Capítulo
20
Sin arañar!
El Pegaso se detuvo en el cruce de caminos.
–No hay manera de encontrarlo…– bajó al
suelo volando, y recuperó su forma humana, sentándose
en una roca y cogiendo varias hierbas, masticándolas después.
El chico se estiró, sentándose y mirándolo.
–Yo creo que estás loco – le comentó
sin ningún fin aparente, preguntándose para qué
seguía con él. Tal vez quería saber cómo
terminaba aquello, confirmar que él estaba en lo cierto.
Movió las colas, pasándose una mano por la oreja y
chafándola un poco.
–No estoy loco… ¿Por qué dices eso?–
lo miró mientras arrancaba unas hojas más y las masticaba
distraídamente, aleteando un poco hacia él para despeinarlo,
en venganza.
El gato le bufó sin mucho ímpetu, frunciendo el ceño,
y relajándolo después.
–Porque sigues en esto, ¿hace cuanto que se lo llevaron?
Yo no sé por qué piensas que sigue vivo. Creo que
en vez de buscarlo, deberías vengarte.
–Que no…– se rio, rozándole con el ala
en la punta de la nariz de todos modos, bufándole o no, le
daba igual mientras no le arañase –. No voy a vengarme,
ya te he dicho que se que está vivo. Puede tele transportarse…
y además, es muy inteligente. Estoy seguro de que hay una
razón, tal vez no estoy buscando bien, o tal vez ha vuelto
y está buscándome también.
–Ya te hubiera encontrado si puede tele transportarse, ¿no?
– murmuró, negándose a creer, y moviendo las
colas de nuevo –Yo debería ponerme en camino, creo
que me estoy alejando de nuevo.
El albino le sujetó las colas con delicadeza, acariciándoselas
y mirándolo atento para que no fuera a pegarle un zarpazo.
–Prefiero que te quedes conmigo… ¿no quieres?
Y por cierto… se teletransporta, pero no sabe dónde
están los demás por ciencia infusa – se rio,
abanicando un poco la cola.
Kurayami lo miró, serio, como pensativo, en realidad, parecía
estar muy lejos de allí.
–Aún tengo que hacer lo que voy a hacer – murmuró,
mirándolo luego extrañado –. ¿Por qué
quieres que me quede contigo?
–Porque me agradas y no quiero que mates a tu dueño,
te hará sentirte mal, mejor quédate conmigo…
– sonrió y se levantó, seguro de que le iba
a llamar tonto o loco –. Te demostraré que puedo hacerte
olvidarlo.
–¡No puedes! – alzó la voz, erizando un
poco las colas, sin apartar la mirada del albino –Supuestamente
eres bueno, ¿y vas a dejar que alguien malvado quede impune?
Además, ¿sabes lo que soy? Un nekomatta es un ser
que existe a causa de la venganza. Para eso existo.
Fujin lo miró a los ojos algo avergonzado de que se enfadase
así con él, y sumamente serio.
–Está bien, tampoco tienes que enfadarte, no iba a
retenerte contra tu voluntad.
– ¿No? No... eres bueno... – lo miró,
como confundido, moviendo las colas inquieto.
–¿Por qué no te quedas un poco más?
Me ayudas a encontrar a mi amigo y luego yo te acompaño a
ti… –sonrió levemente de nuevo, sin poder evitar
intentarlo, tal vez reteniéndolo un poco más podría
convencerlo.
– Sí, me quedaré un poco más, pero sólo
porque quiero confirmar algo – accedió orgulloso para
enmascarar el hecho de que no quería quedarse solo de nuevo.
–Está bien – sonrió, apartándose
el flequillo blanco de la cara con las manos, conformándose
con eso. Esperaba que abandonase esa necedad, o seguramente acabaría
siguiéndolo sin saber a donde, a hacer algo de lo que no
pensaba formar parte. Lo sujetó por debajo de los brazos
y lo alzó con él, volando –. No me arañes–
le advirtió antes de seguir subiendo.
El chico se sujetó a él, la cola erizada de nuevo,
no sabía por qué lo elevaba así sin advertirle.
El albino le sonrió abiertamente, sujetándolo mejor
y rodeándolo con los brazos para que no tuviera la sensación
de inseguridad.
–No te dejaré caer… – alzó más
el vuelo, tratando de divisar la zona en la que siempre estaba con
Kaylan.
– Yo no confío en nadie – protestó, moviendo
la cola con nerviosismo. Aún aferrándose a él
con todas sus fuerzas y tratando de no mirar hacia abajo.
–Ay… ya sé, pero no me claves las uñas
– se rio, moviendo un poco un hombro para ver si dejaba de
hacer eso –. Si digo que no te soltaré, es que no lo
haré. Hum… las nubes no me dejan ver el río...–
batió las alas con fuerza, tratando de alejarlas, pero era
imposible con lo lejos que estaban.
Los ojos negros del chico se dirigieron hacia abajo enseguida,
volviendo a subir, revolviéndose para sujetarse mejor.
– No, no veo nada....
Fujin se rio por la manera en la que se movía sobre él,
y lo abrazó con más fuerza, besándole una mejilla.
–Ya te dije que no te soltaré – bajó
casi en picado, rápidamente, jugando con las corrientes de
viento y entrecerrando los ojos, decidiendo revisar todos los sitios
que Kaylan y él solían visitar.
La única razón por la que Kurayami no le arañó,
fue porque no deseaba que lo soltase, pero lo había sorprendido
con aquel beso. No lo comprendía para nada. Ni comprendía
por qué le agradaba él.
Sobrevoló las ruinas de un templo y bajó entre estas,
suspirando con fuerza y buscando al chico sin soltar a Kurayami.
En realidad, le parecía que abrazarlo era agradable y le
consolaba de la ausencia de Kaylan.
–Nos gusta jugar aquí – le explicó, buscándolo
a pesar de que no lo veía por ninguna parte –, pero
parece que no está, y tampoco siento como que haya estado
recientemente –se apartó hacia atrás de las
columnas, abriendo las alas y notando que la tierra batía
–. Un terremoto…
– No me gustan... – recalcó el gato nervioso,
echándose para atrás y transformándose en felino,
las colas erizadas, bufando como si la tierra fuese a dejar de temblar
por eso.
El pegaso se acuclilló, apoyándole la mano en el
lomo al notar lo mullido que se veía, aunque seguramente
no era muy buena idea por su parte, pero… Sonrió mientras
lo acariciaba, aunque terminó por caerse sentado por la fuerza
de los movimientos sísmicos.
–Nunca había presenciado uno tan fuerte, ven, es peligroso
estar aquí… – lo cogió en brazos y se
alzó al cielo para no tener que aguantar más aquel
temblor desagradable, observando como se agrietaban algunas columnas
y caían.
El gato aún bufaba, relajándose un poco luego, aunque
no mucho. Ni siquiera se atrevía a volver a su forma humana
por si lo dejaba caer con la sorpresa
–Tranquilo, sólo es un movimiento de la tierra, no
pasa nada. No es como que nos estén atacando o algo así…
– le explicó, aunque no sabía si simplemente
estaba nervioso, claro que, era un gato… seguramente no sabía
muchas cosas. Se lo llevó de allí hasta lo alto de
un árbol donde había ramas entrelazadas como si fuera
una cabaña extraña hecha de madera trenzada, a pesar
de que las hojas seguían creciendo naturalmente en ella –.
Será mejor continuar mañana, llevo muchos días
sin descansar, y supongo que tú también… –
lo dejó en el suelo y sonrió, pensando en la suerte
que tenía de tener su casa ahí arriba, así
no podría escaparse cuando se durmiese, y Kaylan seguramente
acabaría por buscarlo allí.
El gato lo miró desconfiado, transformándose en chico
de nuevo, y mirando hacia aquel lugar.
–No debería temblar, es absurdo –murmuró,
sin pensar mucho en lo que decía –No voy a dormir.
–Bueno, como quieras, pero te sentirás cansado. No
tienes porque tener miedo, puedo cuidarte – suspiró
con fuerza, sentándose en las ramas y quitándose el
jersey para ovillarlo y usarlo de almohada –Ocurre, normalmente,
después de la erupción de un volcán, o por
explosiones de los humanos. O simplemente por el desplazamiento
de la tierra, no da miedo.
– No tenía miedo – mintió, sintiéndose
vulnerable ante el pegado semi desnudo. A otro ya le hubiera rajado
la cara y se hubiera ido. Se recostó sobre las ramas, las
colas enroscadas a su costado. Seguía sin comprenderlo. No
le parecía para nada amigable el mundo.
–Pues parecía que lo tenías… –
sonrió, jugando con él y tocándole una cola
con el pie –. No me muerdas – le advirtió de
pronto, recogiéndolos. No es que le diera miedo el dolor,
pero tampoco le gustaba precisamente.
El chico lo miró con fiereza, serio.
–No tenía miedo – repitió, mirando hacia
abajo, y pensando que mejor no lo hacía, sujetándose
a las ramas –. Y no tengo por qué morderte.
–No te vayas – se apoyó en las manos, sentándose
y mirándolo –, teníamos un pacto.
–No me iba a ir... – lo miró sorprendido y mirando
debajo de nuevo. Como si pudiera, pensó –. No recuerdo
haber hecho un pacto. ¿Teníamos un pacto? –
le sonrió de pronto, moviendo las colas.
Fujin suspiró mirando su sonrisa.
–No hagas trampa, si tan poco te importa puedes irte…
– se acostó de nuevo, girándose de lado y tapándose
la cara con un brazo, sonriendo porque también estaba haciendo
trampa, sabía que no podía irse ahora, claro que para
él no hacía trampa, sélo jugaba.
– No recuerdo ningún trato, es todo. Yo no hago tratos.
Si me quedo es por decisión, y ahora no quiero irme –le
aseguró, aún moviendo las colas, y sonriendo –.
¿Por qué te tapas?
–No me tapo… – se rio de todos modos, tratando
de aguantarse y finalmente girándose de frente–No te
vas porque no puedes – cruzó los brazos sobre las rodillas,
sonriendo –, y ya deja eso, dijiste que te quedabas conmigo
hasta que encontrásemos a Kaylan, no digas mentiras.
Kurayami lo miró serio, molesto ahora, girando el rostro.
– No me voy porque no quiero.
–Pues yo no quiero que te vayas…– suspiró,
pensando que siempre se enfadaba, aunque en realidad no le importaba
mucho siempre y cuando no se volviera a poner histérico.
Se acercó a él un poco y le pasó la mano por
la cabeza, sonriendo levemente mientras le tocaba tras las orejas
El chico lo miraba por debajo de su mano, agresivamente, pero también
confundido. Le gustaba la caricia, aunque no quisiera admitirlo.
–No me arañes…– le advirtió de
nuevo porque lo ponía nervioso con esa mirada –. No
te voy a hacer caso, aunque me pongas esa cara… me da igual.
No me afecta… – apartó la vista, acariciándole
el pelo de todos modos y pasándole la mano por la espalda
sobre el kimono, claro que, en realidad lo que quería era
que se durmiese. Seguro que con lo desconfiado que era llevaba mucho
tiempo sin descansar.
El chico se recostó más, aún mirándolo
desconfiado, pero dejando que lo acariciase, moviendo un poco las
colas a su pesar, luchando con el sueño.
El albino lo miró sonriendo levemente y recostándose
frente a él sin dejar de acariciarlo, arrastrando el jersey
para ponerlo sobre el chico ahora, apoyándose él en
su propio brazo.
–Duerme… que se que estás cansado…
– No lo estoy... – protestó, aunque arrastrando
un poco las palabras, sus ojos cerrándose poco a poco, aunque
seguía luchando. Pero se sentía muy bien aquello.

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