Capítulo 15
Parte I
Calm waters
Noviembre 6, Viernes
Zeus se había puesto un jersey blanco y llevaba una bufanda
gris alrededor del cuello, no solía pasar frío, ya
que tampoco venía de tierras cálidas precisamente.
Estaba esperando a que saliera, aunque no es que hubiese quedado
con él en ir a buscarlo, pero ya se estaba tomando las cosas
en serio, tal y cómo había lamentado el mismo chico
que no hiciera.
–Ho… hola –lo saludó Jari enrojeciendo,
aunque no solía sucederle. No había esperado que fuera
el primero en llegar. Miró a su alrededor por ver si estaban
solos.
–Hola –lo miró, levantándose y pensando
que se notaba que se había arreglado –. Estás
guapo.
–Gracias… –se rio, aunque igual tenía
un jersey bastante grueso puesto sobre la ropa –Tú
también. ¿Es muy temprano?
–No, pero Sneik vino a buscar a Skylar por la tarde, y todavía
no han regresado. Podemos ir caminando nosotros hacia el puerto,
¿no?
–Su… supongo… –accedió acercándose
y sujetándose de su brazo automáticamente. Tenía
frío después de todo. Casi pega un salto cuando escuchó
aquellos pasos en las escaleras.
Sin embargo, el bibliotecario sólo los miró, exhalando
luego.
–Buenas noches.
–Hola –el moreno lo miró con curiosidad, pensando
que era ese hombre extraño de la biblioteca. Se guardó
la mano en el bolsillo para que Jari estuviese más cómodo,
y comenzó a caminar a su lado. Así era mejor.
Gale se puso la bufanda, cubriéndose un poco los labios
y mirando luego hacia atrás. Era viernes después de
todo, seguramente saldrían. Le era algo incómodo caminar
con esos chicos detrás.
Mientras tanto, Roi estaba llamando a la puerta de Ash. Él
por su parte iba igual que siempre, para ser más exactos,
acababa de despertarse y ni siquiera sabía si el otro seguía
en casa.
–Ya voy –contestó bostezando y yendo a abrir
la puerta de todos modos. Se había quedado dormido luego
de vestirse y tenía el cabello alborotado ahora y cara de
sueño.
–Qué sexy… –se rio, pensando que seguramente
él tenía la misma cara.
–No te rías, estaba cansado –se rio también,
dejándolo pasar mientras iba a buscar su cazadora y a ponerse
los guantes.
–Ya. Yo también, acabo de despertarme –se sacó
la gorra y se pasó la mano por la cabeza, mirando en un espejo
y notando que estaba despelucado. Bostezó mirando a otro
lado y cogiendo un chicle.
–Pues no soy el único. ¿Crees que nos estarán
esperando? –miró el reloj, pasándose las manos
por el cabello. Aún no habría partido el bote.
–Sí, supongo que ya deben estar allí, o de
camino –se encogió de hombros, rascándose la
nuca después y preguntándose si esos dos ya habrían
hablado y de qué.
–¿Qué sucedió con lo de Jari? –le
preguntó de pronto como si le hubiera leído la mente.
–No sé, iba a hablar con Zeus, pero a mí no
me ha llamado ni nada, y claramente estaba cabreado, así
que… –se encogió de hombros –No sé.
–¿Qué quieres que pase? –le preguntó
seguro de que iba a recibir otro “no sé”.
–No sé… por una parte… Jari me gusta,
pero no quiero líos, es un coñazo.
–No quieres líos… –comentó, mientras
salían de la casa, cerrando la puerta tras de sí,
sin molestarse en trancarla. Se preguntaba si estaba con él
ahora mismo porque las cosas eran simples y seguras.
–Sí, eso, no quiero líos… Si yo y Zeus
discutimos, todo se pondrá desagradable para todos, y seguramente
nos peleemos. Es… no sé.
Ash suspiró, metiendo las manos en los bolsillos del pantalón
y mirándolo de soslayo. Realmente no quería darle
ese consejo.
–¿Sabes? No deberías renunciar así…
Creo que Zeus lo comprendería tarde o temprano.
–Ya… Bueno, haré lo que me salga, tampoco quiero
tener un plan o algo o tomar una decisión. A lo mejor simplemente
están todos raros, me pongo incomodo y me piro –lo
miró a los ojos, guardándose las manos en los bolsillos
de la cazadora como tomando ejemplo.
–A lo mejor no… –comentó caminando con
calma a su lado –¿Siempre te ha gustado Jari?
–Al principio me gustaba Skylar, pero luego pensé
que era un poco raro y no sé… pasé. Luego empezó
a interesarme Jari, pero a Zeus le gustó desde el primer
día.
–Ya… –sentenció sin más, bajando
un poco la cabeza.
–Ash… así estamos guay, ¿no? –le
dijo de pronto, ya que no podía ignorar más un hecho
tan claro.
–¿Eh? Sí… No pasa nada –le sonrió
cubriéndose la cara un poco como para quitarse el frío.
El rubio lo abrazó de pronto, pesando que no quería
que se pusiese extraño, pero lo veía como un hermano,
o un amigo íntimo al que podía contarle sus cosas.
Ash demoró un segundo, pero lo abrazó de vuelta,
sujetándose de su ropa.
–Está bien, entiendo… –le aseguró
ya que se lo había dejado perfectamente claro, y por otra
parte, no quería perderlo como amigo, ni ser otro problema.
–Me gustas, pero no quiero tener una relación que
pueda joder las cosas –se apartó un poco y lo miró
a los ojos.
–Si sigues diciendo esas cosas, no vas a tener ninguna relación…
como yo –le sonrió un poco, sin poder evitar animarse
al escuchar que le gustaba.
–Bueno, pues… podemos ser solterones, de todas formas
nos tendremos el uno al otro, como… hermanos o algo así.
Una persona que sabes que siempre va a estar ahí pase lo
que pase –lo sujetó por los hombros, pensando si le
parecería suficiente, claro que ni él mismo sabía
lo que podía conseguir protegerse de cualquier problema de
esos ya que no era que no sintiese nada por él.
Ash lo miró por un momento, desanimado, aunque intentando
no mostrarlo demasiado y le dio un golpe ligero en un hombro.
–Solterones, ¿eh? Habrá rumores de todas maneras.
–Y a lo mejor no son tan alejados –se rio sin poder
evitarlo, empujándolo con el hombro.
–Idiota –lo empujó de vuelta enrojeciendo y
tratando de relajarse. Tampoco quería ser un peso para él.
Vargas también estaba llegando al puerto, y se subió
a la embarcación, observando a aquel hombre rubio y preguntándose
quién era. Le sonaba de verlo en el internado. También
había un chico más o menos joven y pensó que
aquello era el éxodo del fin de semana.
–Hola –se sentó al lado del rubio, mirándolo
y extendiendo la mano –. Soy Vargas, trabajas en el internado,
¿verdad?
–Soy el bibliotecario, Gale –le estrechó la
mano un poco serio, mirándolo a los ojos luego –. ¿Es
el nuevo profesor de literatura, no?
–Sí, ahora ya comprendo por qué nunca nos
encontrábamos –sonrió un poco –. Estoy
seguro de que no han actualizado esa biblioteca desde que salí
de la isla.
–¿Es de aquí? –lo miró ligeramente
interesado, volviendo la vista al frente luego –Supongo que
no, pero yo vine por los libros antiguos. Los nuevos se pueden conseguir
con facilidad.
–Sí, soy de aquí, aunque llevaba fuera desde
los dieciocho –cogió un cigarro, encendiéndolo
y pensando que era muy serio, hasta lo trataba de usted –.
Así que estás aquí por los libros.
–Sí, ¿por qué más estaría
aquí? –le preguntó como si fuera obvio, entrelazando
los dedos sobre su regazo.
–Pues obviamente por dinero… –lo miró
fijamente, ¿es que era un pijo extraño o algo así?
–Podría trabajar en cualquier otro lugar si fuera
por dinero –lo miró de vuelta, sonriendo un poco –.
Hay escuelas con más presupuesto que esta, por ejemplo.
–Claro… no todos podemos escoger en dónde queremos
trabajar –sonrió un poco también, pensando que
era un engreído y desde luego debía haberlo tenido
todo fácil en la vida.
–Podemos buscar… –le contestó preguntándose
si lo había molestado, pero no lo inquietaba realmente –¿Le
gusta este lugar?
–No, es aburrido… bueno, aunque también guardo
buenos recuerdos y los chicos están haciendo las cosas más
interesantes –se llevó el cigarro a los labios, tampoco
estaba enfadado, lo cierto es que no muchas cosas lo alteraban.
–Los chicos no visitan mucho la biblioteca –sentenció,
guardándose el “y tanto mejor” para sí.
Tampoco quería ponerse a discutir.
–Yo sí lo hacía a su edad, me pasaba la tarde
allí metido leyendo novelas y obras de teatro, poesía…,
lo que fuera menos manuales o cosas por el estilo –movió
la mano como diciendo que no le interesaban esas cosas complicadas.
–Bueno, es profesor de literatura… –comentó
suponiendo que debían de gustarle esas cosas –A mí
me interesa la historia y la mitología, entre otras cosas…
Hay un chico llamado Sneik en su clase, ¿no?
–Sí, en realidad doy literatura a todas las clases,
como son tan pocas… –se llevó el cigarro a los
labios, pensando en ese chico –Es un chico muy formal, nunca
molesta.
–Por el contrario, yo creo que es bastante agradable e inteligente
–negó sonriendo un poco más –. Es difícil
encontrar a alguien así estos días.
El moreno lo miró de soslayo, pensando que debía
ser su ojito derecho o algo así.
–No hemos hablado mucho todavía. En realidad sólo
he hablado con Jari y con Ash. Los dos me gustan, son buenos chicos
–se corrigió por si sonaba extraño de pronto.
–Oh… Creo que no los conozco –se encogió
de hombros seguro de que prefería no conocerlos.
–No, no creo que lean mucho, la verdad… –se
recostó un poco contra el respaldo, pensando que tal vez
estaba saltando a conclusiones precipitadas.
Sneik y Skylar llegaron al puerto los primeros, ya que habían
acortado por la playa, pero estaban fríos y con el cabello
revuelto. El rubio se sacó un guante y se pasó la
mano por el cabello, tratando de peinarse un poco.
–No sé para qué nos hemos preocupado de llegar
tarde –murmuró con los ojos cerrados mientras se peinaba.
–Porque somos responsables… –contestó
Skylar mientras se sacaba las orejeras por un momento, para alisarse
el cabello bajo las mismas.
–¿Seguro? –le preguntó el rubio, haciendo
referencia secretamente a sus confesiones mutuas y sonriendo un
poco. Desvió la mirada hacia el barco por ver si estaban
allí, y miró a Gale, un poco molesto a decir verdad
al ver que no estaba solo.
–Sh… Lo negaré todo –se rio el chico
siguiendo su mirada luego –. ¿Es el bibliotecario,
no?
–Tranquilo, pienso ser discreto al respecto, y sí…
es él –alzó la mano ligeramente por ver si lo
veía, ya que sin gafas no veía bien de lejos en realidad.
Gale miró hacia allí, alzando la mano también,
aunque de manera discreta ya que no le gustaba llamar demasiado
la atención.
Skylar sonrió un poco más saludando también,
y a Vargas que estaba a su lado devolviéndoles el saludo,
ya que no sabía a quién iba dirigido.
–¿Te gusta?
–¿Te gusta a ti? –le preguntó serio.
–¿Qué pasa si te digo que sí? –lo
miró de vuelta, aunque empezaba a creer que Sneik era inmune
a sus comentarios.
–Diré que tienes un gusto exquisito, y te mataré
mientras duermas… –le sonrió un poco, como bromeando.
–Interesante… Si necesito deshacerme de alguien ya
sabes lo que te diré –se rio ligeramente, bajando la
voz luego –. Y también lo negaré todo.
–Lo sé… –se apoyó contra la muralla,
esperando a que los demás llegasen y colocándose de
nuevo el guante que se había sacado.
Ash y Roi ya estaban prácticamente llegando a donde estaban
ellos y el chico de la gorra les hizo un gesto con la cabeza, notando
nervioso, los dos que faltaban.
–Hola –los saludó Ash, notando lo mismo que Roi
y mirando hacia atrás como si hubiesen podido pasar a su
lado sin verlos.
–Hola, llegamos hace poco.
–¿Zeus y Jari? –preguntó el rubio, metiendo
el dedo en la yaga sólo para ver qué sucedía.
Roi se giró, como más incomodo todavía por
la tardanza.
–Deben… haber salido con retraso –sugirió
Ash para tranquilizarlo, aunque no estaba seguro de lo que él
prefería.
–Allí vienen –señaló Skylar a
los dos chicos que se acercaban al parecer bastante pegados el uno
al otro.
Roi se giró de espaldas, haciendo un ligero gesto con el
labio.
–Pues vamos subiendo –sugirió, en realidad
porque no tenía ganas de quedarse mirando cómo llegaban.
No entendía nada, primero todo ese rollo con que le gustaba
y que no se había fijado en Zeus, y ahora eso… por
eso era mejor pasar de la gente.
Ash suspiró siguiéndolo hacia el barco mientras
los otros iban llegando.
–¡Roi! –lo llamó Jari, preguntándose
si ahora estaba enfadado él y por alguna razón sintiéndose
avergonzado.
Skylar los miró a ambos, negando ligeramente con la cabeza
y subiendo al barco también, seguido del rubio, que se sentó
a su lado porque era el más afín a él, aunque
hubiera preferido estar más cerca de Gale.
Roi lo saludó con la mano desde donde estaba, sin aproximarse,
notó que Zeus lo sujetó de la cintura.
–¿Vas a ir corriendo tras él ya?
–No es… No lo sé –le contestó
el chico confundido –. Tal vez no debí venir –comentó
pensando que le daba dolor de cabeza.
–De eso nada… –lo llevó con él
a la embarcación, sentándose después a su lado
–Qué ambientazo... –le dijo a Skylar, sonriendo
sin embargo.
–Sí, genial, ¿no? –le sonrió de
vuelta el chico, aunque de pronto se sentía un poco incómodo
también.
–¿Vas a ir a hablarle? –le preguntó Ash
a Roi, aunque de manera tan casual como le era posible.
–No sé, porque no sé qué pensar de
él –se puso los auriculares y luego se sacó
uno, colocándole uno a Ash para que no pensase que lo ignoraba
a él –. ¿Te gusta esto?
–Sí, suena bien –sonrió moviendo la
cabeza y saludando a Vargas con una mano al darse cuenta de que
estaba allí.
–Hola –el moreno le sonrió.
–¿Sois novios o qué? –preguntó
Skylar de pronto, inclinándose para ver a Zeus y Jari mejor.
–No, sólo vinimos juntos –se apresuró
a contestar el segundo.
–¿A dónde vais? –Vargas se giró
un poco, pensando que era más divertido hablar con ellos.
–No lo sé, lo decidiremos luego… cuando lleguemos
–le contestó preguntándose a dónde iba
él, pero seguramente no era cortés preguntar.
–Así que no podéis recomendarme nada…
–se quejó casi, provocando que Sneik lo mirase, preguntándose
a dónde iría Gale. ¿A su casa? La verdad es
que no podía imaginarlo saliendo por ahí, quería
ver sus manos, recordaba haberle visto un anillo y ahora se preguntaba
si estaba casado. Aunque no es que eso quisiera decir mucho.
Gale lo miró en ese momento, sonriendo un poco, aunque
sin moverse de su asiento ya que el chico estaba rodeado. Lo cierto
es que también hubiese preferido entablar una conversación
con él. Le parecía hasta extraño verlo con
ese grupo de chiquillos.
–Le cambio el asiento –Sneik se levantó, mirando
a Vargas, que por qué no, le dejó su asiento encantado.
Fue a sentarse junto a Gale, sonriendo un poco incluso.
–¿Regresa a casa?
–Sí, aunque por lo general no está tan concurrido.
¿Vas de paseo? –le preguntó sonriendo de manera
distinta.
–Vamos a ir a algunos clubes, en realidad nunca lo he hecho,
sólo he decidido ir por ese motivo –bajó la
mirada a sus manos de nuevo, pero ese anillo no le decía
nada especial al respecto de su situación. Era fino y negro
con un ser mitológico de plata enroscándose –.
Usted no sale, imagino…
–Bueno… sí lo hago a veces. Voy a tomar una
copa o dos, pero por lo general la compañía deja mucho
que desear –suspiró mirando al cielo por un momento
–. Así que prefiero quedarme en casa y leer.
Sneik lo miró, pensando que entonces no estaba casado ni
tenía una relación, eso le complacía secretamente,
aunque no era inconsciente, sabía que probablemente para
él sólo era un personaje interesante.
–Fuimos a ese lugar. Skylar y yo.
–¿En serio? ¿Y qué tal? ¿Escuchasteis
algo? –se giró mucho más interesado ahora.
–Sí, se trata del viento circulando por el túnel
de roca. No se ve el fondo, y digamos que un hombre adulto podría
colarse por el mismo fácilmente, con un resultado fatídico,
obviamente... Sin embargo, es más interesante de lo que pensaba
en un principio.
–¿Por qué lo dices? –le preguntó
planteándose el ir directamente. Con la descripción
de Sneik y con lo que había leído, casi podía
imaginárselo.
–Había una cueva natural, con acceso desde la playa,
bastante profunda, y sobre todo muy alta. Creo que probablemente
la cubra la marea cuando está alta –lo miraba fijamente,
notando su interés.
–Una cueva, ¿eh? ¿Crees que podrías
mostrármela uno de estos días? –le preguntó
mirándolo a los ojos. Realmente le interesaban ese tipo de
cosas, descubrir la verdad detrás de los mitos.
–Cuando quiera… –lo miró a los ojos también,
interesado –Los sábados no viene a la isla, ¿verdad?
–No, pero podría hacer una excepción –sonrió
un poco, ladeando la cabeza.
–Pues si quiere, podemos ir mañana por la tarde,
ya que no me gusta mucho madrugar –sonrió ligeramente,
pensando que además podrían seguir charlando.
–A mí tampoco, no te preocupes por eso –se
rio, apoyándose un poco hacia atrás –. Iremos
mañana entonces.
–Bien… –miró hacia delante, pensando
que seguramente atrás más de uno estaba cuchicheando
sobre ellos, no sabía si eso le molestaba o incentivaba.
Vargas les estaba contando algo y eran unos escandalosos, se había
sentido en otro mundo mientras hablaba con Gale.
Capítulo 15
Parte II
It’s not real fun until somebody throws a bottle
Jari se frotó las manos juntas pues no había llevado
guantes y de todas maneras estaba nervioso por aquella extraña
“lucha de territorio” que parecía llevarse sobre
él.
–Es aquí –les señaló Ash, ya que
finalmente era el que mejor conocía el pueblo y había
acabado eligiendo un bar pequeño, no tan turístico.
–Aquí la música no es tan mala –murmuró
Roi, bajando los escalones para entrar en aquel bar instalado en
un piso bajo, sujetando los hombros de Ash desde atrás. La
luz estaba oscura, y la música muy alta, además había
unas cuantas personas que obviamente eran de fuera.
Zeus bajó tras él, había soltado a Jari tras
salir de la embarcación, ya que no iba a sentir que hubiese
ganado, sólo por evitación.
–Está bastante bien, ¿eh? ¿Por qué
no habíamos venido aquí antes? –preguntó
Skylar pasando y buscando una mesa en donde sentarse. Bueno, siempre
que salían se quedaban en alguno de los lugares más
próximos. Además de que Roi y Ash siempre decían
estar cansados.
–No lo sé, pero me hubierais invitado antes –se
rio Jari, pasándose una mano por el cabello y mirando a Roi
por un momento.
–Yo voy a buscar una cerveza –les dijo el rubio, aunque
todavía no había soltado a Ash –. ¿Bebes
cerveza?
–Tráeme una… –le pidió Zeus, tratando
de medio hacer las paces, en realidad por el grupo también.
–Yo también quiero una –le pidió Jari
sonriendo, más bien pensando en ir con él, pero con
Ash allí y Zeus mirándolo, no sabía qué
hacer.
–Yo te ayudo –se ofreció Skylar sin embargo
–, son muchas cervezas.
–Vale –el rubio se fue hacia la barra, preguntándose
si bebía Skylar, con la cara de bueno que tenía –.
¿Bebes?
–Sólo un poquitoooooooo –le contestó
sonriendo y apoyándose en la barra.
–Eso no suena a poco… –Roi se rio, pidiendo
las cervezas –Yo bebo bastante, y me pillo unos “pedales”…
–¿En serio? ¿Piensas hacerlo esta noche? Sólo
para estar prevenido –se rio observándolo.
–Es algo que no se puede evitar… –sonrió,
mirándolo también –¿Te llevas bien con
Sneik? ¿De dónde veníais?
–Fuimos a explorar por ahí, y sí… parece
que me llevo bien –le contestó sinceramente ya que
nunca habían hablado tanto antes de ese día –.
Encontramos un lugar interesante.
–¿Dónde? Yo vivo aquí y todavía
no he visto ninguno –cogió cuatro cervezas, dos con
cada mano, y se fue hacia las mesas.
–Es una cueva, cerca de ese sitio maldito… –le
hizo una mueca como si lo quisiera asustar –Estábamos
pensando en ir allí mañana por la noche, es…
romántico además.
–Pues lo será el sitio porque yo… –torció
una mueca, seguro de que ya todos sabían lo que estaba pasando
–Yo tengo que beber un poco antes de poder hablar con Jari
–murmuró mientras iban hacia los asientos.
Oh, así que sí vas a hablar con él. Me lo
preguntaba –le dio suavemente con un codo sonriendo un poco
–Creo que él quiere hablar contigo también.
Jari lo miró por un momento, enrojeciendo y tamborileando
en la mesa, mirando a Zeus luego.
Roi apoyó los botellines en la mesa y cogió el suyo,
bebiendo un trago y mirando a Ash mientras le daba el suyo.
–¿Me dejas probar? –le preguntó Sneik,
pensando que seguramente no iba a gustarle de todas formas.
–Toma, creí que ya bebías –le contestó
Ash ya que le veía cara de experimentado.
–No, aunque he probado el vino y no me gusta –le contestó
Sneik, bebiendo un poco y pensando que tampoco le gustaba –.
Es amargo.
Roi le hizo un gesto con la cabeza a Jari para que fuese con él,
haciendo que Zeus se tensase, pero él no se movía.
El chico se puso de pie, sonriendo un poco.
–Con permiso…
–Toma, para ti –Skylar le acercó un botellín
a Zeus, sentándose a su lado.
–¿Para que se lo lance a la cabeza? –se rio,
torciendo un poco la boca luego y mirando a Skylar –¿A
ver quién bebe más?
Roi se iba alejando a medida que el otro se acercaba, como tratando
de buscar un poco de intimidad, y se lo llevó a detrás
de aquella pared para hablar, entregándole su cerveza.
–¿Habéis hablado?
–Sí, ya hemos hablado y estoy más confundido
que nunca. ¿Estás enfadado? –le preguntó
el chico sujetando la cerveza como si fuera algo precioso.
–No –se encogió de hombros, mirándolo
a los ojos –. Creí que te gustaba yo, pero luego te
veo con él así… –frunció un poco
el ceño –, y pienso que nos estás tomando el
pelo a los dos.
–No le estoy tomando el pelo a nadie. Me gustas, en serio,
pero creí que no te gustaba y luego me dices que me fije
en Zeus y… él empieza a actuar así… Yo
no sé qué hacer.
–Pues… averígualo. ¿Te gusta todo el
que guste de ti o qué? ¿Quién te gusta a ti?
¿Él o yo? No nos parecemos en nada… –bebió
de nuevo, mirando a un lado después.
–Me gustan partes de ambos, Zeus me agrada, ya te lo dije,
estoy confundido –se le acercó un poco, tocándole
un brazo –. Pero dime, ¿te gusto, verdad? O no estarías
así…
–Sí… –lo miró a los ojos, como
si no tuviese mucha paciencia, y de hecho así era –,
pero no sé si quiero estar con alguien que no está
seguro de si le gusto yo o no, y que mañana puede estar mirando
para otro, ¿sabes?
–Sí, pero no es así. Ya te dije que creí
que no te gustaba y de pronto pensé: ¿Qué tal
si estoy rechazando a alguien a quien sí le intereso por
perseguir un imposible? Y ahora Zeus está así…
–suspiró mirándolo a los ojos. No estaba con
ninguno y ya se sentía infiel.
–¿Está cómo? ¿Qué pasó?
–movió un poco el hombro, sujetando el botellín
con la otra mano.
–No pasó nada realmente… Bueno, me besó
y algo así –sonrió enrojeciendo y bajando un
poco la mirada –. Lo cierto es que me hizo sentir deseado.
–Y eso ya te llega a ti… Pues mira, tienes razón,
quédate con Zeus y ya no sufras más por ver a quién
escoges, porque no creo que yo pueda dormir tranquilo pensando que
si estoy fuera o trabajando tú mientras estás necesitando
sentirte deseado. Anda que sí… –lo dejó
allí, meneando la cabeza un poco.
–Roi… –lo llamó sintiéndose herido
y quedándose allí, con la cerveza en la mano. Sentía
como si le hubiera dado una bofetada o peor aún. Se recostó
contra la pared tratando de calmarse, no quería regresar
a la mesa a decir verdad y ahora maldecía el horario del
bote.
–¿Otra? –Zeus se estaba riendo y había
metido a Ash en aquella competencia por ver quién bebía
más, él único que no lo hacía era Sneik,
que sin embargo no dejaba de observarlos mientras bebía un
mosto. Alzó la vista al ver a Roi solo y con aquella cara,
y se levantó, acercándose a él –¿Y
Jari?
–Está ahí detrás… –le indicó
con la cabeza.
–¿Qué te ha dicho?
–Que te lo diga él si quiere.
–No me vengas con esas. Él no hizo nada, fui yo.
–Me da igual, no es por eso, es por lo que dijo, ¿y
además? ¿Para qué lo ayudas con eso?
–No lo sé, a lo mejor porque yo soy un buen amigo,
no como otros.
–Vete a la mierda ya con eso… yo no hice nada tampoco,
ni lo toqué, no como tú.
–¿Sabes cuál es la diferencia? Que yo siempre
te dije que me gustaba y tú me dijiste que no sin parar y
luego por la espalda me la metiste doblada, ¿eh? Luego le
dirás a él que es un cabrón por no decidirse,
pero tú eres igual, fingiendo que no te gustaba, pero en
cuanto os quedáis solos, ¿qué?
–Te decía eso para que no te rayases, podría
haberte dicho que podía tenerlo si me daba la gana y tú
no si lo preferías… aunque por lo visto cualquiera
que lo caliente puede.
Zeus le pegó un puñetazo y el rubio se fue hacia
atrás en un primer instante, pero luego le dio con la botella
en la cara, sujetándolo del cuello. El moreno le dio un puñetazo
en el estómago, empujándolo después. Allí
se estaba formando un jaleo increíble y la gente comenzó
a intentar separarlos.
–¡Deteneos! –Ash se metió en el medio,
empujándolos a ambos y por poco comiéndose uno de
los puñetazos de Zeus –¡¿Estáis
locos o qué?!
Skylar, sin embargo, se apartó un poco, bebiendo otro trago
de cerveza. Pelear no era lo suyo y de todas maneras no iban a detenerse
porque él lo dijera. A pesar de eso tenía el ceño
ligeramente fruncido.
Jari regresó corriendo y tratando de apartarlos también.
–¡¿Qué os pasa?! ¡¿Qué
os habéis creído?! ¡Yo no quiero esto! Y…y…
¡Me voy! –les gritó cuando se hubieron detenido
lo suficiente para mirarlo, y se dio la vuelta, alejándose.
Roi apartó la mirada y escupió al suelo con sangre,
bajándose la gorra y permaneciendo tras Ash. No quería
seguir peleando con Zeus, esa era la verdad. Quería detener
a Jari, pero no era capaz de hacer algo así.
–¡Si vais a crear problemas largaos! –les amenazó
el dueño, pero Zeus negó con la cabeza y salió
tras Jari.
–¡Jari! –le gritó, corriendo tras él,
y pasándose el antebrazo por la ceja.
–¿Vas a quedarte aquí? –le preguntó
Skylar a Roi, como sugestionándolo.
Ash lo miró por un momento, pasándose una mano por
la cara.
–No tiene que ir si no quiere… –le contestó
en un principio, molesto, pero luego suspiró tocándole
un hombro a Roi –¿Seguro que no quieres?
–Si voy nos pegaremos de nuevo… –el chico se
sentó en el sofá, cogiendo una de las cervezas, que
no sabía de quién era.
Afuera, Jari se giró, gritando.
–¡¿Qué?! ¡Dejadme en paz!
–¡No me grites! Se estaba portando como un imbécil,
por eso le di. Yo tenía razón –lo sujetó
por los hombros para que lo mirase.
–¿Y eso qué más da? Ambos sois…
–exhaló bajando la cabeza, ya que tenía los
ojos aguados y no quería que se diera cuenta –No soy
un trofeo, ¿sabes? Y da igual, de todos modos, sólo
me quiero ir a casa.
–Ya sabes que no puedes todavía… –suspiró,
apretándole un poco la cara y soltándosela luego –¿Ambos
somos…?
–Claro que lo son. Roi no ha hecho más que rechazarme
y huirme. ¿Qué quería que pensara? Y tú…
tú nunca dijiste nada realmente hasta que decidí hablar
con Roi… Y ahora os ponéis a pelear.
–Eso es porque dijo algo de ti, y sé que sólo
lo hace porque está celoso y cabreado. No lo sé, supongo
que estaba esperando a que yo me rindiese para poder aceptarte,
pero luego sucedió eso y se sintió traicionado porque
de alguna forma ya pensaba que eras su novio… y… yo
no debería estar diciéndote todo esto, pero me duele
y… –se acuclilló, tocándose la mejilla
y pensando que Roi era un cazurro, le dio la risa. ¿A quién
se le ocurría pegarle con una botella en la cara?
–¿Por qué lo haces entonces? –le preguntó
confundido por su risa y negando con la cabeza –No te comprendo
–comentó sinceramente y sin saber qué decirle,
no quería lastimarlo, tampoco se sentía con ganas
de ser sociable.
–No lo sé, porque es mi amigo de todas formas, por
eso, y sé que es un bestia y un inútil para hacerse
comprender –se sentó en el suelo, revolviéndose
un poco el cabello.
Jari se sentó frente a él y le sujetó una
mano, apretándosela.
–Deberías mostrar este lado más a menudo.
–No gracias… –lo miró a los ojos, apretándole
un poco la mano también –¿Qué es lo que
te gusta de Roi? ¿El físico?
El chico negó con la cabeza, admitiendo luego.
–Eso también…, pero me gusta su forma de ser.
Es callado, fuerte, serio… El hecho de que se ponga nervioso
y se sonroje a veces me parece tierno.
–¿Y de mí? –le soltó la mano,
apoyándose en sus propias rodillas.
Jari lo miró por un momento, contestando.
–Eres divertido e interesante… y acabo de descubrir
que puedes ser tierno también.
–¿Quieres un helado?
Jari se rio con suavidad, pasándose una mano por los ojos,
y asintiendo luego.
–Sí, sí quiero un helado.
–Vale, porque no me apetece volver ahora, aunque no sé
si venderán helados en esta época en algún
lugar –se levantó, resoplando un poquito –. ¿Estás
cabreado con Roi?
–No, me siento lastimado –lo miró levantándose
también –Si estuviera cabreado con él, estaría
cabreado contigo, pero es un poco difícil.
–No, porque yo he venido a disculparme, y además
me gritaste –alzó una ceja, guardándose las
manos en los bolsillos –. ¿Ya no te gusta?
–Claro que me gusta, por eso estoy lastimado. Creo que no
me comprende –le contestó preguntándose cuándo
lo iba a mandar a la mierda.
–No, no te comprende… –se quedó mirando
adelante, no sabía a quién ayudar, si a Jari, o a
sí mismo. Por otra parte, seguía pensando que ganar
por evitación no era una verdadera victoria y luego podía
pasar algo peor –Creo que tú no estás acostumbrado
a gente como él.
–Supongo que no, pero eso me atrae –sonrió
un poco, enrojeciendo –. No puedo decir que me gusta algo
y luego enfadarme porque se comporte así. Soy un romántico,
pero no idiota.
–Ya… –resopló un poco, mirándolo
de soslayo –Yo no te gusto, la verdad es que sólo te
la pongo dura.
–No es cierto, me agradas –lo miró poniéndose
serio de nuevo –. No quiero hacerte daño, Zeus.
–No soy tan sensible…, me jodió más
la puñalada de Roi.
–No creo que intentase darte una puñalada. En realidad…
–bajó un poco la cabeza desviando la mirada –creí
que me estaba empujando hacia ti.
–Sí, pero es que él me dijo que no le gustabas…
y yo siempre le decía que a ti te gustaba, que te dijese
algo, y él que no… pero si al final va a caer igual,
para eso que no me dejase lanzarme y quedar como un idiota. Odio
quedar como un idiota.
–No quedaste como un idiota –le aseguró Jari,
tocándole una mano de nuevo y luego retirándose por
si lo molestaba –. Por el contrario…
–Tengo la sensación de que vamos a ser buenos amigos…
–murmuró con cierta resignación.
–No lo digas así. Hay ventajas en tenerme como amigo,
¿lo sabes? –sonrió un poco, preguntándose
si estaba molesto y ocultándolo –¿No me odias?
–Que no… ¿Cómo te voy a odiar porque
te guste otro? Eso no tiene sentido… pero yo quería
tener un novio que me dijese te quiero mientras hacíamos
cosas guarras –bromeó (en parte), por ver si se ponía
contento.
Jari se rio un poco, cubriéndose la boca.
–Pues nadie ha dicho que no puedes tener eso. Sólo
necesitas un novio medio guarro. Ahora voy a tener que buscarte
uno.
–No, mejor no… –se rio, imaginándose
cualquier clase de tío que no le gustase –Tiene que
ser guarro y cariñoso además, y muy guapo.
–Pues… conozco a algunos, ¿eh? Son malas compañías
según mis padres. Lo malo es que no están aquí
–se rio, tocándose la quijada como pensando.
–Ya, lo malo es que el mercado es muy limitado –se
rio por poder hablarle así –. Hay alguien que también
me gusta, pero es algo complicado.
–¿En serio? ¿Quién es? Dime quién
es… No es Ash, ¿o sí? –le preguntó
pensando que eso le convendría además.
–No quiero decir quién es… –se rio –,
pero no es Ash.
–Vale, no es Ash… Dimeeeeeeeeeee –se rio sujetándose
de su brazo –. Te ofrecería darle celos, pero creo
que alguien me mataría.
–No creo que funcione con él, y no me apetece otro
botellazo –se tocó la mejilla, pensando que se le iba
a poner morada –. Además que ya te va a costar lo tuyo
que se le pase.
–Lo sé, seguro que él sí está
enfadado –suspiró de forma casi lastimera –.
¿Te duele?
–Claro…, pero es igual, estoy acostumbrado a pelearme,
ya encontraré el modo de disculparme. Volver en el barco
va a ser tenso… –murmuró –Seguro que todos
están enfadados conmigo por comenzar.
–Bueno, yo no lo estoy y seguro que todos lo comprenderán
–sonrió sujetándole la mano ahora sí.
Era obvio que le preocupaba aunque intentase hacerse el duro –.
Por ahora vamos a comer helado y a calmarnos un poco.
Capítulo 15
Parte III
Quiet intensity
–¿Vais a seguir bebiendo? –el rubio los miró,
pensando que parecían haberse “picado” todavía
más luego de la pelea, sólo que ahora Roi estaba tan
animado como Ash y Skylar.
–Bebe un poco… –lo miró un rato, hasta
que el otro rubio le dijo:
–Sneik…
–¡Sneik! –exclamó antes de golpearle
la espalda amistosamente, pero de forma brusca.
–Bebe, Sneik… No tiene que ser cerveza –se rio
un poco Skylar ya que había recordado que no le gustaba el
sabor.
–Pero si no es cerveza, ¿cómo sabemos quién
gana? –preguntó Ash no muy lógicamente, pero
tenía las mejillas rojas y la vista nublada ya.
–No, creo que mejor os dejo disfrutar de vuestra diversión…
–murmuró el rubio, que no estaba molesto, desde luego,
simplemente no le interesaba estar con una panda de borrachos, cargarlos
hasta el muelle y arriesgarse a que le vomitasen encima, porque
entonces probablemente mañana encontrarían algo flotando
en la orilla.
Se levantó, poniéndose la cazadora de nuevo y los
guantes.
–Oye, Sneik. No te olvides de mañana –le recordó
Skylar, que en realidad aguantaba bastante el alcohol, aunque sí
se estaba riendo un poco de más.
–No lo haré, y no voy a otro país, nos veremos
luego… –le sonrió un poco, despidiéndose
de ellos con un gesto de cabeza antes de salir, preguntándose
si habría lugares más tranquilos y menos malolientes…
En ese momento, Gale se encontraba en uno de ellos. La música
era suave y fácil de ignorar, tampoco había muchos
clientes esa noche. En realidad, le hacía falta compañía,
pero suponía que no era la época para conocer gente
nueva en ese lugar. Se llevó la copa de vino a los labios,
planteándose el retirarse cuando el otro ya estaba entrando
en aquel lugar, quitándose los guantes y observando a su
alrededor.
Se interesó enseguida al ver a Gale, cómo si su
figura destacase de una forma obvia entre toda aquella gente vulgar,
y se aproximó despacio, mientras se sacaba el abrigo.
–¿Está esperando a alguien? –le preguntó
al estar ya cerca de él.
–No, estaba pensando en irme a casa en realidad, pero he
cambiado de idea –le sonrió señalándole
la silla de enfrente –. ¿Quieres algo de beber?
–Un café, no bebo alcohol… –observó
la copa en su mano, sonriendo un poco y dejando sus cosas en la
silla de al lado mientras se sentaba con él –¿No
le espera nadie en casa?
Gale le hizo un gesto al camarero, que no estaba muy ocupado y
le señaló la máquina de café que tenía
detrás de la barra.
–No, vivo solo.
–Seguramente sea la mejor manera de vivir… –la
verdad es que ahora no dejaba de preguntarse si creería que
lo había estado siguiendo.
–Por ahora lo es –se rio apartándose cuando
el mesero le trajo el café y empujándolo con suavidad
hacia Sneik –. ¿Y tus amigos? Creí que habías
salido con ellos.
–Hubo algunos problemillas… y luego se pusieron a
beber a ver quién soportaba más… y fue demasiado
para mí. Decidí explorar por mí mismo –cogió
el café y se calentó los dedos con la taza primero,
utilizando uno de los sobres de azúcar para vaciar la mitad
del contenido.
–Claro, no te imagino bebiendo así, me sorprendería
mucho –lo observó, bebiendo un poco más de vino
–. ¿Sueles venir a la ciudad los fines de semana o
ha sido una excepción?
–Es la primera vez que lo hago, aunque tal vez lo haga más
a menudo. Este lugar es agradable –lo miró fijamente,
preguntándose si había ido allí buscando “compañía
casual”.
–Sí, lo es, es silencioso –asintió mirando
a su alrededor y pensando que había estado demasiado callado
esa noche, pero ahora no le molestaba tanto –. No me gusta
el alboroto de los turistas comunes, o de los locales en donde sólo
quieren beber…
–Ya… –suspiró, pensando en la disputa
de sus compañeros, a él no iba a ocurrirle algo así,
principalmente porque nunca le interesaba nadie, esta era la primera
vez. Se apoyó en un codo, mirando el interior de la taza
–A decir verdad, estábamos en un lugar así,
oscuro, escandaloso y… con olor a alcohol de garrafón.
Además se pelearon.
–Por dios, suena al infierno. Por eso no me gustan esos
lugares, están llenos de chiquillos además –se
quejó sin mucho tacto, bebiendo más y apoyándose
un poco en la mesa.
–¿Y yo no soy uno? –preguntó sólo
por ver su reacción.
–Por supuesto que no –lo miró como sorprendido
–. Bueno, tienes su edad, pero creo que ahí termina
cualquier semejanza. ¿O te consideras un chiquillo? –le
sonrió como probándolo un poco.
–Para nada, la verdad es que me aburro bastante, aunque
tampoco soy un adulto, todavía me falta mucha experiencia,
por más que sea inteligente, hay cosas que sólo tus
propias vivencias pueden enseñarte –juntó las
manos, rozándose los dedos y colocándose el anillo
–. Yo diría que nunca me pelearía por alguien,
como ellos, pero tal vez me equivoque.
–Oh, ¿así que era por alguien? Bueno, eso es
un poco diferente. Los sentimientos no se pueden racionalizar –miró
sus dedos, pensativo –. El reconocer que aún te falta
por aprender, ya te hace más maduro que todos esos chicos.
–Eso no es muy complicado… –sonrió, en
realidad riéndose en bajo –Sin embargo me agradan,
especialmente Skylar –revolvió un poco más el
café y dejó la cucharilla sobre el platito.
–Lo lamento, creo que no puedo casar el nombre con la cara
–se disculpó terminándose el vino y entrelazando
los dedos –. Y te sorprenderías de la cantidad de chicos
que creen saberlo todo. Son los mismos que piensan que leer es aburrido.
Después de todo… ellos ya saben.
–Sí… –sonrió un poco, observando
sus manos otra vez, casi como si desease tocarlas, y de hecho así
era. Sentía curiosidad por tocar a esa persona deliberadamente
–De todas formas, aunque leyesen, no comprenderían
ni la mitad.
–Seguramente tienes razón –se rio mirándolo
a los ojos ahora. Sabía muy bien lo que estaba sucediendo
allí, pero no era una persona moralista ni hipócrita.
De todos modos, no iba a apresurar nada –. ¿Por qué
dijiste eso anteriormente? Que tal vez te equivocases.
–No lo sé, tal vez pueda ser tan… “primitivo”
como cualquiera con el detonante necesario, aunque prefiero pensar
que mi plan sería otro –alzó la mirada a sus
ojos otra vez, tomando la taza con una mano para beber.
–¿Cuál sería tu plan? –le preguntó
intrigado pidiendo otro café, ahora para él.
–No conozco muy bien los hechos, pero entiendo que a Roi,
un chico del pueblo bastante introvertido y rudo, mejor amigo de
Zeus, orgulloso de sí mismo y buscapleitos, totalmente extrovertido,
les gustaba el mismo chico. Mi compañero de cuarto, que tiene
los cascos flojos según creo… y ambos se pelearon por
él, porque según vi, flirteaba con los dos. Probablemente
yo, en el caso de ellos, perdería todo el interés
por él. Pero si no lo hiciera; eso puede ser si te enamoras,
según dicen –se rio un poco, suavemente, tras hacer
aquel inciso –; buscaría cómo hacer que perdiese
el interés por el otro, en lugar de tratar de manera obvia,
que se fijase en mí.
–Eres interesante. Me pregunto cómo lo lograrías,
y si realmente serías capaz de hacerlo, siendo tu mejor amigo,
como en este caso –le sonrió aceptando el café
y procediendo a echarle azúcar. De alguna manera, sospechaba
que sí sería capaz, más que capaz.
–Yo no tengo amigos… –sonrió un poco
más, cruzando las manos y observando cómo se servía
el azúcar.
–Cada vez me intrigas más –le sonrió
mirándolo y revolviendo el café.
–Y a mí usted… –le confesó, preguntándose
si le resultaba atractivo a pesar de la diferencia de edad. En realidad
no se sentía preparado para algo así –Mañana
por la noche iremos a la cueva de la playa, la que está al
fondo de la “garganta” del infierno. Es un secreto…
–sonrió un poco, y se cubrió los labios con
un dedo en un gesto casi fugaz.
–No se lo diré al director –se rio en bajito
ya que ni siquiera le agradaba ese hombre –. Tened cuidado
con las almas del infierno y recuerda… que primero iremos
nosotros a ver ese agujero.
–¿Cómo voy a olvidarlo? Lo estoy deseando,
ya que no suele aventurarse directamente… es un honor ser
su compañero de expedición –bromeó.
–No lo haría si la compañía no fuera
grata –le sonrió, negando ligeramente con la cabeza
después –. Te acompañaré al puerto luego.
–De acuerdo… –sonrió, pensando en la
cara que pondrían los demás cuando los vieran allí
juntos, o bien llegar a la par –Así que… conoció
al profesor de literatura, ¿interesante, o más bien…
irritante? –a él no le irritaba, pero sentía
curiosidad por conocer su opinión.
–Creo que es un chiquillo en piel de hombre –le contestó
de manera sutil sonriendo un poco y bebiendo café luego –.
No debe tener una buena opinión de mí tampoco.
–Por eso existe el código de clasificación
por edades en los juegos y películas, para que los pequeños
sepan que no podrán disfrutar si la película es demasiado
complicada, y a la inversa –sonrió con malicia en realidad.
–Es bastante útil, si tan sólo las personas
vinieran con uno... –se quejó a medias, sonriéndole
de nuevo y bebiendo más –Siempre te ha gustado ver
películas complicadas, ¿no es así?
–Supongo que algunos las llamarían de ese modo, aunque
también me gustan las de terror… Son como documentales
para mí, aunque prefiero esto último –le aclaró
–. No de cualquier tema, por supuesto, no es que los vea del
ciclo reproductivo de la gaviota –bromeó.
–No, eso no suena muy interesante –se rio imaginándoselo
–. Tengo algunos documentales en mi casa. Tengo uno sobre
la verdad detrás de los lugares encantados, tal vez te interese.
–Seguro que sí, y me encantaría que me invitase
un día –le dijo sin perder la oportunidad, desde luego,
se moría de curiosidad por ver cómo era aquel lugar
en dónde vivía.
–No me opongo, pero será un secreto. Ya sabes cómo
es la gente –hizo un gesto como indicando que con nada se
espantaban, y se terminó de beber el café –.
Tengo varios libros que podrían interesarte también,
son de mi colección privada.
–Estoy deseando verlos –sonrió un poco, pensando
en eso de mantenerlo en secreto –. ¿Aunque por qué
tendría nadie que escandalizarse? Por supuesto, era un pueblo…
podía contestarse muy bien a sí mismo –. ¿Vive
en una casa o un piso? –esa clase de información siempre
le parecía decir mucho de las personas.
–Un piso, es más tranquilo aunque no lo parezca –se
rio observándolo –. ¿Y tú? Me refiero
a tu casa real, claro.
–En una casa… podría decirse… –sonrió
un poco, pensando que aquella enorme vivienda no era una casa como
la mayor parte de la gente imaginaría claro –, pero
yo prefiero los pisos. Cuando me independice me aseguraré
de tener un piso alto con un estudio enorme.
–¿Un estudio enorme? –sonrió pensando
que su propio piso parecía más una librería
que un hogar, pero así era como le gustaba –¿Qué
harías en ese estudio enorme?
–Estudiar, leer… utilizar el ordenador y dibujar,
aunque… nada artístico –le aseguró antes
de que lo malinterpretase –. Solo necesito eso y un dormitorio,
el resto de los cuartos se quedarán vacíos si por
mí es.
–Casi todos mis cuartos están llenos de libros –le
confesó, apoyándose en una mano –. Tienes muchos
intereses, ¿no? Incluso me dan ganas de ver tus dibujos no
artísticos.
–Todo gira alrededor de lo mismo… –le aseguró,
sonriendo un poco –Son dibujos de anatomía, nada hermoso,
supongo yo… –sonrió ligeramente, apoyándose
en los brazos y aproximándose un poco sobre la mesa –¿Soy
atractivo para usted?
–¿Anatómica o emocionalmente? –le preguntó
jugando un poco.
–Anatómicamente… –sonrió, apoyándose
en una mano y rozándose los labios con el dedo meñique.
Gale miró a su alrededor por un momento, volviendo a fijar
la vista en el chico luego.
–En pocas palabras, sí.
–¿Estaba comparando, o es que es cauteloso?
–Estaba asegurándome de que esto no fuese una trampa
por parte de un estudiante sumamente inteligente. No lo descartaría
tan fácilmente –le sonrió, aunque estaba más
relajado –. ¿Me encuentras atractivo, Sneik?
–Mucho… –se echó hacia atrás otra
vez, apoyándose las manos en las piernas –¿Y
cuál sería el objetivo de mi trampa?
–No lo sé, demandar a la escuela, hacer que te lleven
de vuelta a casa… –se encogió de hombros, pensando
que no comprendía mucho a los chicos, aunque suponía
que Sneik era diferente.
–No, eso estropearía toda la diversión…
Y después de haber encontrado cosas tan interesantes aquí
–dijo pensativo –. De todas formas, mi padre sólo
me mandaría a otro internado, más remoto si cabe.
–Supuse que no era tu caso, pero no está de más
ser precavido –asintió sonriendo de nuevo y preguntándole
–. ¿Así de terrible eres? No lo creo…
El rubio sonrió un poco.
–¿Y qué es terrible para usted?
–La ignorancia, pero desgraciadamente aún no inventan
un castigo para eso –le contestó, seguro de que el
chico era demasiado inteligente para su padre.
–Creo que mis pecados son otros… Tal vez carezco de
la empatía que tiene la mayor parte de la gente.
–Ya veo… ¿Hasta qué nivel careces de
empatía? –le preguntó sumamente interesado ahora.
Él tampoco solía ser una persona muy emocional, o
eso le gustaba pensar por lo menos.
–Nosotros no hemos llegado a un nivel de confianza e intimidad
suficiente, como para confiarle ese secreto. No sería inteligente
por mi parte. Esa cara de mí, no resulta tan atractiva.
–Así que quieres resultarme atractivo –se echó
hacia atrás moviendo la taza y recordando que estaba vacía
–. Está bien ser precavido como yo lo fui antes, pero
lo cierto es que me resultas fascinante. Además, creo que
me subestimas.
–No lo hago, pero ya lo ha dicho usted, es un hombre precavido.
No quiero que su precaución le haga olvidar su interés.
¿Estaba aquí buscando compañía? –lo
miró a los ojos, con las manos cruzadas, separando y juntando
los dedos índices de ambas.
–Sí, pero no estaba teniendo mucha suerte –se
encogió de hombros –. Todos tenemos necesidades.
–Pero yo nunca he tenido esa clase de necesidades…
tal vez por eso me puedo tomar estas cosas con calma.
–Eres joven… –alzó una ceja ligeramente,
preguntándose si era verdad, pero no le parecía la
clase de chico que mentiría –No es sólo eso,
a veces hace falta la compañía.
–Eso sí es verdad, aunque a mí sólo
me interesa la compañía intelectual… –murmuró,
mirándose el anillo en el dedo y luego sus ojos –Soy
joven, pero no miento, No mentiría en cosas que me hagan
menos atractivo –sonrió un poco, jugando.
–Supuse que no mentías –le sujetó una
mano de pronto, acariciándole los dedos y mirándolo
a los ojos –. A mí también, pero no siempre
se puede tener lo que se quiere.
–¿No? También se dice que todo lo bueno llega
a quien sabe esperar –sintió calor al sentir su mano
y la apretó por un instante, acariciándosela después
y entrelazando los dedos con los suyos despacio, casi de forma ceremonial,
sólo para volver a desenredarlos –. ¿Por qué
no me acompaña al puerto?
–Dije que lo haría, ¿o no lo dije? –le
preguntó sonriendo un poco más, y exhalando luego
–¿Tienes frío?
–Ahora no –sonrió, mirándolo a los ojos
–. Quiero dar un paseo… –separó su mano,
poniéndose los guantes metódicamente.
–Demos un paseo entonces –el rubio se puso de pie también,
volviendo a ponerse la bufanda alrededor del cuello, aunque de manera
floja. Lo cierto es que le aliviaba que él hubiese retirado
la mano primero.
Sneik se cerró el abrigo y salió delante de él,
esperándolo afuera y caminando a su lado, secretamente complacido.
–Le diría que mañana no llevase un pantalón
de traje, pero qué difícil me resulta imaginarlo,
la verdad –sonrió privadamente.
–Y te diría que no tienes control sobre lo que yo
visto –se rio, ya que no lo estaba riñendo realmente
–. Uso shorts cuando estoy en casa.
–Sólo me está motivando a visitarlo –bromeó,
ya que suponía que no iba a recibirlo en shorts –.
Y era una recomendación, porque hay que bajar por una zona
rocosa, pero… puede usted venir en su mejor traje si lo desea,
sólo para contrariarme –se rio, quitándose el
guante despacio y sujetándole la mano, haciendo que la guardase
luego en el bolsillo del abrigo, secretamente apretándosela
con fuerza y pegándose un poco más a él.
–Tengo jeans también, no soy tan rígido –le
apretó la mano discretamente dentro del bolsillo –,
pero me dan ganas de contrariarte.
–No se tome tantas molestias por mí…
Pensó que sus nudillos se le clavaban un poco en los dedos,
pero encontraba un secreto placer (además del obvio), en
sentir su piel y el calor de su mano, su fuerza al sujetarlo, a
pesar de que estaba seguro de que no era normal sujetarse en un
momento apacible como ese, con tanta intensidad.

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