Capítulo
6
Muerte
Los días habían transcurrido, había atravesado
el suave frío de aquella zona, llegando a las duras e intempestivas,
gélidas temperaturas de las montañas. Estaba demasiado
desesperado para detenerse. Tenía la cabeza abotargada, sus
alas casi no le respondían ya, se dormía pese al viento
helado y la nieve que golpeaba sus gruesas escamas.
Su cuerpo no podía soportar temperaturas inferiores a los
25º sin recibir calor, y aquello era insoportable, aquel frío
bajo cero lo estaba matando, a pesar de que no había dejado
de volar para mantenerse caliente.
No había visto ni siquiera su silueta, en realidad apenas
veía nada con aquella tormenta de nieve y lo atontado que
estaba por la congelación. La llamaba de forma incesante,
cada vez que reunía fuerzas para ello. En ocasiones le parecía
escucharla a lo lejos, pero la voz viajaba con el viento, no sabía
la dirección, y ni siquiera estaba seguro de si se lo imaginaba
o si era el eco de su propia voz.
Su vuelo se hacia cada vez más impreciso, sus alas torpes
y semiparalizadas por el frío, no podía más.
Su cuerpo cayó, su propio peso impulsándolo en picado
hacia el pico de una montaña. Se golpeó contra esta,
haciéndola temblar y arrastrándose por la pendiente
hasta la nieve del suelo.
La avalancha provocada por su propio golpe abalanzó una
montaña de nieve sobre él, cubriendo parte de su cuerpo.
Alzó un poco la cabeza, llamándola una vez más,
tratando de levantarse. Se alzó con las garras traseras,
cayendo de nuevo, de lado sobre la nieve, el suelo temblando por
su peso. Sus ojos verdes y dorados aún estaban entreabiertos
pero se cerraron poco a poco mientras se dormía.
Le parecía verla muy lejos, entre la tormenta de nieve,
en lo alto del cielo, pero estaba seguro de que tenía que
ser un delirio. Cerró los ojos, perdiendo la conciencia por
completo, aunque aún la veía de algún modo,
podía sentirla.
El dragón empezó a descender en espiral a gran velocidad.
No estaba seguro, pero le parecía haber visto a otro dragón.
Ya le parecía que no debía haber ayudado a ese caballero,
desde entonces no había podido regresar a su casa, era como
si todos los problemas del mundo lo buscasen a él. Pero no
se había equivocado, allí estaba, semi sepultado por
la nieve. ¿Un dragón? No... Lo examinó, agitando
sus alas para apartar la nieve.
–Un wyrm... –murmuró sorprendido, nunca había
visto uno antes, aunque sí había escuchado que no
eran muy inteligentes y que no soportaban las temperaturas bajas
–. Tal vez es por eso... – murmuró de nuevo,
preguntándose para qué iba allí si era así,
pero no podía dejarlo sólo. Moriría seguramente.
Y tampoco podría llevarlo de vuelta a un lugar cálido,
sería un camino demasiado largo.
Se agachó, tomándolo con sus garras, suspirando,
y volviendo a alzar el vuelo, llevándolo a su cueva. Al menos
allí podría cubrirlo y resguardarlo un poco. Luego
vería cómo sacarlo de esas montañas.

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