Capitulo
17
Embrujo
–¿Has escuchado lo que dicen?
–¿A que te refieres?– el hombre acercó
más su puntiaguda oreja a los labios de la guerrera que había
murmurado al pasar por su lado.
–Al nuevo señor, lo que ha hecho….
–¿Qué ha hecho?– preguntó el otro
curioso, impaciente.
–Pagó a los trasgos para que trajesen un unicornio
sano y salvo, y ahora lo ha liberado… – la mujer lo
observó, sus ojos violeta observándolo al instante
en que el hombre la miraba también de forma directa.
–¿Por qué? ¿Acaso no buscaba el poder
de su cuerno?
–No lo sé, al parecer sí, pero lo ha liberado…
¿o crees que haya huido? – se rio con voz falsa
–Tal vez sí, tal vez ni siquiera puede mantener preso
a un simple unicornio.
–Deberíamos matarlo, no me creo que haya matado a
nuestro señor, seguramente murió en la batalla y él
se ha colgado el galardón. No olvidemos que es un nigthmare.
–No… – se sentó en una de las mesas redondas
de la taberna –, pero ya han tratado de matarlo varios asesinos,
y no lo han conseguido.
–Su sangre no es una sangre cualquiera, es sangre real la
que corre por sus venas… ¿No lo sabías?–
preguntó ante su cara de asombro –. Fue hace mucho
tiempo cuando nuestro señor se hizo con su vida y lo transformó
en su siervo. Era humano antes, aunque no un humano cualquiera.
–¿Dónde está ahora?
–Dicen que salió poco antes de que el unicornio desapareciese
de sus aposentos y aún no ha vuelto. Pero nadie se atreve
a tomar el trono, no sin haberlo matado antes.
………
Beleth galopó a través de los campos, de vuelta hacia
el castillo, arrasando a su paso con la hierba verde, quemándola
y marchitando todo lo que rozaba sus crines llameantes. Había
ido a buscar el cuerpo de su antiguo señor al desierto, en
el cual lo había abandonado, para mostrarlo ante sus súbditos,
pero no estaba.
Hubiera deseado sospechar de las alimañas, pero allí
no quedaba nada, ni el casco, ni la armadura, ni su espada…
sólo unas huellas de pasos apenas nítidas en la tierra
árida. No había muerto, volvería… y él
debía encontrarlo antes de que alguien descubriese su mentira.
El caballo de fuego atravesó la ciudad, sobrevolándola,
haciendo que abajo lo siguieran con la mirada. Así era más
seguro y aún más tras saber que su señor seguía
con vida. Se volvió humano y entró en su cuarto por
la ventana, observó sus aposentos, esperadamente vacíos.
Se había ido para que huyera, pero ahora que no estaba allí,
el vacío era terrible. Se sentó en la cama y deslizó
la mano por el collar que había llevado al cuello, entrelazando
la cadena en su brazo y tirando de golpe, arrancándola de
sus goznes, seguro de que el unicornio también podría
haberlo hecho.
No había podido evitar sobrevolar la zona en donde lo habían
encontrado, sin embargo, no había ni rastro de aquel pegaso.
Tampoco estaba muy seguro de si había ido a matarlo, o a
asegurarse de que de algún modo no lo había traicionado
tanto al decirle que lo tenían preso en las mazmorras.
Era una estupidez… sentirse así. Estaba seguro de
que sólo era por su belleza, tenía que ser así…
se le olvidaría. Aunque ahora no pudiera pensar en otra cosa
que no fueran sus cabellos blancos cortados por el filo de la espada
tras intentar matarlo, sus ojos azules asustados. No lo volvería
a ver…
Se acostó en la cama y alzó la vista, atrapando al
vuelo un trozo de tela que trataba de volar al exterior por las
corrientes de aire. La acarició entre sus dedos, reconociendo
el tejido que le había entregado para que se cubriese, en
realidad lo había hecho por sí mismo…
Sus ojos de fuego observaron la tela blanca, preguntándose
si se la habría rasgado huyendo de alguien, no importaba,
sabía que no podrían atraparlo en un lugar como aquel,
allí nadie era lo suficientemente puro como para distraerlo
un solo instante.
Alzó la cara de pronto, notando que había hundido
la nariz en su mano, había olido aquella tela profundamente.
Dejó salir llamas de su otra mano, acercando el tejido a
estas y retirándolo. ¿Qué hacía? ¿Aún
estaba bajo aquel embrujo? Giró la tela y se la ató
a la muñeca ¿Qué importaba ya el motivo? No
era como que fueran a encontrarse de nuevo…

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