.Novela homoerótica para mayores de edad.
 
Capítulo 75- Where Did You Think You Were?

-¿Qué? ¿Qué demonios es esto?...- los pasos del chico eran indecisos, temerosos, le parecía que incluso resonaban en aquel silencio de los penumbrosos pasillos. El corazón le latía en el pecho a gran velocidad, golpeando la sangre tan fuertemente, que le parecía que machacaba sus sienes. Sentía deseos de echar a correr, trataba de no escuchar las voces a lo lejos, los gritos y los llantos desesperados, el sonido de extrañas máquinas. Observó los números escritos en las puertas. Parecía un hospital… no… seguro que lo era… Pero no olía a desinfectante, olía a putrefacción y a sangre seca. Se quedó observando al único sitio por el que podía pasar, el único camino que le daba esperanzas de salir de allí, de volver de donde venía. Estaba lleno de camillas, las sábanas abultadas por los cuerpos bajo ellas, sangre seca en las sábanas, una mano amoratada colgando mórbidamente…

El chico tragó en seco, dando un paso, echando a caminar muy despacio como si temiese despertar a los muertos. O al menos le parecían muertos, estaban tapados hasta la cabeza y aquella mano no parecía pertenecer a nada vivo. Miraba a todos lados, girándose a cada dos pasos, vigilando que nada le saliese de la oscuridad o de aquellas camillas, y a la vez tratando de no hacer ruido. Un estruendo se escuchó tras él como si se hubiera caído al piso una bandeja llena de objetos, y se giró inevitablemente una vez más, sintiendo al hacerlo cómo una mano helada le sujetaba la muñeca. Lanzó un grito, observando la piel amoratada y el hueso que se veía a través de sus heridas, sacudiéndose desesperadamente y echando a correr por fin.

-¿Quién está corriendo por los pasillos?!! Esto es un hospital! Existen unas normas!- la voz amenazante de una mujer se escuchó por los pasillos, el chico asustado, tropezándose, apoyándose en la pared

-Señora… señora por favor ayúdeme…- la llamó sin verla aún, buscándola en la oscuridad.

- Vuelva a su cuarto ahora mismo!! – le riñó la mujer, sus pasos aproximándose desde el otro pasillo. Parecía venir acompañada. El chico se dirigió hacia allí, seguro de que ella comprendería, por más absurdo que resultase. Era un hospital ¿no? Sólo tenía que explicar, tal vez incluso era un sueño y.... se quedó helado al ver a la enfermera aproximarse con su ejército de perros terroríficos, caminando sobre sus brazos humanos. Ahora comprendía por qué le habían parecido tan extraños sus pasos. Lanzó otro grito, echando a correr de nuevo en la otra dirección, preguntándose si podría pasar entre las camillas sin sufrir daño. – Que no huya! Atrápenlo! Tiene que volver a su cuarto!!!!! – ordenó la mujer soltando a los perros tras él, ella misma corriendo.

Las cadenas de los perros resonando y golpeándose contra las paredes, los ladridos deformados, casi humanos, parecían gritar tras él. Jadeó nervioso, temblando, el sudor frío corriendo a lo largo de su piel.

-Deténgase! Tiene que volver a su cuarto!

Los perros se abalanzaron sobre él. El chico gritó, tratando de soltarse, sintiendo aquellas manos humanas agarrándolo, los dientes de los perros clavándose en su cuerpo –AH!!!!! Por favor!!!

- Los pacientes no salen de sus cuartos! Debe ser castigado – sentenció la enfermera, el chico tratando de escapar, gritando, sintiendo su carne desgarrada por aquellos dientes.

- Noooo!! No soy.... Ahhhhh! – se retorció al sentir cómo uno de ellos le clavaba los dientes, desgarrando carne y músculo en uno de sus brazos. – Iré a mi cuarto! Haré lo que sea!!!

-Bien… irá a su cuarto…- la mujer lo levantó, los perros retirándose, pero permaneciendo en círculo, observándolo y gruñendo con las mandíbulas manchadas de su propia sangre –Levántese!

-Ahh… no puedo, no puedo andar…- el chico se trató de sujetar a la pared pero no podía. La mujer lo levantó subiéndolo sobre una de las camillas de antes –Ah….ah…por… Dios! Aquí hay un muerto!

El muerto en cuestión apartó las sábanas mirándolo, sus ojos definitivamente sin vida, la mitad de su rostro quemada y ensangrentada y la parte que no, parecía haber empezado a pudrirse. El chico gritó tratando de huir de aquello, pero la enfermera lo retuvo con un brazo. Tenía una fuerza descomunal. – Si sigue dando problemas, tendré que someterlo de nuevo.

-No… no…no haré nada…por…por favor… - jadeó, tratando de apartar el rostro del de aquel ser bajo él, el tacto frío y mórbido de su cuerpo lo estaba llevando al borde de la histeria. La mujer lo arrastró con la camilla, metiéndolo en uno de los cuartos y casi lanzándolo sobre la cama, prendiéndole las correas.

-No se mueva!- le advirtió como si eso fuera posible –Llamaré al doctor.

- Sí.... accedió, esperanzado en aquella oscuridad, pensando aún ilógicamente que el doctor comprendería, que curaría sus heridas, podría explicarle que él no pertenecía allí. El ser en la camilla, emitió un sonido bajo, casi como un gruñido de protesta, le habían dejado allí en medio del cuarto. El chico temblando, esperando que no se pudiera levantar al menos.

Pero sus peores temores parecían confirmarse, aquel ser horrible se giró, desplomándose en el suelo. Observó la sombra de algo abultado gateando por los pies de la cama. Forcejeó, tratando de soltarse, llorando, gimiendo, ya no sabía ni qué hacer –Por favor! Que alguien me ayude!!

Las manos se sujetaron a las sábanas subiendo sobre la cama como si fuera un animal, sacudió los pies, la cama entera agitándose con sus forcejeos. Los ojos muertos de aquel ser le recordaban a los de una cabeza de pescado cortada, aún así sentía que lo observaban.

Notó el líquido caliente deslizarse entre sus piernas por el terror, sentía su aliento pútrido, ya no podía más.

- Ah! Alguien ayúdeme!!!!!!!!!! – trato de patalear de nuevo, las lágrimas de terror recorriendo sus mejillas, y los amarres cortando sus muñecas por sus movimientos. El ser sacó una lengua larga porosa, extraña y asquerosamente lamiendo el orine de sus piernas y las sábanas como si fuese un manjar, subiéndose más sobre él, su boca abierta en una sonrisa inhumana., emitiendo un bajo gruñido amenazador antes de clavar los dientes en su rostro arrancando trozos de piel y carne, desgarrándolo.

Los alaridos del chico resonando en los pasillos mientras aquel ser no dejaba de devorar su rostro. Sus uñas clavándose en su pecho profundamente, la sangre manando de su garganta de tal forma que le hacía toser, convulsionarse.

El ser gruñó aún más alto, como molesto porque se moviese, hundiéndola las uñas aún más en el pecho, el chico aún intentando gritar, ahogado por la sangre en su garganta, aún tratando de sacudirse a la criatura de encima, cada vez más débil, sus dedos moviéndose con rapidez debido al shock y el dolor.

 
 

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