.Novela homoerótica para mayores de edad.
 
Capítulo 90- Cruel e Insensible

Ian se sentó en la mesa de la oficina suspirando levemente y jugando con un lápiz en la mano, partiéndolo sin querer y dejándolo a un lado al sentir que se clavaba una astilla levemente en un dedo. Se lo mordió, bajando la vista con el ceño fruncido, estaba cabreado, aunque no soportaba esa sensación.

- ¿Qué te hiciste? – le preguntó Soren, desde la puerta, entrando y tomando su mano después para observar.

-Nada… se me rompió un lápiz…- observó su mano y cómo la sujetaba y lo miró a los ojos –Más me duele el brazo… la enfermera me hizo mil preguntas sobre el perro que me había mordido y por si fuera poco me puso una inyección…

Soren lo miró serio, bajando la cabeza luego. – Lo siento. Debí hacerle caso a Yudai – refunfuñó con un tremendo esfuerzo por admitir que se había equivocado.

-Déjalo, no fue tu culpa, yo tampoco podía dejarlo ahí…- suspiró con fuerza y lo miró a los ojos, alzándole la cabeza con un dedo –La culpa es de Arn.

- No digas eso, ya se siente bastante mal. Sólo reafirmarás su idea de que debe ir solo la próxima vez. – lo miró, frunciendo el ceño. – Y yo hubiera hecho lo mismo.

-No, porque tú eres mi novio y yo estoy aquí contigo. Si estás con una persona como él… lo cual… no entiendo… pero no me pondré a juzgar, al menos debes aceptar la realidad de la situación, no sólo te dañas a ti mismo si no también a los demás- se llevó la mano a la sien, frunciendo el ceño y mirándolo, apartándose el flequillo del rostro –Y no expones a tus amigos a la muerte…

- Necesitaba apoyo, o ¿estás de acuerdo en que vaya solo? – se sentó en el piso, aún con el ceño fruncido. – Lo ama, eso es obvio. No tiene nada de malo. Además ya se siente mal por habernos llevado. Es la primera vez que lo veo llorar........ No le digas que te dije – le advirtió de pronto, seguro de que a Arn no le gustaría.

-No se lo iba a decir, no es como que vaya a andarle contando a nadie nuestras conversaciones privadas…- se sentó en el borde de la mesa cruzando las piernas y pasándose la mano por la frente -¿Y qué hay de mí?... yo te amo a ti… no quiero pasar por eso de nuevo… por un sin sentido… comprendo que esté preocupado. Pero está muerto…

- Y ¿si yo estuviera muerto, Ian? – lo miró a los ojos serio.

-No lo estás- lo miró a los ojos igual de serio, cogiendo un cigarro y prendiéndolo, mirando cómo salía el humo.

- Pero ¿y si lo estuviera? No te hubieras enamorado de mí, ¿verdad? Porque eres muy lógico y todo eso. – desvió la mirada, cruzándose de brazos.

-Soren… yo qué sé… No sé lo que hubiera pasado… te amo a ti, como eres, como te vi por primera vez…- le sujetó un hombro, girándolo hacia él y apoyando el cigarro en la mesa, acercándolo a él para abrazarlo –Si te ocurriese algo ahora… no podría soportarlo… pero no puedo saber qué habría pasado… ¿Qué importa eso?

- Sólo quiero que lo comprendas. Lo que le sucede a Arn, por más extraño que parezca. – le insistió, aunque le hubiera gustado que le dijera otra cosa, pero igual y era muy cursi. No pensaba revelar eso.

-Lo comprendo, pero aún así no arriesgaría a personas que pueden perder la vida ¿comprendes? Ni siquiera Seiren querría eso, yo me habría enfadado contigo si hubieras hecho lo que él hizo, arriesgar tu vida para ir a buscarme a un lugar que no conoces y cuando ni siquiera necesito tu ayuda- lo miró fijamente intentando que comprendiese también su postura –Se trata sólo de asimilar la realidad Soren, es algo que todos tenemos que hacer tarde o temprano, pero en su situación es inminente que lo haga porque se está arriesgando y nos está arriesgando a todos y lo siento en el alma, pero a mí tú eres el que más me importa aquí.

- Ya lo sé... – refunfuñó, reacio a aceptar pero sabía que tenía razón. – Seiren le dijo que no hiciera nada, pero......... no creo que sea buena idea reñirlo ahora.

-Lo sé… está bien, no le diré nada… dejaré que tú lo hagas, al menos seguro que os entendéis los dos… - suspiró, mirándolo a los ojos, pensando que por fin parecía entrar en razón y sonriendo levemente con el cigarro entre los labios –y Soren… él no quiere más a Seiren de lo que yo te quiero a ti… y sí, si te murieras seguiría amándote, no te dejaría solo jamás- estiró la mano apretándole el abdomen con un dedo.

- Calla. – protestó, enrojeciendo, y tratando de no sonreír, aunque por un segundo lo hizo. Le sujetó el dedo apartándolo de su estómago. – Está pensando en ir solo.

-Lo ataré a la cama si es necesario… ¿Qué pretende? ¿Morirse? ¿Cree que lo encontrará? ¿Y si Seiren lo está buscando también y no lo encuentra porque no está donde cojones se supone que debería estar?- dejó escapar una exhalación de aire y apagó el cigarro en el cenicero –No las piensa… de veras que no…- lo atrajo por la cintura del pantalón mirándolo fijamente –No vayas con él, me avisas… y lo frenaré… como sea…

El chico lo miró a los ojos, asintiendo, aunque le preocupaba no llegar a tiempo.

-Está bien… ¿y ya te has dado cuenta de que me han hecho una pupita horrible protegiéndote? ¿No piensas hacer nada al respecto? Te advierto que era el brazo que usaba para meneármela… - torció la sonrisa, intentando molestarlo un poco y subiendo la pierna entre las suyas, para rematarla.

- Eres un idiota – frunció el ceño de nuevo, bajándole la pierna con una mano, pero acercándose para besarlo.

-Y tú eres cruel e insensible…- le sujetó la cintura con las manos, acercándolo para besarlo también, profundizando en su boca. Lo cierto es que no decía nada ni lo había hecho ayer, pero había pasado mucho miedo de perderlo, más que de ninguna otra cosa. Sus ojos dorados observando la puerta del gimnasio por si entraba alguien –Deberías responsabilizarte de tus actos…- se rió sujetándole las nalgas, jugando con él.

- Yo no hice nada... bueno... – suspiró, reconociendo su culpa, pero claro, no veía por qué tenía que pagarlas así. Lo besó de nuevo, susurrando. – No volveré a alejarme así, ni a necesitar que me protejas.

-Idiota… ¿no sabes que me gusta protegerte?- lo rodeó con fuerza, usando ambos brazos y pegándolo contra él –Así después estás más suave conmigo…- inclinó la cara sonriendo.

- No digas esas boberías. ¿Cómo crees que estaría si te pasa algo... más grave por mi culpa? – protestó, frunciendo el ceño de nuevo.

-¿Cuidándome y haciéndome cariñitos?...- se rió y le sujetó las nalgas de nuevo, metiendo las manos en sus bolsillos.

- ¿Acaso tomas algo en serio alguna vez? – lo riñó aunque sabía que sí. – Sólo te estás aprovechando....

-Sí… lo hago… ¿funciona?- se rió igualmente, ignorando esa pregunta porque hacía un momento habían estado discutiendo por eso mismo – A lo mejor si hago esto…- se soltó el pelo solo por molestar –o esto…- se sacó la camiseta como si estuvieran en el cuarto -¿Sigo?

- ¿No crees que es un poco peligroso aquí?- miró hacia atrás por un momento. Lo cierto es que le fascinaba verlo con el cabello suelto además, no debió decírselo nunca. Enrojeció por estar pensando esas cosas, besándolo un tanto salvaje sólo para que no dijera nada de cómo tenía el rostro.

-Así es más divertido…- susurró en cuanto se separó de sus labios, besándolo de vuelta y subiéndolo sobre él y apretándole las nalgas con fuerza antes de sentarlo en la mesa y volcarse sobre él sin dejar de besarlo, más bien comenzando a bajar la mano por su cuerpo.

El chico se estremeció, sujetándose a su cuello, y devolviéndole todos sus besos, sujetando su cabello entre los dedos y dejándolo caer de nuevo.

El rubio le sacó la camiseta a las prisas, dejándola caer al suelo sin mirar y besándole el cuello mientras sus dedos bajaban la cremallera del pantalón buscando su sexo y acariciándolo. Se inclinó para lamerlo intensamente, bajándole los pantalones mientras tanto.

- Ah... – Soren gimió, cerrando los labios luego, tratando de no hacer ruido, pero abriendo las piernas tanto como le permitían los pantalones alrededor de sus tobillos, intentando sacárselos a la patadas, su sexo empezando a erguirse contra la lengua del rubio.

Ian le sacó los pantalones, empujándolos con una mano sin soltar su sexo, abriéndole las piernas a los lados de la mesa y sujetándole las rodillas con fuerza, sin soltar su sexo, lamiéndolo dentro de su boca y sintiendo las venas hinchadas bajo su piel, notando cómo endurecía aún más contra su lengua –No vuelvas a escaparte así, no te alejes de mi, nunca mas…- se subió con una rodilla sobre la mesa, llevando una de las piernas de Soren hacia arriba con él y entrando en su cuerpo, besándolo para acallarlo. Mirándolo aún a los ojos.

-Hmmnnnmm.... – Soren trató de responderle incluso en medio de aquel beso, sin apartar la mirada, gimiendo y jadeando al sentirlo dentro de su cuerpo, su sexo golpeando contra su estómago con el movimiento.

El rubio le besó el cuello, succionando su piel y besándola después, sujetándose a la mesa a ambos lados del chico mientras lo montaba, observando sus labios y frunciendo un poco el ceño, jadeando excitado, subiéndose un poco más con la pierna sobre el mueble de madera, alzando la vista a sus ojos y rozando sus caderas contra las suyas –Mírame…

Soren lo miró, sus ojos dorados observando los igualmente dorados de Ian, su cuerpo entero moviéndose al ritmo de sus embestidas, su aliento entrecortado. – Baka.... – jadeó, claramente deseando decir otra cosa.

Ian se inclinó sobre él, sonriendo un poco y besándolo con suavidad por unos segundos sin poder aumentar la profundidad de los movimientos de su lengua conforme sentía que su cuerpo se lo pedía, sus manos apretándose en la madera mientras lo penetraba. Bajó una de ellas, sujetándole una pierna y subiéndola hacia su cadera, bajándola poco a poco, apretándole el muslo con fuerza. Apoyando incluso el pecho contra el suyo sin cuidar de no cargar su peso en él. El sexo del chico aprisionado entre ambos, pulsando con más urgencia. Soren sujetó el rostro de Ian, besándolo aún más apasionadamente, intentando acallar sus crecientes gemidos y controlarse un poco.

El rubio separándose de aquel beso, sujetando su cabeza y pasándole el pulgar por la frente, sonriendo mientras lo observaba y bajando la mano de su muslo a su sexo, masajeándolo con fuerza y enseriándose al notar el calor de este, notando los estremecimientos en el propio y alzando un poco la cara sin dejar de observarlo.

- Ah... Ian.... tonto... – jadeó el chico, enrojeciendo y quitando la mirada, porque lo observase así, su sexo estremeciéndose, y su pecho agitado. Le sujetó la mano, moviéndola con un poco más de fuerza, y corriéndose sobre su propio estómago, moviendo las piernas de tal manera que el cuerpo de Ian se inclinase más sobre el suyo. El rubio dejando salir el semen dentro de su cuerpo, jadeando contra sus labios y rozándolos aún más prendido al sentir la mano de Soren sobre la suya.

- Ian.... te amo... – murmuró por fin el chico, aunque de manera casi inaudible, aún respirando agitado y sin mirarlo, pero sí rojo.

-“Yo también te amo…”- le besó la frente, notando el sabor de su sudor caliente, susurrando contra su piel y mirándolo, buscando sus ojos -¿Por qué no me miras nunca?

- ¿Qué clase de pregunta es esa? Sí te miro... – efectivamente lo miró, sin comprender a qué se refería. – Te estoy viendo ahora, ¿no?

El rubio bajó la vista a sus manos aún agarradas sobre el sexo de Soren y alzó la suya, pasándola por sus labios y manchándoselos antes de lamérselos con suavidad y besarlo, el pelirrojo sonrojándose ahora sí, sin comprender nada, pero devolviéndole el beso.

 
 

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