.Novela homoerótica para mayores de edad.
 
Capitulo 29

Nacimiento


Rage sobrevoló las montañas, observando el gran cráter del volcán, salía humo negro y olía como el infierno allí cerca –“espero que tu no huelas así…”- habló con el huevo dorado que llevaba en una de sus manos cubierto con la piel plateada. Sonriéndole después como si pudiera verlo y bajando en picado sobrevolando las faldas de la montaña, tratando de encontrar una cueva en la que refugiarse ambos hasta que naciera.

Bajó al fin, caminando por la nieve y entrando en la cueva, observando su interior –con permiso…- sonrió, entrando y revisando que no hubiese algún animal allí, no, parecía que no había nadie…. salvo un escorpión enorme –oh… hum… no me gustan los escorpiones gigantes…- lo miró, reflejándose en sus ojos sin apartarse cuando bajó aquel aguijón venenoso hacia el, el animal deteniéndose al instante.

Rage pasando por debajo de su cola y caminando hacia el fondo de la cueva –espera fuera hasta que yo me vaya- sonrió mientras le ordenaba –ah… y no mates nunca más a nadie que yo no mataría…- se rió, siguiendo hacía el fondo de la cueva y observando un charco de magma luminoso, acuclillándose y posando el huevo con la piel de cabra en una piedra sobre aquel charco hirviente -¿llegará así?- le pasó la mano por encima. Observándolo ansioso como si fuera a nacer en aquel mismo instante.

Estaba deseando verlo, solo había escuchado hablar de ellos y también tenía varias figuras y pinturas de ellos pero ver uno vivo… iba más allá de sus sueños e inclinaciones a poseer cosas únicas. Bueno, no sería suyo… pero al menos se quedaría con la cáscara y tendría esa experiencia única de haberlo visto nacer.

Como si respondiese a sus pensamientos, una ligera grieta se empezó a abrir camino por la superficie del enorme huevo. De la misma, se extendieron varias más, haciendo un sonido bajo, constante, y finalmente partiéndose la cáscara con un crujido fuerte. La cabeza de un ave dorada, cubierta de algo gelatinoso. Inmediatamente, el ave surgió del huevo, alzándose un poco y ardiendo brillante por unos segundos, como si estuviese hecha de fuego, descendiendo luego y transformándose en un chico de cabellos igual de dorados a excepción de las puntas rojas, el fuego aún envolviéndolo y finalmente desapareciendo alrededor de su torso y sus caderas. El chico se sentó observando al desconocido en silencio.

La quimera observándolo también, aunque aún no se recuperaba de aquella visión tan hermosa y extendió una mano para tocarlo -¿hola?...- se rió apartándola antes de llevar a tocarlo.

- Hola, ¿qué haces aquí? – le preguntó, curioso, claramente, sin dejar de observarlo.

-te miro- sonrió moviendo una oreja porque le preguntaba eso de forma un tanto extraña para el, como muy natural –quería ver como nacías… ¿recuerdas algo de tu vida anterior?

- En cierta forma. Cada vez que nazco soy alguien nuevo, pero llevo las experiencias pasadas dentro de mí. – continuó mirándolo de la misma manera, sacudiendo un poco las alas, como para liberarse de aquel líquido del que no quedaba nada ya. – Suelo nacer solo.

-alguien me dio tu huevo…- se levantó sonriendo levemente, no le diría quien a menos que estuviese seguro de que no iba a hacerle nada, claro, apreciaba al zorro, recogió la cáscara y la vació, limpiándola bien antes de guardársela en la bolsa -¿y que es lo que harás?

- No lo sé, salir a ver cómo son las cosas supongo. – se puso de pie también como imitándolo. - ¿Por qué te llevas mi cáscara?

-¿y para que la quieres tu?- sonrió, observándolo y pensando que era bastante extraño -¿quieres venir conmigo?

- No la quiero, sólo me preguntaba ¿para que te podría servir algo así? – parpadeó, acercándose. - ¿En verdad sólo querías verme nacer? No quieres... ¿algo más?

-¿Cómo que?- lo miró a los ojos intrigado –la guardo porque me gusta tener cosas únicas… son más hermosas que las cosas simplemente hermosas porque nadie más tiene algo igual….- sonrió de pronto y se agachó a recoger varias plumas del suelo.

El chico por fin sonrió, acercándose más. – Iré contigo, me agradas.

-vale…- se rió, acercándose más también y bajando la cabeza apoyando su nariz contra la del chico a ver si así le llegaba de cerca porque no tenía idea de que demonios estaba haciendo, pero el chico retrocedió sorprendido.

- ¿Qué haces?

-te miro… igual que tu… y no te asustes que no voy a hacerte nada… yo te he traído aquí de nuevo para que nacieras ¿sabes? He hecho un largo viaje con tu huevo… y te he cuidado muy bien… - movió la cola, parándola un poco –quiero que conozcas a un amigo mío que me dio el huevo… ¿Qué harás cuando te lo presente?

- Conocerlo, y decirle que no debería llevarse los huevos de donde están. – le aclaró, por si pensaba que debía hacer algo más. - ¿Cuál es tu nombre?

-Rage ¿tienes nombre?- sonrió aún moviendo la cola de forma ondeante a su espalda –antes de decirle eso deberías preguntarle porque se lo llevó… ¿y si lo hizo para protegerlo porque estaba en peligro?

- ¿Lo estaba? ¿Por qué te lo dio a ti entonces? – le preguntó a su vez. – Me llamo Kasei

-porque le pedí algo único a cambio de un favor que el necesitaba que le hiciera y me ofreció tu huevo y pensé que era una gran oportunidad para mi… y además porque yo te protegí… no estabas en peligro conmigo… pero no se si lo estabas antes, eso tendrás que preguntárselo a quien te recogió, que es a quien voy a presentarte… pero antes tengo que encontrarlo…- sonrió moviendo las orejas hacia el

- Busquémoslo entonces... Rage. – le sonrió por recordar su nombre. – Gracias por cuidar de mí. ¿Valió la pena el presenciar mi nacimiento?

-claro que si. Fue hermoso…- salió delante de el, con los pasos lentos, vigilando si lo seguía y sujetándole la mano después con suavidad para llevarlo a su lado –afuera hay nieve ¿tienes frío?

- No, provengo del fuego – le explicó, como si fuera necesario, saliendo con él y observándolo todo a su alrededor. Ya lo había visto antes, había sentido antes la nieve, lo sabía. Pero seguía siendo como si fuese la primera vez.

-mira…- le señalo el escorpión que seguía en la entrada de la cueva donde lo había mandado esperar la quimera –estaba en la cueva podría haberse comido tu huevo…

- Pero esta no fue la cueva en donde estaba originalmente. – le recordó, mirando con curiosidad al escorpión. - ¿Qué hace allí, tan quieto?

-está esperando a que salgamos…- la quimera pasó por delante y el escorpión pasó a la cueva de nuevo, rápidamente como si no le hubiera gustado mucho estar allí fuera en la nieve -¿no quieres volar? ¿recuerdas en donde estabas?

- Sí lo recuerdo, y sí, me gustaría volar. ¿Quieres hacerlo conmigo? – le preguntó, sonriendo de nuevo. - ¿Tú no tienes frío?

-no, yo también soy de fuego, no tengo frío…- sonrió pensando mal y ahorrándose el comentar nada porque a la vista estaba que no se enteraba de nada, dejó salir fuego de entre sus labios y los cerró de nuevo, sonriendo y alzando el vuelo en el aire, girando y observándolo -¿no vienes Kasei?

El chico asintió echando a volar, y alcanzándolo, dejando una estela de fuego momentánea por donde pasaba.

La quimera lo observó sonriendo y observándolo asombrado, pensando que era hermoso ver como volaba, batió aquellas alas de dragón a su espalda, extendiendo las manos y echándolas hacia el

El fénix se detuvo, observándolo y sujetando sus manos, accediendo, sus propias alas doradas extendiéndose tras él, mientras giraba con el chico.

-Kasei… ¿Cómo crees que se puede encontrar a alguien que no sabes donde esta?- se rió girando también y soltándolo para que saliese hacia arriba en el cielo. Aunque el no podía elevarse tanto como el

- La única manera es buscándolo. Pero puedes buscarlo toda tu vida, y nunca encontrarlo, aunque esté justo detrás de ti. – le contestó, sereno pero a la vez pensativo. – Claro, primero tienes que pensar en a quien estás buscando. En dónde crees que podría estar.

-es un Kitsune… podría estar en cualquier lugar…- se rió, observándolo y de nuevo pensando que era muy extraño –iba a entregarle la piel de su padre a su madre… y se fue por allí…- señaló y luego miro al fénix –pero eso no quiere decir que esté hacia allí, seguramente ya habrá tomado otro camino…

- Seguramente, los kitsune no se quedan en un lugar por mucho tiempo. – comentó, recordando, e interesado en ayudarlo. – Lo mejor que puedes hacer es preguntar a tu alrededor hasta que alguien te diga que lo ha visto. Intenta hacer que él te encuentre a ti.

-no se para que me necesitaría a mi un kitsune…- sonrió levemente, saltando en el mismo aire y apoyando las manos en sus hombros, pegando un salto para elevarse más, girando sobre si mismo y volando aun más deprisa –ven!- lo llamó sonriendo entrecerrando los ojos -¿te irás acordando de lo que ya sabías?

- Por supuesto – sonrió, siguiéndolo a su velocidad, era muy bueno volando. – Y no es por necesidad, los kitsunes son bastante curiosos, querrá saber para qué lo buscas.

-oh… no se me había ocurrido…- sonrió con algo de malicia pensando en algo y atravesando una bandada de pájaros, pidiéndoles que lo avisaran de que lo estaba buscando, bueno… en realidad se lo estaba ordenando pero… - entonces seguro que me encontrará…¿recuerdas como moriste?

- Cuando es tiempo, siempre sé cuando debo morir. – le explicó. – Aunque en otras ocasiones, mi vida se ha acortado.

-eso suena deprimente… creí que vivías un número de años concreto… también es deprimente… de ese modo preferiría no llevar la cuenta…- voló bajo el, observándolo y sonriendo mientras cruzaba los brazos tras la cabeza –no me has dado las gracias por ayudarte…

- No es deprimente, la muerte es parte de la vida. – lo miró, negando con la cabeza. – Sí lo hice, en la cueva, te di las gracias por cuidar de mí.

-eso lo dices porque luego renaces… si no solo creerías que la muerte es… parte de la muerte y el final de la vida… - sonrió más, moviendo la cola –yo hubiera preferido un agradecimiento más material…

- Todos renacemos, la diferencia es que yo renazco en mí mismo. – le explicó, pensando que aquello podía llegar a ser muy solitario. - ¿A qué te refieres? Antes te pregunté si querías algo más y me dijiste que no.

-parece que me lo he pensado mejor…- se rió extendiendo la sonrisa después –dame un beso

- ¿Un beso? Bien.... puedo hacer eso – descendió sobre el chico cerrando los ojos y depositando sus labios sobre los de la quimera que lo besó de forma más profunda, aprovechándose de su comportamiento distraído.

Se apartó riéndose y ondeando la cola –parece que no recuerdas lo que es una quimera… pero ¿Sabes? Si seguimos siendo amigos tal vez vuelva a cuidar tu huevo la próxima vez que renazcas…

- Eso sería agradable, no suelo tener amigos. Y sí, recuerdo lo que es una quimera – le aseguró, alzando el vuelo hacia arriba de nuevo.

La quimera lo siguió velozmente –oh… entonces es que querías que te besase…- se rió jugando con el y juntando las manos, las garras negras saliendo un poco unas contra las otras –quiero verte volar como fénix…

- Sé cómo ser agradecido. – sonrió, el fuego envolviéndolo, aunque sin quemar al otro chico, más bien parecía que lo consumiese a él, pero del mismo salió aquella ave majestuosa, con las alas extendidas, sobrevolando la cabeza de la quimera.

El rubio lo observó, transformándose para poder alcanzar su velocidad, volando bajo el y observándolo como hipnotizado, en realidad cada vez se alegraba más de haber tenido la oportunidad de observar algo así –sígueme…


 
 

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