| Capitulo 12
El trato de la Quimera
-hum…- el chico de cabello dorado y plata se estiró
en lo alto de la roca, bostezando. Llevaba unas horas desde que
el sol hubiera salido, allí tumbado, dorando aún más
la ya de por si bronceada piel. Se giró sobre si mismo hasta
acabar en la hierba y bostezó de nuevo, absolutamente distraído
en su propio relax a pesar de que esperaba a su cita con el zorro
blanco, el cual se le apareció, desde atrás, su rostro
casi tocando el de la quimera.
- ¿Me has estado esperando?
El rubio sonrió extrañamente, sin moverse del suelo,
girándose boca abajo y estirando los brazos, bostezando de
nuevo –puedes pensar que si… o puedes pensar que tomaba
el sol, como más feliz te sientas…- sonrió más.
Observándolo y alzando un poco la cola.
- No mientas, sé que pensabas en mí – se rió
el chico, sentándose y halando un saco de tela que traía
consigo, mostrándole su contenido, el huevo del fénix.
– Como prometí.
-es hermoso… ¿es tan pequeño?- abrió
un poco más los ojos, observándolo y sin embargo sin
tocarlo por respeto a su pacto, sin duda si era un huevo de fénix.
Se había preguntando si trataría de engañarlo
pero ahora se sentía aún más seguro de que
aquel trato había sido justo –entonces cuando quieras…
- Vamos ya, sólo déjame ponerlo en un lugar seguro.
No quieres que le suceda nada ¿verdad?
-mejor que no…- sonrió de nuevo con malicia, entrecerrando
un poco los ojos entre los mechones de cabello lacio y pasó
la mano sobre la cabeza de un macho cabrio, acariciando uno de sus
enormes cuernos y esperando a que escondiese el huevo en lugar seguro
El zorro regresó poco después, saltando, ya ligero
de nuevo. – Está seguro, nadie que no sea yo lo encontraría...
– le sonrió, moviendo las colas, y acariciándole
la quijada con suavidad.
La quimera siguió el movimiento de sus colas, pasando las
uñas por el pelo albino y dejándola ir aunque seguía
observándola mientras caminaba tras el –dime…
¿cuan lejos es ese lugar? Y… ¿acostumbras acariciar
a todos con tu cuerpo?- se rió entre dientes, pensando que
no solía salir de la montaña y que los humanos no
reaccionaban muy bien a su visión.
- No muy lejos, y sólo a los atractivos... – sonrió,
guiñándole un ojo
-que piropo…- se rió, estirándose de nuevo,
extendiendo los brazos hacia arriba al igual que las alas -¿y
que hará después el zorrito? Cuando ya tenga la piel
de su padre…
- Regresaré a casa a entregársela a mi madre como
le prometí. Y luego... luego no sé – se rió,
pensando que se pondría muy contenta. Lo cierto es que se
habían querido mucho, aunque su padre seguramente habría
muerto como resultado de distraerse por alguna chica bonita.
-tu madre…- sonrió jugando con una de sus colas distraídamente,
tocándola con la punta de los dedos –creía que
los zorros apreciaban demasiado su libertad como para atarse a nadie…
- No necesariamente, no me quedaré con ella pero no significa
que no existan lazos emocionales. Además, también
es una cuestión de orgullo. No me gusta que ese hombre tenga
la piel de uno de nosotros. – lo miró, sonriendo aún,
pero sus ojos estaban bastante serios.
-Rage…- susurró el otro, de pronto indicándole
su nombre e inclinándose hacia el, pegando los labios a una
de sus suaves orejas blancas, susurrando –“yo me refería
a tu padre, atándose a tu madre”
- Oh, eso.... – sonrió, relajado de nuevo moviendo
su oreja. – Mi padre tenía la costumbre de perseguir
a cuanta mujer encontrase atractiva, pero siempre regresaba con
mi madre. También tenemos corazón, ¿sabes?
– lo miró de soslayo, sujetando una de sus manos y
colocándola sobre su pecho. La quimera deslizando un dedo
entre las telas del kimono y aproximándolo a su pecho desnudo.
Deslizando una mano por su cabello suavemente
-y nosotros… ¿lo sientes?...
- Eso y mucho más... – sonrió, apoyando la
oreja contra su pecho y escuchando sus latidos.
-mucho mas…- se rió moviendo un poco una oreja y apartándose
lentamente, sonriendo y volviendo sus pasos hacia el pueblo –no
me has dicho tu nombre zorrito… ¿ni siquiera uno falso?-
lo miró de soslayo, sus ojos rojos, como los de una cobra.
- Okori – le sonrió, moviendo sus colas de nuevo.
– Así que lo sabes.
-yo se muchas cosas Okori… sabe más el diablo por
viejo… que por diablo… - se rió volviendo a mirar
adelante –es un bonito nombre, te sienta bien… y…
¿Dónde encontraste ese huevo?
- En lo alto de un volcán, al fondo de una cueva..........
les gustan los lugares peligrosos. – se rió, suponiendo
que a ellos no les haría daño el fuego.
-seguro el fenix lo encontraba tremendamente agradable y seguro
para su huevo…- se rió mirándolo fijamente y
sujetándolo por los hombros, acercándolo a el –“¿y
que hacia un zorrito como tu allí?
- “¿Qué haría un zorrito distinto a
mí allí?” – se rió bromeando, y
acariciándose con su cuerpo.
Rage se rió pensando que de veras era divertido, sentiría
verlo por tan poco tiempo la verdad -¿quemarse? Pero tu no
te quemas… juegas con fuego…- bajó la mano de
sus hombros sin poder evitar tocar el mullido pelo en las colas
blancas de nuevo –dime la verdad… ¿Por qué?
¿es que estabas buscandolo?
- Sí, tenía curiosidad, es todo. – admitió
moviendo las colas contra sus dedos. – Y claro, siempre es
conveniente saber ciertas cosas, como bien has demostrado.
-claro… - sonrió observando de nuevo el movimiento
de las colas. Desviando la mirada después a la tienda de
aquel hombre, o al menos eso intuía debido a las pieles que
había secándose en la entrada, aún olían
a sangre -¿es este el lugar?
- Sí, es desagradable, ¿no? – lo miró
con desconfianza, entrando luego, contento de que aún no
hubiera clientes.
- ¿Trajiste lo que te pedí? – preguntó
el hombre, observándolo.
- traje algo aún mejor. Alguien que puede darte mucho más
de lo que yo te he dado. – sonrió el chico apartándose
y dándole paso a la quimera.
-hola…- el rubio se apoyó en la mesa con las manos
cuidadosamente, observando las pieles plateadas de las cabras a
espaldas del hombre, colgadas en la pared de forma un tanto macabra
para el, una cosa era comérselas, otra eso.
-¿Quién es este?! ¿Qué…- sus
ojos se quedaron fijos en los de la quimera, que abría más
los suyos mostrándole sus finas pupilas, consiguiendo hipnotizarlo
con su mirada.
Se sentó sorbe la mesa del mostrador haciendo con algo de
furia en el rostro aunque disimulado con una sonrisa maliciosa en
los labios -¿Dónde está la piel de zorro?-
miró a Okori sonriendo –que débiles son los
humanos…
- Y qué fuerte eres tú.... – sonrió
el zorro, sentándose a su lado, cruzando las piernas.
- Está en la parte de atrás, bajo la alfombra hay
un compartimiento secreto..... – confesó el hombre,
incapaz de apartar su mirada de la de la quimera.
-pues ve a buscarlo tu… ¿o te crees que soy tu criado?...-
se recostó un poco en la mesa, esperando como si no pasase
el tiempo. Observando como el hombre se dirigía hacia allí
y escuchando el ruido de maderas –hum… no creo que tenga
nada más de valor para mi…
- No lo sé, depende de lo que te interese, pero a mí
me gustaría una disculpa – sonrió, sugiriéndole
la idea al chico, aunque sin especificar, claro. No sabía
qué más conseguirle si le pedía un pago por
eso.
La quimera sonrió -¿y que me darás a cambio?-
preguntó aunque lo haría gratuitamente, pero jamás
debía desaprovecharse un negocio.
- Qué astuto.... ¿de verdad vas a cobrarme por eso?
– sonrió, jugando con su pecho, y sonriendo, mirándolo
con cara de súplica, mientras el hombre regresaba a la habitación
ya.
-que astuto… ¿Por qué habría de dejar
pasar un buen trato? – sonrió pasando un dedo por el
borde de una de sus orejas blancas, provocando que la sacudiese,
mirándolo fijamente y esperando para ver si conseguía
presionarlo.
El chico se rió, moviendo las colas. – Me agradas,
Rage. ¿Qué tal un beso? En donde quieras....
-me parece un trato justo…- se rió observando al hombre
de nuevo –a mi también me agradas- desvió la
mirada al zorrito –tu claro… no el…- sonrió
abiertamente y lo señaló –discúlpate
con Okori… teniendo en cuenta todo lo que le has hecho sufrir…
espero que sea una profunda disculpa…
El hombre se agachó en el suelo bajando la cabeza entre
sus brazos mientras le pedía perdón, una y otra vez
disculpándose sin alzar para nada la cabeza.
La quimera observó al zorro y sonrió –cuando
más profunda es la disculpa más profundo es el beso…
- Por supuesto- sonrió el chico observando al hombre, satisfecho,
y tomando la piel de su padre, girándose luego. – Es
suficiente, el resto es tuyo, Rage.
-está bien…- descolgó las pieles plateadas,
colgándoselas al hombro –sígueme… de rodillas…
volveremos a la montaña… y te disculparás con
mis cabras…- se rió entre dientes, seguro de que el
macho lo mataría a golpes y de que las hembras se lo comerían
a bocados, pero le estaba bien empleado.
Okori se rió, pensando que era muy ocurrente, y caminando
hacia afuera con él. – Voy contigo, aún tengo
que darte tu huevo y tu beso..... Estoy muy agradecido, Rage.
-es un placer…- sonrió, mirándolo de soslayo
–cuando volvamos ya tendré suficiente recompensa para
que nuestro asunto quede completamente zanjado… oh…
parece que hemos despertado expectación…- anunció
al notar como los miraban los paisanos. Con el hombre de la peletería
tras ellos, arrastrando sus rodillas por la tierra y las piedras.
Okori sonrió mirándolos de soslayo. – Tendrán
algo que contar luego. Voy a hacerlo más interesante... –
comentó moviendo las colas. Ahora los ojos de los paisanos,
los que allí caminaban eran dos nobles a los que nadie se
atrevería decir nada.
Rage se rió mirando las caras de la gente y movió
las alas un poco, estirándose ruidosamente, alzando las manos
y torciendo un poco la espalda hacia atrás –hoy ha
sido un día interesante…
……………
Una vez llegados a la montaña Rage aún sujetaba las
pieles bajo su brazo y observó al macho cabrio mientras el
hombre se inclinaba para disculparse, sus rodillas estaban destrozadas
pero el hombre ni siquiera parecía consciente de aquello,
con el poder que la quimera había ejercido sobre el.
El macho cabrío le atacó, golpeándole con
la cabeza y la cornamenta, lanzándolo hacia atrás,
haciendo que las hembras lo atacasen también con sus dientes.
Rage se volteó hacia el zorrito –las cabras plateadas
son muy rencorosas…- sonrió levemente, alzando la cola.
- No las culpó, yo también estaría enfadado.
En realidad, lo estaba. Debió cumplir su trato y estaría
feliz en su tienda. – apartó la mirada un tanto asqueado
por la masacre que se estaba formando, y sonriéndole a la
quimera. - ¿Quieres el huevo, o el beso primero?
-Hicimos los tratos en un orden…- el felino lo miró
a los ojos sonriendo y saltó sobre la roca, sentándose
sobre ella y alejándolo del festín de las cabras ya
que se notaba que no le era plato de buen gusto
Bien, te traeré el huevo entonces, espera aquí....
– le sonrió, alejándose en esa dirección
y regresando al poco tiempo con aquel saco nuevamente. – Todo
tuyo...
La quimera lo sujetó con sumo cuidado, observándolo
con curiosidad y sujetándolo entre sus dos manos como si
necesitase mucha protección. Lo apoyó entre sus piernas
y sujetó las pieles de las cabras colocándolas metódicamente
hasta conseguir un nido para el. Lo dejó en su interior y
lo cubrió con una piel más –siempre había
pensado que se trataba de huevos enormes… tendré que
buscar como eclosionan… - sonrió mirando al zorrito
y pensando –“mi beso…”- susurró observando
sus ojos, preguntándose si lo besaría realmente o
si haría trampas, bueno, a el le daba igual si de todos modos
quedaría exactamente igual de satisfecho.
-quiero un beso…- lo miró con malicia –desde
aquí- se tocó los labios y paso el dedo por su cuerpo
–hasta aquí…- se rió, deteniendo el dedo
en uno de sus muslos.
Okori sonrió, mirándolo con sospecha. – Debí
ser más específico, ya veo. Bien, pero dije que lo
haría ¿no? – se acercó, depositando sus
labios en los del chico, bajando por su quijada y su cuello lentamente,
como acariciándolo con los mismos, y continuando.
Rage, sonrió, entreabriendo los labios para respirar, dejándose
llevar por el tacto suave de sus labios y arqueando un poco la espalda
cuando ya rozaba sus caderas. Se rió con suavidad, mirándolo
a los ojos y besándole el mismo los labios aunque también
superficialmente –eso… fue un regalo…
- Gracias, lo atesoraré.... se levantó, completamente
reído, mirando hacia el camino ya y luego a la quimera. –
Rage, ¿puedo saber qué vas a hacer con ese pajarito?
- … colecciono cosas únicas… pero en este caso
es un ser vivo… aún así ver el nacimiento de
un fénix es algo único ¿no crees? y teniendo
en cuenta que ayudarte fue un placer…- se levantó,
recogiendo el huevo entre aquel nido de pieles plateadas –por
el momento saldremos de viaje… a buscar el modo de hacer que
eclosione… a no ser que tu lo sepas…
- No, no lo sé la verdad. Y prefiero no darte consejos,
luego me culparás si se cocina. – se rió, pensando
que los fénix no debían morir en realidad, lo suponía,
pero.... mejor era no averiguarlo.
-también lo había pensado… pero tampoco quiero
un huevo cocido… aunque dentro de un volcán ya se hubiera
muerto si las temperaturas pudieran matarlo…- se rió
con suavidad, observando el huevo dorado –aún así,
mejor tomárselo con paciencia que hacerlo mal… - lo
miró a los ojos y luego sus colas blancas –supongo
que esto es un adiós, que tengas suerte…
- Tú también – le sonrió, moviendo las
colas una última vez frente a él, sujetando la piel
de su padre contra su pecho, antes de alejarse de aquella manera
ágil y veloz.
La quimera lo observó partir sonriendo y caminó a
paso lento hacia la entrada de su cuerva donde guardaba sus preciados
tesoros. Dejó el nido sobre todos estos y lo observó
fijamente sonriendo después.
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