Capítulo
5
Nesesidad
Un ser enorme de escamas verdes y doradas atravesó el cielo
velozmente. Sus alas gigantescas desplegadas a su espalda mientras
bajaba en picado hacia la tierra, sus garras traseras sujetaron
a un ciervo, atravesándole el estómago mientras se
alzaba de nuevo surcando el aire y dejando un reguero de sangre
fresca a su paso.
Se subió a lo alto de un enorme árbol, enroscando
su cuerpo entre las enormes ramas y abriendo aquellas fauces terribles,
descoyuntando sus mandíbulas, los colmillos gigantescos ayudándole
a meterse aquel animal por completo en la boca. Alzó la cabeza
y el largo cuello, haciéndolo bajar por su garganta, el ácido
de su estómago deshaciéndolo casi al instante. Dejó
salir el aire con fuerza por las fosas nasales y alzó la
cabeza de nuevo, un sonido chirriante y fuerte haciendo vibrar los
árboles, los animales huían despavoridos de la zona.
Bramó de nuevo, sin desistir, llamando a una hembra desesperadamente.
Miró hacia abajo, sus garras clavándose en el tronco
y la cola enroscada en el mismo para mejor sujeción. Su cuerpo
se transformó, adquiriendo la apariencia de un chico de cabello
verde y amarillo, vestido con su propia piel escamada y brillante,
dos pares de cuernos a los lados de su cabeza. Sus uñas aún
se sujetaban a la madera, ayudándolo a bajar a lo largo del
árbol. Echó a volar los últimos metros, su
cola larga de serpiente agitándose tras él.
Se acuclilló en el suelo, mirando a los lados, sus ojos
verde brillante, sus pupilas apenas una fina raya negra, escrutando
la lejanía, buscando qué camino tomar.
Hacía muchos, muchos años que había atravesado
el cascarón y el estómago de su madre que lo contenía,
al nacer, devorándola por completo después. No es
que fuera violento, es que esa era su naturaleza, ese día
fue el último que vio a una hembra.
De cualquier modo, tampoco había cruzado su vuelo con otro
macho, su especie se estaba extinguiendo, no podía permitirlo,
asesinados por dragones a las órdenes de caballeros, sosteniendo
la idea de que eran perversos por devorar animales sin piedad…
Dragones, también quedaban apenas unos pocos ¿Qué
estaba sucediendo en el mundo? Lo cierto es que además de
sus preocupaciones por la especie, también se sentía
solo. Había alcanzado la adolescencia y su madurez sexual.
Necesitaba una hembra desesperadamente, y no cejaría en su
empeño. Ni siquiera si debía conseguir a una hembra
de dragón en lugar de una Wyrm de su propia raza.
Echó a volar de nuevo, ahora en su forma humana, apresurándose
a llegar al pueblo más cercano. Bajó sobre un tejado,
saltando al suelo, con movimientos sibilinos que provocaban que
se apartasen, la mayoría, bastante atemorizados por su presencia.
Huían de su paralizante mirada y su imponente apariencia.
Su enorme altura y su color destacaba entre ellos.
Los ignoró, entreabriendo los labios, su lengua bífida
acariciando uno de sus colmillos mientras sonreía. Entró
en una posada, provocando que todos apartasen la mirada, aquellos
humanos temerosos y débiles, le daban ganas de matarlos por
ser tan despreciables.
Apoyó las manos sobre la barra tras la que estaba el hombre
de la posada, deslizándolas suavemente y rozando las uñas
contra ella.
–Mírame… no voy a paralisarte, podría
matarte sin ninguna nesesidad de eso –inclinó un poco
la cabeza a un lado –, pero si sigues hasiendo como si no
estuviese frente a ti… –subió el pecho también
sobre la madera, susurrando las palabras sibilantes a causa de su
lengua y sus colmillos –tal ves tenga que arrancarte un braso
para que notes mi presencia. Sé que soy sigiloso, pero no
soy invisible… –se rio, pasando las manos por la madera,
apretándola un poco más. Estaba jugando con su paciencia
y no era un juego recomendable.
El hombre gordo y fuerte se giró poco a poco, aquella voz
silbante provocando suficiente presión como para no resistirse
más. Lo observó desconfiado.
–¿Qué es lo que quieres?
–Quiero saber si has escuchado hablar de dragones o de wyrms
a los viajeros de la sona…, y cuanto antes tenga mi información,
antes me iré de vuestro asqueroso pueblo… –rascó
la madera con las durísimas uñas negras de nuevo,
esperando ansioso.
–¡Han hablado de un dragón plateado en las montañas
nevadas…, es todo lo que sé, alguna vez lo ven sobrevolar
la zona! –el bigote del hombre se movía mientras hablaba.
Tembloroso como sus labios.
–Espero que sea verdad –se volteó, soltando
la mesa por fin y alzando las alas en cuanto salió de la
taberna. Recuperando su forma de Wyrm en medio del vuelo. Subió
altura, cerrando los ojos.
Se dirigía a la zona nevada, no sabía como iba a
conseguirlo, esperaba encontrar a aquella hembra lo antes posible.
Deseaba conseguir cortejarla y aparearse con él, por más
que no fuera un dragón. Sí… debía estar
decidido, ni siquiera sabía si era una hembra o no, pero
las ansias lo obligaban a estar convencido de que así era.
De todos modos, si era un macho…o si lo rechazaba, ya nada
importaría, no después de un viaje a las montañas
nevadas… al igual que si no lo encontraba, fuera como fuese,
aquel era su último viaje. Pues no cejaría hasta encontrarla,
y aquella era su única pista, tras preguntar en cada pueblo,
tras explorar él mismo todo el terreno desde las zonas cálidas
de las que provenía… sólo le quedaba aquella
última opción, y todo parecía indicar que no
había más.
Su bramido volvió a atravesar los cielos, ensordeciendo
a los humanos que aún podían escucharlo desde el pueblo.

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