.Novela homoerótica para mayores de edad.
 
Capitulo 18

Reencuentro


El chico dragón se asomó fuera de su cueva, estirando las alas y sintiendo el gélido frío en su piel. Había sido una temporada maravillosa e inesperada, pero la tormenta ya se había calmado y sabía que era el momento. Se giró, mirando al wyrm adentro, como a la expectativa.

–Creo que podemos partir ahora.

–Al fin– murmuró el Wyrm, levantándose pesadamente en la cueva y asomándose a la entrada de esta, retrocediendo un poco por el frío. Se había olvidado de lo mucho que le afectaba al amparo del calor de la hoguera y el cuerpo de Tenkei.

Se hizo humano y se pegó a su espalda, abrazándolo por detrás.

–Siento que tengas que irte por mi culpa. ¿Estarás triste?

– No, volveré en otro momento. Y quiero conocer los lugares que prefieres – sonrió, aunque sí le daba algo de melancolía, pero no demasiada –. Volaré con cuidado hasta que estemos fuera de esta zona.

–Vuela como desees, no voy a soltarte – se rio, tocándole el cuello con la lengua para que se le enfriase por donde le había rozado, aunque sabía que no pasaría frío –. Podremos volar juntos, te gustará, y no será tanto tiempo, regresaremos... – le empujó la cara con la suya, buscándolo.

– Lo sé– sonrió de nuevo, dejándose empujar el rostro y jugando a empujárselo a él de vuelta –. ¿Permanecerás en esa forma? – le preguntó a la vez que se transformaba en dragón.

–A no ser que vayas a cargar un Wyrm a tus hombros, sí. Así seré más liviano. No te preocupes, mi piel me cubrirá tanto como yo lo desee… y entre tus alas no pasaré frío – fue hasta el fondo de la cueva y tomó la manta de allí, cubriéndose con ella y mirando afuera, consciente de que lo pasaría mal hasta llegar a tierras cálidas, sólo esperaba no desmayarse de nuevo. Observó al dragón y sonrió, rodeándole el cuello plateado con los brazos y besándoselo mientras las escamas le cubrían los brazos por completo y hasta el cuello bajo la manta.

–Tenkei – susurró recorriéndolo con una mano hasta sujetar aquella enorme cabeza –eres presioso, impresionante…– apoyó la cabeza ahora sumamente pequeña sobre la suya, de veras deseaba volar, pero sobre todo deseaba volar junto a él. Le besó el morro, observando sus ojos verdes fijamente, le dolía un poco apartarlo de allí.

–Tú también eres impresionante – el dragón se acarició con el chico, agachándose, y acostándose sobre el suelo para que pudiese subir –. Sujétate bien y no te vayas a distraer, aunque no te dejaría caer, claro.

–Aún tengo alas…– el Wyrm se rio por el cuidado con el que lo trataba, como si fuera a ocurrirle algo por caerse. Se subió sobre él, abrazándose a su cuello y enroscando la cola también en este –. Podemos partir, cuando dejemos la nieve podré volver a volar.

– Será magnífico cuando podamos volar juntos –aleteó suavemente, alzando el vuelo por fin, y describiendo un semi círculo para cambiar de dirección.

El chico sobre él se escondió aún más con la manta, tenía mucho frío y más ahora que venía del calor. Observó a lo lejos, la zona cálida estaba a bastante distancia, le parecía increíble que hubiera recorrido todo aquello para ir a buscar una hembra y ahora regresase con un macho… Esperaba poder encontrar una hembra de todos modos, para poder entregarle aquel huevo. Le acarició el cuello y bajó la cara, se le estaba congelando con aquel viento tan helado.

–Hase frío… no se como estuve tan loco de llegar hasta aquí para buscar una hembra… –se rio, tapándose hasta la cabeza con la manta –. Tardaremos días en llegar al otro extremo. Bueno… no lo sé, yo iba parándome a cada rato para buscar.

– Nos detendremos un poco más abajo, pero estará menos frío, no te preocupes –le aseguró, añadiendo –. Yo también creía que estabas loco.

–¿Para qué nos detendremos?– preguntó sin alzar la cabeza tan siquiera de cómo la tenía apoyada en el lomo plateado, cada vez que lo intentaba sentía el ramalazo de aire gélido

– Para que puedas descansar y calentarte un poco. No me atrevo a llevarte por estos vientos todo el camino –contestó, planeando ahora, y volando hacia abajo.

–Me tendrás pegado a ti todo el tiempo…– se rio, pensando que se estaba adormeciendo de todos modos por el frío. Lo había pasado mucho peor volando él mismo, estaba claro, pero el estar quieto y abrazado a él lo dormía, no quería decírselo para no preocuparlo –. ¿Nos detendremos donde aún haya nieve?

–No, pero aún hay algo del viento. Y luego nos detendremos a ver a Denki, ¿está bien? Te lo presentaré, es un imp. Pero ya no hay frío allí – comentó, descendiendo aún más por el lado de la montaña, intentando cubrirlo a la vez.

–Claro, está bien ¿es tu amigo? Un imp… creí que eran malvados, tienes demasiadas malas compañías para ser un dragón bueno – se rio pensando en sí mismo y sujetando la manta con una mano para que no se desprendiese –. Pero recuerda que no haya humanos peligrosos.

– No hay humanos, y no es malo. No puedes evitarlo si te obligan a hacer cosas malas –negó, pensando en el chico y lo feliz que se veía la última vez que lo vio –. Y tú tampoco eres malo, sólo terco.

–Y malo… – susurró –No soy terco, es verdad que no soy bueno, si lo fuera sentiría algún remordimiento cuando mato. No lo siento, y menos cuando lo hago para vengarme de un humano, en lugar de para comer.

– Yo también he matado, ¿eso me hace malo? No me sentí bien al hacerlo sin embargo – murmuró pensativo.

–Pero yo sí… y luego me los comí – se rio, aunque con el sueño que tenía, no estaba para esas –. Tal ves no sea malo y solo esté harto…

– Tal vez, estoy seguro. Es natural perder la calma ante ciertas cosas – el dragón bajó un poco más, tratando de apresurarse –. ¿De qué estás harto?

–Todos huyen cuando ven un Wyrm, por ejemplo, cuando te estaba buscando tuve que bajar al pueblo… me miraban como si fuera a matarlos sólo con mirarlos. Eso sí que me daba ganas de matarlos, la verdad. Aunque no lo hise… Me duermo… – susurró, pensando que tenía la cabeza embotada.

–Ya vamos a bajar, por aquí hay otra cueva – comentó alarmado, descendiendo casi vertiginoso y continuando la conversación para mantenerlo atento –. Es comprensible, pero lo que debes hacer es cambiar sus mentes. Sólo no los mates, sé amigable y poco a poco, no te verán como un enemigo.

–No quiero ser amigable… – sonrió con los ojos cerrados –. Soy como soy, y si quieren temerme es problema de su propia ignorancia, yo no tengo porque cambiar. No creas que voy por ahí espantándolos, de todos modos los odio, así que, prefiero mantenerme alejado.

Tenkei se detuvo por fin sobre un pasto no muy verde, un poco húmedo incluso.

– Me refería a que no los mates al menos, no tienes que ser un ángel – volvió a agacharse en el suelo para que Slash pudiese bajar.

–No los mato por eso… – se rio mientras bajaba de encima de él, aunque estaba un tanto embobado aún y le flojearon las piernas al caminar. Se apoyó en un árbol, tapándose más y mirando alrededor mientras trataba de recuperar la sensibilidad en su cuerpo –. ¿Habías estado antes en este lugar?

– Sí, si no, no sabría que había una cueva. He venido a explorar. Entra – se transformó en el chico de nuevo, sujetándolo con suavidad por los hombros y guiándolo con él, estaba helado.

–No me acordaba, estoy dormido…– se disculpó, recordándolo en ese mismo instante y enroscándose la cola en el muslo, abrazándolo con manta y todo y escondiendo la cara en su cuello aún tratando de no dormirse a cada paso.

–No te duermas, es peligroso – lo abrazó contra sí, entrando en la cueva tanto como podía, y sentándose con él –. Voy a buscar algo para hacer una fogata –le indicó por si creía que lo iba a dejar solo, poniéndose de pie.

–Vale…– lo miró antes de enroscarse sobre sí mismo y taparse con sus alas, temblando un poco y odiando sentirse tan débil, al menos la primera vez no había estado consciente de ello –. No tardes…

– No lo haré– le sonrió para que estuviese más tranquilo, estirando las alas un poco y volando fuera de allí, buscando trozos de leña y hojas secas, mucho mas apresurado que nunca.

Mientras, el Wyrm se levantaba dentro de la cueva, dirigiéndose hacia el fondo de esta para cobijarse del viento. Se enroscó de nuevo entre las rendijas de la roca, y finalmente se durmió quisiera que no.

Poco después, Tenkei volvía, con los brazos llenos de ramas y hojas. Entró con rapidez, colocándolas frente al Wyrm.

– ¿Slash? Slash, no te duermas – lo sacudió suavemente, girándose de nuevo e intentando encender la fogata, consiguiéndolo por fin, abrazando entonces al Wyrm, cubriéndolo con sus alas.

El chico se quedó abrazado por el dragón por un tiempo hasta que empezó a moverse de nuevo, pegándose más a él y abrazándolo con fuerza, acercó la cara a la suya empujándosela un poco.

–Aún no me voy a morir, o eso parese…– sonrió y escondió las manos en su pecho –. ¿No tienes frío desnudo? No, no tienes frío de ningún modo.

– No, y no hagas bromas de ese tipo, no son graciosas – le riñó, el chico, sonriendo luego –. Hice bien en detenerme aquí.

–Probablemente me habría quedado congelado de no ser así, por una parte fue más fásil ir yo mismo volando, al menos me movía y eso me mantenía el calor, aunque lo pasé mucho peor – lo miró a los ojos y sonrió –. Era grasioso…– le enroscó la cola en la cintura para acariciarle la espalda –. Tengo ganas de ver árboles gigantes de nuevo, y cataratas… flores gigantescas… – se rio y bajó la cara un poco.

– ¿Son gigantescas? Deben ser preciosas... – sonrió, completamente pegado a él –. Imagino un lugar maravilloso, como tú. Nunca me he alejado mucho de aquí, aún pudiendo hacerlo. No he tenido la necesidad.

–Ahora la tienes… – sonrió y le sujetó una mano con la suya, entrelazando los dedos con ella y cubriéndolo con la manta, casi le daba frío verlo tan destapado y él estaba bien ahora, protegido del viento y con aquella hoguera, había conseguido entrar en calor –. Son enormes… para cuando estamos de este modo al menos, puedes usarlas de bañera…– se rio y cerró los ojos, sintiéndose a gusto por estar a su lado, escuchando como afuera comenzaba a llover con fuerza.

–Me encantará conocer tu hogar. Me gustaría ir a muchos lados contigo –lo miró, observándolo con los ojos cerrados así, tan plácido –. Podríamos viajar por todo el mundo.

–Lo haremos, recuerda que me prometiste ayudarme a encontrar una hembra – sonrió levemente y alzó la vista, observándolo de cerca –. Aunque no creo que la encontremos, pero contigo será distinto buscarla, tal ves incluso divertido.

– Será divertido, pero busquemos hembras en lugares cálidos. Dime una cosa, Slash, ¿hubieras sido capaz de morir con tal de preservar ese huevo?

–¿De preservarlo?– lo miró sin comprenderlo bien –¿Quieres desir de llevárselo a una hembra? Porque yo puedo preservarlo para siempre dentro de mí… claro que, no eclosionará.

– Preservar tu especie, quise decir – le aclaró –. Si mueres, sería el mismo resultado ¿no? El mismo número de wyrms. A menos que sea una hembra, supongo.

–Al menos habría una oportunidad de que fuera una hembra, yo seguro que no lo soy… – se rio y se recostó mejor contra su pecho –. Lo importante es que al menos hubiera una hembra, pero ya no moriría por ello. Haré lo posible por que la rasa no se extinga, pero no te voy a abandonar…

– Bien, porque eso me preocupaba – suspiró, relajándose. Le había dado un poco de vergüenza confesar aquello.

–Podrías habérmelo preguntado directamente, ya te he dicho que te amo…– se giró y lo besó profundamente, acariciándole el cabello y la nuca con suavidad hasta apartarse de nuevo lentamente –. Hablando de cosas vergonsosas… ¿habías pensado en que al llegar podremos haserlo en aire? – se rio, tratando de hacerlo sonreír de nuevo.

– ¿En el aire? – el chico dragón se sonrojó, pero sonriendo. Lo cierto es que sí lo había pensado, era el ambiente de ambos después de todo –. Sí, podemos hacer eso, pero no esperaba que me lo propusieras aún.

El Wyrm se rio.

–Quería verte sonreír, aunque si vas a ponerte rojo siempre es un aditivo – le besó la mejilla y alzó una mano para acariciarle los cuernos –. ¿Sabes? Los Wyrms lo hasemos en el agua, siempre ha habido muchos más machos que hembras… y se lucha durante días… hasta que ella escoge a su preferido, pero sé que los dragones lo haseis en el aire. Así que, tú y yo tendremos que haserlo de todos los modos – se rio, apoyando la frente contra la suya y de nuevo jugando con él –. Te amo…

– Te amo... – se rio, empujándolo de vuelta con la suya y sorprendido de lo poco que sabía de los wyrms. La verdad sólo había escuchado historias y rumores, Slash era el primero al que conocía. Lo tumbó del todo, besándolo, y riendo de nuevo.

–No vayas a violarme, que aún tengo frío… – se rio, volteándose sobre él y dejando que las escamas se retrajesen para desnudarse también –. Así mejor…

–¡Slash! No estaba haciéndolo por eso... – se rio, igual, besándolo de nuevo –. Así no llegaremos a ningún lado.

–Tú también estás desnudo… ¿Por qué me riñes a mí? –sonrió, mirándolo a los ojos. Le pasó las manos por el cabello, acariciándoselo hacia atrás –. Seré bueno, pero así paso menos frío.

– No te riño, es que ya te conozco – le besó la nariz ahora –. ¿Sabes? No creí que se pudiera ser tan feliz. Es decir, yo creía que ya lo era.

–Yo también lo creía hasta que comensé a nesesitar una hembra, entonses pensé que en cuanto la fecundase… ya podría volver a ser felis con las cosas con las que me divertía antes. Ahora sé que no puedo ser felis sin ti…– le pasó las puntas de la lengua por la nariz y sonrió.

–Pues dime, ¿con qué cosas te divertías antes? – le preguntó, habiéndose olvidado ya del susto pasado.

–Me gusta nadar… y dormir horas y horas bajo el sol, pero no podía quedarme dormido con lo excitado que estaba – se rio y lo miró a los ojos –. Y trepar árboles, volar, casar.

–Parece divertido – se rio, imaginándolo acostado ahí, dando vueltas y vueltas tratando de dormir. Le parecía adorable –. A mí me gusta volar más que nada, y a veces jugar con la nieve, pero eso no te gustará a ti – lo miró, ahora imaginándolo con cara de martirio.

–Parese divertido, pero no quiero acabar yo convertido en nieve… – se rio, mirándolo y notando como lo observaba, sintiendo algo de vergüenza a pesar de que era agradable ser observado de ese modo –. ¿Qué tal la arena? No está fría, pero también es moldeable.

– Sí, podemos jugar con la arena, aunque no podré meterme bajo ella –le aclaró, aleteando un poco y cubriéndolo más.

–¿Por qué no?– lo subió un poco más arriba sobre él, dejando que lo amparase

–Porque la arena se mete en tus ojos y molesta, la nieve sólo es agua, se derrite –le explicó, sonriendo con suavidad, contento de sentirlo de aquella manera.

–Oh – se rio, nunca había pensado en eso –, a mí me gusta enterrarme en la arena…

Tenkei se rio también, imaginándose la montañita que podría formar.

–Intentaré jugar contigo entonces, a ver – miró hacia fuera, observando la lluvia más ligera ahora. –Es extraño que llueva aquí...

–¿Sí? No lo sé, siempre estaba en el mismo lugar, ni siquiera me plateaba viajar, aunque por lo que había escuchado supuestamente debería haser más frío del que hase ¿no?

– Sí, debería. A veces nieva incluso aquí, aunque no en esta época. Por eso te traje –le aclaró, asintiendo –. Supongo que deberíamos estar agradecidos, es mejor para ti.

–Sí, supongo que deberíamos estarlo. Nos están allanando el camino – sonrió y lo atrajo de nuevo para besarlo.

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