.Novela homoerótica para mayores de edad.
 
Capítulo 14

El unicornio

Aún reinaba la oscuridad en el cielo cuando algunos movimientos susurrantes alertaron al nigthmare, que como cada noche, permanecía despierto, observando al unicornio, esperando a ser capaz de matarlo.

–¿Quién está ahí?– se levantó sujetando la cadena de aquel ser pálido que parecía brillar en la oscuridad, alzándolo con él y cubriéndolo con su cuerpo. Abrió aquellas alas de fuego hasta entonces escondidas, colocándolas entorno al unicornio.

Ni siquiera le dio tiempo a reaccionar antes de sentir la cuchilla en su garganta. Respiró con fuerza, su venenoso aliento saliendo de sus fosas nasales al notar el corte.

El elfo oscuro parecía perder la consciencia rápidamente, de pronto el fuego cubrió su cuerpo, haciéndolo gritar con fuerza. Sin más, el nightmare lo lanzó a un lado, muerto.

–Ah... – el unicornio, se detuvo a tiempo, sin querer gritar, por no enfadarlo, aún bajo la protección de sus alas. No le gustaba aquel lugar, quería regresar al campo.

Beleth se volvió hacia él, las alas apagándose a su espalda como si no hubieran estado allí. Tiró la camisa negra, ahora chamuscada la espalda casi por completo.

–Necesito tu poder.

– No quiero morir... – le contestó el chico, tan desesperado como él –. No necesitas mi poder, sólo tienes que ir a un lugar mejor que este. Está lleno de oscuridad, maldad.... – miró a su alrededor, retrocediendo y sentándose de nuevo, sintiéndose débil. Sabía que él tampoco era bueno, era un lugar justo para el nigthmare. Era un iluso en hablarle así, pero no podía evitarlo.

–¡Yo no soy bueno! Maldita sea… – se apoyó la mano en el pecho con fuerza, como si debiera recalcar de quien hablaba –¿Quién ha dicho que yo desee luz? O bondad… sólo quiero venganza… – apretó el puño y bajo la mano junto a su propio muslo, observándolo tenso –No me reconocen como su lider, ¿es que no lo has visto?

– Nunca lo harán. Seres como esos... sólo intentarán quitarte el poder, y proclamarse líderes ellos. Es lo que harán – lo miró a los ojos, un poco más compuesto.

–¿Y a mi señor? A él no lo atacaban por las noches… pero a mí sí, porque no me respetan… tú no comprendes nada, eres demasiado inocente, tanto que aquí estás… atrapado por unos simples goblins a los que podrías haber matado fácilmente… y desnudo. De no haberles ordenado que te trajeran sano y salvo, seguramente te habrían violado tantas veces que querrías haber muerto. Ni siquiera sabes el mundo en el que vives – sintió que se le hinchaba una vena en el cuello, ni siquiera comprendía por qué se estaba poniendo tan furioso, pero así era.

El chico miró hacia abajo, su cuerpo cubierto sólo con aquella tela de la que le había proveído. Nunca se había sentido avergonzado de su desnudez, y no iba a empezar ahora.

– Hubiese podido huir, jamás hubieran conseguido atraparme, pero estaba distraído... No se supone que me ataquen – lo miró como diciéndole que no era culpa suya –. Si hacen eso ahora, no dejarán de hacerlo.

–¿Hubieses conseguido huir? ¿Y porque no huiste entonces? – lo miró fijamente y le sujetó de un brazo para levantarlo a medias, tomando el cuchillo de una estantería y blandiéndolo. Lo bajó de golpe casi rozando su cuello, algunos cabellos blancos flotando cortados por el filo.

Se agachó frente a él y le sujetó los hombros con fuerza, apretándoselos y mirándolo a los ojos.

–¿Por qué no puedo?

– Tal vez porque no eres tan malo como crees –lo miró a los ojos, deseando que fuera cierto eso, pero claro, nervioso de nuevo –. Fujin, no podía dejarlo allí...

–Estoy harto de que solo hables de él… – lo miró a los ojos, pensando en decirle de una maldita vez que estaba muerto, pero no quería que se fuera. De pronto, obtener aquel cuerno no era lo único que deseaba de él, ¿pero para qué lo deseaba allí? Lo observaba durante horas, marchitándose…

–Lo quiero, es mi amigo. Es normal que me preocupe por él – continuó mirándolo a los ojos, como pensativo.

El moreno tomó aire con fuerza y sujetó la cadena que le colgaba del cuello, arrastrándolo tras él sin darle tiempo a erguirse si quiera. Lo sujetó a la cabecera de la cama, después de todo él no necesitaba dormir, estaba muerto. Corrió la cortina para que la luz del sol entrase en el cuarto, reflejándose en la piel del unicornio. Dio unos pasos atrás y cogió unas llaves de dentro de un cajón, observándolo fijamente.

– ¿Qué haces? – lo miró nervioso, aunque era agradable volver a sentir la luz del sol, fuera como fuera. Se sentó en la cama sin saber qué hacer.

Beleth se aproximó a él y le quitó la cadena.

–No puedo matarte… así que, descansa… y lárgate de mi vista.

Kaylan permaneció observándolo, no tan sorprendido como debiera estarlo.

– No son muchos los que dejarían ir a un unicornio. ¿Estás seguro de que quieres hacer eso?

–Si no puedo matarte... ¿de qué me sirves?– lo miró a los ojos y tocó la mejilla con las puntas de los dedos –. No son muchos los que dudarían en irse.

– Podrías obligarme a ayudarte, tienes a Fujin en el calabozo, ¿no? – le preguntó calmado, dejándose tocar, pensando que se veía solitario.

El moreno apartó la mano y le dio una bofetada.

–Lárgate… –le parecía que el corazón batía con fuerza en su pecho, cerró el puño nervioso y se volteó, saliendo del cuarto, iracundo.

Kaylan se llevó la mano a la mejilla, acariciándola y mirando hacia fuera. Se había dado cuenta de aquello hacia poco tiempo, cuando había podido ver con claridad por fin. Pero había querido ver hasta donde llegaba. Se puso de pie, dando un paso hacia la ventana, pero algo lo retenía. Era ilógico, pero deseaba verlo de nuevo.

Arrancó un trozo de la tela que lo cubría, atándolo al poste de la cama como señal, y transformándose en aquel caballo blanco nuevamente, desapareciendo. Tampoco volvería a verlo si se quedaba encerrado y moría.

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