.Novela homoerótica para mayores de edad.
 
Capitulo 19

Símbolo de la pasión, el orgullo, la lujuria, la malicia, el goce…

El cuerpo y la cola de un león y las alas de un dragón, los cuernos retorcidos y grandes de un macho cabrio, símbolo de la pasión, el orgullo, la lujuria, la malicia, el goce… aquello era una quimera.

Corría velozmente, con movimientos ágiles y felinos atravesando las montañas de hiedra presuroso, no quería dejarse atrapar por los encantos de las ninfas que tanto lo habían cautivado siempre. Nunca le hacían daño pues el sabía darles lo que querían, hacerlas reír y disfrutar. Pero ahora no tenía tiempo para jugar con ellas.

No porque la hora apremiase si no porque a pesar de ser muy paciente también era impetuoso y ahora lo que deseaba era averiguar como hacer eclosionar el huevo de ave fénix. Lo llevaba entre las fauces con sumo cuidado a pesar de que su cáscara era dura como una piedra. Estaba seguro de que su nacimiento sería algo hermoso, si debía cuidar de el lo haría, se preguntaba si un fénix nacía adulto o indefenso… si no recordaba su vida pasada o si era omnisciente sobre todos aquellos años de existencia, si sabría todas aquellas cosas al instante de nacer o si las iría recordando poco a poco.

Había muchas cosas que deseaba saber y aquel animal tan maravilloso seguramente le contestaría… aunque tuviera que esperarse todo el tiempo del mundo para que las recordase.

Saltó al final del barranco sus enormes patas despegándose del suelo, batió las alas y alzó el vuelo recuperando su apariencia humana, sonriendo a las ninfas que lo habían perseguido de todos modos hasta el barranco. Se quitó el huevo de la boca y se lo guardó en la mano con cuidado –vendré a visitaros…- se despidió riéndose por como algunas de ellas se tapaban con las otras al ver que iba desnudo, aún así riendo también con aquellas voces cantarinas, le hubiera gustado quedarse un poco con ellas…

No… no… debía seguir su viaje, odiaba dejar las cosas a medias aunque solo fuera por un tiempo, las cosas o se hacían bien o mejor no hacerlas.

Giró en el aire volando aún más rápido entre las nubes, el sol le calentaba la piel, era agradable, hacía mucho tiempo que no salía de aquella montaña.

Sus cabras protegían sus tesoros en la cueva, podía confiar en ellas siempre y cuando otro zorro no volviese a engañarlas con sus ilusiones. Sonrió recordando a Okori –ah… me hubiera gustado disfrutar de un tiempo más con el…- susurró pensando que le agradaba su sentido del humor. Esperaba verlo de nuevo. Si el fénix no lo abandonaba al nacer tal vez lo buscase para mostrárselo.

Por el momento debía preocuparse más de encontrar a un dragón plateado, sabía que aunque lucieran jóvenes eran de los más antiguos de raza y que su inteligencia era innata, tal vez pudiera ayudarle a averiguar el método de eclosión, si no simplemente iría al volcán, a el no podía hacerle daño el fuego, permanecería allí un tiempo a la espera.

Recordó que llevaba aquella bolsa de piel al cuello al pensar en el dragón y se detuvo el otro lado del barranco, parándose con los pies en el suelo y acuclillándose, dejando el huevo en su interior entre las pieles para que lo resguardasen del posible frío al continuar el viaje.

Suspiró poniéndose de nuevo el taparrabos por comodidad más que por vergüenza, de la cual no gastaba mucha.

Llevaba regalos, sabía que a los dragones plateados les encantaban las cosas brillantes, había extraído de su colección de piezas únicas varias piedras preciosas y figuritas de espejos que sabía les encantaban por si necesitaba hacer un trato con el a cambio de la información. Claro que dependiendo de su actitud le mostraría unas u otras.

Sonrió levemente, dejándose caer hacia delante perezosamente, con cuidado de no aplastar el huevo dentro de la bolsa, no porque fuera a romperse si no porque no quería tratarlo mal y apoyó las manos en la hierba, cruzando los brazos y rozando la cara sobre ellos alzando la cola y moviéndola un poco mientras se lamía los brazos perezosamente, no le apetecía ir hacia la montaña, hacía frío y le gustaba la sensación del sol en la piel.

Se levantó lentamente como si necesitase hacerlo de aquella manera tan sigilosa. Caminando hacia las montañas y saltando, echando a volar de nuevo, había leído que los dragones plateados gustaban de ayudar a los desfavorecidos y curar a los heridos asi como vivir en las montañas solitarias. Incluso que eran los dragones más sensibles que existían, ¿Quién sabe? Tal vez hasta le agradase encontrarse con el.

Y tal vez pudiera conseguir una se sus escamas… se la pediría, por probar no perdía nada…


 
 

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