| Capítulo 91- Saranghaeyo
Yasu se sentó, sacudiendo a Ray, sonriendo al notar que
no se habían separado a pesar de haberse dormido, era como
antes, aunque seguían en aquel lugar. – Ya sé
que estás soñando conmigo, pero soy mejor en la realidad.
-¿Hum?…- lo buscó con una mano sin abrir los
ojos, arrastrándolo de golpe al colchón y apretándole
las nalgas por dentro de los jeans con fuerza, sonriendo y manteniendo
la cara contra la almohada para evitar que se notase –Sí…
está todo en su sitio…
- Claro, eres salvaje pero no me arrancaste nada, qué bien,
¿no? – se rió, contento, besándole la
mejilla. – No te me duermas de nuevo.
-No…- giró la cara con el pelo aún más
revuelto de lo habitual, volviéndose hacia él y sujetándole
la cintura, apretando la tela de la camiseta –Me has dejado
marica… ojalá pudiera conseguir que mis fans se cortaran
las venas...
- ¿Harías una declaración pública?
¿Por mí? Qué romántico eres, Ray....
– se rió, halándolo a él por el pecho
de la camiseta. – Ya lo sabía desde que veías
mis nalgas todas las mañanas.
-¿Qué dices?- alzó un poco la cara, mirándolo
a los ojos igualmente con gesto de reto y atrayéndolo él
también sólo que de la cintura –Eras tú
quien las ponía ahí desesperado…- alzó
un poco el labio superior aunque estaba jugando.
- Y funcionó, son irresistibles. – echó una
mano atrás, bajando la del albino hasta sus nalgas.
El chico apretándoselas con fuerza, sin pensarlo, como dándole
razón en aquello y besándolo de pronto, subiéndose
sobre él y sujetándole las manos, mirándolo
a los ojos y besándolo de nuevo, varias veces, volviendo
a mirarlo fijamente –Te quiero- bajó las caderas contra
las suyas, arrastrándose contra él –y no te
dejaré irte…
- Ah, sí? Y ¿a donde me iba? – le sonrió,
besándolo y pensando que si seguía frotándose
así, iban a terminar igual cada vez que se despertaran. Claro,
eso no era algo malo. – Yo no te quiero, yo estoy locamente
enamorado de ti.
-Saranghaeyo …- sonrió mirándolo a los ojos
–japo…- se dejó caer sobre él, besándolo
y girándose en la cama, subiéndolo sobre él,
pasándole las manos por el cabello y sintiéndose extrañamente
feliz, relajado, de una forma que ya había olvidado, que
había creído imposible recuperar.
- Eso mismo... – le sonrió suponiendo que significaba
“ te quiero, te amo” o algo así. – Hagamos
una promesa. Si volvemos a separarnos, lo primero que haremos será
buscar al otro, ¿vale? No... será venir aquí
porque...
-Venir aquí… o nos perderemos… - lo miró
a los ojos, sujetándolo con fuerza de las trabillas del pantalón
-Jo Ah Hae Ray…dilo…
- Bien , lo digo, pero si algo obsceno.... me lo tendrás
que hacer tú a mí. – se rió, besándolo
con suavidad. Lo cierto es que incluso se sentía libre, sólo
había bastado eso. – Jo Ah Hae Ray.... – repitió,
cuidando de hacerlo como él.
Ray sonrió –No… eso es yo también te
quiero… las obscenidades prefiero que las comprendas…
- le sujetó las nalgas rozándoselas –No sabes
la cantidad de veces que te he mirado mientras te cambiabas, Yasu…
y la de veces que me la he meneado en la cama mirándote…
- Lo sabía, no podías verme las nalgas y no meneártela...
– se rió, confesando. – Yo también fantaseaba
contigo, pero como eres hetero puro.....
-Nunca había deseado a ningún tío antes…
de todos modos… pensaba que era porque estaba desesperado…
pero ya no puedo seguir haciéndome esa película…
me haces feliz…- cerró los ojos aún serio –Me
siento lejos de aquí… cuando te miro…- abrió
los ojos de nuevo, observando los de Yasu –y tú…
el marido… también pensé que no podía
ser… pero no podía soportarlo más… no
después del repaso que le pegaste a mi polla con la excusa
de la estrella…- sonrió de medio lado.
Yasu se rió, contestando. – Tu polla ES la estrella..........
– bromeó, pasándole un dedo a lo largo de la
nariz. – Lo hice a propósito, en realidad, me estaba
excitando pero no quería perder tu amistad.
-Yo tampoco… y tampoco quería obtener un no…
me joden el estilo…- sonrió con los ojos cerrados por
la caricia, subiendo las manos por su espalda y acariciándosela
con fuerza, apretándolo contra él y levantándole
la ropa mientras pasaba las manos por su piel, terminando por quitársela,
volviendo a acariciarlo.
- Pues ¿quién lo hubiera creído? Estar muerto......
ya no resulta tan malo. – se rió, besándolo
y cerrando los ojos.
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