.Novela homoerótica para mayores de edad.
 
Capítulo 23

Es lo que hacen los gatos… creo…


Kurayami despertó con un sobresalto, bufando. Había dormido demasiado. Se lanzó de los brazos del pegaso, bufándole también, y preguntándose por qué no lo había despertado en vez de llevárselo así.

-sh… tranquilo…- le sonrió levemente –mira que si llegamos a no estar en suelo te lanzas al vacío total ¿para que? Nunca te he hecho daño

El chico le bufó de nuevo, la cola erizada, relajándose luego. Era cierto, y había estado dormido e indefenso todo ese tiempo. Se irguió, caminando a su lado como si nada de lo anterior hubiese sucedido. ¿Cuánto tiempo ha pasado?

-hum… entre lo que hemos estado volando y caminando… ahora es la tarde noche desde ayer tarde que nos dormimos…- se rió inocentemente, pensando que debía estar muy agotado de veras -¿no quieres subirte en mi? Iré cabalgando y no volaré…- tanteó, tratando de que confiase en el más.

- No me engañarás, ¿verdad? – lo miró desconfiado, pero tentado, recordando cómo lo había acariciado antes.

El albino se transformó, doblando las patas delanteras en la hierba –no, nunca te engaño, eres tu quien trata de hacerlo a veces- se rió mirando a otro lado y esperando, porque sabía que no le agradaba que lo mirase cuando cedía.

- Yo nunca te engaño – protestó, aunque subiendo, sujetándose al lomo suave del caballo, esta vez cuidando de no clavarle las uñas.

Fujin se levantó despacio para no asustarlo y que no fuera a clavarle las uñas sin querer recordárselo porque había pensado durante la noche que para que confiase en el debía demostrarle que confiaba también. Comenzó a trotar despacio, sintiendo agradable el viento al moverle las crines blancas -¿corro?

- No! No.... no sé, si quieres... – le contestó, enrojeciendo por haberse alterado así, y abrazándose a su cuello.

-solo abrázate con fuerza- “y no me claves las uñas” pensó, galopando más rápido y cerrando los ojos por un momento, pensando en cuando corría con Kaylan, había recorrido ya casi todos los lugares. Solo le quedaba el río -¿no te gusta?

- Está bien.... – confesó el chico, las colas alzadas tras de él, y sonriendo un poco, aunque se sujetaba a Fujin como si se le fuese la vida en ello.

-¿no tienes hambre Kurayami? No has comido nada… ¿Qué es lo que comes?- preguntó después, pensando en si comería como un gato cualquiera.

- Lo que sea, aunque también puedo comer gente......... – sonrió maliciosamente, moviendo las colas.

-preferiría que no…- el albino sintió un escalofrío solo de imaginárselo -¿lo has hecho? ¿comer gente?

- Me comí a uno que trató de atraparme. – comentó, aún sonriendo. – Quería ponerme en exhibición o algo..... Se lo merecía.

-aj… pero no te lo hubieras comido…- alzó el belfo resoplando un poco y sacudiendo la cabeza sin detenerse en su galope, comenzó a trotar más lentamente y de pronto mucho más rápido al observar la figura de lo que parecía Kaylan a lo lejos –ahí está! Te lo dije!

El chico encrespó la cola inmediatamente sólo por ver a un desconocido, Kaylan alzando la mano contento. – Fujin!!!!!!!!!!!!!!! Estás bien!

El albino tapó al chico gato entre sus alas como resguardándolo para que no se asustase, sonriendo y bajando la cabeza frente a el para que lo abrazase –te he estado buscando… me ayudaron unas hadas… estaba envenenado…

- Fujin, lo siento mucho. – lo abrazó emocionado, acariciándole las crines. – Si algo así vuelve a suceder, transfórmate y te llevaré conmigo. Alzó la mirada al escuchar los bufidos que provenían del chico gato sobre su lomo. - ¿Qué tienes ahí?

-un nekomatta…se llama Kurayami- sonrió retrocediendo un poco para hacer distancia entre el unicornio y el y se rió, bajando las patas delanteras y abriendo las alas para que el chico bajase –no huyas…- le advirtió antes de por fin hacerse humano –este es Kaylan… y ya te dije que es un unicornio… jamás haría daño a nadie… ¿verdad Kaylan?

- No, jamás. – lo miró serio, aunque el chico le seguía bufando, y sonrió finalmente. Él no se hubiese acercado a un ser así, pero conocía muy bien la capacidad de Fujin para hacer el bien y para convencer a los demás de que lo hicieran.

Kurayami por fin se calmó, sentándose en la hierba, y moviendo las colas. – Y ¿cómo sabes que no le haré daño yo?

- No puedes, y además, no quieres. – el unicornio sonrió de nuevo ante la cara de furia del chico, molesto porque le adivinasen lo que pensaba.

Fujin sonrió, sentándose a su lado y sujetándole una mano –lo que pasa es que lo trató mal su dueño y ahora está enfadado…y tiene miedo de que le hagan daño… - lo miró y le sonrió. Observando a Kaylan otra vez -¿y eso que llevas puesto? ¿Cómo escapaste? por cierto… sabía que lo harías

- No escapé en realidad. – le sonrió, el chico gato transformándose en felino y mirándolos desde la hierba, curioso, de todas maneras. – Esto me lo dio Beleth, es quien me tenía cautivo. Se supone que deseaba mi cuerno, pero no pudo matarme. Así que me dejó ir.

-¿Por qué no pudo?- el albino se asustó de inmediato, abrazándolo con cuidado -¿te hizo algo?- lo miró a los ojos preocupado, se veía bien pero…

- No, y no lo sé. Intentó hacerlo pero luego se detenía. Yo creo que no es tan malo, como cree.... – le sonrió tranquilizándolo. – Me mintió, diciendo que estabas atrapado, pero luego ni eso le importó. Se veía solitario....

-tal vez…- el pegaso se separó un poco, mirándolo un tanto triste y pasando la mano por encima del gato negro, acariciándolo como si fuera un ser de lo más amable. Lo levantó para ponerlo en sus piernas sonriendo levemente –ahí mucha gente que cree que es más mala de lo que es…

- Sí, supongo que no es de extrañar. – Kaylan miró al felino y luego a Fujin. – Estaba preocupado por ti.

-y yo por ti… ya no sabía donde buscarte… y menos mal que Kurayami me ayudó… porque me metí en una cueva goblin… y me atacaron por sorpresa… - le dio la mano al albino, apretándosela y sonriendo. Sentándose a su lado y cargando con el gato negro -¿para que quería tu cuerno? ¿crees que deberíamos buscar otro lugar donde vivir?

- No lo sé, me gusta aquí, aunque tal vez sí.... – accedió con pesadez. – Quería poder, que lo respetasen. Y me alegra que hayas tenido ayuda, nadie es capaz de hacerte daño una vez que habla contigo – sonrió, mirando al gato negro que seguía mirándolo desconfiado.

-no quiere hablar… debe ser tímido…- se rió, rascándole bajo el cuello y sonriendo después por la cara que ponía entre cabreo y gustito -¿A dónde podríamos ir? A mi también me gustaba aquí… aunque prometí a Kurayami que lo ayudaría…- lo alzó, mirándolo a los ojos y pegándolo a su pecho después.

El gato maulló, como recordándole, y por otro lado, moviendo la colas, ya que había pensado en transformarse en chico para que no siguieran hablando de él así, pero de aquella manera, no podía.

- Ayudarlo, ¿a qué? – le preguntó el unicornio, un tanto preocupado. – Fujin, no creas que estoy loco pero quiero verlo de nuevo.

-a encontrar a su dueñ… ¿Qué?- lo miró a los ojos, al principio concentrado en encontrar un modo de decirle “a matar a su dueño” y a la vez darle a entender que lo que quería era disuadirlo. Pero la verdad es que tras escuchar esa última frase no sabía que decir –intentó matarte… pero no lo se… no creo que estés loco… si tu crees que hay algo bueno en el… te dejo ir… después de todo… ¿Cómo era? ¿te trataba mal?

-No... bueno, me asusté al principio, porque gritaba a veces y me amenazó con una espada. Pero.... – suspiró, recordando su mirada. – Creo que no sabe pedir ayuda, ni sabe lo que realmente necesita. No me hizo daño realmente.

-bueno… pero no puedes volver ahí, es muy peligroso…- el pegaso lo miró a los ojos preocupado –era un sitio horrible ¿verdad?

- Sí, pero recuerda que no podrán atraparme de nuevo – lo calmó, el gato maullando de nuevo y moviendo las colas.

-es verdad…- sonrió y luego miró al gato negro sin comprender que era lo que quería, claro, bajando la cara y besándole el morro, acariciándolo de nuevo como para asegurarle que todo estaba bien, por si estaba preocupado -¿irás? ¿quieres que te acompañe?- lo miró pensando que más bien sería un lastre.

- No, creo que te pondría en peligro. Y además, tienes tus manos ocupadas. – sonrió, mirando de nuevo al gato que le bufó aunque ronroneando luego sin poder evitarlo, un poco molesto consigo mismo.

Fujin se rió al escucharlo, claro que nunca había estado con un gato antes –iba a llevarlo conmigo… pero si, creo que más bien te pondría en peligro a ti también… de todos modos te esperaré aquí… hasta que vuelvas ¿vale Kurayami?- miró al gato y le tocó una oreja con un dedo.

- Meow! – el gato maulló, dando un zarpazo y saltando de sus brazos, convirtiéndose en chico de nuevo y alejándose un poco, ya bastante cohibido. – No sé....

- Pero ti te quieres quedar. – lo reveló el unicornio, sin ninguna intención. – No demoraré mucho.

- Yo no he dicho eso – protestó el chico sentándose de espaldas a ellos, moviendo sus colas con rapidez, y arrancando hierbitas con las uñas.

El pegaso lo miró –igual se quedará, tenemos un trato…- sonrió por lo que habían discutido la noche anterior y le tocó una cola riéndose por como las movía –no las pagues con las hierbitas…

- No las pago, y el trato era encontrar a tu amigo y ahí está.... – refunfuñó, quitando esa cola con brusquedad y volviéndola a mover junto con la otra.

- Mi nombre es Kaylan. Kurayami... – lo llamó el chico, por demostrarle que era amistoso.

-ya… si le hablé de ti mil veces… - le hizo una seña con la mano para que no le prestase atención –“siempre está de mal genio”

Kaylan le sonrió, pensando que era normal. – En todo caso, puedes quedarte aquí cuanto quieras. No te sucederá nada malo.

Kurayami se encogió de hombros como diciéndole que no tenía miedo, y que ni le importaba.

-yo quiero que te quedes, ya lo sabes… - le tiró una pajita al pelo como el primer día a ver si le molestaba lo suficiente para que le saltase encima.

El chico manoteando y tumbándose la pajita por fin, mirándolo con cara de furia, sus colas moviéndose más rápido.

Fujin se rió por como se ponía con las pajitas no comprendía el histerismo, cogió otra, moviéndola y a la vez cubriéndose un poco con un ala –le enfadan las pajitas…- le explico a Kaylan

No me enfadan las pajitas! – protestó el chico, tratando de resistirse pero siguiéndola con la mirada, finalmente arrancándola de su mano.

Kaylan sonriendo y señalando inocentemente. – Pero estás enfadado. No te enfades....

-siempre se enfada- le tiró otra pajita y se tapó a medias con un ala, reído –y me ataca…

- ¿Te ataca? – preguntó el chico alarmado, pero ya era muy tarde, el chico gato se había lanzado sobre el pegaso, moviendo ambas colas, sonriendo mientras el pegaso se reía jugando con el y haciéndole cosquillas tratando de detenerlo.

-es lo que hacen los gatos… creo…- explicó aún así reído –para jugar…

 
 

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