Capítulo 29
Asumiendo Responsabilidades
Rei abrió los ojos al nuevo día, sorprendiéndose un poco al sentir
el cuerpo del rubio pegado a él. Pero entonces recordó lo que había
sucedido la noche anterior, y levantó su brazo con suavidad, deslizándose
del sofá, y volteándose para mirarlo. Tenía una cara de abandono
al sueño, que a Rei le hizo sonreír.
–Idiota, eres un idiota, Kamio –sonrió y le depositó un beso suave
en la frente.
El rubio sonrió al sentir los labios de Rei contra su frente.
–¿Qué hora? ¿Sabes que deberíamos ir a clase? – se volvió de frente,
estirándose –Yo tampoco quiero ir, pero deberíamos.
Rei se separó poniéndose algo nervioso de que lo hubiera notado.
No era su intención despertarlo.
–Son las ocho y media, de todas formas llegaríamos tarde. No sé…
–dirigió la vista hacia el chico en la cama. No estaba seguro de
si debía dejarlo solo por tantas horas.
El rubio se estiró, rascándose el pecho desnudo y abrazó a Rei,
besándole un hombro.
–En mi caso sería lo más normal del mundo llegar tarde –se separó,
volviendo a ponerse la camiseta que estaba en el suelo –. Iré yo,
y les diré que no vas porque estas en el hospital con un pariente,
¿quieres?
–Sí, creo que sería lo mejor –lo atrajo de la camiseta –, pero tendrás
que ir a casa a cambiarte primero. No estamos en el otro mundo,
no puedes ir como te dé la gana.
–Ah sí... –el rubio se pasó la mano por la frente, apartándose el
pelo de la cara –. Pues no me apetece una mierda, pero bueno, iré.
Hazme una nota firmada para entregársela a tu tutor anda, que igual
a mí no me cree –se metió las manos en los bolsillos, no le apetecía
pasarse seis horas en clase.
Rei una hoja de una libreta que se encontraba en le mesita de noche
y escribió una nota rápida. Era una tontería con todo lo que faltaba
sin motivos reales. Se rió en bajito, doblándola.
–No sé qué te hace tanta gracia –dijo el rubio, riéndose también
–. Como sea, mejor me voy sin desayunar ni nada, o llegaré tan tarde
que las puertas estarán cerradas. Tiró del chico, atrayéndolo hacia
él para darle un beso fugaz, y se metió un caramelo en la boca –.
Échame de menos, es una orden –dijo saliendo mientras se guardaba
la notita en el bolsillo del chándal. La puerta se cerró a sus espaldas,
y bajó en el ascensor para salir corriendo hacia su casa, más le
valía darse prisa o no llegaría.
Rei se volvió a poner la camiseta, aunque ya pensaba cambiarse con
lo que fuera que Kamio le hubiese traído, pero quería estar ahí
cuando Yoshi despertara. Se dirigió a la cama del chico, sorprendiéndose
al notar que éste permanecía acostado de lado, pero con los ojos
abiertos.
–¿Desde hace cuanto que estás despierto?
–Hace un rato –le contestó el chico sin moverse –Kamio regresó.
–Sí, anoche… –le ponía nervioso ¿Los habría visto besándose? –Tal
vez…tal vez tenías razón. Le comentó, esperando disipar un poco
sus nervios. Pero el chico permaneció en silencio, con aquella expresión
seria –Yoshi… ¿estás enfadado?
Por fin se movió, poniéndose de espaldas, y negando con la cabeza.
–No, yo quiero que seas feliz.
Rei se inclinó sonriendo sobre el chico, y le besó la cabeza.
–Bueno, si es así, voy a cambiarme. Kamio se ha ido a clases.
–Oh, ¿no deberías ir tú también? –Yoshi lo miró inquisitivo.
–Sí, pero no importa. Ahora es más importante cuidarte –Rei le sonrió,
poniéndose en pie para ir al baño, y el chico bajó la cabeza acongojado.
–Lo siento, por mi culpa no puedes ir a clases.
Aquello causó que el moreno se riera bastante alto. Lo decía como
si fuera una tragedia.
Yoshi lo miró confundido.
–¿Qué sucede? ¿No quieres ir?
– No, la verdad. Aquí las clases no son tan… divertidas como en
tu mundo, ¿vale? –le explicó con paciencia, aunque tampoco se había
divertido mucho allí –Hay mejores cosas que hacer.
–Es extraño –Yoshi lo observaba curioso, con los ojos muy abiertos.
–Ya verás, pero puedes dibujar en casa –se rió algo más y le sacudió
el cabello –. Mejor me cambio –se alejó nuevamente, tomando la mochila
que le había traído Kamio, y dirigiéndose al baño.
Un tiempo más tarde, ambos chicos habían desayunado ya, e incluso
le habían cambiado los vendajes a Yoshi, cuando se escuchó que llamaban
a la puerta.
–Pase –Rei se puso algo nervioso cuando vio que era el doctor. Claro,
pero era natural que viniese a ver a su paciente.
–Buenos días –se acercó a la cama, sonriéndole al chico –¿Cómo te
encuentras hoy?
–Bien –Yoshi le respondió sin corresponder a su sonrisa, completamente
serio.
–Perfecto, me alegro. Ya verás cómo mejoras antes de que te des
cuenta –el hombre continuó sonriéndole, como si no notara la expresión
del chico. Probablemente estaba así a causa del trauma –. ¿Te importa
si me llevo a tu hermano por unos minutos? –le hizo una seña con
la cabezal otro, para que salieran del cuarto, y el chico lo siguió
bastante estresado.
Una vez fuera, el doctor lo miró con expresión grave.
–¿Aún no vienen tus padres?
–Disculpe, ellos… –el doctor lo interrumpió.
–Rei, es importante.
–Sí, ya lo sé. Pero ellos… prefieren que me encargue yo, y Yoshi
no quiere… –una vez más volvió a ser interrumpido.
–Sé que piensas que lo estás protegiendo, pero no es así. Es natural
que tu hermano no quiera hablar de eso, pero a la larga, es lo mejor.
Créeme.
–Sí, sí, claro… –Rei sentía que le sudaban las manos. No sabía qué
decir –Yoshi… ¿cuando puede volver a casa?
El hombre lo miró con actitud severa.
–Ya está mucho mejor. Podría irse en un par de días, pero no lo
recomiendo. Aunque ya no haya peligro, sigue bastante malherido.
No creo que puedas encargarte tú solo.
–Ya, pero es que él no quiere seguir aquí.
El medico suspiró. Hasta el momento había confiado en el buen juicio
del chico, pensando que deseaba lo que era mejor para su hermano.
Pero tal vez hubiera algún problema con los padres. Tal vez estaba
asustado.
–Bueno, no puedo impedir que se vaya, pero ya sabes cual es mi opinión.
No sé si serás capaz de atenderlo tú… Y Rei, si no llamas tú a tus
padres, tendré que hacerlo yo, ¿comprendes? Es por el bien de Yoshi.
Rei asintió nervioso, intentando pensar cómo salir de esa, gesto
que el medico, por supuesto, malinterpretó. Puso una mano sobre
el hombro del chico.
–No te preocupes. Aquí tiene la protección de las autoridades. Todo
va a salir bien –Rei le sonrió débilmente, aunque más por lo equivocado
que estaba, y el medico se alejó más tranquilo.

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