.Novela homoerótica para mayores de edad.
 
Capítulo 7

Slash


El gigantesco reptil esmeralda entreabrió los ojos, estaba oscuro, aunque veía perfectamente, distinguía que era de noche a pesar del blanco que parecía iluminar afuera. Aún sentía un poco de frío pese a que notaba el calor del fuego, el olor a madera quemada de una hoguera próxima a él. Hizo un rugido leve al erguir la cabeza apenas un poco, como despertando de su adormilada actitud.

Sus ojos observaron al enorme dragón plateado a su lado, parecía dormido, aunque no estaba del todo seguro. Lo que sí estaba claro, es que él lo había llevado allí. Debía ser una hembra o no lo habría llevado a su cueva, no estaría allí proporcionándole calor. El corazón le golpeaba el pecho de una forma impresionantemente rápida, se giró hacia él, oliéndolo y rozándole el cuello con la cabeza. Apoyó la frente contra la suya, llamándolo con suavidad para que despertase. Movió una de sus alas, cubriéndolo con esta, sujetando con una de sus garras, la de aquel ser tan majestuoso.

Le empujó la cabeza con la suya con suavidad, llamándolo de nuevo con un sonido suave, deseando que despertase por fin, aunque imaginaba que debía estar agotado de cargarlo.

El dragón abrió un ojo y luego el otro, preguntándose por qué lo acariciaba y abrazaba así, suponía que estaba agradecido. Al menos se alegraba de que estuviese bien. Alzó la cabeza observándolo con curiosidad.

El Wyrm empujó su cabeza de nuevo con la suya, respirando contra su rostro y levantándose. Alzándose por fin y saliendo afuera.

Se alzó en las patas traseras, batiendo las alas con fuerza y abriéndolas mientras lo llamaba, lo cierto es que sí, seguía haciendo aquel frío gélido pese a que ya no había tormenta, pero no era algo que le importase a la hora de impresionar a su “hembra”.

El dragón parpadeó, saliendo también, preguntándose si querría jugar. Pero debía estar loco, lo había encontrado a medio congelar y ahora... ¿salía a retozar en la nieve? Se acercó, abriendo las alas también, y llamándolo para que regresase a la cueva.

Pero el reptil esmeralda no comprendía, lo cierto es que no sabía como atraer a una hembra de dragón, e igualmente alzó el vuelo estirando las alas todo lo posible y llamándolo de nuevo

–¡Espera! –lo llamó ahora, suponiendo que ni lo escuchaba ni lo comprendía, y alzando el vuelo también, siguiéndolo.

El Wyrm lo miró, volando a su alrededor, rozándose contra él y enroscando la larga cola en su cuerpo.

–Te he buscado… durante mucho tiempo.

–¿A mí? ¿Por qué? –lo miró, bajando la mirada a su cola y preguntándose qué hacía, no se veía amenazador, pero nunca se sabía –Es por eso que viniste aquí...

–Sí –sujetó sus garras con las suyas, apoyando la frente de nuevo contra la del dragón y arrastrando la cabeza y los cuernos contra su cuello después –. No quedan wyrms jóvenes, yo soy el más joven, y no hay dragones más jóvenes que yo –lo soltó, echándose hacia atrás un poco. Como demostrándole que debía elegirlo a él.

–¿Qué deseas? ¿Por qué me dices eso? –le preguntó sin comprender y echándose hacia atrás a su vez también. No tenía idea de qué le estaba hablando.

El Wyrm lo observó, comenzando a desesperarse un poco, no entendía por qué no comprendía lo que estaba diciendo. No quería explicarse más claramente, era la primera vez que cortejaba a una hembra, ¿todo tenía que ser tan difícil?

–Te lo digo porque es la verdad…

–Y te creo, pero no comprendo qué tiene que ver conmigo... –contestó, observándolo, preguntándose ahora si el frío no le habría afectado la cordura.

El otro dejó salir el aire con fuerza por sus fosas nasales, desesperándose y bajando al suelo de nuevo, caminando adentro de la cueva y pensando. No sabía qué hacer, no comprendía cómo debía hacerle entender sin arriesgarse a que lo rechazase sin más, tampoco podía perder la paciencia, no era rival para un dragón de hielo. Hembra o no.

El dragón descendió, siguiéndolo y entrando en la cueva. No lo comprendía.

–¿Estás bien? –le preguntó, tratando de imaginar y suponiendo que al final no había resistido más estar en el frío. Se adentró en la cueva, dirigiéndose hacia una equina y transformándose en chico, empezando a vestirse.

Slash retrocedió de golpe, como sorprendido por la realidad, transformándose también y aproximándose para voltearlo hacia él, como incrédulo, mirando su sexo.

–Eres un macho… –sus mejillas se encendieron completamente rojas, entre avergonzado, frustrado y terriblemente furioso.

–Sí, creí que lo sabías... –lo miró, comprendiendo entonces y sonriendo un poco ante semejante confusión –. Ya veo, querías una compañera.

El chico de cabello verde amarillento se dejó caer al suelo, sentado, hundiéndose las manos en el cabello, todo aquello para nada. Casi se moría para estar ahora encerrado en una cueva con un dragón macho, alzó la vista para observarlo, suponiendo que no era lo mejor pagarlo con él y menos cuando ambos estaban en las mismas.

–No quedan hembras entonces…

–No he visto ninguna desde que era pequeño –se acercó, sentándose a su lado y observándolo –. ¿Por qué la prisa?

–¿Por qué la prisa? –sonrió ampliamente de forma un tanto extraña, pensando que era raro, aunque tal vez era pequeño, no lo sabía, era un dragón después de todo. Lo miró de soslayo y se apoyó las manos en los muslos mientras cruzaba las piernas –. Nesesito una hembra… ¿eres muy joven? Pareses mayor que yo…

–No lo sé, no soy viejo en todo caso, pero tampoco soy un crío –se rio, pensando que era un poco divertido –. A lo que me refiero es que tenemos años por delante, viviremos más que algunas ciudades incluso. Por eso, no comprendo la prisa – le aclaró, aunque lo cierto es que nunca se había planteado aquello. No sabía por qué, pero nunca se había interesado en buscar una hembra.

–Porque tengo prisa… –alzó una ceja sonriendo, pensando que era extraño y mirándolo más de cerca –. Pareses una hembra por como hablas…

–Pues no lo soy –lo miró ahora serio, echándose hacia atrás –. Y eso no fue una respuesta.

–No te enfades, no era un insulto… –respiró con fuerza, casi gruñendo un poco, aunque no estaba molesto ni mucho menos –. Nesesito sexo…, me siento solo y tengo… –se echó hacia delante, dejando salir algo de dentro de su estómago, descoyuntando las mandíbulas para no dañarlo con los colmillos al sacarlo –esto… –le mostró un huevo cobrizo.

–¿Un huevo? ¿Necesitas depositarlo? –lo miró y luego al Wyrm, preguntándose si eso le acusaría incomodidades.

–Lo vi caer del estómago de mi madre, y aún lo guardo conmigo. No es mío, no cago huevos si te lo preguntas… –se rio abiertamente antes de tragárselo de nuevo, suponiendo que después de todo no había esperanzas. No sabía porque se reía. Se sentía bien, estar con otro como él, aunque fuera un hombre y aunque fuera un dragón. Al menos no era combativo como los machos de su especie.

–Sí, me lo preguntaba –se rio también, algo contagiado –. ¿Y crees que aún puedes incubarlo? ¿Después de tanto tiempo?

–Sí, no lo sé… lo he llevado dentro todo este tiempo…, pero no pienso incubarlo –sonrió de medio lado y lo miró a los ojos luego –. ¿No sabes como nacemos los Wyrms?

–De un huevo supongo... –contestó, aunque no sabía los detalles. Lo miró a los ojos, aún preguntándose si no le incomodaba llevar eso así.

–En el estómago de una hembra, se puede generar el calor sufisiente como para incubarlo. Cuando el huevo eclosiona… rompemos la cáscara y con las patas rasgamos el estómago de nuestras madres hasta conseguir salir de él, luego la devoramos… – lo miró a los ojos de nuevo y sonrió –. Fue la primera y última hembra que vi.

–Ya veo –comentó, pensando que era bastante salvaje, pero así era la naturaleza –. ¿No fue difícil? Crecer sin una madre.

–No, no veo para que la habría nesesitado… – respiró con fuerza, cruzando los dedos de las manos –. ¿Por qué no nesesitas una hembra? No es normal, aunque no sepa como susede entre dragones… ¿no tienes deseos?

–No lo sé, nunca lo he pensado –suspiró, mirando el techo cavernoso –. Me gusta mi soledad, y no he necesitado pareja hasta ahora. Lo cierto es que no estoy pensando en reproducirme. Los dragones somos seres bastante solitarios, ¿no lo sabes? – añadió, obviando la pregunta acerca de si tenía deseos o no.

–Lo sé… también nosotros lo somos… sólo nos juntamos para el sexo…, pero sinceramente, es un coñaso estar solo –se rio, tomando aire después con fuerza y apoyando las manos atrás sobre la tierra –. Supongo que de todos modos no puedo irme sin morir en el intento.

–Creo que deberías esperar a que los vientos se calmen. E iré contigo para guiarte por el camino más corto –lo miró de nuevo, sonriendo ante su manera de hablar, lo mareaba un poco –. No estaría nada mal que te quedases conmigo un poco. La verdad, creo que será agradable la compañía en estos momentos

–Creí que te agradaba la soledad… –lo miró sonriendo y mostrando los colmillos superiores, echando la cabeza hacia atrás, reído –¿Y ya encuentras comida aquí?

–Me agrada, pero de vez en cuando es bueno salir de la rutina... –sonrió, pensando en las caras de felicidad del imp y el dryad –. Pues sí, se encuentra bastante comida aquí arriba.

El chico lo miró de soslayo aún sonriendo, y le apoyó la mano en el hombro.

–Tendrás que alimentarme…

–Eres un poco exigente, ¿no? – lo miró como estudiándolo –. La mayoría de los seres al menos darían las gracias.

–Grasias… –se rio de nuevo, pensando en lo que había echo antes –. La mayoría de los seres no me hubieran dejado ridiculisarme como antes… –le dio unas palmadas en el hombro antes de apoyar la mano de nuevo en la tierra.

–Realmente no sabía lo que estabas haciendo –le contestó, alzando una ceja –. ¿Tienes hambre?

–Sí… –sonrió de nuevo, observándolo fijamente como si lo estuviera estudiando –. Estaba mostrándote mi potensial… –inclinó la cabeza a un lado para verlo más de cerca –. Veo que no desperté tu lado femenino…

–No, lo siento... –se rio, poniéndose de pie, y caminando hacia la parte de atrás de la cueva, regresando con una liebre en la mano.

Slash lo sujetó, sonriendo porque iba a agradecerle sólo porque le había reñido antes.

–Grasias… –susurró, pensando que odiaba los animales muertos. Aún así lo alzó por las orejas y se lo metió en la boca, tragándoselo completo y dejando escapar una bocanada de aire antes de deslizar aquella lengua bífida por los colmillos. Lo único que se había manchado con la sangre del animal –. En realidad suelo comer siervos, y como prosedo de la sona cálida… allí… otras cosas, como sebras…

–Hum... y supongo que te los comes vivos... – comentó, intrigado por su forma de comer tan... rápida. En realidad le había costado algo entender lo que decía con tantas s, pero seguía haciéndole gracia.

–Vivos… no… y sí…depende, los levanto con las garras traseras, si tienen suerte se mueren de ese modo, si no, los paraliso con los colmillos y luego me los trago. No pienses que soy cruel, la carroña… me desagrada, aunque de todos modos te lo agradesco porque tengo hambre y no puedo casar yo aquí. Supongo que eres un dragón bueno… y te dan lastima.

–No pienso nada de eso, es tu naturaleza, así como yo tengo la mía. Prefiero no hacerlos sufrir, es todo –le sonrió, observándolo –. Me habían dicho que los wyrms no eran muy inteligentes, pero me agradas.

–Tal ves porque la mayoría de los machos se enfrentan entre ellos sólo con crusarse las miradas, para ser los mas fuertes y fecundar la mayor cantidad de hembras. Supongo que eso es bastante estúpido… y también tener un hijo si sabes que va a matarte… –se rio entre dientes y lo miró de soslayo –. Mejor será que te agrade, porque vas a tenerme muy pegado a ti, no quiero morirme congelado.

–No iba a dejarte morir tampoco, tendrías que ser muy desagradable –le aseguró, observándolo –. Supongo que es su naturaleza también, lo de fecundar... ¿Por qué quieres que nazca ese huevo?

–Por si es una hembra, ¿tan poco te importa que tu rasa sea exterminada? No habrá más dragones ni más Wyrms sin una hembra –lo miró a los ojos serio, observándolo también, pensando que sólo se parecían en que ambas razas eran dragones.

–No es que no me importe, pero estoy seguro de que hay hembras en otros lados. Y estoy seguro de que otros dragones deben haberlas encontrado. No creo que las cosas sean tan simples –suspiró, sintiéndose un poco reñido a pesar de todo –. Es imposible que todas hayan muerto.

–No… no lo es, cada serpiente alada incuba dos huevos en su interior, sólo uno de ellos sobrevive, normalmente el otro es devorado por su hermano, cosa que yo no hise, pero si normalmente los machos tenemos más probabilidades de ser los sobrevivientes y ensima devoramos a nuestras madres... –se rio y lo miró a los ojos –. ¿No lo sabes? ¿Cuánto nos odian los humanos por comernos a sus reses? Ellos han acabado con la mayoría de las hembras, están indefensas mientras incuban… y los machos tampoco cuidamos de ellas. Aserca de las hembras de dragón… no sé el por qué, diría que tanto hembras como machos de tu espesie son asesinadas por los magos y los hombres que desean las propiedades de vuestras escamas…

–Lo sé.... supongo que podría odiarlos, a los humanos, a los magos, pero no veo el sentido... – murmuró, alzando la mirada de nuevo –. Lo cierto es que me gusta mi vida, me gusta mi soledad. No creo que yo tenga que salvar a toda la especie.

–Al menos a la tuya… –lo miró fijamente, pensando que era irracional, pero se suponía que los wyrms eran los crueles y poco inteligentes, no se lo parecía a él, se acercó más a su rostro –. Lo has hecho… ayudado a los humanos, ¿verdad?– sonrió de pronto –. ¿Porque ellos sí se meresian la salvación?

El chico se echó hacia atrás, sorprendido.

–No, porque ellos me lo pidieron. Y de todos modos, yo sólo ayudo a aquellos que me agradan. No ayudaría a cualquier humano.

–¿Y cómo puedes jusgar que no te agradarían los de tu propia espesie a los que ellos matarán? ¿Crees que sabes lo que susederá en el futuro? ¿Cómo sabes que esos humanos no matarán mañana a otro dragón porque su sangre salvará a un humano importante? –sus ojos verdes lo observaron fijamente –No huyas… dominas el frío, ¿sierto? Yo jamás seria tan estúpido para atacarte, y tampoco lo deseo… O tal ves huyes por otros motivos… –sonrió abiertamente. Su cola enroscándose sobre su propio muslo.

–No huyo –contestó serenamente, aunque sus mejillas estaban algo rojas –. No lo sé, no los conocía. Claro que si conozco a otro dragón le ayudaría, pero... De todos modos, no veo por qué tiene que ser así, yo no haría eso con nadie a quien no quisiera –desvió la mirada –. Y nunca ayudaría a un asesino.

–No… nunca sabrás si mañana será un asesino, para ellos somos animales. Como para mi los siervos… –siguió mirándolo fijamente, observando el rojo de sus mejillas y pensando que en realidad a veces se veía incluso bonito –. Deberías cuidar más de tu propia rasa, ahora ya no tendrás con quien haser nada, porque no tendrás oportunidad de amar a nadie

–Aún si encontrase una hembra y me aparease con ella, eso no significa que encontraré a alguien – suspiró, poniéndose de pie y alejándose, acercándose un poco de nuevo, por si le decía que huía.

–¿Ibas a huir… chico dragón? Me llamo Slash… – se levantó tras él, no quería estar lejos y congelarse, le sonrió ampliamente –. No comprendo que quieres desir con si encuentro a una hembra y me apareo, no quiere desir que encontraré a alguien….¿hablas de amor?

–Claro que hablo de amor. ¿No te interesa el amor? –lo miró a los ojos, comprendiendo que le iba a dar frío, y por otro lado, no quería responder a lo de si huía –. Tenkei.

–El amor… ¿Por qué querría amar a alguien a quien sé que tras hacerlo con ella morirá? Mataría a mis hijos… –sonrió levemente, observando sus ojos, preguntándose si los dragones eran monógamos

–Cierto... es distinto para vosotros –sonrió de nuevo, comprendiendo –. Ahora te parecerá extraño.

–No lo sé, nunca había conversado con alguien durante tanto tiempo… siempre he estado solo, es agradable tu compañía, seguramente me costará irme cuando llegue el momento… –deslizó la cola por su propio muslo hacia abajo, soltándola de nuevo y repitiendo la operación mientras lo miraba sonriendo.

–Imagino que será extraño para mí también. Hoy me despedí de alguien, aunque sólo lo conocía de hace poco, pero... –siguió su cola con la mirada, sin dejar de sonreír.

–¿Te gusta? –la enroscó por su propio abdomen, alzándose un poco la camiseta sin querer y enroscando parte de ella en su cuello –nunca he comprendido… por qué los dragones como humanos no tenían una –sonrió abiertamente, dejándola resbalar hasta que cayó, balanceándose entre sus piernas –. Tal ves porque nosotros la usamos mucho, para trepar… y para otras cosas … –se rio jugando, en realidad era divertido que fuera un macho, de ese modo podía ser todo lo franco que quisiera. Sin remilgos.

Tenkei se rio, un poco incómodo, pero seguía haciéndole gracia.

–Sí, debe ser... –continuó mirando la cola de igual manera –. Es bonita. La verdad no sé por qué no tenemos cola en esta forma.

–Porque no la nesesitais imagino… –sonrió levemente, inclinándose un poco, buscando recuperar su mirada –. ¿Tú no vas a comer?

–Comí mientras dormías... –le sonrió, mirándolo a los ojos de nuevo, incluso riéndose un poco.

–¿Por qué me encontraste? ¿Estabas casando? –lo miró, irguiéndose bien de nuevo, sonriendo también, aunque pensaba que era un poco extraño.

–Te vi caer, pensé que eras un dragón al principio. –le contestó más tranquilo –. No, regresaba de... ayudar a alguien.

–Ya veo… –se rio un poco, bajando las alas atrás su espalda y subiéndolas de nuevo a su posición natural –. Me hase grasia que te indignases tanto por pensar en ayudar a tu espesie, porque tienes mejores cosas que haser que salvar el mundo, y sin embargo, te dedicas a ayudar a los demás… Claro que, me alegro, o me hubiera muerto en la nieve. Creí que alusinaba.

–No me indigné por eso... es sólo que no quiero hacerlo de ese modo –frunció un poco el ceño, relajándolo luego y sentándose. No veía por qué permanecer de pie –. No puedo evitarlo, soy así. Cuando veo a alguien en problemas, no puedo dejarlo solo, a menos que me lo pida o sea malvado. Y no es como que lo haga todo el tiempo, sólo tuve unos días extraños....

–Creí que yo era malvado… –sonrió, volviendo a jugar con la cola en su pierna, preguntándose por qué se levantaba y se sentaba, sonriendo ampliamente y llegando a la conclusión de que sí le había estado huyendo –. ¿Y qué harás?... si el amor te importa tanto… ahora ya sabes que no lo tendrás.

–No te encuentro malvado, no mientes al menos... –lo miró a los ojos serio, pensativo –. Tal vez muera solo, dentro de muchos años. Pero no creo que sea como tú dices. No creo que sea imposible para mí encontrar el amor.

–¿Por qué? –lo miró desde arriba, aunque empezaba a sentir más frío que otra cosa, pero por orgullo no se sentaba, parecía que estuviera persiguiéndolo –¿En que espesie piensas? –se rio pensando que era un poco inocente para ciertas cosas, se apretó la pierna con la cola y la soltó de nuevo –. No sé qué hembra querría aceptar alguien que no fuera de su espesie, y por ensima… –se acuclilló delante de él, cruzando los brazos sobre las rodillas –. La polla de un dragón… – sonrió ampliamente –, la dejarías empalada ahí – se rio malditamente

–Puedo hacerlo con esta apariencia... –le contestó, seguro de sí mismo, y observando que se estremecía un poco, poniéndose de pie para ir hacia la parte de atrás de la cueva de nuevo. Regresó al poco tiempo con una tela gruesa, colocándola por encima del Wyrm.

–Grasias… –sujetó la tela. Nunca antes había usado una tela y era extraño, un poco desagradable incluso, pero no iba a quejarse –, con esta apariensia. Me refería con esta apariensia…

–No lo sé... no creo tenerla tan grande, me parece normal –bajó la mirada pensativamente, aunque claro, para él era natural –. ¿Por qué? ¿La tuya es muy grande?

–Yo creo…– sonrió ampliamente –, al menos para otras rasas. ¿No lo sabes? Las hembras tienen el cuerpo de acuerdo a sus machos, es como un elefante follando un conejo… –se rio imaginándolo –. Además, seguramente moriría de ser conmigo… porque supongo que siertos instintos no pueden controlarse en siertos momentos… y nesesitaría una hembra muy fuerte.

–Ya veo... –suspiró, pensativo de nuevo –No importa, ya encontraré la manera.

El Wyrm se acercó un poco, apoyando la mejilla en la suya y acariciándole el cuello con la cara, serio también, comprendiendo muy bien como se sentía. Se quedó así apoyado y le empujó un poco la cara con la suya, sin querer decirle que no había manera.

Tenkei sonrió un poco, acariciándole le cara de vuelta, y susurrando.

–Sí eres bueno, después de todo.

–No soy malo, soy práctico –sonrió, sentándose en el suelo y apoyándose contra él –, tengo frío.

–Me pregunto si vas a soportar mucho tiempo aquí –se rio con suavidad, abriendo una de sus alas para rodearlo con ella.

–Está anochesiendo, por eso hase más frío… de donde yo vengo, siempre hase calor… Me pregunto si también te sentirías mal allí tú, al menos el frío es mejor que el calor… –cerró los ojos, sintiendo como el ala lo amparaba del aire gélido que entraba a veces. Era agradable, nunca había recibido un trato así. Suponía que eso ocurría con los seres bondadosos.

–No lo sé, tal vez me sentiría un poco incómodo si me quedo mucho tiempo. Nunca he estado en un lugar donde haga mucho calor. Trato de no bajar en verano –le explicó, observando la blancura resplandeciente que reinaba fuera de la cueva. La mayoría de los otros seres que había conocido no lo comprendían, pero a él le parecía hermosa esa visión.

–Odio la nieve, aunque no la hubiera visto antes, pero la odio –susurró, pensando de nuevo que se había atravesado medio mundo para nada.

Sigue leyendo!


 
 

Tambien puedes dejar tus comentarios y opiniones en la sección de este fic en el foro, solo tienes que presionar en Hansa.

foro yaoi

   
   

yaoi shop, yaoi t-shirts, uke t-shirts, wings on  the back