| Capítulo 3
First Friend
Tenkei remontó el vuelo moviéndose con libertad entre
las nubes, sintiéndose bastante bien en realidad. Las cosas
no habían salido tan mal ni había nada de lo que él
tuviese que lamentarse. Incluso sus heridas estaban mejor ahora.
Descendió ligeramente, con deseos de observar la fauna y
el paisaje, no tenía prisas.
Denki se detuvo en su vuelo, llevaba todo el tiempo huyendo como
si el mago fuera a molestarse en perseguirlo, no lo sabía
en realidad, pero se sentía muy cansado, tanto que apenas
podía volar. Trató de alzar el vuelo de nuevo pero
era casi imposible. Jamás se había sentido así
antes, ni siquiera cuando jugaba durante todo el día.
Bajó la cara, apoyando las manos entre las piernas y volviendo
a ocupar un palmo de tamaño, sin poder soportar mantener
más la forma humana, las lagrimas rodando por su rostro.
Se sentía terriblemente solo y abandonado.
Sus alas habían perdido brillo, observó las lágrimas
sobre las hojas brillando como gotas de rocío nacaradas,
se las echó sobre las alas, como probando a ver si servía
de algo puesto que se veían cada vez más apagadas.
La imagen del otro imp muriendo volvió a su memoria ¿se
estaba muriendo?. Cerró los ojos con fuerza, llorando más
profundamente y abrazándose a si mismo.
Negando después con la cabeza, frunciendo el ceño
–no!... no… lo mataré… y buscaré
un nuevo amo… - su voz rasgada aunque empañada por
el llanto sonó decidida –no… no puedo…
yo solo…- estrujó una hoja con las manos destrozándola
y lanzando los pedazos por todas partes –ah!- se levantó,
arrastrando otra hoja consigo y sentándose bajo una seta
junto al tronco de un árbol, se cubrió con la hoja,
escondiéndose. Esperaría allí… y cuando
alguien pasase… lo engañaría y así…
conseguiría que lo ayudase… Su propio cuerpo rebotando
contra la hierba y haciéndolo caerse contra el tronco de
la seta -¿Qué ha sido eso?- se levanto, alzando un
poco el vuelo, olvidándose de su cansancio por la fuerza
de la curiosidad, observando un ser enorme y plateado batiendo aún
sus alas cerca del lago. Abrió la boca sujetando la hoja
con fuerza, nunca antes había visto algo así.
Tenkei descendió completamente, transformándose al
instante, ya que se le hacía incómodo permanecer de
ese tamaño en un lugar así. El reflejo en el lago,
devolviendo la imagen de un chico de cabellos plateados y ojos verdes,
tan sólo sus alas y sus cuernos permaneciendo intactos. Introdujo
los brazos en el agua sonriendo al sentir su frescura, sin darse
cuenta de que era observado.
El imp se sujetó a uno de sus cuernos sin ningún
cuidado, permaneciendo de aquel tamaño diminuto, sintiéndose
un poco mejor solo por estar sobre aquella criatura mágica
tan poderosa, aún así resbalándose a lo largo
del cuerno plateado hasta sentarse sobre las hebras plateadas
Los ojos del chico alzando la mirada como si pudiera ver sobre
su cabeza así y alzó una mano, sujetando al diminuto
ser, con dos dedos, y colocándolo frente a su rostro. - ¿Quién
eres?
-yo pregunté primero- repuso, señalándolo
y revolviéndose para soltarse sin conseguir nada aparte de
quedarse colgando boca abajo, cruzando los brazos tratando de aportar
un poco de dignidad a su postura, recordando que solo lo había
pensado, no lo había preguntado, pero decidiendo esperar
a ver si no lo notaba.
- No has preguntado nada, a menos que fuera por señas en
cuyo caso, no te hubiera podido ver. – le contestó,
alzando una ceja y soltándolo por fin, dejando que se mantuviese
con sus propias alas.- Eres un imp, ¿no deberías estar
con tu amo
El imp alzó una ceja también, tratando de imitarlo
y mirándose en el reflejo del agua, observándolo de
nuevo con la misma expresión, pero definitivamente no se
veía igual cuando el lo hacía. Frunció el ceño,
revoloteando hasta su hombro y sentándose sobre el cansado
–no puedo… me muero…- se explicó terriblemente
mal, como si la mitad de la conversación hubiera comenzado
en su mente.
- Creí que los imps vivían gracias a su amo.... –
murmuró, pensativo, y pensando que era muy confianzudo. Se
adentró en el lago, sintiendo el agua, rodearle las piernas
y las caderas y mirando al ser a través del reflejo.
-es que mi amo ya no me quiere…- explicó apesadumbrado,
mirando hacia abajo, las ondas del agua, pensando en que hacer para
convencerle de que lo ayudase y sujetándose a uno de los
mechones de pelo que colgaban a los lados de su rostro, amasándole
el cabello entretenido y mirando debajo de nuevo como si lo hubiera
notado de pronto –no te tapas eso…- se rió observando
su sexo, desviándose de su problema de nuevo.
El dragón se sonrojó un poco aunque sin cambiar de
expresión, sólo adentrándose más en
el lago, hasta que el agua le llegó a las caderas. Claro
que no hacía demasiado con lo cristalina que era. –
No pensaba encontrarme con nadie aquí... – se excusó,
cambiando de tema. - ¿Ya no te quiere? ¿Le hiciste
algo?
-no… es que no me dio tiempo- se explicó con brutal
sinceridad, pasándole una mano por la mejilla y apoyando
la suya contra ella –estaba matándolos a todos pero
me muero igual si no hago algo…. – se lamentó
con todo el propósito de ablandarlo aunque de veras estaba
triste y tenía miedo. Aún así mirando abajo
curioso –a mi amo no le gusta ver esa cosa, también
tengo una si quieres verla…- le dio con la palma de la mano
en la mejilla como para llamar su atención.
- No, ya sé... cómo son.... – sonrió,
pensando que era muy inocente, y sujetándolo de nuevo para
que no le golpease, a pesar de su tamaño. - ¿No te
dio tiempo? No se supone que hagas algo malo. – lo alzó
a nivel de sus ojos estudiándolo. – Sé lo que
son los imps, pero..... si tu amo muere, ¿no morirás
tú también?
-no si encuentro un nuevo amo ese mismo día- lo miró
a los ojos sonriendo inocentemente y extendiendo los brazos hacia
el como pidiéndole su adopción “muy sutilmente”
-¿no quieres un imp?- se ofreció como si en realidad
le estuviese recomendando a un amigo, poniendo cara de pena después
porque no sabía cual surtiría más efecto.
-No.... la verdad es que no tengo necesidad de algo así....
– sonrió de nuevo, bajándolo un poco al agua,
aunque no pensaba mojarlo. Lo subió de nuevo.- Y ¿matarás
a tu amo?
-no puedo matar a mi amo… ¿Cómo voy a matarlo
si el me hizo? Pensaba matarlo pero no me puedo hacer grande sin
cansarme ya- cruzó los brazos contrariado aunque no se rendía,
se sopló el flequillo que rebotó, cayendo de nuevo
sobre su ojo –y no me mojes! Que me muero!- le mintió,
porque no tenía idea de que pasaba ni quería saber,
meditando que hacer para convencerlo -¿Qué eres? No
me lo dices…
- Soy un dragón. – le contestó, saliendo del
lago de nuevo y depositándolo sobre la hierba.- No morirás
si te mojas, sólo te mojarás. Háblame de tu
amo.
-hum… es un mago, lleva una túnica- se colocó
una hoja sobre la cabeza enroscándola un poco como si fuera
una capucha -y siempre me mandaba que capturase unos seres…y
luego siempre me reñía y me decía que me cosería
los labios- se sujetó a la hierba con las manos balanceándose
hacia atrás y mirándolo mojado, sus ojos observando
su sexo y como goteaba el agua desde este, se dejó caer en
la hierba y la gota enorme para el se estampó sobre su rostro,
dejándole el cabello completamente mojado y apartándoselo
de la cara –ah!- cerró los ojos con las manos hacia
delante como tratando de parar el agua, abriéndolos poco
a poco chorreando y riéndose, frunciendo el ceño después
–no tiene gracia… no quieres un imp… pues!...“me
muero…”- suavizó la voz al final, como para verse
más victima, cerrando los ojos y entreabriendo uno para espiarlo.
- No estás muriendo aún... – se rió
porque notaba su dramatismo y le hacía gracia, aunque le
parecía triste su destino. – Dime la verdad, ¿qué
deseas de mí?
-si me estoy muriendo… ¿no ves?- se giró en
la hierba mostrándole sus alas algo apagadas –y cuanto
más se aleje de mi… más me muero… ahora
me estoy muriendo poco… pero si se va más lejos me
moriré mucho… y también se morían todos
los seres que había en el sótano… los estaba
matando… ¿tampoco los quieres a ellos? Yo tampoco los
quiero… me quiero mas a mi… pero… si así
lo matas…
- Quieres que lo mate, no me agrada tomar vidas... – se quedó
mirándolo, escuchando lo que decía, sabía que
estaba mintiendo un poco, pero había verdad en lo que decía
también. - ¿Qué tipo de seres había
en su sótano?
-hum… no me dejaba ver… hadas… - anunció
porque era lo que el había capturado –un gato…
con dos colas… hum…- se sentó en la hierba con
las manos en los tobillos, balanceándose y mirándolo
atento de nuevo y sintiéndose extraño. Se levantó
de pronto, bajándose la ropa que lo cubría y mostrándole
que tenía el sexo erguido –mira! ¿A que no te
lo esperabas?
Tenkei parpadeó, observándolo. – No.... no
me lo esperaba.- permaneció mirándolo a pesar de que
le daba algo de vergüenza, finalmente apartando la mirada.
- ¿Porqué los tenía en su sótano? ¿Lo
sabes?
-le vendió el gato a uno… uno con cuernos y…
no se que más porque tenía el pelo delante de la cara…-
miró abajo, a su sexo, porque en realidad había sido
el quien no se esperaba aquello y estaba tratando de que le explicase
que pasaba con eso. Se tapó frustrado de que no le dijese,
frunciendo el ceño y sentándose de nuevo con la cara
apoyada en las manos sin dejar de mirarlo
- Entonces.... ¿los vende? – preguntó, sin
estar claro, pero irritado de que pudiese quitarles la libertad
así. Claro, no tenía nada que ver con él, pero
el hecho de tener a ese ser delante suyo, debilitándose poco
a poco, y también el hecho de que a él no le gustaría
perder su propia libertad, ya lo estaban involucrando. - ¿Cómo
te llamas?
-¿Denki?- lo miró a la cara atento, pensando que
ese nombre se lo había puesto el porque le había parecido
bonito -¿y tu?- suavizó el gesto, pensativo –no
se si los vende siempre… solo vivo desde hace unas semanas…creía
que solo los tenía ahí encerrados… no se porque…
y a ese lo vendió… y gritaba… y a mi me daba
miedo…
- Me llamo Tenkei.- se presentó, pensativo. No le gustaba
nada aquello. – Quiero ver a tu amo....
-¿Por qué? ¿Vas a matarlo? ¿O quieres
comprarte un ser de esos? Por qué yo soy gratis…
- No quiero comprar ninguno... – lo miró, sonriendo
un poco sin poder evitarlo. – No le privaría de su
libertad a nadie. Sólo quiero ver la realidad con mis propios
ojos. Entonces podré decidir... aunque tal vez no debería
inmiscuirme en esto.
-o tal vez si! Dices que no te gusta arrebatarle la vida a nadie…
pero si no me salvas también me muero…- se levantó,
revoloteando hasta el, flotando delante de su rostro –ya se
me puso como la tuya de nuevo- se bajó la ropa de nuevo,
mostrándole -¿te lo esperabas?
- No.... no tienes que enseñármela a cada rato –
alzó una ceja de nuevo sujetándolo con delicadeza.
– Y necesito asegurarme de que lo que dices sea cierto y no
algo que has malinterpretado...
-hum…- se sentó en su mano alzando una ceja y subiéndose
la ropa –pero tu ya me la estás mostrando todo el tiempo
y yo no me molesto… y dijo… “ya no os necesito…
tengo suficiente con este pago…ja ja ja” luego el otro
imp se quedó gris y se deshizo… - sintió que
le dolía la tripa de recordarlo y se tumbó en su mano
–no me quiero grisear y morirme…
- Nadie quiere morir... – lo miró serio, abriendo
más la mano para que pudiera estar cómodo, observando
su leve brillo. – Iremos a verlo y trataré de ayudarte.......
Y yo no tengo ropa aquí, es sólo por eso.
-yo tampoco tengo ropa aquí… y tampoco en otros sitios…-
se sujetó a uno de sus dedos porque en realidad estaba cansado
aunque sabía que debía guiarle el camino y era su
única oportunidad. Se sentó de nuevo, haciendo el
esfuerzo –es una cabaña… allí… todo
por allí… no se donde… porque solo volaba…
para escaparme…- lo miró de soslayo con cara de duda
muy seria -¿ya estás queriendo un imp?
- No, que no necesito uno, pero tampoco deseo que mueras –
le aseguró, pensando en qué iba a hacer con un imp,
no tenía idea. Me transformaré de nuevo para que lleguemos
más rápido.
-jo! vale…- echó a correr por su brazo, contrariado,
agarrándose a uno de sus cuernos de nuevo y cobijándose
allí aunque sin tener muy en cuenta que ya no estaría
tan cómodo cuando se transformase –cuando quieras uno
ya no vas a poder tenerlo…
- No deberías ofrecerte a cualquiera así.... puede
sucederte algo malo. – le advirtió, tomándolo
de su cuerno y protegiéndolo en sus manos, transformándose
en aquel gran ser plateado y elevando el vuelo. – Dime hacia
donde...
-hacia el norte- le señaló con la mano, escondiéndose
entre sus garras ahora enormes y sujetándose a ellas, sintiendo
el aire con fuerza en el rostro, riéndose y olvidándose
un poco de que le dolía de nuevo, pensar en eso no era divertido
–me ofrezco porque igual me muero, nadie puede ser mas malo…-
se sentó, sujetándose y mirándolo de soslayo
un poco espantado al verlo bien –antes eras más guapo…
- Gracias – le contestó, comprendiendo que no quería
decir nada malo con eso y continuando el vuelo, mirando hacia abajo.
– Deberías buscar alguien que te trate bien.
-pero es que nadie me quiere… y todos me gritan… ya
estoy buscándote a ti que me tratas bien y no me quieres…
a nadie le hace falta un imp… solo al hada esa… pero
ella quería arrancarme trozos… por eso la capturé…-
se quedó callado, pensando que no, en realidad la había
capturado para ver si así le hacia caso su amo –más
o menos… por otras cosas también…
- Por otras cosas....- lo miró, pensando que no podía
mentir, pero así era mejor, no le agradaban las mentiras.
– No sabes si te trataré bien, sólo lo asumes....
pueden engañarte, ¿lo sabes?
-humm… no se… igual si… pero aún así
es mejor que estar solo y encima morirme…- se ovillo en su
garra de nuevo sintiéndose mal –y siempre estoy solo…
Tenkei lo miró nuevamente, apartando su mirada del paisaje
por unos segundos, sintiendo pena por él. – Una vez...
que vea a tu amo y decida qué hacer, si las cosas salen como
piensas, puedo ayudarte a buscar otro amo. O puedes venir conmigo,
pero... realmente no tendrás mucho que hacer a mi lado.
-¿de veras?- preguntó igual sin levantarse y sintiéndose
menos cansado conforme se acercaban de vuelta a la cabaña,
lo cual le confirmaba que el mago seguía allí, aunque
se sentía igual de mal anímicamente -¿te aburres
mucho?
- No, me gusta mi soledad, pero no soy alguien que necesite de
tu ayuda. – le aclaró, con la creencia de que los imps
vivían para servir, claro.
-hum…- suspiró pensando que nadie lo necesitaba ya
e igual llorando de nuevo aunque tratando de hacer como si no. Contrariamente
escondiendo la cara contra su piel plateada como si así no
fuera a notarlo aún más.
- Espera, ¿por qué lloras? – el dragón
detuvo su vuelo, volviendo a transformarse en el chico, aún
sosteniéndolo en sus manos. – No significa que no me
vaya a agradar tu compañía.
-no lloro- pasó la mano por aquellas lágrimas brillantes
y se la secó en el pelo haciendo cara de que estaba bien
a pesar de que se notaba que había llorado. Pero tampoco
quería que se enfadase y ya no lo quisiera ni aunque fuera
sin necesitarlo –estoy bien…- se sentó en su
mano muy serio, mirándolo fijamente y bajando la vista, percatándose
de que brillaba de nuevo como siempre.
-No mientas....no tienes por qué. – le sonrió
un poco, observando su brillo. – Estamos cerca, ¿verdad?
-si… está ahí…cerca - se levantó
en su mano, poniéndose de pié y señalando entre
la arboleda. Revoloteando y preguntándose si los dragones
leían la mente –yo nunca miento…- mintió
sujetándose las manos tras la espalda, bajo las alas. Y parándose
en el campo, haciéndose de tamaño humano y mirándolo
de soslayo, parado delante de el. Sacudiendo las alas y caminando
despacio entre los matorrales.
- Eso es mentira. –lo siguió, negando con la cabeza,
sin molestarse en cambiar de nuevo, observado su tamaño ahora.
-“no me leas la mente”- susurró en tono bajito
como si tratara de averiguar si se la leía o no -¿quieres
ver? ahora la tengo como tu… - se giró de pronto señalándose
el taparrabos de cuero, aún intrigado
- No, está bien... Ya sé que la tienes como yo...
– negó, tratando de evadir el tema. – Y no leo
tu mente, puedo saber cuando alguien dice la verdad o no.
-hum…- frunció el ceño, pensando que así
no era divertido –pues cuando me ayudes a buscar un dueño
que si me quiera… buscaré uno que no sepa esas cosas…-
se rió, como ahora se sentía mejor, perdiendo de nuevo
la conciencia de la peligrosidad de la situación. Se hizo
pequeño de nuevo revoloteando hasta la ventana de la cabaña.
El mago que guardaba las cosas dentro de bolsas de cuero deteniéndose
de pronto, acercándose a la ventana y haciendo que el imp
se escondiese bajo el marco de madera. Asustado.
- No tengas miedo... – el chico se acercó, extendiendo
la mano para que viniese con él si quería y observando
al mago a través de la ventana, aproximándose a la
puerta.
El imp se cobijó en su mano, asustado de todos modos al
recordar lo rápidamente que se había librado del otro
como el. El hechicero sacando una de sus manos del bolsillo, escupiéndose
en la palma y escribiendo sobre ella unas letras en rojo -¿Quién
va?- preguntó con la mano extendida hacia la puerta –ya
no está abierto el negocio
- No he venido por el negocio. He venido a averiguar algo –
lo miró notando lo que había hecho y deteniéndose,
resguardando al imp. - ¿Es cierto que mantienes a algunos
seres apresados en tu sótano?
-no, ya los he matado- cerró los ojos y los abrió
de nuevo susurrando algunas palabras en una lengua extraña
-una bola de fuego!- le advirtió el imp reconociendo el
hechizo, aquello lanzándose contra el dragón. El mago
reconociendo la voz apagada de aquel su sirviente y extendiendo
la mano, la luz desprendiéndose de Denki poco a poco a causa
de la magia del dragón.
-No! – el chico extendió las manos, un muro de hielo
creándose al instante frente a ambos, derritiendo aquel fuego.
Lo rompió a continuación, tirando los trozos del mismo
contra el mago. Sabía que decía la verdad, y Denki
también.
El humano salió hacia atrás, golpeado por los cristales
de hielo, sangrando por varios lugares, alzando una mano e insistiendo,
una lluvia de fuego cayendo del cielo sobre la cabaña y sobre
ellos mismos.
Apagándose casi al instante de llegar cerca del chico dragón,
el hielo protegiéndolo.
Se resistía por necedad, por orgullo, sabía que
harían falta cientos de magos para derrotar a un dragón.
Su otra mano aún absorbiendo la fuerza del imp que palidecía
en la mano del Tenkei –al menos tu morirás conmigo
por traidor!
-“no… no quiero…”- Denki tratando de resistir,
cada vez más cansado, si al menos pudiera crear aquella barrera
a su alrededor, pero no… la del dragón era más
poderosa y la suya solo debilitaría a su nuevo amo. Lo miró
sin poder hacer otra cosa que permanecer tumbado en su mano, con
los ojos entreabiertos, pensando que de veras no le servía
de nada, y sonriendo cansado, cerrando los ojos.
Tenkei casi cerró su mano como si aquello lo protegiera,
enfureciéndose. – No es una traición tratar
de sobrevivir! Especialmente de un asesino como tú. –
dio un paso hacia delante, lanzando granizo contra él, el
viento gélido rodeándolo, debilitándolo cada
vez más, como pensaba hacer con el imp.
El mago cedió en tratar de matar a aquel ser, sin embargo
dedicándose entonces a intentar deshacer aquellas piedras
de hielo que lo golpeaban incesantemente. El hielo comenzando a
congelar su cuerpo y a robarle la movilidad por completo.
Denki se quedó congelado también dentro de la mano
del dragón como respondiendo a lo que a su creador le había
ocurrido. Era extraño se preguntaba si estaba muerto, porque
aún podía pensar a pesar de que no veía. No,
tal vez solo necesitaba maná.
- Denki.... – Tenkei lo alzó hasta sus ojos, abriendo
la mano, sumamente serio, observándolo. Se veía muy
débil, casi no brillaba. Ojalá no lo hubiese acabado
de matar. – Denki.... ¿qué hago ahora? Necesitas
que sea tu amo... ¿Cómo lo hago?
-mátalo… - hubiera querido mirarlo pero no podía
abrir los ojos -necesito maná…de tu magia… con
la boca
Tenkei alzó la mirada de nuevo, lanzando un témpano
y atravesando al mago. Había pensado en dejarlo morir congelado,
pero suponía que así era mejor. No era bueno dejarse
llevar por su furia. Acercó al imp de nuevo a su rostro abriendo
la boca, sin saber cómo ni qué hacer, esperando que
el chico supiera.
Denki lo miró, pensando que no sabía, a el le había
parecido que si con todo lo que había parecido saber sobre
su especie, lo cierto es que el tampoco sabía, nunca ponía
atención cuando su señor lo había echo, aunque
en esos momentos se sentía tan débil que le daba igual
como fuera. Le apretó los labios con las manos, abriendo
los labios y absorbiendo parte de su magia, brillando de nuevo poco
a poco.
Se hizo de nuevo grande frente a el, sujetándole el rostro
con las manos y al fin cerrando los labios y cesando su “robo”
de magia –gracias…- se volteó mirando al mago
en el suelo y acuclillándose frente a el. Lo cierto es que
asi le daba un poco de lástima. Aunque no mucha para ser
sinceros.
- No me agrada tomar vidas... – murmuró el chico dragón
por si acaso, entrando a la cabaña de todas maneras, por
un momento pensando en tomar las ropas del mago, pero además
de que estaban heladas, le causaba repugnancia pensar en usar algo
de él, sinceramente.
-es un poco asqueroso…- observó la sangre y la tocó
con un dedo, llevándosela a los labios y haciendo cara de
asco –y sabe asqueroso…- se levantó de nuevo,
pensando en pegarle una patada al cadáver en la cabeza pero
luego deteniéndose a la mitad de la intención mirando
al dragón de soslayo seguro de que le reñía
-¿quieres ver donde te decía?
- Sí, pero no hagas eso... No eres carnívoro ¿verdad?
– se quedó mirándolo, pensando que algo le ocultaba,
pero no parecía algo importante.
-hum… no…- lo miró preguntándose que
era carnívoro de todos modos y sonriendo levemente, haciéndose
pequeño de nuevo y bajando por las escaleras, recorriendo
la primera parte del sótano, era la primera vez que la veía
libremente, aunque ahora olía mal y todos estaban muertos.
Algunos quemados, otros simplemente como dormidos en sus jaulas
-¿no van a vivir de nuevo?- se paró frente a una de
las jaulas, haciéndose grande de nuevo e iluminando tenuemente
la estancia con su propia luz.
- No, no van a vivir de nuevo...- murmuró con voz triste,
observando a todos aquellos seres muertos, algunos sin duda malvados,
pero aún así era terrible. – Una vez que mueres
no regresas, ¿no sabías eso, Denki?
-no…- siguió sus pasos hacia dentro, buscando también
allí alguno que quedase con vida. Observándolos también
en sus jaulas sin vida, se quedó mirando a unas hadas y abrió
la jaula tocándolas con un dedo, estaban grises y se deshicieron
solo con su tacto. Sintió que le bajaba una lágrima
-¿y ahora que?!
- No lo sé.... Creo que debemos sacarlos de aquí,
enterrarlos. Al menos lo que queda de ellos, no permanecerá
en estas jaulas. – se agachó frente a una, observando
a un chico más o menos de su tamaño, un elfo. Abrió
la jaula, sacándolo con cuidado y disculpándose en
silencio por tomar su ropa.
-bueno…- se pasó una mano por la cara, aun asi algunas
gotas de agua brillante cayendo a la tierra mientras desnudaba a
otro de los seres sin saber porque. Igual por eso no querían
verlo desnudo, porque eso era para cuando estabas muerto.
- ¿Qué estás haciendo? – Tenkei lo miró
confundido, terminando de vestirse, claro, a lo mejor el imp quería
taparse un poco más, pero lo dudaba.
-le quito la ropa como tu…- se quedó con la ropa en
la mano, viendo como se la ponía y frunciendo el ceño,
lanzándola por cualquier lado después –“se
avisa…”- refunfuñó sacando a los seres
de sus jaulas ahora con mucha más celeridad.
- No creí que.... Necesitaba ropa, es todo.- suspiró,
pensando que era algo necio y cambiaba de humor con facilidad, ayudándolo
a sacar los cuerpos de las jaulas, congelando aquellos que estaban
quemados parta que no se hicieran pedazos aún. Realmente
quería sacarlos de aquella cabaña.
El chico de cabello azul extendiendo como una nube de maná
y apoyándolos a todos sobre esta -¿Por qué
los mató?
- No lo sé, pensé que tal vez tú lo sabrías.-
lo miró, pensativo. – Dijiste que los vendía.,
dijo que ya no los necesitaba, ¿no es así? –
miró los cadáveres de nuevo, pensando que de ser así,
bien podría haberlos dejado libres.
-si… porque ese ser tan grande le dio metales y piedras de
colores… a cambio del… hum… nekomatta…-
recordó, sonriendo por haberlo echo –y yo dejé
escaparse al hada que había traído cuando supe que
iba a matarla… y luego pensé que mejor no lo hubiera
echo porque seguro que ahora me odia y quiere matarme… a lo
mejor por eso el los mató a todos… - dejó al
ultimo de aquellos seres sobre la nube azulada -¿Dónde
se entierran?
-Afuera.... – lo miró, alzando una ceja de nuevo,
sonriendo un poco a pesar de su tarea.- No, en realidad, la mayoría
de estos seres son bastante pacíficos. Y el hada probablemente
te estará agradecida por haberla soltado. –le explicó,
subiendo las escaleras y confesándole de antemano. –
Voy a tomar esas piedras de colores. Tu amo ya no las necesita.
-tu eres mi amo- se rió saliendo y llevando a los seres
tras ellos en aquella neblina hacia el exterior, dejándolos
allí y esperando a Tenkei, corriendo hacia adentro de nuevo
–tiene más…- rebuscó entre sus bolsas
hasta encontrar, mostrándole el contenido lleno de piedras
preciosas y metales nobles -¿Qué son? ¿se comen?-
alzó una entre los dedos llevándosela hacia la boca.
- No! Te harás daño... – le sujetó la
mano, tratando de no ser demasiado brusco. – Los humanos las
usan para comprar cosas, negociar.... son muy valiosas. Pero a mí
me gusta cómo se ven, son hermosas ¿no? – alzó
una dejando pasar la luz a través del color azulado como
el imp, sonriendo.
-si!- alzó una también, mirándola, pero como
era de metal no veía nada especial, cogió otra de
cristal, mirando la luz a través del color rojo -¿y
tu también la quieres para comerciar? ¿Quieres comprarte
un nekomatta? ¿Para que son? ¿No te dan miedo?- alzó
una mano almacenando electricidad entre sus dedos y la lanzó
contra el suelo, abriendo un socavón en la hierba y dejando
bajar lentamente a aquellos seres sobre la tierra -¿esto
es como se entierran?
- Eso servirá.... – lo miró, apartando la vista
de aquellos tristes cuerpos. – No, no sé por qué
alguien querría algo así. Y ya te dije, me gusta cómo
se ven. Tal vez algún día conozco a alguien a quien
quiera ayudar, le regale algunas.... – hizo que el viento
se elevase a su alrededor, la tierra volviendo a caer suavemente
sobre los cuerpos.
-oh…- lo miró atento, pensando en aquellos seres que
no iban a vivir de nuevo y luego se pasó las manos tras la
espalda caminando hacia el despacio como tanteando la situación
-¿y ahora que hacemos?
- Puedes venir conmigo, a donde vivo. O podemos buscarte otro dueño.
– lo miró, examinándolo.
-¿Dónde vives? ¿No decías que no te
servía para nada?- entrecerró los ojos de nuevo planteándose
lo que el mismo dragón le había dicho de que podían
engañarlo, de todos modos no es como que pudiera apartarse
de el ahora que era su nuevo dueño.
- No tengo necesidad de utilizarte, pero no me desagradaría
tu compañía. Vivo en lo alto de las montañas.
– miró hacia arriba como si pudiese verlas desde allí.
- ¿Necesitas ser de utilidad?
-supongo… no lo se…- lo miró a los ojos preguntándoselo,
porque además de su magia había pocas cosas mas que
tuviese claras, incluso sobre su propia naturaleza –hay fruta
en la montaña?
- Hay algunas... Está cubierto de nieve, todo el tiempo.
– le contestó, sonriendo un poco. - ¿Te gusta
la fruta?
-si! Aunque no me hace falta… bueno si… - se corrigió
luego, asintiendo con la cabeza enérgicamente, por si después
con eso se ganaba que no le dieran más frutas. No le emocionaba
mucho que no lo necesitasen, ir a un sitio lleno de nieve y encima
que solo hubiese… algunas frutas aunque suponía que
no tenía mucha opción tampoco -¿crees que pueda
encontrar a alguien que me necesite?
- Creo que deben haber muchos seres que te necesiten. Y sé
que no te hace falta comer frutas... – se rió, mirándolo.-
No te iba a privar de ellas. Sólo soy tu amo para que vivas,
no decidiré lo que puedas o no comer.
-OH!…- sonrió y luego frunció el ceño
de nuevo molesto con que le “leyera la mente”, volteándose
de espaldas a el -¿vamos a ir hacia allí?- señaló
las únicas montañas nevadas que veía a lo lejos
porque además sabía que hacía allí estaban
las tierras cubiertas por la nieve -¿de donde vienes?- se
acercó haciéndose pequeño de nuevo y subiéndose
sobre su hombro aunque ya no estaba cansado para nada.
- De allá. Hay un pueblo.....- le señaló la
dirección contraria a las montañas.- Fueron atacados
y necesitaban mi ayuda. Y sí, iremos hacia allí, pero
caminando por ahora... así podremos ver si alguien más
te necesita, y yo no tendré que deshacerme de la ropa.
-yo te la puedo llevar cuando tengas que quitártela…-
se sujetó a la camisa con las manos en su hombro, riéndose
abiertamente imaginándose en su forma dragón con ropa,
poniéndose luego serio y mirándolo de soslayo –la
mía se cambia conmigo…- le explicó innecesariamente,
de nuevo imaginándoselo y pensando que menos mal que la suya
no, riéndose en bajito –a ti si te necesitan todos.
- Pero por lo general no bajo de las montañas. Me gusta
estar allí arriba. Bajo al lago muchas veces, pero eso es
todo. – le explicó también, simplemente conversando.
– Y sólo ayudo a los que me agradan, no me gustan las
mentiras ni los engaños. –le sonrió, dejándoselo
saber, aunque sus mentiras no le parecían muy grandes ni
mal intencionadas. – También estoy seguro de que muchos
te necesitarán.
-yo nunca vi a nadie que me necesitara aunque tampoco vi a mucha
gente…- se explicó jugando con el mechón que
colgaba al lado de su rostro –no se porque no te gustan las
mentiras si son graciosas- se rió, apoyando la cara sobre
las mechas plateadas, abrazándose luego a su mejilla –te
quiero…- sonrió apretándose más –no
es mentira…- anunció luego.
- Sé que no es mentira... – contestó, un poco
rojo, aunque suponía que era normal en alguien tan inocente.-
La mayoría de las mentiras, son dañinas, no son cosas
pequeñas como que necesitas fruta para vivir. Pero no deberías
acostumbrarte a mentir. – miró de soslayo, murmurando
por fin. - También te quiero. –sintiéndose extraño
por decir aquello, pero sí le había tomado algo de
cariño y se notaba que era muy emocional.
-¿de veras?- lo miró confundido, atento como si pudiera
saber si era una mentira con mirarlo, aunque suponía que
una persona a quien no le agradaban las mentiras tampoco le gustaría
decirlas –de veras…- se confirmó a si mismo moviendo
las alas un poco sin moverse de donde estaba. El lo quería
mucho, le había salvado la vida, pero no comprendía
porque lo quería a el si no había echo nada, tal vez
por las piedras de colores. Tampoco le importaba mucho el motivo
–es que tengo que decir mentiras- anunció de pronto,
saltando de un pensamiento a otro –se me vienen a la boca
solas.
- Eso no es cierto, siempre sabes cuando las dices, ¿no?
– sonrió, aunque nuevamente irritado con su anterior
amo.- Tal vez es tu instinto, pero ya no necesitas ocultar la verdad.
Si estás conmigo, por ejemplo, sería inútil
y no voy a castigarte ni nada así.
-si lo se… pero lo pienso luego de que ya las dije…
a veces pienso que mejor decirlas también… hum…
o que si no me reñirán… ¿tu no tienes
un amo?- le preguntó curioso, preguntándose como sería
eso –yo me sentiría muy solo… ah! Y me moriría…-
recordó como si fuera algo facil de olvidar -¿crees
que haya amos que me necesiten, me quieran, me den fruta y no me
castiguen cuando me porto mal?- lo miró preguntándose
si se olvidaban de algo –y sean mágicos…
- Por supuesto, hay muchos seres mágicos en el mundo. Y
alguno debe necesitarte. Además, no te dejaría con
alguien que te fuese a hacer daño. – le aseguró,
caminando tranquilamente. – Los dragones nacemos en libertad,
yo no podría vivir con un amo.
-humm… ¿Dónde vamos a buscarlo? En las montañas
no… para eso me quedo contigo… pero allí hace
frío… prefiero quedarme en esta zona… aquí
siempre es primavera… ¿no te gusta?
- Es muy hermoso, sin duda, pero nací en el frío
y siempre ha sido el lugar en el que me siento más cómodo.
Es mi hogar – sonrió, adentrándose un poco más
entre los árboles. – Buscaremos en el bosque un poco,
si te gustan las hojas y las frutas... creo que es el mejor lugar.
-vale… Tenkei… pero que sea guapo… - se rió
descolgándose por su ropa y colándose bajo la camiseta,
sujetándose al cuello de esta -¿Por qué usamos
ropa?
- Para taparnos, a veces es para no enfermarte o.... – suspiró
pensando que ese no era su caso y dudaba que fuera el del imp. –
Bueno, hay cosas que debes taparte, porque... son privadas.
-¿Por qué son privadas?- lo miró, alzando
la cabeza hacia arriba aunque no lo veía muy bien desde ahí.
- No sé... lo son, tal vez por lo que haces con ellas. –
le contestó deseando que se dejase de ese tipo de preguntas.
-¿pero que es privadas?- lo miró intrigado aún,
sintiendo que no le aclaraba nada –es que yo no hago nada
con ellas
- Aún no, pero ya lo harás – carraspeó
tratando de pensar en una buena respuesta. – Son privadas,
eso significa que sólo son para que las veas tú y....
la persona que ames o te guste...
- …eso es privado…- se colgó con las manos de
las cintas que cerraban la camiseta del dragón, balanceándose
un poco –pues yo te las vi.… será que me amaaaas….
– se burló porque sabía que no. Pero tampoco
estaba muy seguro de que era amar.
- No, eso... eso es sólo es parte de la ropa. Es..... lo
que llevas tapado tú es lo realmente privado. – le
aclaró, seguro de que le iba a caer otra pregunta difícil.
-eso también te lo vi… te lo vi todo…- canturreó
riéndose y colándose bajo la ropa del dragón,
deslizándose por su pantalón y sujetándose
a su sexo sin ninguna malicia –te lo veooo
- No hagas eso! – enrojeció el chico metiendo la mano
en su pantalón y sacándolo, su sexo ligeramente erguido
ahora. – No..... eso... a mí no me importa realmente,
no es tan..... pero no tengo ganas de que lo vea cualquiera, ¿entiendes?
-vaaale…- cerró los ojos escondiéndose dentro
de su mano –seré bueno… se te puso caliente…
- le anunció por si no sabía -y a mi también
antes… ah!- se asomó en su mano mostrándole
un bosque más frondoso a lo lejos –eso parece interesante…
- Vamos hacia allá. – murmuró, prefiriendo
no entraren detalles acerca de lo caliente de su sexo, y dejando
su mano extendida frente a sí, para que el imp pudiese ver.
Denki echó a volar rápidamente entre las ramas de
los árboles, sintiendo como se arrastraban las hojas por
su cuerpo y sonriendo por las cosquillas que le hacían. Se
quedó observando una mariquita bajando por el tronco y se
sentó encima, dejando que lo llevase con el.
Tenkei continuó caminando, lentamente, ya que veía
que el imp se estaba divirtiendo. Seguramente se deprimiría
si lo llevase consigo a sus montañas. Se detuvo al escuchar
una ligera queja entre los árboles, poniéndose alerta.
Denki lo miró atento, el pobre insecto descendiendo vertiginosamente
sin poder soportar mas su peso. El imp se dejó caer sobre
el hombro de Tenkei riéndose, la mariquita echando a volar
seguramente arrepentida de haberse detenido en aquel árbol
-¿hacia donde deberíamos ir?- preguntó felizmente
sin reparar en las quejas.
- Deberíamos ver primero si alguien necesita ayuda. –
el dragón lo sujetó, alzándolo un poco más
sobre su hombro porque le parecía que se iba a caer con tanta
risa, por más que tuviese alas. Se adentró entre los
árboles, deteniéndose de nuevo y observando entre
las ramas al ser que había emitido aquellos quejidos. Era
un chico delicado de cabellos verdes. Estaba sentado contra el tronco
de un roble, sujetando su brazo, y examinando una herida en el mismo.
Tenía otra más pequeña, apenas una cortada
en la parte de atrás de su otra muñeca.
El chico dejó de quejarse, recostándose más
contra el árbol, la vegetación, como una enredadera,
subiendo por el tronco del mismo hasta alcanzar sus ramas.
-ah!...¿has visto? ¿lo viste Tenkei?- el imp lo señaló
interesado por lo que había echo, echando a volar para mirar
aquello más de cerca -¿Qué es?- se hizo grande,
tocando la madera y dejando un rastro de polvo brillante a su paso
- No estoy seguro, es un ser del bosque, eso es seguro.- se acercó,
tocando la madera también, intrigado. – Puedes salir,
no te haremos daño, ¿Necesitas ayuda? – lo llamó
sin recibir respuesta.
-necesita ayuda, que estaba llorando…- le explicó
el imp aunque se temía que el dragón ya lo sabía
de todos modos y lo preguntaba por algún motivo raro -¿yo
soy un ser del bosque?- miró las enredaderas tocando una
hoja con un dedo -¿se murió?
- No lo creo, y no, los imps pueden nacer en cualquier lado. –
lo sujetó para que no lo molestase, por si acaso. –
Vamos a alejarnos un poco, a lo mejor lo estamos asustando. Retrocedió
algunos pasos esperando y el chico por fin volvió a salir,
desde la parte de atrás del árbol, observándolos.
-Te he visto antes- murmuró refiriéndose al imp.
– Te llevas a los seres como yo.
-no es verdad! Bueno… hoy me llevé un hada…-
miró a Tenkei a los ojos –pero era el primero que cogía
y luego lo solté…- se disculpó ocultando los
detalles de porque lo había liberado –además
no es mi culpa si tengo que hacer lo que me mandan… tu no
sabes lo duro que es ser imp…- le reprochó, cruzándose
de brazos con aire de dignidad –y mi amo es Tenkei ahora…
El chico alzó la mirada al dragón, imaginando que
ese era Tenkei.
- Está diciendo la verdad, no lo hizo por su propia cuenta.
– le aseguró, mirándolo a los ojos, y sonriendo
un poco para tranquilizarlo, a pesar de que estaba seguro que el
imp había capturado a más, pero no quería alterarlo.
– Y su antiguo amo, ya no pude hacerle daño a nadie.
¿Necesitas ayuda?
- Lo he visto. - Insistió el chico, aún serio, sentándose
luego. – Me llamo Myst y soy un dryad – les aclaró,
habiendo escuchado su conversación de antes.
-tu lo tienes todo visto…- Denki lo señaló
pensando que a todo decía que lo había visto, contrariado
–yo te he visto llorar
- No lloraba, sólo me quejaba... –murmuró aunque
sí se le habían salido algunas lágrimas, no
le gustaba el dolor.
- ¿Por qué... te quejabas? – le preguntó
cuidadosamente el chico dragón, agachándose en la
tierra, y observando cómo el dryad apartaba la mano de su
brazo, la herida mucho mejor ahora. – Tal vez podamos ayudar.
- Unos hombres vinieron mientras dormía. Creo que querían
leña... Hice que se fueran pero ya habían empezado.
– explicó, negando con la cabeza. – Estaré
mejor dentro de poco.
-¿creyeron que eras un tronco? Pues es tu culpa por ponerte
como tronco… porque yo una vez…- se sentó en
el suelo al lado de Tenkei solo porque estaba inquieto con poder
acercarse al dryad y sabía que no le iban a dejar –una
vez me le pegue a un insecto palo contra una seta y lo espachurré…
pero creía que era un palo… ¿los mataste? ¿eres
malo? ¿yo soy malo Tenkei?
- No, no eres malo. No lo hiciste a propósito. ¿Crees
que soy malo? – le preguntó Tenkei observándolo,
el dryad mirando a uno y a otro, como si no comprendiese nada.
- No, no los mate, sólo hice que se fueran. Y no me puse
como un tronco. Es que.... – se preguntaba si realmente no
sabían lo que era. – Soy un dryad, vivimos en los árboles.
Si le hacen daño a mi árbol.... a mí también.
-no, tu eres bueno, me salvaste y te quiero…- sonrió
abrazándolo y mirando al dryad que no le parecía tan
bueno, tratando de dejarlo mal delante de Tenkei –pues no
podrás salir de tu casa… o te puedes morir cuando menos
lo esperas…
-Puedo regresar cuando quiera.... y no tengo que salir... –
miró a su roble, recostándose contra él de
nuevo, como si ambos necesitasen cariño.
- Pero maté a tu amo... No es bueno matar gente, Denki –
le aclaró Tenkei por si acaso.
-pero a veces puede ser bueno… si era una gente mala que
mataba a otra gente…- lo miró a los ojos intrigado
y confundido, dejándose caer atrás en la hierba mareado
–igual no voy a matar a nadie que no me mandes matar…-
levantó las piernas mirándose los pies descalzos y
se columpió un poco sentándose de nuevo -¿Qué
vamos a hacer con el dryad que está triste?- preguntó,
mirando a aquel ser extraño para el, pensando que la tarea
de Tenkei debía ser ayudar a todos los que veía.
- Nunca te haría matar a nadie – le aseguró
el chico de cabello plateado, sonriendo un poco ante sus buenos
sentimientos y alzándolo en una mano. - ¿Por qué
no vas con él y tratas de levantarle el ánimo?
-“porque me odia”- le susurró al oído,
mirándolo luego –“creo que sabe cuando miento
también…”
- “No eres muy bueno mintiendo. Y además, no puedes
decirle a alguien que no has hecho algo si te ha visto hacerlo.”
– miró al chico aún pegado a aquel tronco de
aquella manera. – “No creo que te odie”
-vale…- se levantó despacito como si no fuera a verlo
de todos modos, apoyándose en su espalda con la cara como
triplicando el abrazo extraño ese aunque no sabía
que hacían –no estés triste si ya dijiste que
te ibas a curar pronto…
- No estoy triste por eso... - -lo miró separándose
un poco del árbol por fin. – Pero no me gusta el dolor.
-a mi tampoco…- se sentó en su árbol sin ningún
respeto. Observándolo fijamente sin saber como hacer en realidad,
nunca había consolado a nadie antes, más bien había
necesitado consuelo y no era como que se lo hubieran dado mucho
-¿Por qué estás triste? ¿le duele a
tu árbol?
- Claro que le duele, pero es igual que a mí. No es una
entidad separada, ¿sabes? - alzó la mirada observándolo
en la rama. – Es una parte de mí, y yo soy una parte
de él.
-oh… ¿y si le entra un bicho y se lo come un poco?
¿te sale un agujero?- frunció las cejas haciendo cara
de dolor de imaginarlo.
- No, yo no lo permitiría, para eso lo cuido. Y los insectos
saben que yo vivo allí, así que no harían nada
tan terrible. – le sonrió, su ánimo claramente
mejorado.
-¿eres amigo de los insectos? ¿Les hablas?- lo miró
sonriendo, resbalándose un poco por la rama para acercarse
en medio de su interés, frunciendo el ceño luego y
pensando que mejor no hubiera contado su anécdota con el
insecto palo y también… mejor no se hubiera subido
en la mariquita que no parecía muy feliz con ello -¿Cómo
hablan los insectos?
- Así como los oyes, no es que cambien y hablen como nosotros,
es sólo que puedo entenderlos – se rió, poniendo
el dedo cerca de la rama para que se subiera si quería, Tenkei
mirándolos de lejos y sonriendo. Le parecía que se
llevaban muy bien.
El chico se subió sonriendo ampliamente –¿no
quieres un imp? No vale nada… y te puedo cuidar…
- ¿Me cuidarías? Para que no me pase lo de hoy...
– sonrió, decidiendo que le agradaba a pesar de cómo
se había portado al principio. – Pero, ¿no tienes
un amo ya? Porque no lo voy a matar... – le advirtió,
mirando de soslayo en la dirección del chico dragón.
- No, en realidad, le estaba buscando un nuevo dueño, porque
no quiere irse a vivir en la nieve. – le sonrió Tenkei.
– Denki... ¿en verdad quieres quedarte aquí?
-no lo se si en verdad… porque no lo conozco bien…
¿ya te vas?!- lo miró alterándose de golpe
–yo no quiero! Si lo quiero cuidar pero no quiero que te vayas…
- No me iré, puedo quedarme un poco más... –
le aseguró, mirando al dryad para que no se sintiese irrespetado.
De paso, también podía averiguar qué clase
de amo sería. - .... pero luego tendré que regresar
a mi hogar.
-pero yo no quiero que te vayas nunca…- se sentó en
la mano del dryad -¿te vas muy lejos?
El chico observándolo de vuelta, sus ojos violeta mirando
al dragón luego. - Sí, ¿hay árboles
allí?
- Sí, pero están cubiertos de nieve – asintió,
notando que al dryad no parecía importarle aquello. –
Y ya sabes a donde iré, a las montañas.
-¿y eso está muy lejos?- miro al dryad, aunque ya
estaba mucho más tranquilo ahora que sabía que no
era un adiós realmente -¿sabes ir? ¿Solo tendré
que protegerte? ¿Nada más?
- Sí, sólo para que no me descuide o me pase algo.
– le sonrió, contento de tener a alguien con él.
- Yo también puedo venir a visitarlos. – le aseguró
el dragón, asintiendo.- Está en lo alto de las montañas,
hay que subir mucho más allá del lago en el que nos
conocimos.
-yo no me canso…- aseguró el imp, sin percatarse mucho
de que si se cansaría si su amo estuviese cansado –Myst…
si lleva sus partes privadas tapadas…
- Claro, a Myst le debe dar frío. –aseguró el
dragón, sin saber qué más contestar, el otro
chico riendo aunque no tenía idea de por qué hablaban
de eso.
- No por mucho, pero tú también las llevas tapadas,
Denki.
-pero a mi me las tapó el mago que me creó, que me
dijo que no quería estarme viendo eso todo el tiempo…
- se explicó emocionado, haciéndose de tamaño
humano de nuevo, sentado frente al dryad, sujetando las manos a
la rama -luego Tenkei me dijo que eran las partes privadas y solo
se las enseñas a quien amas…- frunció un poco
el ceño porque eso aun le confundía -pero yo se las
vi a Tenkei y se las toque también, estaba suave… y
luego me sacó y me riñó… y me explicó
eso… que dije antes … al revés…
- Denki....- Tenkei pensó en detenerlo, enrojeciendo, pero
también pensando que era inocente y era mejor que siguiera
así., el dryad riendo de nuevo, un tanto sorprendido por
el cambio de tamaño, pero había escuchado hablar de
eso.
- Sólo las enseñas a quien amas porque es algo tuyo.
Y hay seres no muy agradables, y es mejor que no vean ciertas cosas.
-oh…- asintió con la cabeza sin comprender muy bien
que ganarían con verle eso fueran agradables o no -¿a
ti te las vio alguien desagradable? El mago que me hizo si era desagradable
y mató a muchos… también quería matarme
a mi… no se como se hace para tener otro amo cuando ya tienes
uno… - se quedó meditabundo, mirando al cielo y preguntándose
aquella cuestión, sin saber que ahora simplemente vivía
a expensas de que lo alimentase algún ser mágico,
pero ya no estaba ligado a nadie.
- Supongo que te puedo regalar.... – sonrió Tenkei
preguntándose también si no necesitarían una
ceremonia o algo.
- Los magos suelen ser desagradables.... Hay algunos que no...
– se corrigió el chico de cabello verde recordando.
– Y sí, una vez me estaba bañando y me persiguió
un sátiro, pero me metí en un árbol y ya no
me pudo seguir. – se rió de nuevo.
El imp se rió aunque no sabía que era un sátiro
pero se había imaginado al oni golpeándose contra
el árbol por algún motivo extraño -¿no
pasaste susto? ¿Por qué te perseguía? ¿Qué
es un sátiro? ¿a ti te persiguió uno Tenkei?
- Los sátiros no persiguen a los dragones, son más
grandes que ellos. Y son unos seres..... bueno, es que se excitan
con cualquier cosa. Y te persiguen... – le explicó
un poco el chico, sonriendo. – Me perseguía porque
estaba desnudo y eso lo excitó, no comprenden el no.
-¿Qué es excitarse?- sonrió porque le gustaba
su sonrisa y se le contagiaba –solo tengo unas semanas…-
le explicó luego para que no pensara que era estúpido
–y no me contaron nada.
- Es cuando.... – se quedó pensando en como explicarle
eso, Tenkei interrumpiendo, algo rojo de nuevo.
-Es lo que me mostrabas en el lago, se te pone caliente y crece....
Es porque viste o pensaste en algo que te gusta- explicó
serio.
-ah… a los sátiros todo se la pone caliente…-
se rió pensando en algo muy bizarro –también
te protejo de los sátiros, pero a mi también se me
puso así cuando vi a Tenkei bañándose…
pero no lo perseguí…- se rió de nuevo encogiendo
y subiéndose sobre el cabello del dryad pensando que se parecía
un poco a el, de alguna manera.
- No se supone que persigas a los demás, cuando algo deba
suceder, sucederá. – le aseguró Tenkei, más
para que no se pusiera a perseguir todo lo que le gustase ahora,
que porque realmente creyese esa última parte.
-no iba a perseguir a nadie… ni se para que…- se rió
pensando en el persiguiendo al dryad con aquella cosa dura por ahí…
se veía estúpido, aunque daba risa imaginarlo –me
gusta Myst… - se deslizó un poco por su pelo, colgándose
para verle la cara y cayéndose sobre sus piernas rodando
un poco y sujetándose de los trozos de cuero de su ropa.
Casi con cara de estrés.
- Y a mí me gustas tú. – sonrió recogiéndolo
y alzándolo un poco en el aire, observando cómo brillaba.
– Y ya no voy a estar solo.
-yo no te voy a dejar solo nunca- le sonrió porque le dijera
que le gustaba aunque al principio le hubiera dicho que era malo,
soltándose para abrazarse a su cuello, aplastando la mejilla
contra la suyas, sin suponer que apenas notaría el abrazo
debido a su pequeño tamaño. Claro que así era
como acostumbraba estar, su verdadera apariencia.
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