Capitulo
15
Paciencia
Fujin se sentó sobre una roca, batiendo las alas y cubriéndose
después parte de los hombros con ellas. Odiaba aquel lugar,
llevaba días siguiendo al vuelo las pisadas de los trasgos,
tratando de encontrar algún rastro de su amigo, pero nada…
Las pisadas se habían detenido en aquel lugar, dispersándose
en todas direcciones. Había decidido tomar las que se dirigían
a aquel bosque cerrado en el que ahora estaba, pero algo en aquel
lugar no le gustaba y tampoco estaba seguro de haber tomado el camino
correcto.
El moreno paró sus orejas de gato al escuchar a alguien
cerca. No sería el oni, ¿verdad? No, no podía
haberlo alcanzado tan rápido, si es que aún lo buscaba.
Él era muy ligero. Se transformó en gato, maullando
con suavidad sin poder evitarlo, y se subió a la rama de
un árbol, acercándose para espiar, observando al pegaso
sentado sobre aquella roca.
El albino alzó la vista al escuchar el sonido apenas susurrante
de las ramas, pero no podía evitar sentirse en alerta en
aquel lugar. Sus ojos gris azulado observaron aquella sombra negra
entre las hojas y sonrió al notar que era un gatito. Alzó
un poco la mano a pesar de que no llegaba a la rama en la que estaba.
–¿No puedes bajar?
El gato bufó, y dio un zarpazo por si acaso, la delgada
rama estremeciéndose bajo su peso, y tumbándolo sorpresivamente,
para su disgusto.
–No te asustes… – se acercó preocupado,
aunque igual le había hecho gracia y se rio con suavidad,
tratando de ocultarlo. Se agachó frente a él y le
acercó un dedo a la cabeza –. No vayas a arañarme…
El gato le bufó de nuevo, echándose hacia atrás
con rapidez, y transformándose en chico, mirándolo
desconfiado.
–Eres humano... –lo miró sorprendiéndose
un poco en un principio, y luego sonriendo de todos modos. Cogió
una pajita del suelo, moviéndola entre los dedos para ver
si lo tentaba a acercarse –¿No te duele haberte caído?
Los ojos del chico siguieron la pajita, molesto, haciéndolo
fruncir el ceño.
– No, estoy bien –contestó, secamente, a pesar
de que sí le dolía un poco el tobillo, finalmente
le arrancó la pajita de la mano con brusquedad –. Deja
de mover eso.
–¿Por qué?– se rio por su forma de sacarle
la hojita y miró al suelo, señalando las hierbas –Mira…
hay muchas más. ¿Me las quitarás todas?–
cogió otra y la volvió a menear entre los dedos, sonriendo
El chico suspiró, preguntándose si era tonto o sólo
terco.
– Haz lo que quieras, entonces –apartó la mirada,
alejándose un poco más.
–Ya veo que estás enfadado, pero no es mi culpa si
te caes de las ramas mientras espías a otros…–
le lanzó la hojita a la cabeza y se quedó encanada
en su cabello negro. Se sentó de nuevo en la roca y volvió
a sacudir las alas, superado el momento de distracción, volviendo
a recordar que necesitaba encontrar a Kaylan. Estaba cansado, pero
cada vez que pensaba: estoy cansado, luego pensaba: ¿y si
el está sufriendo terriblemente solo porque yo estoy cansado?
y tenía que levantarse de nuevo.
El chico volvió a mirarlo, curioso por su naturaleza, quitándose
la hoja del cabello. Era extraño que alguien lo tratase así,
¿que no sabía lo que era?
– ¿Qué haces en esa roca? – le preguntó
aún sin acercarse.
–Recuperar fuerzas para seguir recorriendo el bosque…
– lo miró de soslayo, cogiendo otra pajita del suelo
y mordisqueándola, pensando en si Kaylan habría huido
y lo estaría buscando en los sitios donde siempre solían
jugar. No… eso era demasiado inocente incluso para él
–. Los trasgos se llevaron a mi amigo mientras nos bañábamos
en el río….
–Los trasgos.... debe estar muerto ya, ¿no? –
le preguntó cortante, acercándose luego, sonriendo
un poco, aunque de manera nada amistosa – ¿Quieres
vengarte?
–¡No! Sólo quiero recuperarlo, y no está
muerto… – apretó las manos contra la roca, bajando
un poco la cabeza y cubriéndose con el cabello blanco –.
Nadie podría matarlo… a un ser tan puro como él.
Y tiene mucho poder, además es muy rápido, habrá
huido. Estoy seguro…– sonrió levemente autoconsolándose
con eso.
– Si tiene tanto poder y es tan rápido, ¿cómo
lo atraparon? – le preguntó insistente, realmente curioso
– ¿Qué harás si ha muerto?
–Porque estábamos jugando… y por mi culpa supongo,
no quería dejarme allí…– batió
un poco las alas, descontento con el tema y las preguntas incesantes
insinuando la muerte de Kaylan –. No ha muerto
El chico gato sonrió un poco, pensando que sí era
terco. Él no creía que hubiese esperanzas, aunque
le intrigaba la decisión de rescatarlo del pegaso.
–Yo podría matarte, ¿lo sabes?
–No me lo había planteado, pero no me das miedo…
– lo miró a los ojos sin saber que quería decir
con eso –¿Por qué estás tan seguro?
– ¿No sabes lo que soy? Ni siquiera estás en
guardia –alzó las colas, como si lo fuera a atacar,
aún sonriendo de aquella manera.
El Pegaso sonrió levemente y se rascó la nuca sin
poder evitar pensar que era gracioso, en realidad le recordaba a
un cachorrito tratando de demostrar que era muy malo. Se cubrió
un poco con un ala y le pasó las plumas por la cara.
–Eres un gato… y ya veo que eres muuy malo.
El chico le bufó, saltándole encima y tumbándolo,
continuando.
– Soy un nekomatta, no un gato cualquiera. ¿No lo
comprendes? ¿Crees que juego?
–No lo sé, aunque eres un poco brusco…–
sonrió aún así, girándose sobre él
y sujetándola las muñecas con cuidado, aleteando un
poco –, aunque igual es divertido, pero no me arañes.
El chico parpadeó, observando cómo sonreía,
era extraño, mucho. Y de hecho, se lo dijo.
–Eres extraño – le bufó por si acaso,
aunque sin muchas ganas, no se sentía agredido por él.
Fujin movió la cola larga y blanca a los lados, sin hacer
caso del bufido, sonriendo y girándose de nuevo, alzándolo
con los brazos sobre él para verlo bien.
–No me arañes…– le repitió de nuevo
por si acaso, fijándose en lo extraño de su ropa y
en los morados que tenía en la pierna –¿Te duele
la pierna?
– Ya te dije que no, estoy bien – frunció el
ceño, moviendo las colas –. Y ya suéltame, no
te voy a matar por ahora.
–No te agarraba porque fueras a matarme, era sólo
para verte bien. No me das miedo, ¿sabes?– se rio y
lo dejó sobre él como si jugase con Kaylan. No es
que no supiera que había seres malvados como los goblins,
pero de todos modos no podía evitar pensar que ninguno era
así por que lo desease –. ¿Qué es un
nekomatta?
–Un gato demonio, un ser de venganza... ¿No lo sabes?
– lo miró sorprendido, mirándolo así
sentado, de lo más cómodo.
–Bueno… sé sobre muchas cosas, pero no sé
mucho sobre seres malvados. Supongo que debería aprender
sobre ello, tal vez lo haga, o tal vez tu me ayudes, ¿no?–
sonrió levemente –¿A dónde ibas?
– Extraño... – murmuró el chico, de nuevo
confundido y saltando hacia atrás, sentándose en la
hierba. La cola doble alzada tras él, ondeando –. A
regresar a mi casa, para vengarme. Me han llevado muy lejos... –refunfuñó,
mirando a su alrededor, y pensando que todo era culpa del maldito
mago y el oni. Debería vengarse de ellos también.
–¿Vuelves a tu casa a vengarte? ¿Y si estás
tan lejos para qué quieres volver si sólo vas a pasarlo
mal? Mejor no vuelvas y así no tienes que ver a quien te
hizo daño de nuevo –se quedó acostado en la
hierba, cogiendo una pajita y mordisqueándola –¿No
quieres ayudarme a buscar a Kaylan?
– ¿Estás loco?! ¿Crees que voy a permitir
que se salga con la suya?! – alzó la voz, auténticamente
furioso ahora, su cola moviéndose tras él rápidamente.
Fujin se sentó, observándolo y cruzando las manos
sobre su pantalón blanco, jugando con las mangas del jersey
–¿A quién?
– A mi dueño, exdueño – aclaró,
calmándose un poco y desviando la mirada –. Quiero
que sufra...
–¿Por qué?– lo miró un tanto apenado
por él –Debe ser horrible tener un dueño.
– Sí – asintió, pensando que antes hubiera
pensado que era bueno, pero eso ya no tenía sentido para
él –. Porque... es un bastardo mal nacido, que no tiene
respeto por la vida ni los sentimientos de los demás. Por
eso –sonrió de pronto, la cola deteniéndose
un poco –. Y quiero demostrarle.... cuanto me ha enseñado.
–Eso… no te hará sentirte bien ¿lo sabes?–
lo miró a los ojos, observando aquellos orbes negros, comprendiendo
que debía sentirse terriblemente, pero no creía que
se fuera a sentir mejor después de matarlo –¿Siempre
fue malvado contigo?
– Siempre... hasta el final – bajó un poco la
mirada, alzándola de nuevo luego, el ceño fruncido
–. No importa, lo importante es que pague. Me sentiré
satisfecho, y eso es suficiente.
–¿Seguro? Yo creo que te sentirás aún
peor… cuando veas que has recorrido todo ese camino y que
has tenido que verlo de nuevo para matarlo. Y sin embargo, no habrás
olvidado nada de lo sucedido. Seguirás recordando como querías
que te quisiese y te trató mal, deberías intentar
hacer cosas que te agraden, o buscar otro dueño si eso te
hace feliz. Así olvidarás que lo has pasado mal…
–No voy a olvidarlo nunca – refunfuñó,
más molesto –. Así, al menos obtendré
algo. No comprendes nada. De todos modos, no puedo tener otro dueño
ni nada de lo que dices.
–¿Por qué? –lo miró un tanto triste
por él, sin poder evitar tratar de ayudarlo a no hacer aquello,
le parecía un terrible error
–¡Porque nada de eso existe! –alzó la
voz de nuevo, mirándolo con furia –No sé en
qué mundo vives, pero no hay gente buena, ni nada bueno.
¡Tú! Tú eres extraño.
–No, yo soy bueno… y también Kaylan lo es. Claro
que hay gente mala. Pero no todo es maldad, tú no eres malo,
sólo estás enfadado… – se frotó
las rodillas con las manos de nuevo, como si tuviese frío
–. ¿Cómo te llamas?
–Estás equivocado. No soy bueno – lo miró,
de nuevo más calmado, aunque seguía pensando que era
un tonto –. Me llamo Kurayami.
–Y yo Fujin… ¿eras malo antes de que tu dueño
te maltratase? – se levantó, agitando las alas un poco
y soltando algunas plumas, que cayeron sobre la hierba.
– Eso no tiene sentido, antes no era un nekomatta, sólo
un gato –casi gruñó, aunque suspirando luego.
No lo veía rendirse.
–Tal vez vuelvas a ser un gato cuando dejes de odiar tanto…
– lo miró, estirando los brazos y mirando hacia lo
profundo del bosque –. Debo seguir buscando a Kaylan, ¿vienes?
Podemos seguir hablando… – sonrió levemente,
en realidad había dicho eso porque estaba seguro de que no
querría admitir que prefería acompañarlo a
quedarse ahí.
–Sí, supongo – movió la cola de nuevo,
mirándolo desconfiado –. Pero aún puedo matarte,
que lo sepas. He matado a otros antes.
–Sí… sí… ya supongo… –suspiró
levemente sonriendo de nuevo y moviendo la cola un poco mientras
caminaba –. Me pregunto cómo harías si echase
a volar…
– Soy muy veloz, y puedo saltar alto. Te tumbaría
antes de que hubieses subido mucho –le dijo no muy seguro,
pero claro, nunca había tenido que atrapar cosas voladoras.
–Eso tendrías que demostrarlo… – se rio,
pensando en las carreras con Kaylan, siempre había pensado
que teletransportarse era hacer trampa, pero él también
volaba a veces si veía que estaba perdiendo –. ¿En
que dirección ibas?
– En esa – le señaló la dirección
más allá de la roca en la que había estado
sentado el pegaso, aunque no estaba seguro de que fuera la correcta.
–Bueno… yo tengo que encontrar a Kaylan, pero por el
momento debo seguir las pisadas, estas son sólo unas. Otras
se dirigían en diferentes direcciones… ¿tú
conoces este bosque? ¿Cómo llegaste aquí desde
tu casa?
– Un mago me atrapó y luego me vendió a un
oni – desvió la mirada, algo avergonzado por semejante
situación –. Me escapé y llegué aquí.
Nunca había visto esto antes.
–Oh… – sonrió para si al ver que no tenía
ni idea de donde estaba, a pesar de que aseguraba que debía
dirigirse hacia allí para volver a casa –Así
que... un mago y un oni. ¿Iba a ser el oni tu nuevo dueño?
¿Por qué te escapaste? Tal vez te hubiera agradado.
–¡No! Era... era horrible, como era de esperar –
contestó, por un momento frunciendo el ceño y luego
desviando la mirada por la humillación que sentía
de pensar en eso –. También me vengaré de él.
–¿Y cómo te vengarás? –preguntó
imaginándose que iba a decirle que matándolo o a saber
qué –¿Él te hizo ese morado en la pierna?
Kurayami lo miró serio, pensando que sólo con eso
ya debía comprender.
–Lo mataré, claro. No llegó muy lejos, se salva
de que sea rápido. Pero luego de que muera, podré
utilizarlo –sonrió maliciosamente de nuevo, moviendo
la doble cola de un lado a otro.
–Eso es horrible… – lo miró a los ojos,
reprobándolo –. ¿Qué es lo que te hizo
para que lo odies tanto?
–Intentó – lo miró, desviando la mirada
de nuevo y bajando la voz casi hasta un susurro –. Intentó
violarme...
El Pegaso lo miró fijamente, pensando que eso sí
que era horrible, claro, él no podía ni imaginárselo,
tampoco quería. Hasta ahora no se le había pasado
por la cabeza que a Kaylan pudieran hacerle algo así también
–¿Quieres que te abrace?
– Claro que no, ¿para qué? – lo miró
extrañado de nuevo. Ni siquiera le gustaba que lo tocasen.
Si acaso era él, el que tocaba, y seguro no les gustaba nada.
–No sé, para que te sientas mejor… – lo
miró un poco rojo porque con lo que le había costado
sugerírselo, encima le decía eso. Mejor le hubiera
sido no ser tan abierto con alguien que no fuera Kaylan. Siguió
caminando y se paró a cuatro patas, transformándose
en pegaso porque se estaba cansando de caminar sobre ramas y zarzas.
–También te transformas.... –remarcó
el chico, observándolo, y siguiéndolo –. No
me sentiré mejor. ¿Y tu amigo? ¿Qué
vas a hacer si lo encuentras?
–No lo sé, llevarlo conmigo a un lugar seguro y cuidar
de él hasta que se sienta bien. No volver a distraerme jugando.
Ojalá me hubieran llevado a mí… –bajó
un poco la cabeza, apesadumbrado, plegando más las alas para
que no le estorbasen las ramas. Hubiera preferido sobrevolar la
zona, pero con los árboles no podía seguir el sendero
de pisadas en el suelo.
–Te importa mucho ese Kaylan –comentó, intrigado,
para él era sorprendente –. Si volviera a suceder,
¿cambiarías de lugares con él? Si pudieras...
–Sí, lo haría… – aseguró
alzando la cabeza de nuevo y trotando un poco más deprisa
porque se estaba poniendo impaciente por encontrarlo, pese a que
sabía que no sería tarea fácil hacerlo –.
No tengo miedo…
–Eso no es cierto... –le aseguró el gato igual
de convencido, aunque no tenía manera de comprobarlo –.
¿Por qué te pondrías en el lugar de otro? Querrías
huir....
–Sí es cierto – se rio y lo miró –,
yo no digo mentiras además, y no huiría. No huí,
me quedé a protegerlo ,pero me dispararon flechas envenenadas
y otras con somníferos, así que... por eso no pudimos
hacer nada…
–¿Y por qué no estás muerto? Si te dispararon
flechas envenenadas... –lo miró, aún curioso,
preguntándose por qué se reía.
–Porque me ayudaron las hadas, por eso…– lo miró
de vuelta y le sonrió –, cuando eres bueno provocas
que los demás sean buenos contigo, ¿no lo sabías?
Kurayami lo miró como si quisiera matarlo, apartando la
mirada, y murmurando.
– Eso es porque eres extraño.
–No, no lo soy – se quedó quieto, observando
las huellas en el suelo, notando hacia donde se dirigían,
la entrada de una cueva. Estaba seguro de que dentro estaría
plagada de trasgos, y más aún teniendo en cuenta la
cantidad de ellos que les habían atacado –. Tengo que
entrar a buscarlo, tú quédate aquí, es peligroso.
El chico sonrió de nuevo.
– Sigues sin saber lo que soy, ¿no? No soy un inocente
gatito....
–Sí, ya sé que eres un gato muy malo y vengativo–
el caballo se giró a mirarlo, trotando de nuevo hacia el
interior de la cueva, riendo para sus adentros –Así
que, ven si quieres.
– Pues voy... – asintió el chico, moviendo las
colas y siguiéndolo a la oscuridad de la cueva. Ni sabía
para qué lo hacía, tal vez estaba aburrido.
El pegaso siguió caminando hacia el interior, estaba sucio
y olía nauseabundo, nunca antes había entrado en un
lugar tan horrendo. Algunas antorchas alumbraban el interior de
la maraña de pasadizos bajo la cueva. No sabía hacia
dónde dirigirse, aunque allí no olía a Kaylan
para nada, sacudió la cabeza y estornudó por culpa
de olfatear allí, miró al suelo de nuevo, hasta que
al fin pudo ver por donde se dirigían las huellas.
–Vamos…
–No creo que encuentres a tu amigo aquí, ¿es
un pegaso también? – le preguntó el chico gato,
siguiéndolo, logrando ver perfectamente bien en la oscuridad,
y observando el movimiento más adelante, sonriendo, los estaban
guiando –Y es una trampa además.
–¿Es una trampa? ¿Por qué dices eso?–
lo miró extrañado, pensando en la trampa que les habían
tendido para cogerlos, pero ahora no estaba distraído –Es
un unicornio… ¿Por qué sabes que no está
aquí?
– Porque nos están guiando con esas huellas. A lo
mejor te vieron venir antes –le explicó sin dejar de
caminar –. Y no lo sé, sólo no lo creo, no parece
un lugar donde se pueda detener a alguien, menos a un unicornio
–movió las orejas de nuevo escuchando sus sonidos.
–Podrían haberle mentido, y haberle dicho que yo estoy
apresado en algún lugar y que si se va me matan… –miró
de nuevo hacia delante, dudando. No tenía miedo, pero tampoco
quería seguir penetrando en aquel lugar infecto si no estaba
ahí Kaylan. No quería que volvieran a dormirlo o jamás
lo encontraría. Dio unos pasos atrás, hacia la salida
de la cueva de nuevo –. Está bien, no huele a él…
– Tu amigo... ¿se quedaría por algo así?
– preguntó de nuevo intrigado, girándose también
y viendo la salida cortada por tres de ellos, sonriendo.
–Sí, lo haría, estoy seguro… –
observó a los goblins en la entrada de la cueva, al menos
ahora estaba preparado. Separó las alas para azotar una fuerte
corriente de viento hacia ellos, uno agarrándose al otro
y el tercero al tronco de un árbol. El pegaso galopó,
encabritándose y golpeándoles con los cascos, alejándose
un poco al sentir el filo de una cuchilla –. ¿Dónde
está el unicornio?
–El unicornio está… donde debe estar–
el que quedaba vivo y sujetaba la navaja se rio, hablando con aquella
voz nasal tan desagradable. Fujin se volvió, observando la
marea que salía de la cueva en sus wargos.
–¡Atrapadlo! ¡Tal vez nos den una recompensa!
Kurayami saltó, ahora convertido en gato de nuevo, atacando
a uno de ellos, y arañándole la cara. El goblin trataba
de quitárselo de encima, pero el chico sabía lo que
hacía. Así de pequeño, le era más difícil.
Alzó la cola, saltando por encima de él para colocarse
detrás, de nuevo convirtiéndose en chico, y rajándole
la garganta a la vez que los goblins, que se suponía muertos,
se ponían de pie, lanzándose a atacar a sus compañeros.
Fujin los miró enfrentarse entre ellos, y echó a
galopar, sujetando al chico por la ropa con los dientes y subiéndolo
sobre él antes de pisotear a cuantos podía para entrar
en la cueva. Después de eso, no era capaz de irse sin comprobar
si estaba adentro. Alzó el vuelo aún en el interior
de la cueva, recorriendo los túneles rápidamente,
a una velocidad vertiginosa.
–No vayas a caerte…
Kurayami se sujetó a su cuello con fuerza, la cola erizada,
pero sin decir nada.
El goblin que acababa de matar, ahora se unía a su pequeño
ejército. Seguro estarían horas peleándose
allí.
–¿Eres un nigromante o algo así?– preguntó
el caballo que acababa de detenerse, recuperando la forma humana
y cogiéndolo en brazos, observando dos seres encerrados en
jaulas, eran ninfas. Lo dejó en el suelo y abrió las
compuertas, doblando el metal
–Gracias… – susurraron en lo que le pareció
una voz muy cansada.
–¿Sabéis si han traído a un unicornio
a la cueva?
–¡¿Un unicornio?!– una de ellas lo miró
escandalizada, sólo por pensar en que pudieran hacer algo
así.
–Sí… – el albino bajó un poco la
cabeza .
–No, nunca… han traído a nadie más, sólo
a nosotras.
– Ya ves que no estaba – el chico miró a las
ninfas de arriba abajo, sólo porque nunca había visto
unas de tan cerca –. Controlo a los muertos, te dije que no
era un gato cualquiera –le respondió al pegaso, a pesar
de seguir mirándolas desconfiado, la cola moviéndose
tras él.
–No les vayas a hacer daño, son buenas…–
el pegaso lo miró con desconfianza a él, sonriendo
después sin poder evitarlo, aunque en realidad se sentía
bastante mal de que no estuviera allí Kaylan, sólo
quería encontrarlo cuanto antes –. Os llevaré
al exterior…– volvió a recuperar la forma animal,
doblando las patas delanteras y esperando a que los tres se subieran
para salir de allí cuanto antes.
El chico miró hacia fuera, pensando en rehusar su ayuda.
Se subió por fin, sin decir nada y mirando a las ninfas de
la misma manera, aunque sin hacerles nada.
Fujin alzó el vuelo de nuevo y subió la cabeza, observando
los techos de tierra. Se alzó contra ellos, abriendo un socavón
en la parte de arriba, sintiéndose aliviado de haber llegado
a la luz otra vez, observando como aún luchaban abajo, contra
los goblings muertos.
Las ninfas echaron a volar, riéndose felices de haber sido
liberadas por fin.
–Lo buscaremos y te avisaremos…– una de ellas
hizo una extraña reverencia mientras la otra le sacaba un
terrón de las crines blancas, besándole una mejilla
después.
–No deberías juntarte con nekomattas… –
le advirtió al oído antes de irse, el chico gato bufando
al escucharla, y erizando la cola, decidiendo que no le agradaban
las ninfas.
–Gracias –el pegaso se rio y echó a volar como
si nada –. Tranquilo, no te enfades, si yo ya sé que
eres bueno, digan lo que digan… – alzó más
el vuelo, dirigiéndose a donde sabía que seguía
otro de los senderos de pisadas. Sin mencionarle al gato que se
iban de su camino, el caso es que no quería que matase a
su ex dueño como el había dicho.
– No soy bueno, no las maté porque no tenía
motivos –miró a la distancia como molesto de que hubieran
escapado –. Deja de decir que soy bueno.
Fujin, desvió la mirada hacia él y sonrió
para sus adentros.
–Pero a mí me pareces bueno…
–Tú eres extraño –le recordó el
chico, aferrado a él, porque no deseaba caerse.

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