Capítulo
1
El comienzo de un mito.
El corcel negro retrocedió un momento, relinchando,
sus crines de fuego agitándose mientras extendía las
alas del mismo elemento. Sobrevoló el cielo, sus ojos rojos
buscando al dragón. Ignoraba al resto de humanos que combatían
en los campos, los goblins dando buena cuenta de ellos sobre sus
wargos.
El caballero oscuro que lo montaba alzó
la espada, cargando contra el rubio, que pese a tener el rostro
ensangrentado, se sujetaba al cuello plateado del dragón
con fuerza. Los filos se cruzaron, el corcel golpeando al dragón
con aquellos cascos ardientes.
El dragón apenas retrocedió un poco,
extendiendo las enormes alas para proteger a su montura, a pesar
de saber que eso le impedía responder, necesitaban algo de
distancia. Abrió la boca, dejando escapar aquel aliento helado,
envolviendo tanto al corcel como a su jinete.
Los colmillos del nigthmare se clavaron en la pierna
del jinete rubio, que dejó escapar un alarido fuerte, apenas
veía con aquella neblina que había creado el hielo
reaccionando con el fuego de su cuerpo.
Sintió como se hundía la espada del
paladín en una de sus patas y se retiró un poco hacia
atrás, tratando de observar en aquella niebla.
–¡Adelante, Beleth! –le ordenó
el hombre sobre él, golpeándole el flanco con aquellas
espuelas dentadas. Giró la cabeza de golpe, deteniéndose
a punto de morderle, alzándose en el cielo, su respiración
venenosa escapando de sus orificios nasales. Buscaba al dragón
como fuera. No porque se lo hubiera ordenado su señor…,
si no por otros motivos. Pero el dragón había alzado
el vuelo, observando por encima de la niebla, asegurándose
de que el rubio estuviese bien sujeto por lo menos.
–Tenkei... –lo llamó el guerrero.
El dragón se posicionó, comprendiendo. No era posible
para ninguno de los dos huir, y tampoco podía dejarlo en
el suelo en esas condiciones. Batió las alas nuevamente,
observando al corcel galopar directo hacia él, su fuego demasiado
cerca como para no quemarlo, las espadas chocando de nuevo.
Beleth se alzó en las patas traseras, golpeando al dragón
con sus cascos delanteros, hundiendo los colmillos en su cuello.
Sintió las garras de aquel enorme animal rasgarle el pecho.
La cola golpeando a su señor y haciéndolo caer hacia
el vacío.
El dragón lo empujó, ensangrentado,
jadeando por el dolor, volviendo a enviar aquel aliento helado en
su dirección, irritado porque se hubiese desecho así
de quien lo montaba, a pesar de que no le sorprendía.
Beleth retiró un poco, alejándose
del dragón y dejándo al caballero descender al vacío,
observándolo golpearse contra la tierra. Bajó de nuevo,
al sentir la orden del caballero oscuro repetirse en su mente, manteniéndolo
bajo su hechizo. Sus cascos golpearon la tierra, bajó la
testa, sujetándolo y lanzándolo sobre su grupa sin
ningún cuidado.
–Llévame a un lugar seguro…
–murmuró el caballero oscuro con aquella voz apagada,
aún más tenebrosa al estar cubierta por el metal de
su casco.
El corcel se sentía internamente satisfecho, notando que
todo iba según lo planeado.
El dragón permaneció un momento en
alerta, alejándose luego y descendiendo sobre la batalla,
soplando aquel aliento gélido, sin permitir que el rubio
bajase de su espalda. Con el nightmare fuera de combate, tendrían
la ventaja desde allí.
El caballo negro galopó con rapidez, cumpliendo
las órdenes de su amo, aunque tergiversando sus palabras,
alzando el vuelo de nuevo y perdiéndose entre la bruma, dispuesto
a abandonarlo en el lugar más recóndito posible.
Había estado planeando aquello durante toda
una eternidad, sin embargo, nunca había conseguido que lo
hiriesen tan gravemente como para que bajase la guardia a la hora
de ordenarle. De todos era sabido, que los nightmare odiaban a su
señor…, y que sus órdenes debían ser
completamente estrictas o sucedería lo esperado.
Lo llevó raudo, volando hacia las tierras
áridas del desierto, allí lo dejaría morir,
lejos del influjo de su hechizo. Ya no podría ordenarle ni
aunque recuperase la conciencia. Su venganza se llevaría
a cabo sin dilaciones.

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