Capítulo
16
How to make an Oni
Un oso negro sacó de un manotazo a varios peces del río
y se sentó en el suelo, mordiendo uno de ellos y masticándolo
con cara de estar cabreado. Llevaba largo tiempo siguiendo la orilla
del río hacia el castillo en donde había acordado
hacía años reunirse. Para su desgracia, el gato había
escapado, y lo que encontraba por el camino no acababa de agradarle
todo lo que hubiera deseado.
El zorro blanco continuó observándolo. Le intrigaba
la cara de cabreo con la que comía. Sonrió, y uno
de los peces que había atrapado, se puso “de pie”
sobre su cola, suplicándole.
–¡No me comas! ¡Oso malo!
El oso lo miró fijamente, debía haber bebido más
sake del que pensaba si los peces le hablaban. Bajó la zarpa
de golpe sobre él, tumbándolo en el campo y levantándola
de nuevo poco a poco. Pero el pescado volvió a levantarse,
moviendo una aleta.
– Eso también es malo. Eres muy violento, sólo
lo haces porque los peces no comemos osos.
Tokuma lo observó fijamente, notando que tenía un
agujero tremendo en un costado. Aun y si los peces hablasen como
en algunas leyendas, sería imposible que este aún
estuviera vivo. Lo lanzó de vuelta al agua para que lo dejase
en paz, comiéndose al otro pez que quedaba, aún más
contrariado.
El zorro casi se echó a reír, pero se controló,
decidiendo jugar un poco más con él, moviendo las
colas y haciendo que el pescado que se estaba comiendo agitase la
cola en su boca.
El oso lo mordió con más fuerza, masticándolo
hasta hacerlo picadillo y tragándoselo con cara de que ahora
ya no le quedaba más remedio que estarse quieto. Ahora incluso
su propia comida se rebelaba. Se levantó bostezando y volviendo
a su apariencia humana en mitad del bostezo, rascándose la
espalda con una mano y sujetando la maza con la otra.
–Oh – murmuró el zorro al ver que se trataba
de un oni. Ahora se comprendía la cara de mala hostia. Bajó
de la roca desde donde lo había estado mirando, acercándose.
– Pues sí eres muy malo, osito....
–Así que eras tú… – frunció
más el ceño, alzando la maza y apoyándosela
en un hombro, observándolo fijamente y notando que era un
zorro de nueve colas. Escupió una espina de pescado, mirándolo
con desinterés.
–Si al menos hubieras sido un zorro… simplemente –
le miró las piernas, pensando que entonces sí hubiera
merecido la pena las molestias.
–Pero a mí me parece más interesante que seas
un oni – le sonrió acercándose más, sin
ningún temor –. ¿Te engañé, eh?
Lo hice, ¿verdad?
–Sí, lo hiciste… – dejó la maza
en el suelo de golpe, apoyándola contra su muslo y aplaudiéndole
–. ¿Ya? ¿No deberías estar ocupado haciendo
algo? Algo que no sea fastidiarme, no tengo un buen día para
zorros tramposos…
– No soy tramposo, no seas descortés.... – le
sonrió sin amedrentarse, mirando su mazo –. Sólo
quería hacerte sonreír. Dime, esa cara, ¿es
porque eres oni o tienes otro motivo?
–Si te refieres a mis preciosas facciones seguro que porque
soy oni, si te refieres a mi expresión... entonces es por
otros motivos, y no creo que vayas a hacerme sonreír, a no
ser que pienses desnudarte.
– Y directo –se rio, decidiendo quedarse a molestarlo
por más tiempo, le hacía gracia –. Debes llevar
tiempo sin...
–En realidad sí… –sonrió de medio
lado, aunque por supuesto, no muy felizmente –Así que,
si tanto te preocupa y quieres solucionarlo, ya sabes cual es la
postura… – se apoyó las manos en las caderas
sobre la piel de pantera, sonriendo con socarronería ahora.
– Qué bonita sonrisa – sonrió a su vez,
desatándose el kimono. Aunque lo único que vio el
oni cuando las telas se separaron, fue el paisaje que se encontraba
tras el zorro –. Pero no es tan fácil...
El moreno, que había puesto cara de interés, frunció
el ceño de nuevo. No soportaba a los zorros, y ese era el
motivo. Resopló con fuerza, volviendo a apoyarse la maza
en el hombro y siguiendo su camino.
–¡No vas a engañarme, busca a un humano al que
puedas tomar el pelo!
– Tarde, decidí que me agradas... –se rio, flotando
un poco y siguiéndolo, apoyándose en su hombro con
toda la confianza –. No quiero engañarte, sólo
era un jueguito, ¿no te gustan los juegos?
–Sólo si yo soy el que juega, y otro el juguete…
– lo miró de soslayo, sus ojos rojos cubiertos por
el cabello negro, su mirada desconfiada. Ahora sí que la
había apañado, no sólo se le escapaba el nekomatta,
si no que ahora tenía a un kitsune al lado, que seguro no
le dejaría hacer de las suyas.
– Sí, sí, ya he escuchado... Mal oni, como
todos... – se rio, alzando las colas en el aire –. ¿Y
qué te gustaría? Puedo dártelo, claro que sólo
sería una ilusión, pero no creo que lo notes –le
ofreció, casi como pensando para sí.
El moreno lo miró confundido, preguntándose cuales
serían sus intenciones. Ya sabía que los kitsune hacían
ilusiones, y desde luego con los peces había sido ni más
ni menos que aquello. Esa propuesta parecía demasiado buena
para no llevar un pero.
–¿Qué es lo que quieres?
– Nada, ya te dije que me agradas – se encogió
de hombros, mirándolo –. Nos tienen muy mala fama a
los kitsune. De vez en cuando, somos buenos, ya ves.
–No te creo…y no tengo nada de valor, lo utilicé
todo en una mala compra, así que, no me molestes. Y si tanto
te agrado, entonces… ¿para qué necesitarías
valerte de una ilusión? –lo miró a los ojos,
deteniéndose frente a él con el ceño fruncido
y escrutándolo con la mirada.
– No lo necesito, sólo te hacía un favor. Soy
encantador por naturaleza – le sonrió, bajando al suelo
y mirándolo como si estuvieran a la misma altura –.
Pero tú decides. Y si quieres darme algo a cambio... puede
ser algo más divertido, como una historia.
–¿Qué tipo de historia quieres que te cuente?–
lo miró fijamente, pensando que no debía rechazar
la oportunidad de tomarlo, ya fuera una ilusión o como fuera.
Él no iba a notarlo por otra parte. Aún así
no se sabía muchas historias, salvo las propias y alguna
más
–Una importante para ti, por supuesto, algo íntimo
– movió las colas pasándolas por enfrente de
su rostro –. Algo que tal vez... no le contarías a
nadie. No te preocupes, yo tampoco lo haré
–Está bien, no romperás tu promesa después
de todo, eres un kitsune… –se sentó en la hierba
deteniendo su camino de nuevo, cruzando las piernas y sacando una
jarra de sake junto con unos cuencos –. Te contaré
como me convertí en un oni y pasé del mundo de los
humanos a este… es la única historia importante.
–Es la mejor – se sentó, casi ceremoniosamente,
tomando uno de los cuencos y sonriendo –. Conoces bien a mi
raza.
–He conocido a los suficientes –el oni le sirvió
sake y esperó a que el zorro hiciese lo mismo para tomar
aire, casi gruñendo al soltarlo. Comenzando su historia,
lo cierto es que nunca había hablado con uno, sólo
les había protestado por molestarle –. Por aquel entonces
yo era muy joven, estaba casado con una mujer a la que no amaba,
porque así lo habían dispuesto mis padres. Ella tampoco
me amaba a mí, y mucho menos me era fiel. Seguía acostándose
con el que había sido su pareja anteriormente… –lo
miró a los ojos mientras se bebía el sake –.
Yo trabajaba como pintor de kimonos, con el tiempo, había
aprendido a apreciarla, me hacía la comida y no faltaba a
sus deberes de esposa. Yo no le era infiel puesto que volvía
muy cansado del trabajo cada día. Tampoco pensaba en ello,
pero un día conocí a un muchacho…
–Y te enamoraste... – sonrió, observándolo,
y bebiendo un poco –. Disculpa, estoy suponiendo cosas.
–Era muy hermoso y me llamó mi atención –
frunció el ceño, preguntándose si no le iba
a dejar acabar su historia tranquilo –. Siempre sonreía
– bajó la cabeza un poco, volviendo a servir sake en
el cazo del kitsune a ver si se emborrachaba y así se burlaba
menos –, a veces lo utilizaban como modelo para probar los
kimonos, porque su talle era muy estrecho. Entonces venía
corriendo a mostrarme como lucía lo que yo había pintado
sobre la tela…
–Me gustaría ver uno de tus kimonos, seguro eras muy
bueno si le emocionaba así –meditó, como si
no se diera cuenta de que al oni lo molestaban sus interrupciones.
Pero estaba diciendo la verdad.
–Supongo que era bueno, pero no estoy tan seguro de que le
emocionasen realmente. De todos modos, ya no soy un humano –
lo miró a los ojos, pensando que claramente no podría
pintar, al menos eso creía él, tampoco lo deseaba
ya, no estaba de humor para eso –. En una ocasión,
sin saberlo, pinté un kimono, tan sólo pensando en
él. No se lo dije, puesto que ni yo mismo lo sabía,
pero cuando se lo probó, no podía dejar de sonreír,
estaba feliz… y yo también… así que, aquella
misma noche se lo llevé a mi esposa como regalo. Había
tardado un año en terminarlo, hubiera sido una pieza muy
cara…, pero ella no pareció sentirse muy halagada por
mi regalo. Ni siquiera se lo puso, aunque los días de fiesta
pasaron… –se bebió otro vaso de sake se golpe
–. Al fin tomé una decisión y se lo llevé
a aquel chico que tanto le había gustado. No podía
creerse que le hicieran un regalo tan caro y le expliqué
lo sucedido. Le dije que, de cualquier modo… me había
dado cuenta de que lo había pintado con la intención
de verlo sonreír a él. Esa noche… y muchas más
después, nos amamos hasta que el sol salía…
Planeábamos huir juntos, yo lo amaba… – lo miró
a los ojos con algo de fiereza para que no fuera a atreverse a burlarse,
aunque nadie sabía que ocurriría si un oni y un kitsune
luchasen –. Ni siquiera me preguntaba por qué mi mujer
no se quejaba de mis desapariciones, suponía que incluso
le alegrarían.
– Ya veo... eras un hombre muy tierno, oni... – le
sonrió, sin ningún dejo de burla, bebiendo un poco
más, y recostándose de lado sobre la hierba, sus colas
ondeando suavemente tras de él.
–Era como cualquier otro humano, zorro, pero el caso es que
una de esas noches volví antes de lo acordado. Había
olvidado recoger mis cosas del taller, entonces lo vi… acostándose
con ella, hablaban de mí mientras tanto, de cómo me
estaban engañando… se reían… – apretó
los puños con fuerza mientras sus mandíbulas se cerraban
al punto de hacer chirriar los dientes –. Arrojé aceite
sobre las paredes y los suelos, en los armarios y sobre las hermosas
telas que yo mismo había pintado y los quemé…
– alzó la cabeza, sacudiéndola un poco para
poder abrir paso a sus ojos entre el cabello que cubría su
rostro –. Los hice arder y no me fui hasta que salió
el último hálito de sus gargantas… – sonrió
y luego se rio un poco al recordarlo mejor –, pero eso no
fue todo. Por dos veces más me traicionaron… –lo
miró de nuevo, los recuerdos no eran agradables –.
Tuve que huir del pueblo, muy lejos, por si acaso, aunque más
tarde escuché que pensaban que yo había muerto también
en el incendio. Vendía los kimonos que aún conservaba
y esto me hizo cobrar fama. Se hablaba de mí y no tardó
en contratarme otro hombre para que pintase sus telas… ¿Aún
quieres saber como sigue mi historia?
– Sí, no eras oni aún y dijiste que me contarías
cómo te convertiste en uno –lo miró, moviendo
las colas, serio –. Pero primero dime por qué te causa
risa el recordar eso.
–Porque era gracioso observarlos chamuscarse, por eso…
– entrecerró los ojos como retándolo –.
Fue un justo castigo… – suspiró con fuerza y
se apartó un poco los mechones negros y rojos sobre sus ojos
–. La tercera persona en traicionarme fue una de las mujeres
que compraban mis kimonos. Me enamoré de ella y ella de mí,
nos casamos muy pronto, yo era feliz, pero al parecer, ella no.
Estaba embarazada y esperábamos un hijo, pero una noche cuando
dormía, me desperté bruscamente. El filo de un cuchillo
se cernía sobre mi pecho, lo sujeté con las matos
y forcejeé en la oscuridad hasta que lo clavé en el
pecho de mi agresor. No podía creerlo cuando vi que era ella,
que me acusaba de haber matado a su hermano. Entonces comprendí
que jamás me había amado, que era la hermana de aquel
chico. Todo había sido una trampa. Pude seguir viviendo en
el pueblo, puesto que estaba devastado y se me notaba. Todos creyeron
mi historia sobre el agresor que había matado a mi mujer
y al bebé que llevaba dentro. Creí que nunca más
podría volver a enamorarme…
– No te culpo, aunque puedo comprender sus motivos también.
Sobre todo si no sabía toda la historia –el kitsune
se sentó de nuevo, mirándolo intensamente, y le sirvió
un poco más de sake –. Pero aún no eras un oni....
–Lo sabía, porque yo hablaba con ella, era mi esposa
después de todo, otra cosa es que creyese en mí o
no. No importa, y sé que aún no era un oni…
– gruñó un poco, bebiendo de la botella directamente
–. De nuevo apareció un chico en mi vida, era hermoso
y delicado, lo estaban atacando por la noche en una callejuela y
lo ayudé. Parecía haber notado mi tristeza y quiso
consolarme o compensarme, no lo sé… eso creí
yo. Le ofrecí mi casa y mi comida, y pasaron muchos días
en los que de nuevo, experimenté la felicidad pese a lo que
se dijera de mí en el pueblo. Pero entonces llegó
el día, había desvalijado mi casa y sólo una
nota quedaba en el suelo, sus palabras eran tan crueles que no las
recuerdo… –mintió, bebiéndose otra taza
de sake hasta el fondo –. La furia me inundó de tal
manera, que creí que estaba muriéndome, y sin embargo,
me convertí en lo que soy ahora… y me vengué
de él… y de todos sus secuaces. Los maté uno
a uno cruelmente, casi no me percataba mientras lo hacía,
estaba furioso, la furia me consumió totalmente como humano,
me di cuenta de que jamás había sido atacado. Se habían
aprovechado de mí porque sabían que era un estúpido
solitario… y patético. Todo había sido planeado,
pero ahora ya lo he comprendido… que el amor no existe, y
que no puedes confiar en nadie. Tampoco lo necesito, tomo lo que
quiero de quien quiero, y lo demás lo desecho – bebió
otro trago, sintiéndose un tanto borracho.
– Oni.... ¿no es eso hacer lo mismo que ellos? ¿Crees
que está bien? –le preguntó el chico, sus ojos
examinando su rostro, mucho más sobrio que el moreno. Casi
no había bebido en realidad –¿No significa que
al final, los que te han hecho daño, son los que triunfan?
–No lo sé y no me importa, lo único que me
importa es que yo me siento bien. Sé quienes son puros de
corazón, y no la pago con ellos, al igual que sé que
no hago lo mismo que ellos. Ellos me engañaron y me hicieron
creerme amado, yo no digo tales sandeces. Sólo es deporte…
– Deporte, interesante – sonrió, alzando las
colas. –. Eres sincero entonces, y eso lo hace estar bien.
Yo también seré sincero. No estoy en contra de los
justos castigos. Pero siempre debes tener en cuenta lo que la lección
causa en el maestro. O acabarás castigándote a ti
mismo.
–Bien, viviré con ello… – lo miró
a los ojos y estiró una de las piernas, tocándole
con uno de sus tobillos cubiertos por piel de pantera y cueros –.
Ahora cumple tu parte del pacto.
El chico se estiró, y se colocó a cuatro patas, subiendo
un poco por la pierna del moreno.
–Dime, entonces, ¿qué deseas?
El oni levantó la pierna, rozándola entre las suyas
y sonriendo mientras se desataba la piel que lo cubría.
–Para ti, hazme feliz.
El chico sonrió, moviendo las colas.
– ¿No vas a decirme tu nombre siquiera? – sus
colas se alzaron tras él. Y se acercó más,
lamiendo el sexo del moreno, mirando hacia arriba.
–Tokuma – lo miró a los ojos y luego le apoyó
la mano entre el pelo ondulado y plateado, bajándole la cabeza
hacia su sexo de nuevo y sonriendo.
– Okori.... –susurró el chico, lamiendo su sexo
de nuevo y sonriendo, succionándolo luego, las colas aún
alzadas tras él, moviéndose suavemente, la brisa alborotando
los cabellos del oni.
–Oh…encantado…– inclinó un poco
la cabeza, observando la lengua suave de aquel chico tan menudo
deslizarse por su sexo –. Lo haces muy bien, deberías…
quitarte algo de ropa.
– Qué impaciente... – se levantó, alejándose
un poco, y soltando el obi de su kimono, finalmente dejando caer
las telas del mismo delicadamente por sus hombros y sus brazos –.
Dime, siendo un profesional... ¿te gusta mi kimono?
–Me gusta más donde está ahora…–
se apoyó con las manos en la hierba, sonriendo un tanto tenso
y levantándose. Lo aproximó bajo su pecho, ya que
era mucho más alto que el chico. Le dejó lamerlo,
observando las colas a su espalda. Le daban ganas de tirar de ellas
para apartarlas de sus nalgas, pero el chico las alzó, como
si pudiera leer su mente, sin dejar de lamer su pecho, colocándose
de puntillas, sus manos recorriendo su espalda.
El moreno respiró con fuerza, pasándole las manos
por el cabello y revolviéndoselo, tocándole las puntiagudas
orejas de forma un tanto brusca. Lo sujetó por las nalgas
para cogerlo en brazos y lo besó profundamente, hundiendo
la lengua en su boca y respirando contra sus labios. Apretó
sus nalgas embebido, y como siempre, dejándose llevar en
aquel momento.
–¿Es una ilusión?
– ¿Por qué? ¿No se siente real? –
le sonrió el chico, besándolo antes de que pudiera
contestar, subiendo un poco con su propio cuerpo en el asiento que
le ofrecían las manos del oni.
–Se siente real, se siente realmente bien…– lo
apretó contra él, notando su sexo y frotándolo
contra los músculos en su cuerpo. Hacía siglos que
no tenía sexo consensuado, se sentía bien, no importaba
si era una ilusión o no. Lo volteó hacia abajo, sujetándolo
por la cintura y lamiendo su sexo de arriba abajo, succionándolo
con fuerza y oliendo su piel intensamente.
El chico gimió, aprovechando para lamer el sexo del oni
también, el mismo irguiéndose aún más.
–Hum…– Tokuma le apoyó una mano en la
cabeza, apretándolo contra su sexo y moviendo las caderas
sin poder evitarlo, sintiendo las piernas del zorrito tocar su rostro,
suaves mientras el seguía tomando su sexo. Las dejó
bajar sin dejar de sujetarlo con firmeza para que no fuera a caerse,
apartando sus colas con la cara y mordiendo sus nalgas pequeñas
y suaves antes de arrastrar la lengua entre ellas
–A...nh... – jadeó el chico, girando un poco
el rostro y volviendo a su sexo, introduciéndolo en su boca,
succionando con fuerza, sus colas cayendo hacia abajo sobre su espalda,
dejándole el camino libre al moreno, que alzó la mano
desde su cabello, empujando los dedos dentro de él y girándolos,
dejándolos entrar y salir mientras hacia resbalar su propia
saliva sobre la entrada del chico.
Disfrutaba de cómo su sexo era lamido por él, cada
vez más ansioso de penetrarlo por fin, aún así
no podía desperdiciar aquellos labios y esa lengua tan hábil,
que lo envolvía y desenvolvía casi con arte, las colas
ahora moviéndose de un lado a otro por su espalda, indicando
el placer que sentía, su entrada perfectamente visible por
el oni, la saliva entrando en ella, y resbalando a su alrededor.
El moreno sacó los dedos de su interior, lamiéndolos
y volviendo a internarlos en su cuerpo, apartándolos otra
vez y observando como aquella pequeña entrada se dilataba
caliente para él. Hundió la lengua en él, lamiéndolo
vorazmente y cerrando los ojos cuanto más la empujaba dentro
de él, sabía bien, estaba realmente húmedo.
Lo dejó bajar al suelo y lo observó excitado.
–Ponte… como más te guste, o dímelo…
– ¿Es lo que quieres? Pero si es para ti – le
sonrió, colocándose a cuatro patas en la tierra, con
la cola alzada, aquel suave viento rodeándolos de nuevo y
moviendo los pelos de sus colas suavemente.
–Pero me agradas, y a mí me gustará de todos
modos… – lo observó excitado, apartándose
un poco el cabello de la cara y lamiéndose los labios mientras
se arrodillaba tras sus nalgas, bajando una mano y acariciando su
sexo como si lo estuviera ordeñando –. Con este cuerpo…
estoy seguro… – separó sus nalgas con la otra
mano, observando su ano, notando de nuevo un escalofrío por
el cuerpo. Tiró la piel que llevaba en los hombros a un lado
y lo penetró completamente, sujetándole un hombro
con la mano que no utilizaba en su sexo –Oh…
– Ah... Tokuma... – sonrió el chico, ondeando
las colas un poco, y dejándolas a un lado para no estorbarle,
dejándole penetrarlo, y apretándolo dentro de sí,
su propio sexo creciendo y pulsando contra la mano del oni.
–Ah… muévete más… – le pasó
la mano por las nalgas, saliendo de él y separándoselas,
observando su entrada palpitante. Le pegó una nalgada, apretándole
ambas nalgas de nuevo antes de volver a penetrarlo profundamente,
sudando sobre su cuerpo pálido. Se recostó un poco
más sobre su espalda, hundiendo la cara entre sus colas y
apretando las mandíbulas, acariciando el sexo del chico entre
sus piernas.
–Ah... Tokuma.... – gimió el chico, riéndose
un poco, moviéndose tal y como se lo había pedido,
su sexo palpitando con más fuerza –. Tokuma... me harás
correrme... Tokuma – le habló con voz jadeante y seductora.
–¡Córrete! – se empujó en él
bruscamente, succionándole el cuello y tirándose más
sobre él sin dejar de penetrarlo, su mano libre tocándole
los pezones y tirando de ellos mientras se los retorcía.
– ¡Ah....Ah! ¡Tokuma...! –gimió,
corriéndose, el líquido blanco mojando la mano del
oni, mientras el chico apretaba más sus nalga contra su sexo
palpitante.
El moreno apenas soportó unos segundos antes de correrse
en su interior, jadeando con fuerza y pringando su sexo y sus testículos
del semen de ambos, aún acariciándolo.
– Tokuma... – gimió el chico una vez más,
sonriendo y dejándose caer al suelo, para descansar, aún
con el oni encima suyo.
El demonio lo volteó de frente, girándolo en la hierba
y sintiendo como su sexo salía de entre las nalgas del zorrito,
estremeciéndose levemente al notar la caricia. Era extraño,
verlo sonreír en lugar de llorar tras acabar con él.
–No era una ilusión…
–No, no lo era –el chico lo observó, aún
sonriendo de esa manera –. Creí que te merecías
algo real. Pero me preguntaba si lo notarías.
–No noté que ese pescado era una ilusión…
Así que… ¿te doy lástima? –siguió
mirándolo serio, besándolo profundamente después
y mordiéndole la lengua en venganza.
–Ouch... – se quejó, pasándose la mano
por la lengua y sentándose –. No me das lástima,
sólo doy lo justo. Y me parece que tu historia merecía
algo real, así como tus razones. Además.... eres atractivo.
El moreno lo miró de soslayo y sonrió de medio lado,
alzándolo en brazos y llevándolo con él al
río, lanzándolo al agua y riéndose mientras
se hundía y salía de nuevo, ahora empapado
– Tokuma... – se quejó el chico, aunque riéndose
– Me agrada tu sonrisa.
–No te quejes entonces… – se rio alzándolo
del agua y observando sus colas empapadas y chorreando. Lo dejó
de nuevo en tierra y se sacudió el agua de encima, vistiéndose
de nuevo con las pieles, aunque aún corrían regueritos
de agua por su cuerpo. Debía seguir su camino.
El chico también se sacudió, buscando su kimono con
la mirada y colocándoselo, aunque la tela se pegaba a su
piel húmeda.
– ¿A dónde irás ahora?
–He quedado con alguien que fue como yo… tenemos planes
que llevar acabo… – lo miró a los ojos y bajó
la vista recorriendo como se pegaba la tela a su cuerpo –¿No
quieres venir, kitsune? – sonrió de medio lado, levantando
la maza –. Comprar un compañero de viaje no surtió
el efecto esperado…
– Por eso preguntaba... – le sonrió, alzando
las colas, y acercándose, rodeando sus pies de flores por
entretenerse –. La próxima vez que quieras un compañero
de viaje, sé amable. Nunca sabes lo que puede ocurrir.
El moreno lo miró y luego las flores en el suelo.
–Parece que me hayas plantado abono debajo, y no seré
amable. No lo soy… y no quiero serlo –echó a
caminar, mirándolo de soslayo –. Quien sabe…
igual te interese el tema del que hablaremos.
– Quien sabe, a lo mejor... ¿me lo dirás antes?
– le sonrió coquetamente, moviéndose casi como
si flotara.
–No, prefiero que él te lo diga, se le da mejor la
oratoria, mi especialidad es otro tema muy dispar… –
observó como caminaba totalmente dispar a sus pesados pasos
sobre la tierra –. Si te cansas puedo llevarte… –
se rio porque no lo decía con buenas intenciones.
– No me canso fácilmente, gracias – lo miró,
preguntándose por qué reía ahora y sospechando
que por nada bueno –. Pero debes saber que sólo te
acompaño por ahora, no significa que vaya a estar de acuerdo
con las ideas de tu.... amigo.
–Sí, amigo y lo sé… ¿acaso pensabas
que confiaba en ti o algo así…? – giró
la maza en su mano, dudaba mucho que se cansara en algún
momento por otra parte.
– No, pero es mejor aclarar desde el principio. Como ves,
sigues agradándome, así que no pienso engañarte.
–Ya lo veo… y aunque no lo entienda, tampoco pienso
pararme a analizarlo, odio viajar solo.

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