| Capítulo 9
Unicorn´s Horn
- Fujin! - el blanco unicornio corrió hacia el pegaso que
descendía, sonriendo, dando un pequeño brinco con
las patas traseras para demostrar su alegría de verlo.
El pegaso sacudió la cabeza al llegar a la hierba de nuevo
y se rió echando a correr y dando una vuelta sobre si mismo,
alzándose en las patas traseras y llamándolo, echando
a correr de nuevo, no porque tuviera un motivo, si no porque le
agradaba hacerlo –verás como te gano de nuevo Kaylan!
- No, serás más veloz por aire, pero no me ganas
corriendo! – le gritó mientras echaba a correr también,
retozando, medio en broma.
Fujin se rió, subiendo la colina, galopando rápidamente
aunque no lo hacía por competir solo por jugar. Tomó
apariencia humana en mitad de su carrera, salvo por las orejas,
la cola y las alas que permanecían blancas e intactas y saltó
sobre el unicornio con suavidad, abrazándose a su cuello
–me toca…- se rió apoyándose en sus crines
blancas.
- Fujin.... pero así yo gano... – se rió también
el unicornio desapareciendo con todo y pegaso y apareciendo más
adelante.
-pero eso no me importa- sonrió pegándose más
a el y abrazándose a su cuello –estoy cansado, quisieron
atraparme… sube la colina… vamos bajo el árbol
de siempre…
El unicornio aceleró, prefiriendo correr de aquella manera,
sintiendo el viento en sus crines. - ¿Estás bien?
No te hicieron daño, ¿verdad?- preguntó aunque
estaba seguro de que a Fujin con conseguirían atraparlo.
Se detuvo por fin en la colina, bajando un poco sobre sus patas.
-no me atraparon… eran unos goblins… subidos en wargos-
El albino bajando a la hierba y sentándose con cuidado bajo
el árbol que había al lado del río, bajó
las piernas en el borde de la orilla, hundiendo los pies en el agua
fría y sintiendo un escalofrío recorrerle la espalda
–que fría…- se rió y miró atrás
a Kaylan –no sabían que yo soy más rápido
que ellos.
- Nadie puede ganarte, Fujin, excepto yo... – el unicornio
se rió también, transformándose en un chico
albino con destellos celestes en su cabello, su cuerno desapareciendo
como si de una ilusión se tratase. Movió la cola,
observando a su amigo y planteándose el seguir su ejemplo.
Fujin extendió la mano sujetando la suya para que fuese
a su lado en la orilla del río –eres un orgulloso…
no me ganas… yo te gano a ti- se rió porque ahora estaba
siendo orgulloso el
- Eso lo dices porque nunca terminamos ninguna carrera. –
sonrió, acercándose y metiendo los pies en el agua
también, sintiendo el frío.
-¿a no?- lo miró preguntándose si nunca las
terminaban y sonriendo –no, supongo que no, a mi me da igual-
se apoyó en las rodillas con los codos y hundió la
mano en el agua, salpicándolo
- Fujin! – lo riñó el chico riéndose
y haciendo lo mismo, jugando. – A mí también,
pero sigo siendo mas veloz. – bromeó, salpicando una
cantidad más grande de agua aún.
-ya me bañé antes!- se rió acostándose
en la hierba y tapándose la cara con los brazos para que
no lo mojase más. Levantándose y lanzándose
a la corriente del río, extendiendo las manos hacia el, sonriendo
Nunca se está demasiado limpio. – sonrió, lanzándose
hacia él, sujetándose de sus brazos, su cola salpicando
el agua aún más tras él.
Fujin lo sujetó, alzándolo un poco y bajándolo
después hacia el para abrazarlo –lo que pasa es que
es divertido, nosotros no nos ensuciamos- se rió y lo soltó
para salpicarlo de nuevo y se cubrió con una de sus alas
para que no le mojase la cara
- Es trampa! – se rió sólo por molestarlo,
ya que claro, ninguno de los dos hacía trampa realmente nunca.
– Se agachó en al agua hasta que le llegó a
la quijada, observándolo.
El Pegaso bajando un poco el ala para observarlo, sus ojos gris
azulado –Kaylan…- se rió advirtiendo que seguramente
iba a salpicarlo de nuevo cuando menos lo esperase. Movió
el ala dentro del agua, salpicándolo de nuevo y tapándose
con la otra.
Sin percatarse para nada de cómo se movían las hojas
de los arbustos que bordeaban las riveras del río, ajeno
al peligro, cuando estaba con Kaylan solo pensaba en divertirse.
- Fujin... – se rió también el chico, completamente
distraído, saltando sobre él, ala y todo, mojándolo
aún más.
El caballo alado, lo abrazó, reído cubriéndolo
con las alas sin ningún motivo en realidad salvo jugar.
Varias flechas ardientes y otras muchas envenenadas o con polvos
para dormirlos salieron de los arcos de los goblins que aprovechando
la distracción de aquellos seres les dispararon con crueldad.
Lanzándoles piedras y corriendo en una increíble cantidad,
cientos y cientos de seres verdes montados en enormes lobos de aspecto
amenazador.
Fujin se transformó en caballo de nuevo, aún cubriendo
con sus alas a Kaylan y alzándose en las patas traseras,
encabritándose y atacándolos a su vez.
Kaylan se giró asustado, bajando la mirada a su costado
en donde tenía clavada una flecha. La arrancó, gritando
un poco por el dolor, y transformándose en unicornio de nuevo,
tratando de llamar la atención de Fujin para sacarlo de allí.
Pero algo le sucedía. Una de sus patas delanteras cedió
al intentar acercarse, los seres aquellos gritando y saltando a
su alrededor, mientras el caballo caía al agua, mareado,
perdiendo la conciencia.
-Kaylan!- el Pegaso le mordió las crines, tratando de levantarlo
como fuera. Transformándose en humano pese a ser más
vulnerable de ese modo, sujetándolo en brazos y girándose
de golpe al sentirse extraño, cayéndose también,
encima del unicornio sobre el agua.
Los goblins se acercaron, observando aquellos seres atentamente,
riéndose –que facil, que estúpidos, uno distrayendo
al otro… para nosotros… ahora seremos recompensados…
-somos demasiados…- le susurró el otro al que lo acompañaba
El goblin observándolo fijamente –no se lo diremos,
solo que nos lo ordenaron y la recompensa será nuestra…-
se rió mientras sacaba un puñal, atravesándole
el estómago al otro –amigo… mejor solo mío…-
se agachó, uno de los wargos subiendo al unicornio sobre
si.
-¿y el otro? ¿lo mato?- preguntó con voz ronca
el lobo
-déjalo… que muera bien lento, está envenenado…
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Kaylan abrió los ojos, mucho tiempo después, alzando
la cabeza, confundido, y observando aquel lugar demasiado oscuro
en comparación con los campos y bosques que acostumbraba
visitar. Intentó ponerse de pie pero aún se sentía
muy débil. - ¿Fujin?... – susurró deseando
que estuviera como él, aún vivo.
Beleth lo observó, apoyado contra una de las paredes del
cuarto, no había querido dejarlo en los calabozos ni en ningún
otro lugar lejos de el, sabía que no era seguro y necesitaba
averiguar ciertas cosas antes de poder matarlo. Le lanzó
unas telas blancas para que se vistiese.
El chico alzó la mirada, observando aquella silueta y tomando
las telas sin embargo cubriéndose, sentándose por
fin. - ¿Quién eres? ¿Dónde está
Fujin?
-en los calabozos- mintió, mirándolo a los ojos y
dando unos pasos al frente ahora que ya se había cubierto
–mi nombre es Beleth y soy el señor del castillo…
- lo miró en el suelo acostado, por su parte sujetando aún
el libro en una de sus manos.
Los ojos azules del chico se fijaron mejor en la silueta, observando
la cola tras él y volviendo a mirar sus ojos. – No
le hagas nada, por favor. ¿Para qué me has traído
aquí?
-… no le haré nada- frunció el ceño
con fuerza sintiéndose extraño como si hubiese utilizado
algún tipo de hechizo sobre el al decir aquello -el Pegaso…-
dijo, suponiendo que ese era Fujin -¿Qué tanto significa
para ti su vida?
- Mucho, es mi amigo.... – sonrió con algo de melancolía,
apartando la mirada para pensar en él. – Lo quiero.
-¿tanto como para dar tu vida por el?- sonrió levemente,
parando un poco más sus orejas negras, seguro de su respuesta.
El chico lo miró con los ojos totalmente abiertos, relajando
su expresión luego y asintiendo. - ¿Vas a matarme?
-quiero tu cuerno… si vas a morirte por ello, la respuesta
es si…
- ¿Por qué?! No te he hecho nada... – el chico
se levantó, sintiendo un tirón en el cuello y sentándose
de nuevo. En circunstancias normales habría intentado luchar
como fuera, pero tenía que pensar en Fujin. – Me prometes...
¿qué no le harás nada a Fujin? Sabré
si mientes. - murmuró, mirando el piso.
-no le haré nada- “que no esté ya echo…”
pensó inevitablemente, cruzándose de brazos –pero
has de decirme como extraer el poder de tu cuerno
- Si lo cortas será tuyo, no hay más que decir...
– contestó con tristeza, no quería morir, estaba
asustado. – Si lo mueles podrás usarlo como antídoto,
pero entonces ya no te servirá para nada más.
-recupera tu aspecto, no hay más que decir- sonrió
levemente también, esperando a que lo hiciera. Ansioso por
obtener su poder. Volteándose y buscando algo con lo que
cortar su cuerno, sujetando una espada -¿y tu sangre? ¿no
tiene utilidad?
- No lo sé... – alzó la mirada, temblando un
poco, observando la espada, y poniéndose de pie lentamente,
y pensando de nuevo en Fujin, en el verdor de la hierba. –
No quiero morir. No necesitas mi cuerno, debes tener mucho poder
ya. Por favor, no me mates, y deja que Fujin se vaya.
El moreno lo miró, volteándose y frunciendo el ceño
de nuevo, acercándose a el con la espada colgando de su mano
temblorosa, deseaba matarlo y sin embargo no podía ni siquiera
alzar la mano para hacerle daño –maldita sea! ¿Qué
clase de embrujo estas usando conmigo?
- No estoy usando ningún embrujo, sólo te lo pido...
– lo miró con ojos suplicantes, llevándose las
manos al pecho como protegiéndose, aunque igual no lo mataría
hasta que estuviese transformado.
Beleth dejó caer la espada lejos de el, furioso y sintiéndose
extraño, sentándose en el borde de la cama sin dejar
de observarlo, tratando de discernir que era lo que hacía
para que no pudiese hacer lo que tanto deseaba, arrebatarle su poder
y apoderarse de el. Cruzó las manos, apoyando los codos sobre
sus muslos y los labios en sus manos, observando su cuerpo frágil
y delicado, cierto era que despertaba sus instintos, pero ese no
era el motivo, era imposible.
El chico lo siguió con la mirada sin comprender su actitud,
pero había soltado la espada al menos. Se sentó de
nuevo, sin atreverse a hacer ni un solo sonido para no molestarlo.
El moreno se levantó de nuevo, acercándose a el determinado,
sujetándole el rostro, hubiera querido hacerlo con fuerza
pero extrañamente su gesto fue delicado, apretó las
mandíbulas moviendo un poco la cola, agitado –te quedarás
aquí conmigo… hasta que averigüe que hechizo estás
usando en mi… y te mataré… si para dentro de
tres días no has dejado de hacer eso… mataré
al Pegaso… - alzó un poco la cara, sus ojos como llamas,
aun más encendidos por la furia.
- Pero no estoy haciendo nada – protestó, aterrado,
mirando en sus ojos, sabía que hablaba en serio, pero en
verdad no tenía idea de a qué se refería.
-no te creo- soltó su rostro con brusquedad. Levantándose
y alejándose lentamente, sin apartar la mirada de el. Permaneciendo
de pié, no quería distraerse y que alguien fuera a
arrebatarle a su unicornio –¿necesitas alimentarte?
- Sí, como hierbas... – murmuró aún
temeroso, recogiendo sus piernas contra su pecho, debatiéndose
en si debía intentar escapar o si aquello lastimaría
a Fujin.
-hierbas…- esbozó una media sonrisa –haré
que traigan lo necesario para que sobrevivas hasta el momento indicado…
- Gracias... – lo miró, pensando en que no debía
agradecerle realmente. Pensaba matarlo
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