.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

Capítulo 4

Nekomatta VS Oni

El moreno se sentó en la margen del río, apoyando la maza en la tierra, hundiéndose un poco por su propio peso entre la hierba. Dejó la jaula a un lado de el y adoptó la forma de un oso, bajando lento hacia la orilla y pescando varios peces a zarpazos. Observando el brillo plateado de las escamas bajo el agua. Se hundió en esta y salió de nuevo, sacudiendo el espeso pelaje y volviendo a su forma natural.

Sujetando los pescados con la mano y sentándose de nuevo junto a la jaula del gato que seguía en el mismo estado animal. Limpió las escamas con una cuchilla, mirándolo de soslayo mientras saltaban trocitos brillantes de la piel del pescado –¿tienes hambre?- le mostró otro pescado, moviéndolo cerca de la jaula aunque no lo suficiente para que pudiera alcanzarlo.

El gato bufó, erizando la cola de nuevo, y mirando el pescado. Claro que tenía hambre, deseaba ese pescado, pero no iba a rendirse ante el oni, no quería ni hablarle.

-tu sabrás…- sonrió de medio lado, dejando el pescado en la hierba a la vista del gato aunque de nuevo lo suficientemente lejos. Clavó las otras piezas en unos palos y se levantó, recogiendo maderas secas para prender una hoguera, dejándose caer de nuevo pesadamente. Prendiendo fuego con unas piedras que se guardó de nuevo –estas muy encabronado ¿no?- se rió masticando una hierba mientras se hacía el pescado, desviando el humo hacia la jaula para dejarlo oler aquello.

El gato maulló molesto, agachándose un poco en la jaula, su estómago haciendo un poco de ruido, sin que pudiera evitarlo. Sacó una pata a través de los barrotes, tratando de alcanzar el pescado de todas maneras.

-asi que tienes finalmente si que tienes hambre…- le sujeto la pata entre dos dedos –te daré de comer si te haces humano…

El felino le clavó las garras entre los dedos, retirando su pata, neciamente, bufando de nuevo. Miró el pescado por un momento y volvió a bufar, obligándose a no ser tan débil.

Tokuma se rió abiertamente, comiendo como si no le importase nada y lo cierto es que mucho no lo hacía, tenía tiempo y aunque la paciencia era algo de lo que carecía la inteligencia no. Sabía que no lograría que se trasformase pegándole o algo así. Tampoco quería, a decir verdad, se le ocurrían mejores cosas. Lo miró fijamente a través del cabello negro sujetando por el palo el pescado que acababa de retirar del fuego, notando que quemaba bastante y esperando -¿sabes porque te he comprado?

El gato permaneció mirándolo, con aquel gesto de furia, por más que no podía evitar mirar el pescado que sostenía entre sus manos. Se sentó, esperando que le dijese.

-me la pone dura esa cara de furia que pones… si… estoy seguro de que no estás nada mal… - sonrió de medio lado comiéndose por fin el pescado, arrancándole la cabeza con los dientes y escupiéndola al fuego –no creas que permaneciendo de ese modo te librarás de algo… eres mío… he pagado mucho por ti.

El gato por fin cambió, convirtiéndose en un chico de cabello y ojos negros, su expresión igual así como sus orejas y su doble cola. – No soy de nadie, sin importar lo que hayas pagado. – estiró una mano, esperando que le diera el pescado sin intenciones de pedirlo.

-no es mi culpa si te dejaste capturar…- miró su mano como si nada y le pasó la lengua por ella, sujetándole la muñeca y recorriendo su brazo en la lamida, hasta pegarse a los barrotes, observándolo fijamente –sabía que ibas a gustarme…

El chico gato abrió más los ojos, en un gesto de auténtica furia, alzando su otra mano y arañándole la cara de nuevo, aunque sabía que se le curaría.

-¿insistes en eso?- el oni sonrió, girando la cara y mordiéndole al brazo mucho más serio, mirándolo de soslayo, escupió su propia sangre contra las verjas de la jaula, salpicándolo también y acercándole uno de los pescados, al fin a su alcance.

El chico lo miró, adolorido porque lo mordiese, pero tomando el pescado sin embargo, y girándose para empezar a comerlo desesperadamente.

-hacia mucho que no comías ¿eh?- observó sus colas en el interior de la jaula, tocándolas con los dedos y tirando un poco de una de ellas entre los barrotes, el chico girándose aún con el pescado en la boca y echándose hacia atrás en la jaula.

Tokuma sonrió por su reacción y la cara que tenía con el pescado en la boca de ese modo -¿Qué hacía ese mago con vosotros? ¿eh?- insistió como si en algún momento hubieran mantenido una conversación.

El chico terminó de comer, ya sin importarle si lo veía o no, observándolo. - ¿Para qué quieres saber?

-porque quiero- lo miró a los ojos sin apartarse el cabello, mordiendo un poco el palo en donde había estado el pescado y lanzándole el que sobraba por si aún tenía hambre.

Efectivamente, el chico lo tomó y procedió a devorárselo antes de contestar. Seguía mirándolo desconfiado, por supuesto- Robarnos la magia supongo, no sé.

-¿y que poderes tienes tu? ¿Convertirte en peluche?- escupió un trozo del palo masticado, observando sus piernas y el kimono azul oscuro, como la sombra de la tela ocultaba lo que había entre estas

El chico sonrió, extrañamente, sarcásticamente. – Te gustaría saberlo,¿no? No te lo diré.

-no me lo digas… si no quieres conversar conmigo seguro que se me ocurren otras formas de disfrutar de tu compañía- sonrió igualmente, metiendo la mano entre los barrotes y sujetando uno de sus tobillos tirando de el y sacando su pierna hasta la rodilla –el problema de viajar es la falta de compañía.

-Suéltame! – pateó a través de los barrotes, frunciendo el ceño. – Voy a matarte!

El oni se rió, lamiéndose los labios al escucharlo, observando sus piernas a pesar de cómo pateaba, aún más excitado, observando que se estaba dañando la rodilla contra los barrotes el solo. Lo soltó con ese único motivo, no lo quería medio destrozado -¿quieres que te suelte?...

- Déjame salir! – prácticamente le exigió, girándose y colocándose en una postura felina, sin prestar atención a sus golpes ni a sus cortadas.

-seguro que tienes muchas ganas de salir ¿Cuánto tiempo llevas ahí encerrado?- sujetó las cadenas mágicas que cerraban la jaula, observándolo y estudiando sus posibles movimientos. Esa postura estaba muy bien, era muy insinuante y aquel kimono tan corto solo propiciaba más sus deseos. Giró el candado y deslizó la mano rápidamente antes de que pudiera huir, sujetándolo del cuello y sacándolo violentamente, empotrándolo contra la hierba boca abajo, sin fiarse para nada.

El chico bufó, revolviéndose y manoteando tratando de hacerle daño, pero estaba debilitado y el maldito oni era demasiado fuerte. Bufó de nuevo, sin cesar de moverse.

-ya! ¿Para que actúas de ese modo? ¿No acabo de darte de comer? Lo menos que puedes hacer por mi es quedarte quieto- se rió apoyando una rodilla sobre su espalda además de la mano en su cuello. Pasando la otra por sus muslos pálidos y sus nalgas, levantándole la ropa y observándolo, el chico aún tratando de luchar a pesar del peso del moreno.

- Crees que voy a dejar que hagas lo que quieras?! Sólo por un pescado... – protestó, en sus movimientos.

-en realidad no… si no, no tendría ninguna gracia- sujetó el cuchillo y le cortó la ropa interior, deshaciéndose de ella

- Voy a matarte. En cuanto pueda... voy a matarte... -bufó de nuevo, aún revolviéndose, aún sabiendo que sería inútil, su cola erizada completamente.

-¿en cuanto puedas? Eso probablemente sea nunca, pero me alegra conocer tus buenos deseos… ¿Qué creías? ¿Qué te había comprado para alimentarte?- empujó los dedos en su cuerpo de forma un tanto abrupta, moviéndolos con fuerza dentro de el y sacándolos de nuevo, lamiéndoselos y volviendo a introducirlos en el –te iría mejor siendo bueno, ni siquiera habría reparado en tu existencia

- Bastardo... – lo insultó apretando los dientes luego, temblando de la furia.

-no me digas eso… encima que trato de relajarte el cuerpo para que te duela menos- sabía que era una imprudencia pero le soltó el obi y lo volteó hacia el para verlo bien, sujetándole el cuello de todos modos aunque su otra mano estaba mucho más pendiente de acariciarlo.

El chico se quedó quieto, respirando agitado, observándolo, y aprovechando su distracción para alzar la pierna, pateándolo, deslizándose por entre la hierba para salir de debajo de él, arrastrándose como podía y dando un salto ágil, huyendo, humillado, y aún furioso, casi cayéndose un una ocasión por la manera tan vertiginosa en la que huía. Detestaba tener que huir, pero sabía que no podría vencerlo. Menos después de haber estado en esa maldita jaula todo este tiempo.

El demonio se levantó furioso también, la mano en su entrepierna machacada por la patada, sus ojos rojos buscando por donde había escapado –maldito cabronazo…- murmuró sin poder moverse aún de donde estaba por aquel dolor tan intenso –te encontraré! Asi que ya puedes correr…- murmuró después. Sentándose de nuevo, adolorido y sujetando el obi del kimono del nekomatta.

El chico aún corriendo sin detenerse ni para sujetarse el kimono. Su rostro dominado por la furia, pero había lágrimas en las esquinas de sus ojos.

 
 

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