–De las más grandes… –se rio Ash siguiéndoles
la broma.
–Mientras no se la folle con nosotros aquí…
–se rio Skylar, echándose hacia atrás.
Gale suspiró, pensando que ya empezaban de nuevo.
–¿Me pasas una cerveza, Sneik? –le pidió
seguro de que la necesitaba.
El rubio cogió una lata y la limpió con la manga
del jersey distraídamente, abriéndola antes de dársela.
–¿Cuáles son las otras versiones además
de la verga divina? –le preguntó al profesor, dando
a los demás por imposibles, aunque este se estaba riendo
como el que más.
–Yo qué sé… Que es la boca del infierno,
la garganta, y ahora debemos de estar en su estómago –sonrió,
preguntándose por qué les interesaba tanto, eran tonterías.
–Decían que podías ser arrastrado por las almas
que intentaban salvarse…, o algo así, aunque yo creo
que caer al infierno ya es bastante malo sin necesidad de las almas
esas –comentó Ash.
–Me preguntó de dónde habrán sacado
eso del infierno…Pudiendo haber tantas opciones –comentó
Gale, bebiendo luego, pensativo. Le interesaban mucho los orígenes
de las leyendas.
–Supongo que por los gemidos, pero no pasa nada, ¿verdad?
–pregunto Jari, bebiendo también y mirando hacia el
fondo de la cueva.
–¿Qué va a pasar? –Roi le tocó
el cuello con los dedos, bebiendo un trago e inclinando la cabeza
para besarle el cuello.
–Uy uy… que vamos a empezar a escuchar gemidos también
–Zeus se rio, pegándole a Roi con la mano en la pierna.
–Para… –se quejó, ya que estaba un poco
borracho.
–No, no pares… –bromeó Jari, acariciándose
contra él y riéndose.
–Si empezáis a gemir, me voy a ir arriba a ver si
os escucho –les advirtió Skylar, medio en broma.
Roi se rio, besándole la mejilla a Jari e inclinándose
hacia delante para coger otra cerveza.
–Voy arriba, a ver si se escucha algo… –el profesor
se levantó, llevándose la lata de cerveza con él.
–Cuidado no te nos caigas encima –Zeus se rio.
–En pleno salto del tigre te voy a caer yo a ti –lo
amenazó.
–Voy contigo –Ash se levantó también
porque no confiaba y luego enrojeció un poco por si lo incomodaba.
–Vale, nosotros gemimos en alto –se rio Jari, mientras
Skylar le daba un codazo a Zeus.
–Nosotros gemiremos desde arriba, a ver a quién se
le escucha mejor –Vargas se rio, sujetando la mano de Ash
para salir, y Roi los miró de soslayo.
–Ten cuidado –le pidió, un poco nervioso.
–No pasa nada, no he bebido casi –le aseguró
ya que apenas llevaba media cerveza.
Gale se puso de pie, examinando la roca por ver si había
alguna grieta o algo más interesante.
–Sigue haciendo frío, ¿eh? –se quejó
Jari, acercándose a la hoguera.
Roi se sacó la palestina y se la puso alrededor del cuello,
aunque ahora se preguntaba si olería a perro o algo, pero
bueno, si tenía frío que no se quejara por esas cosas.
–¿Me calientas? –Zeus se puso a besar a Skylar,
sujetándole la cara para que no se distrajese con lo que
hacía Gale.
El chico le devolvió los besos, girándose para abrazarlo
como si estuvieran completamente solos.
Sneik seguía sentado, con las manos cerca de la hoguera,
pero ahora estaba siguiendo con la mirada a su pareja. No se sentía
tan cómodo hablándole con los demás allí.
Sentía que iban a frivolizar sus conversaciones y arruinarlas.
Gale lo miró por un momento, llamándolo con un dedo
y sonriendo. Sabía que se sentía incómodo con
los demás, era de esperar.
Él se levantó enseguida, acudiendo a su lado como
deseando que le dijesen algo estimulante.
–Bueno, en realidad es interesante comprobar cómo
de alto hay que gritar desde aquí abajo para que nos escuchen
arriba, ¿no? –le preguntó.
–Sí, pero ¿estás pensando que gritaré
frente a todos estos chicos? –le preguntó, en realidad
como probándolo.
–Sí –lo miró a los ojos, sonriendo un
poco después –. Es interesante –le recalcó,
tocando su bufanda con una mano, sólo porque había
recordado aquel beso, pero luego la soltó despacio, apartándose
y tocando la pared –. ¿Buscaba algo?
–No, sólo miraba a ver si hay grietas o algo así.
Cualquier cosa que pueda amplificar el sonido –le contestó
riéndose un poco en bajito, ya que no le importaba gritar
a decir verdad.
–El viento debería funcionar como conductor…
–supuso, pensando que estaba demasiado oscuro como para ver
bien algo como una grieta. Aunque suponía que si Zeus había
decidido esconderse, al menos sabía dónde, aunque
tal vez era demasiado suponer tratándose de él. Los
observó besarse sin pudor ninguno, casi analizando como quien
observa a un documental de animalillos.
–¿Hambriento? –le preguntó el bibliotecario,
mirándolos de soslayo también –Creo que se olvidarán
de la broma como sigan así.
–¿Hambriento? –le preguntó, mirándolo
entonces a él, preguntándose si creía que le
excitaba observarlos. Sonrió ligeramente, negando con la
cabeza –Intrigado.
Gale lo sujetó por la quijada, besándolo entonces
y provocando que Jari remeciera a Roi, sin poder creérselo.
El rubio miró, apartando la vista rápidamente y pegándole
una colleja.
–No me avises para eso –cuchicheó tras haber
enrojecido, pensando que para colmo Sneik los había mirado
de soslayo.
Parte III
Carried by the wind
Vargas se llevó el botellín de cerveza a la boca,
y le apretó el hombro a Ash un poco.
–¿Estabas incómodo?
–No realmente, es un poco extraño –se encogió
de hombros mirándolo –. Además, no confío
en que no te vayas a caer.
–¿En serio? Cómo te preocupas por mí…
–bromeó, acercándole la botella por si quería
beber más –En realidad, ese sitio me estaba agobiando.
–¿Por qué? Es frío –se quejó
bebiendo de la botella –. ¿Es por todas las preguntas?
–No, era el sitio, me parece que había un ambiente
horrible allí, pesado… o algo así.
–Hum… será la humedad como dice el bibliotecario
–bebió un poco más, empezando a caminar un poco
más hacia arriba.
–Sí, será… –se rascó la
nuca, pensando que no quería volver, y caminando por aquel
bosque oscuro para ir hacia el acantilado.
–¿Estás bien? –le preguntó Ash
preocupado, ya que desde que había llegado era la primera
vez que lo veía realmente serio.
–Estoy bien –se llevó el cigarro a los labios,
pensando que no se veía nada bien sólo con la luz
de la luna –. Bebe –le pidió, acercándole
la botella a los labios.
–Ya lo hago… –bebió mirándolo
con sospecha. No podía ser que tuviera miedo.
–¿Estaba por aquí, no? –le preguntó,
deseando salir de una vez a la luz. No tenía miedo, como
el otro se preguntaba, en realidad sus preocupaciones eran otras.
–Sí, ya estamos cerca. ¿No escuchas el viento?
–sonrió un poco de manera maldita, decidiendo jugar.
Igual y se tranquilizaba.
Vargas lo miró de soslayo y alzó una ceja.
–¿De qué te andas riendo, eh? –le pinchó
la barriga con un dedo, aunque llevaba sujeto el botellín
y no quería que se le cayese.
–De que estás asustado… No pasa nada, ¿eh?
Es el viento –se rio, apartándose un poco y mirando
hacia abajo por si acaso. No quería terminar tropezándose
y cayendo en la grieta.
–No, no estoy asustado –le aseguró, resoplando
seguro de que no le creería, así que daba igual, porque
no podía explicarle lo que ocurría de todas formas.
Se acuclilló junto a la grieta, abajo se veía un
ligero resplandor, posiblemente de la hoguera. No se escuchaban
voces, pero de pronto le pareció que surgía una especie
de gemido suave y lastimero, muy largo que le heló la sangre.
Ni siquiera se movió, intentando convencerse de que se
trataba del viento.
Pero Ash no le permitió ese consuelo, ya que preguntó
con voz insegura, retrocediendo un poco.
–¿Qué ha sido eso…? ¿Has escuchado
eso?
–Sí… sí, pero estoy bastante seguro
de que es el viento. ¡Eh! –los llamó, inclinándose
un poco y asomando la cabeza –¿Me escucháis
ahí abajo? –se echó hacia atrás, sintiendo
una ráfaga helada en la cara. Había sido un viento
gélido, cortante, pero a la vez… se llevó la
mano a la cara, había sentido algo extraño.
–¡Roi! –llamó Ash, agachándose
a su lado para ver si contestaba, pero al asomarse no escuchó
la voz de su amigo, sino una especie de gemido alto, como un grito.
El viento se arremolinó, golpeándole la cara y alborotándole
el cabello.
–No contestan… mejor será que nos vayamos –Vargas
se levantó, sintiendo que aquella sensación extraña
era demasiado para él. No quería averiguar más
al respecto –. Bajemos de nuevo –sujetó la mano
de Ash para que lo acompañase.
–S… sí… Mucho viento –contestó
espantado, apretando su mano de pronto. Prefería pensar eso
a decir verdad, pero no iba a asomarse allí de nuevo por
nada del mundo.
Vargas llevaba el paso apurado, y Ash no parecía querer
detener su velocidad tampoco, le apretó la mano, sujetándolo
después por los hombros y mirando hacia atrás discretamente.
¿No debería salir el humo de la hoguera? No lo veía
él al menos.
Otro lamento surgió de aquella grieta, alcanzándolos
ahora incluso mientras se alejaban. Ash se estremeció como
si le hubiera pasado la electricidad por la espina dorsal, pegándose
más a Vargas. Ni siquiera se atrevió a mirar hacia
atrás por miedo a ver algo que no pudiese ignorar luego.
–Es el viento, el viento –insistió el moreno,
aunque él si había mirado hacia atrás, y le
pareció que las ramas de los árboles no eran azotadas
por el viento de forma natural, parecía que se abrían
y separaban como dejando paso a algo invisible –. Corre, es
demasiado viento –le pidió, sujetándole la mano
y corriendo con él hacia la playa.
Ash echó a correr sin siquiera preguntarse si eso tenía
lógica, pero estaba asustado y aquel viento estaba helado,
terriblemente helado. Casi sentía cómo se le erizaban
los pelitos de la nuca.
...
Abajo sin embargo seguían con su plan, Roi no sabía
nada del mismo, por supuesto, pero estaba saliendo con Jari para
estar a solas por un rato. Le parecía que los otros dos se
habían distraído por lo que tardaban, y de todas formas
no era algo tan extraño de pensar con Vargas. Mientras tanto,
los otros cuatro buscaban un lugar para que finalmente se escondiera
Skylar, ya que Zeus estaba demasiado “contento”.
–Anda, dame la linterna. Luego saldré iluminándome
la caraaaaaaaa… – de hecho lo hizo en ese momento, riéndose
un poco.
–Creo que este sería un buen lugar –los llamó
Gale, mostrándoles una pequeña gruta oscura. Quedaba
algo cubierta por una roca de tamaño considerable, pero había
suficiente espacio como para deslizarse dentro y fuera de la misma
–. No eres claustrofóbico, ¿verdad?
Skylar negó con la cabeza, examinando el lugar.
–¿Seguro que no puedo entrar contigo? –Zeus
lo sujetó por detrás, pegándose a él
y besándole la nuca.
–Así nadie se lo creería, pensarán
que hacéis, justo lo que estaréis haciendo –Sneik
alzó una ceja, resoplando y pensando que quería ver
esa gruta durante el día, aunque de todas formas no iba a
verse mucho mejor.
–Podemos volver mañana y hacer lo que estamos haciendo,
pero sin censura para niños –se rio Skylar besándolo
nuevamente –. Estás preocupado, no lo olvides, ¿eh?
–No… estoy cabreado… –frunció el
ceño, pellizcándole una nalga.
–Supongo que eso servirá, siempre y cuando finjas
buscarlo –Sneik comenzó a salir también, pensando
en disimular, cómo no, haciéndoles pensar que esos
dos estaban solos allí dentro –. Demos un paseo mientras
–le pidió al bibliotecario.
–¿Y yo?
–Te quedas ahí con él y luego sales y dices
que no sabes dónde está –le recordó Sneik
a punto de perder la paciencia.
–Esperad el tiempo suficiente, ¿eh? –les recomendó
Gale mientras Skylar iba entrando un poco más en la grieta,
aun con la linterna encendida para asegurarse de que no hubiera
un insecto o algo así.
Roi se había llevado a Jari tras las rocas y lo besaba
y bebía de forma intermitente, aunque ya había bebido
bastante a decir verdad. Lo peor de todo, es que cuanto más
bebía, mas “pegajoso” se ponía. El chico
lo estaba sujetando por la cintura de todas maneras y le devolvía
los besos con la misma intensidad. También había bebido
bastante, pero no le importaba. Lo que estaba haciendo no era algo
que no hubiera hecho de todas maneras sobrio.
El rubio se llevó la botella a la boca de nuevo, notando
que no quedaba más y mirando hacia la cueva, pensando en
ir a buscar, pero al ver a los otros dos saliendo, pensó
que tal vez no era tan buena idea.
–¿Quieres de la mía? Aún me queda un
poco –le ofreció Jari, sonriendo y besándolo
una vez más –. Te quiero, Roi.
–No… –cogió la botella, bebiendo y besándole
el cuello después, metiendo la mano bajo la cazadora tocándole
el abdomen.
Jari se rio, acariciándole el cabello y preguntándose
para qué decía que no si de todas maneras la iba a
aceptar.
–Pero sí te quiero, pégate más que tengo
frío.
–No me quieres… –frunció el ceño,
pasando la mano a su espalda para poder pegarse a él, aunque
más bien comenzó a frotarse contra su cuerpo.
–¿No te quiero? –le preguntó perplejo
por su seriedad, dejando que se frotara y abrazándolo de
todas maneras –¿Por qué dices eso?
–Porque no puedes quererme ya, puedes estar enamorado. ¿Qué
más da? –le preguntó, sujetándole la
cara con la mano y mirándolo a los ojos antes de besarlo
otra vez.
Jari se dejó besar, cerrando los ojos, aunque lo confundía,
para él eso era lo mismo. Bajó las manos, apretándole
las nalgas, aunque se sentía un poco nervioso de pronto.
Roi se pegó a él más, apoyando un pie en
las rocas y apretándose contra su sexo, le apretó
las nalgas con una mano también, bebiendo después
y terminándose la cerveza.
–Roi… ¿soy importante para ti? –le preguntó
de pronto Jari, sujetándole la cara, aunque con delicadeza
–Un poquito, ¿no?
–Sí, eres mi novio, ¿cómo no vas a
serlo? –lo miró a los ojos también, pensando
que de todas formas no se conocían bien, aunque estuviera
enamorado, no podía quererlo por más que dijera eso.
Querer era algo más profundo. Le sujetó las muñecas
con suavidad también, volviendo a besarlo tras apartarle
las manos de su cara, pero incluso borracho lo notaba un poco extraño
y se apartó –¿Qué pasa?
–Nada, es que no quiero que esto sea pasajero. No me hagas
caso –sonrió como dejando aquello de lado y besándolo
de nuevo.
Roi le sujetó la cara, separándolo de él
un poco para mirarlo a los ojos. Se aproximó despacio, manteniendo
la mirada.
–No es pasajero –se apartó, suspirando y pensando
que no comprendía nada. Primero se quejaba porque no le demostraba
que lo deseaba, y luego se quejaba cuando lo hacía. Dio unos
pasos atrás aunque no llevaba la vertical muy bien, y vio
a los otros dos acercándose –. ¡Ash! –lo
llamó.
–No digas nada –le pidió Vargas mientras llegaban,
soltándole la mano al percatarse.
Ash lo miró preguntándose por qué no y suponiendo
que le daría vergüenza el haberse asustado.
–¿Qué hacéis afuera?
Jari se recogió las piernas sin estar seguro de si lo había
molestado, pero no tenía que llamar a Ash enseguida.
–Nada… dentro están Skylar y Zeus solos…
–le explicó mientras se acercaban –Con la cerveza.
Vargas se sentó en el suelo al lado de Jari, llevándose
el cigarro a los labios, todavía muy serio, de hecho le temblaba
la mano ligeramente.
–¿Tienes frío? –le preguntó el
chico al notarlo, sujetándole la mano y frotándosela,
aunque de manera inocente.
Aun así, tanto su novio como Ash lo miraron serios.
–Un poco… hace frío aquí –lo miró
a los ojos, apretándole la mano un poco y soltándolo
luego para guardársela en el bolsillo de la cazadora –.
¿Interrumpimos algo? –preguntó de pronto, al
notar el ambiente hostil.
–Algo así –se rio Jari sin darse ni cuenta de
lo que pasaba –. ¿Escuchasteis algo allá arriba?
–A… Algo, el viento, no mucho –contestó
Ash, rascándose una oreja, nervioso de pronto y mirando hacia
otro lado. Quería una cerveza, pero se sentía reacio
de entrar en la cueva nuevamente.
–Os gritamos, pero como no contestabais salimos. Supongo
que no se oye de arriba abajo después de todo –Vargas
miró a Ash, llevándose el cigarro a los labios, un
poco tenso. Roi estaba apoyado con el hombro contra él y
de pronto lo miró.
–Vamos a buscar cerveza –le pidió, ya que le
avergonzaba entrar solo y ver algo como lo de la mañana o
peor –, y avisamos al entrar…
–Sí, eso, quiero una –Ash se apartó un
poco, con cuidado de no tirar a Roi y los miró por un momento
–¿Os quedáis aquí?
–¿Nos traéis unas cervezas? –le devolvió
Jari sonriendo.
–Sí…, eso, sacadlas –les pidió
Vargas, que no estaba por la labor de acompañarlos.
–Vale –Roi echó a caminar hacia allí,
pasándole el brazo por los hombros a Ash.
–Tiene una buena borrachera –le dijo a Jari, sonriendo
un poco.
–Sí…, pero lo lleva bien –le aseguró
el chico un poco más serio –¿En serio no escuchasteis
algo?
–¿Por qué preguntas eso? –lo miró,
llevándose el cigarro a los labios –Y con esa cara…
–Estáis raros –le contestó ya que a
veces podía ser muy observador. Suspiró mirando hacia
la cueva –. La cara no es por eso.
–¿Por qué es? ¿Discutíais? ¿Dijo
que le dolía la cabeza? Si es eso te comprendo…
–No… –se rio Jari, empujándolo con suavidad
–Es que le dije que lo quería, me dijo que no era posible.
Luego le pregunté si le importaba y ahora no sé si
se molestó porque llegasteis y enseguida llamó a Ash.
–Hum… no lo creo. Bueno, probablemente es desconfiado,
es normal en este lugar –dejó salir el humo, mirándolo
de soslayo –. Odio ser profesor.
–¿Odias ser profesor? ¿Por qué? –lo
miró sorprendido por la revelación y recostándose
contra su hombro de pronto –Yo no quiero que desconfíe.
–Ya aprenderá a confiar –levantó el
brazo y se lo pasó por los hombros, pensando que él
también estaba malinterpretando siempre antes –. Dale
tiempo, eres un impaciente. Yo también.
–Bueno, pero es que me gusta desde que llegué y me
costó conquistarlo, ¿eh? Ya tuve mucha paciencia –se
rio acomodándose –. ¿Por qué odias ser
profesor? Dime.
–Es que así no puedo ligar contigo y dejar a Roi
sin novio. Es por eso… –sonrió, sintiéndose
un poco mejor de todas formas y tocándole el hombro.
–Que no te escuche, se cela. Es posesivo, ¿sabes?
–le dijo como si fuera algo de lo que estar orgulloso, y riéndose.
Parte IV
Let the game begin
–¿Pasó algo con Jari? –le preguntó
Ash a Roi, intentando distraerse del escalofrío que había
sentido al entrar.
–Nada… –el otro iba palpando la piedra, demasiado
borracho para sentir claustrofobia –que es un melodramático…
–¿Discutisteis? –le preguntó seguro
de que no era nada serio. Ya podía escuchar las voces de
Zeus y Skylar desde adentro y suponía que iban a interrumpir
algo también.
–No, sólo me cortó el rollo –le explicó
el rubio, parándose un momento y gritando –. ¡Esconde
la polla, Zeus!
–¿Por qué? ¿Si no te lanzas a chupármela?
–el moreno lo miró desde atrás de la hoguera
con Skylar, apartándose un poco de él –Este
sitio está tomado, ir a otro lado… oh, es Ash.
–¿Y eso qué importa, eh? –Skylar le
metió un codazo –Si quieres un threesome vas a tener
que convencerme primero.
–Creo que se refiere a que no soy Jari –le aclaró
el moreno, exhalando y yendo directamente a buscar la cerveza –.
¿Y Sneik?
–¿Es que quieres un trío con él? –Zeus
se estaba riendo y se apoyó mejor en Skylar –Se piró
con el de la familia Adams…
...
El rubio de hecho, estaba paseando por la playa sujeto del brazo
de Gale, y lo miró de soslayo.
–¿Por qué me besó antes?
–Qué pregunta más extraña. Me preguntaste
que si tenía hambre y esa fue mi respuesta –le sonrió
mirándolo directamente.
–No hice eso, sólo me sorprendió que me preguntase
si yo lo estaba –lo miró también, apartando
la vista luego hacia el frente –. Así que lo tengo
hambriento –sonrió.
–Tus labios… son deliciosos –le contestó,
girándose para mirarlo a los ojos –. ¿Acaso
no querías que te besara?
–No quería que lo hiciera delante de ellos. No sabía
si era por ver la cara que pondrían –se detuvo y se
puso frente a él, mirándolo a los ojos –. ¿Era
por eso?
–En parte, en parte era por ver tu cara –le confesó,
tocándole una mejilla –. ¿Te molestó?
–Entonces no era por lo delicioso de mis labios –movió
la cara despacio, rozándole los dedos con los mismos y mordiéndole
después; soltándolo luego de haber apretado –.
¿Cree que puede besarme como si fuera un juego? Podemos convertirlo
en un juego, ¿seguro que quiere?
Gale suspiró sin dejar de mirarlo ni un solo momento.
–Es un juego, dentro de nuestra historia, pero nuestra historia
no es un juego.
–Bien… –seguía mirándolo también,
preguntándose si simplemente era su culpa, ya que no sabía
comportarse en ese ámbito. Tiró de una de las puntas
de su bufanda blanca, aproximándose a sus labios sin besarlo,
sacándosela poco a poco y enrollándola en su mano.
–¿Qué haces? –le preguntó mirando
sus labios y luego sus ojos. Lo había hecho sentir algo agitado
y lo sujetó por la cintura, buscándolo.
Sneik lo rozó con los labios sin besarlo, respirando cerca
de su boca y sujetándose a sus hombros. Le pasó un
dedo por el cuello, tenía la piel caliente de haber llevado
la bufanda cubriéndoselo, se inclinó hacia él
y olió su piel, rozándola con los labios y rascando
con sus uñas la piel de la nuca de Gale. Le besó el
cuello de pronto, al sentir que se estremecía, y cuando pareció
haberse sosegado un poco, le clavó los dientes con suavidad,
lamiendo después y pegándose a él.
Gale dejó escapar un leve gemido y le apretó la
cintura, entrecerrando los ojos. Sus manos subieron por la espalda
del chico, sintiendo los contornos de su cuerpo.
–¿Es este… tu juego? –susurró,
sonriendo un poco después.
–Tal vez… –susurró en su oído,
entrecerrando los ojos ligeramente y bajando la mano por su pecho
sobre el abrigo, tocándolo y haciendo lo mismo que él,
adivinando la forma de su cuerpo sobre la ropa –Pero tengo
otros, para cuando no estoy satisfecho con las respuestas.
–¿Eso significa que ahora estás satisfecho,
Sneik? –le preguntó subiendo una mano por su pecho,
hasta llegar a su quijada.
El rubio lo miró a los ojos, dejando que le alzase la cara,
aunque seguía en aquella actitud casi altiva. Le abrió
un botón del abrigo y metió una de sus manos frías,
soltando uno de la camisa también y tocando su pecho desnudo
y caliente.
Gale se estremeció ligeramente por el frío, inclinándose
luego para besarlo ahora sí.
–Espero que sólo juegues conmigo.
Sneik lo besó, pensando que tenía un pecho firme,
a pesar de que estaba delgado y podía sentir el esternón
entre sus pectorales.
–Por supuesto, es la primera vez que juego a algo así
–sacó la mano despacio, abrochándole los botones
y colocándole la bufanda en el cuello otra vez –. Estoy
bastante seguro de que eso no le molesta… –le dijo no
sin algo de picardía.
–No, no me molesta para nada –se rio con suavidad,
acomodándose la bufanda y rodeando al chico por los hombros
–. Eres extraordinario.
–Usted lo es –se pegó a él, en un acto
de cariño sincero y poco común en él, apoyando
la mejilla contra su pecho –. Lo amo, de muchas formas.
Gale lo miró un poco más serio, observando su expresión
y apartándose un poco la bufanda del cuello, para rodear
al chico con ella también.
–Y no voy a dejar de tratarlo de usted, porque sé
cuánto le gusta… –susurró, sonriendo e
irguiéndose para caminar a su lado otra vez.
–Así que lo has notado –se rio un poco, pensando
que era sumamente inteligente –¿También has
notado… que no soy tan serio como aparento, verdad?
–Sí, lo he notado… –le pasó la
mano por la espalda, acariciándosela.
–Entonces no tengo nada por lo que preocuparme –le
acarició el cabello, observándolo –. Deberíamos
regresar.
–Está bien –retiró la mano y se puso
los guantes otra vez, ya que en realidad sólo se los había
quitado para poder sentirlo –. Seguro que esto le parece divertido.
–Un poco, ¿a qué te refieres exactamente?
–sonrió rodeándolo por los hombros de nuevo.
–Parecía divertirse… Incluso le hizo esa broma
a Vargas.
–Me gusta bromear. ¿No te diviertes tú? Te
agradan, ¿verdad?
–No, no me agradan –lo miró con curiosidad
–. ¿Es lo que parece?
–Viniste a esta fiesta, creí que eran tus amigos –lo
miró, suponiendo aquello.
–Ya le dije que no tengo amigos, son mis compañeros
de clase. Vine porque pensé que podríamos saber algo
más, y porque podía ser interesante, aunque no lo
es, la verdad –suspiró un poco, metiéndose las
manos en el bolsillo del abrigo. La verdad es que comenzaba a pensar
que no lo comprendía e iba a terminar aborreciendo su personalidad.
–No tenemos que regresar si no quieres. Podríamos
subir a ese agujero una vez más –lo miró preguntándose
si se sentía agobiado.
–No, regresemos… –lo miró, pensando en
Skylar, ya que a él no quería fallarle sin embargo.
–Está bien –le acarició el cabello de
nuevo, alzando la mirada –, pero no tienes que hacer nada
que no quieras. A mí no me importa.
–Me lo pregunto… cuánto tiempo puede estar
sin importarle, y también me pregunto por qué me preocupa
tanto –suspiró, mirando a lo lejos, a los otros cuatro
sentados en la arena y bromeando. Eran ruidosos, se les escuchaba
desde allí.
–Puedo estar sin que me importe toda la vida. No soy esa
clase de persona –le aseguró siguiendo su mirada y
preguntándose si a veces deseaba ser como los demás.
Sneik se rio un poco, apartándose el cabello de delante
de la cara, ya que el viento le molestaba. Vio a Zeus salir corriendo
de la cueva, y se quedó mirándolo.
–Vamos –le sujetó la mano para correr hacia
allí.
El moreno estaba explicándose a las prisas, pero la verdad
es que actuaba bien, en parte porque se había asustado de
verdad al salir, pero eso probablemente no iba a salir de sus labios
fácilmente.
–¡No encuentro a Skylar! Me fui a mear a una esquina,
y ahora no lo encuentro…
–¿Cómo que no encuentras a Skylar? –Jari
corrió hacia él, más que nada porque le veía
la cara de susto y eso lo asustaba a él.
–Debe estar por aquí cerca. Seguro fue a hacer lo
mismo que tú –Ash se encogió de hombros, aunque
un poco nervioso al recordar lo que había sucedido antes.
–¡No! ¡Lo habríais visto salir! –el
moreno estaba realmente nervioso –Vamos a buscarlo, tiene
que haber algo más allí dentro –señaló
a la cueva. La verdad es que no quería que siguiera allí
dentro y solo.
Vargas se levantó nervioso y le apoyó la mano en
un hombro.
–No puede ser tan grande, entremos a ver, tranquilo.
Zeus volvió a entrar, casi a las prisas aunque sentía
algún tipo de aversión a atravesar de nuevo esas rocas.
Vargas pasó tras él, con la misma sensación
en el cuerpo.
Roi se había levantado para ayudarlos, aunque estaba tan
borracho que le costaba colarse entre las rocas.
–¡Skylar! ¡Skylar! –lo estaba llamando
Jari por si acaso estaba cerca y los escuchaba. Miró hacia
Roi para ver si estaba bien, no quería que se golpeara con
algo.
Ash se estremeció pensando que el lugar estaba aún
más frío que antes si aquello era posible. Se quedó
paralizado al escuchar un gemido leve.
Zeus se rascaba el brazo, no hacía falta que se tomase
eso de gemir tan al pie de la letra, le ponía el vello de
punta. Estaba mirando hacia donde estaba la gruta sin poder evitarlo.
Se suponía que siguiera con aquella broma, pero realmente
no quería.
–¡Skylar, si es una broma no es gracioso! –le
dijo, y en realidad era en serio, pero posteriormente lo negaría,
cuando Skylar saliese y pudiera volver a sonreír como si
nada.
–¡Skylar! –Roi se apoyó contra las rocas,
mirando a la hoguera y pensando que era extraño escuchar
a tanto volumen el crepitar de las llamas.
Los otros dos entraron también, el fuego parecía
azotado por un viento más fuerte, que de forma repentina
lo apagó, y los dejó en tinieblas. Ni siquiera se
veía el brillar de las brasas.
El profesor sintió que se le iba a parar el corazón.
–No os mováis de dónde estáis, ¡podéis
caeros! –les advirtió, moviendo una mano por si podía
encontrar a alguien y mantenerse juntos. En realidad buscaba a Ash.
Sujetó su mano, estaba fría, pero estaba seguro de
que era él. Lo aproximó un poco, y sintió algo
gélido en el cuello.
–Vargas… –la voz sonó cerca de su oído,
algo le arañó la mano, y soltó la que sujetaba,
comprendiendo que no era el chico, ¿pero cómo no iba
a serlo? Se sintió solo allí, como en una pesadilla.
Lo próximo que escuchó fue la voz del chico, gritando,
seguida de aquel gemido lastimero.
Parte V
Always listen to your elders
Ash estaba aterrorizado. Había sentido algo extraño
en la cara, como una ráfaga de viento cortante, pero a la
vez no lo era.
–¿Qué pasó? ¡¿Qué
pasó? ¡¿Por qué gritáis?! –preguntó
a su vez Jari, manoteando en la oscuridad –Roi, Roi, ¿dónde
estás?
–Contra la pared… –le dijo el rubio, que no
estaba tan asustado, probablemente porque tenía suficiente
con aguantarse de pie. Estiró los brazos y lo sujetó
desde atrás, provocando que lanzase un grito estridente –Soy
yo… –le aseguró, sujetándolo contra él
y sonriendo en la oscuridad.
Vargas se movió hacia donde había escuchado a Ash
y estiró un poco la mano, pero le temblaba, ¿y si
de nuevo tocaba algo que no era él? Le escocía la
piel, estaba seguro de tener sangre.
De pronto recordó el mechero y lo encendió en la
oscuridad.
–Ash… ven aquí –lo llamó, pese
a que no lo veía, ¿por qué no veía nada
salvo la luz del mechero?
Sneik estaba sujeto a Gale, y no pensaba soltarlo, no quería
caerse y además aquello no le parecía normal.
–Es mejor que salgáis –les pidió –.
Id saliendo –lo decía en alto, pero sobre todo iba
para Skylar.
Sin embargo, el chico no salió, ni siquiera contestó
a aquella advertencia en su voz. Volvió a escucharse aquel
quejido lastimero, mientras Ash se movía hacia la luz del
mechero, rogando porque aquel fuera Vargas.
–Skylar… no tenemos una linterna, alguien podría
lastimarse –le “sugirió” Gale, le parecía
que aquello era ir demasiado lejos.
Vargas apartó un poco la mano al sentir que se la tocaban,
y luego estiró el brazo, sujetando el del chico y alumbrándole
la cara. Lo atrajo hacia él, sujetándolo contra su
pecho sin preguntarse cómo se veía eso.
–Tengo a Ash… –les dijo, tratando de acercarse
a la pared para llevarlo con Roi y Jari.
Zeus seguía la luz del mechero.
–Déjame el mechero, déjamelo que tengo que
buscar a Skylar –le pidió.
El mayor se lo puso contra la mano, y el chico lo encendió,
nervioso, dirigiéndose hacia la gruta.
–¡Espera, Zeus! –Vargas tocó a Jari,
y luego a Roi –Quédate con ellos –le dijo a Ash.
–¿Qué? ¿A dónde vas? No se ve
nada –se quejó el chico nervioso, manoteando en la
oscuridad. No le gustaba ese lugar, debería haberle hecho
caso a sus abuelos.
–¡Skylar! –volvió a llamarlo Jari para
ver si contestaba.
Lo único que se escuchó fue una respiración
agitada y otro gemido, esta vez más alto, un poco distinto.
–Voy a ayudar a Zeus, tú quédate ahí.
Id saliendo –les pidió.
–Vamos, salid –Roi los llevó hacia la salida
de la gruta, poniéndose nervioso ahora a causa de aquello,
ya no tan ignorable ni con la borrachera que tenía.
Vargas apoyó la mano en el hombro de Zeus.
–Creo que está por allí –le dijo el
chico, llevándolo hacia la gruta –. ¡Skylar!
–lo llamó, pensando que iba a estrangularlo luego.
Una mano rasgó las piedras de manera desesperada y el chico
por fin se arrastró hacia fuera de aquella gruta, esforzándose.
–Ze… ¡Zeus! –lo llamó, aunque no
veía nada tampoco.
El chico estaba respirando con fuerza, y palpaba las paredes buscando
al otro como fuese. Comprendió que el sonido venía
de abajo y comenzó a tocar el suelo.
–¡Skylar! –lo llamó de nuevo, hundiendo
los dedos en algo líquido y caliente. Apartó la mano
de golpe, nervioso, respirando con más fuerza. Vargas estaba
tras él, y se agachó a su lado para buscar también,
algo le rozó el brazo y se le escapó un sonido de
sorpresa. Lo retiró, buscando otra vez y tirando del chico.
–Aquí… –le dijo a Zeus, que buscándolo
con la mano lo ayudó a ponerlo en pie.
–¿Zeus? –preguntó Skylar con la voz
extrañamente temblorosa. No sabía si alguien le estaba
jugando una broma a él, pero no era graciosa –Zeus,
eres tú, ¿verdad?
–Sí, yo y Vargas –le dijo el chico, sujetándolo
contra él –Salgamos –les pidió, entregándole
el mechero al profesor –¿Tienes la linterna?
–No… Se me cayó, lo siento –negó,
sujetándose a él –Pasó algo raro, Zeus.
Algo… alguien me agarró.
Sneik sintió algo extraño también, había
permanecido con el rubio dentro de la cueva, y algo le rozó
la cara, pasó la mano rápidamente por delante de su
rostro, pero no había nada. La giró contra el pecho
de Gale con cierto desagrado.
El rubio lo cubrió de manera protectora, mucho más
al sentir aquella ráfaga de viento envolverlos. No le hubiera
parecido demasiado extraño si no hubiese sido por el hecho
de que sintió que algo los empujaba a ambos contra la piedra.
–Salgamos –le pidió Sneik ahora que Skylar
estaba allí ya, tocando la piedra y sujetando la mano de
Gale para salir de allí cuanto antes. Era simplemente estúpido
permanecer en ese lugar.
Vargas sujetaba a los otros dos chicos por detrás, llevándolos
hacia la salida con la luz del mechero solamente, tratando de hacer
caso omiso al viento que sentía rozarle la nuca, casi como
un aliento helado de alguien respirando tras su espalda.
Aquella salida estrecha les hacía retrasar el momento de
que él pudiera también huir de allí, y se había
quedado de último.
Vargas…
De nuevo aquel susurro en su oreja.
–¡Daos prisa! –los presionó.
–Ya vamos –le contestó Gale, saliendo por fin
de aquella cueva, Skylar también los empujaba de manera poco
común en él.
–¿Estáis bien? –preguntó Ash inmediatamente,
ya que se había pasado todo el rato debatiendo si debía
entrar de nuevo a buscarlos.
–Sí… –comentó el chico, aliviado
de poder ver algo.
–¡Skylar! –lo señaló Jari, espantado,
haciendo que bajase la mirada para ver aquellas marcas en sus brazos.
–¿Qué te ha pasado? –Zeus le sujetó
los brazos, mientras Vargas se arrastraba fuera de la cueva. Sintió
que algo le sujetaba la cazadora y tiraba de él hacia atrás,
y le pareció oler a sangre, probablemente de su mano, pero
también había algo nauseabundo en aquel olor, algo
podrido.
Se le aceleró el pulso, se sentía demasiado apretado
en aquellas rocas, algo le empujó la cabeza y se rasgó
el pómulo con los corales. De un tirón salió
afuera, mirando atrás y cogiendo sus gafas del suelo casi
como si temiese que algo fuera a atraparle la mano si la dejaba
allí un momento de más.
–¡Vargas! Tu cara… –Ash se acercó
a él, buscando en sus bolsillos y sacando un pañuelo
viejo, colocándolo contra su mejilla. Estaba temblando casi
de manera irracional.
Skylar negó con la cabeza, confundido, mirando a Zeus.
–Algo me agarró y no podía moverme, ni gritar…
No tiene sentido.
–¡No tiene sentido pero ha ocurrido! –Vargas
se alteró, y sujetó la mano de Ash para apretarse
la cara, mirando al chico después y pegándolo contra
él –No volváis a entrar ahí –les
advirtió.
Roi los estaba mirando, confundido, pero además no tenía
la mente muy despejada.
–Mejor vayámonos de aquí –les pidió,
ya que en ese momento lo que mejor le parecía era ir con
Bronco.
–Yo… Yo… ¿Me puedo quedar contigo? –le
preguntó Jari porque ahora estaba espantado además
y no quería quedarse solo.
–Sí, quédate –le dijo Roi enseguida.
–Lo que sea, pero vámonos. Mis abuelos tenían
razón –se quejó Ash, completamente alterado.
Gale miró hacia la cueva una vez más, realmente sorprendido.
No sabía qué estaba pasando y no era alguien que se
dejase llevar por histerismos, pero nada de eso parecía normal.
–Lo acompañaré al puerto –le propuso
Sneik, despidiéndose de los demás de esa forma.
Vargas no soltó a Ash, lo tenía cogido por los hombros
y ahora se sujetaba él el pañuelo contra el pómulo.
Se le había terminado de romper la patilla de la gafa y tendría
que arreglarla. Miró una vez más hacia la cueva, observando
un poco de arena arremolinarse de forma antinatural como si fuera
a formar una figura. Jamás lo averiguó, pues retiró
la mirada enseguida.
Zeus iba apretando la cintura de Skylar con una mano, y los acompañaba,
aunque ellos regresarían al internado.
–¿No prefieres que te acompañe al internado?
–le susurró Gale a Sneik, más bien pensando
en que podría dormir en su casa.
–Eso sería imprudente, y además no tengo miedo,
no voy a volver allí ahora. Nada ha ocurrido fuera de ese
lugar –lo miró, sujetándose de su brazo.
–Está bien, en realidad me gustaría llevarte
conmigo –le confesó suspirando, a sabiendas de que
tenía razón de todas maneras.
–Hágalo, nadie se lo prohíbe. En realidad
sí, las normas del internado, pero no vienen a arroparme
por las noches.
–Bien, vendrás conmigo. Si no tienes sueño
podríamos leer un poco –le sugirió, ya que todo
aquello había despertado aun más su curiosidad.
–Y anotar lo sucedido hoy. Quién sabe, tal vez un
día usted pueda escribir un libro acerca de esta isla –le
propuso, pensando que era arriesgado acompañarlo de noche,
más que nada por el barquero, pero quería arriesgarse
a aquello.
–No lo sé, pero podría intentarlo –le
sonrió un poco, pensativo. No era tan despreocupado como
para no considerar las posibles consecuencias.
–Al menos para que yo lo lea –seguía sujeto
a él, y le acarició el pecho –. Sentí
que algo me tocaba la cara.
–¿En serio? Yo sentí que algo nos empujaba,
el viento no era tan fuerte –le aseguró, mirándolo
–. Si no hubiéramos estado allí, no me lo hubiera
creído.
–No, yo tampoco, pero esas heridas que tenían…
no eran un producto de nuestra imaginación, y tampoco auto-inflingidas,
ya que Skylar no haría eso.
–¿Estás seguro de eso? –le preguntó,
no porque no le creyese, sino para cerciorarse.
–Estoy seguro, Skylar no haría algo así, y
Vargas… No, no lo creo, no reaccionó de un modo victimizado,
más bien parecía querer ignorar que su mano estaba
sangrando.
–Sólo quería saberlo, pero tienes razón.
Esto no fue ninguna broma –se quedó pensando en la
cara que llevaban esos chicos. No le cabía duda de que aquello
no había sido parte de sus planes.
–No, ¿no se siente un poco… cómo decirlo…
excitado?
–¿Excitado? –se rio un poco, mirándolo
de nuevo –¿Te excita el peligro, Sneik? Qué
interesante.
–No sexualmente excitado sin embargo… –se rio,
mirándolo a los ojos –Aunque tal vez un poco.
–Un poco, eso me basta –se rio de nuevo, mirando hacia
el frente –. Sí, me siento excitado. Por eso sugerí
leer si no podías dormir. Yo no tengo sueño.
Sneik sonrió ligeramente.
–Yo tampoco… ¿Y leer no le excitará
más? No podrá dormir en toda la noche.
–Dormir está sobrevalorado cuando se tiene compañía
interesante –le tocó la quijada, jugando –. Me
alegra que no te haya arañado a ti.
–Sólo me rozó, pero fue desagradable, frío
–le explicó, rozándose la cara contra su hombro
para quitarse aquella sensación.
–Te daré algo caliente cuando lleguemos a casa –le
acomodó la bufanda, cubriéndole un poco la quijada
mientras se acercaban al puerto. Sentía la necesidad de protegerlo,
aunque por lo general no solía tener ese tipo de instintos.
–No haré bromas de ese tipo –se contuvo, aunque
de todas formas se rio suavemente.
–No es necesario –se rio Gale también, subiéndose
su bufanda ahora.

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