.Novela homoerótica para mayores de edad.
 
Capítulo 63- Death is Repetitive

Seiren salió de su habitación a tientas, todo estaba oscuro de nuevo, no comprendía por qué sucedía cada vez más a menudo. Se apoyó en la pared quedándose quieto al escuchar pasos, sabía que era estúpido correr a lo loco, lo mejor era averiguar de donde venían y si era posible, de quien eran.

-Seiren ¿eres tú?- Rein apoyó la mano en la pared, mirando adelante. Lo cierto es que apenas vislumbraba la silueta delgada y la piel pálida, pero tenía la esperanza de que fuera él, estar allí solo le ponía nervioso por no confesarse que tenía miedo.

- ¿Rein? –sonrió el chico aliviado extendiendo la mano hacia delante tratando de alcanzarlo. Era bastante malo distinguiendo las direcciones de las voces. - ¿Dónde estás?

-Ya voy- sonrió acercándose un poco más aprisa, sujetándole la mano con cuidado -¿Por qué está todo tan oscuro?- lo miró aunque no lo distinguía apenas ni a esa distancia.

- Porque el hospital está extraño de nuevo. Sucede cuando surge su verdadera naturaleza, lo que es... ahora. – le pasó una mano por el contorno del rostro sonriendo. – Me alegra que estés aquí.

-A mí también…- sonrió levemente, rodeándole los hombros con el otro brazo para aproximarlo a él –Ayer… desaparecí de pronto ¿siempre es así?

- Sí... no comprendo qué sucede exactamente, pero no puedes permanecer aquí por mucho tiempo, ni yo allá.... – le explicó, echando a caminar de nuevo con él. – Antes era distinto, ¿sabes? Antes de que abrieran el ala.

-¿Cómo era?- le siguió rodeando los hombros preguntándose a donde lo estaba llevando, porque no quería encontrarse con otro cirujano enajenado ni nada raro de eso. Bastante le llegaba con los gemidos y quejidos que estaba escuchando.

- Bueno, esto era igual, pero yo podía... estar más tiempo allá afuera, huir de aquí. Al saber que estaba muerto, no era tan difícil. Por eso le prometí a Arn que iría a verlo... – suspiró, preguntándose si aún estaría esperándolo. – Lo mejor es seguir moviéndonos.

-Vale… ¿pero sabes a donde vamos?- lo miró de soslayo –No quiero tener más visitas médicas en este hospital…

- Nadie quiere, Rein- sonrió débilmente, sintiendo que todo se calentaba de pronto, un resplandor anaranjado empezando a surgir al otro extremo del pasillo por el que venían caminando.

-¿Qué es eso?- Rein miró hacia donde venía el calor, observando también la luz proveniente de aquel lugar –Creo que algo está ardiendo… ¿es eso posible? ¿Sabes si ardió antes esto?- Se llevó la mano a la boca al oler el humo, subiéndose la camiseta para taparse un poco –Vámonos… - estoy escuchando cosas raras...

- Creo que sí, no estoy seguro pero.... lo he visto antes... – le sujetó la mano, para huir, observando cómo una figura de un hombre, ahora claramente visible por el resplandor del fuego, salía de entre las llamas, la piel colgando de sus brazos, sus pasos inciertos, haciendo un sonido gutural con la garganta como llamándolos. Seiren se giró, echando a correr con Rein de la mano. De todos modos, no era como que pudiesen ayudar a nadie.

-Dios…- Rein se quedó mirándolo por un momento sin poder evitar pensar en ayudarle, estaba ardiendo vivo… pero estaba muerto ¿no? –Deberíamos ayudarle ¿no?- preguntó pensando que él sabría mejor qué hacer, tal vez también era un tarado –Dios!- echó a Seiren con él a un lado, al sentir que se abrían varias puertas, entre ellas la que estaba justo a su lado, golpeándole. Tal vez la gente huía a causa del humo.

- Está muerto, todos lo están. Es posible que te suceda algo.... – le explicó Seiren, pensando que él estaba vivo, aunque todo fuera una ilusión.... era demasiado real para arriesgarlo. El pasillos se llenó de pacientes que huían despavoridos, algunos lo suficientemente normales, pero otros apenas se arrastraban, saltaban... parecía una pesadilla de circo más que un hospital.

- ¿Qué hacen fuera de sus cuartos?! Vuelvan inmediatamente! – gritó un doctor que venía acompañado de varias enfermeras y seguridad del hospital.

-Esto… está ardiendo… ¿es que ellos no lo ven?- el moreno se quedó observando el macabro espectáculo. Sí parecía un circo, un circo grotesco y desagradable. Las enfermeras empujándolos dentro de los cuartos a pesar de que las llamas ya lamían puertas y paredes cada vez más cerca. Gente corriendo despavorida, cubiertos por las llamas –Suéltame!- Rein le retorció el brazo a la enfermera sujetándole la muñeca y empujándola lejos de él, corriendo con Seiren en sentido contrario.

Un chico moreno de ojos azules atravesando el pasillo hacia donde venía el fuego con la cara y la ropa cubierta de sangre, sonriendo y golpeando en el suelo con una barra metálica. Bajó un poco la cara jadeando, las gafas resbalando por el puente de su nariz y el sudor bajando por su rostro.

- Corre! – le gritó Seiren dejándose llevar momentáneamente, sin comprender por qué caminaba hacia el fuego, deteniéndose asustado al escuchar aquellos pasos de manos en el piso, la voz de la enfermera aquella de nuevo.

- Vuelvan a sus habitaciones!

-Una mierda!- Rein sujetó mejor a Seiren contra él, llevándoselo a todo correr por el pasillo soltándose de quien quisiera que los agarrase. Lo cierto es que además se sentía mareado por el humo –Esto es un infierno…- susurró, aunque no se detenía, observando unas escaleras a lo lejos.

-Vuelvan a sus habitaciones!- les gritó la mujer seguida de aquellos perros infernales. Rein miró atrás casi sin poder creer lo que veía, aterrado, casi sentía ganas de vomitar.

La voz del chico de ojos azules se escuchó incluso desde allí -¿Dónde está mi hermana?!!!

El chico de pelo largo tambaleándose un poco, el hospital entero parecía moverse como presa de un terremoto. Corrió hacia las escaleras sin mirar atrás ya, algunos pacientes más corriendo y empujándolos, arrastrándose por el suelo, algunos ni siquiera parecían ser humanos.

- Sigue corriendo, sólo sigue... – susurró Seiren, sin dejar muy en claro si hablaba con Rein o consigo mismo. Giró una esquina, escuchando aquellos gritos y aquellos gemidos, súbitamente la oscuridad envolviéndolos de nuevo, como si acabasen de entrar en un agujero negro. El albino se cubrió los oídos, aún escuchándolos dentro de su mente, arrodillándose en el piso.

-Seiren…- se agachó rodeándolo con los brazos como protegiéndolo. No comprendía nada y estaba asustado, no quería ni imaginarse lo que era estar siempre allí, solo. Lo sujetó en brazos, levantándose con él y llevándolo por la oscuridad, sin saber a dónde se dirigía. En realidad, limitándose a huir de las respiraciones en aquel vacío –No dejaré que te pase nada…

- No puedes detenerlo... Volverá a suceder... – murmuró, angustiado, dejándose llevar. Sabía que era inútil ponerse así, pero había momentos en los que no podía soportarlo más, momentos en los que se perdía. Tenía miedo de quedar como los demás.

-Ya lo sé… pero ahora no estás solo, yo estoy contigo…- sintió que algo le agarraba el tobillo, una mano fuerte. Bajó la vista pero no veía nada, apretó las mandíbulas al sentir el mordisco en su pierna, aguantándose un grito y sujetando a Seiren con más fuerza, golpeando con el otro pie varias veces. Sabía que le estaba machacando la cabeza a alguien y de haber podido, le habría machacado todo lo posible.

- Rein! – le gritó al escuchar un leve gruñido más adelante, lo que fuera que los estaba atacando no venía solo. – Tenemos que correr de nuevo...

-Pero no sé hacia dónde…- igualmente corrió en la oscuridad esperando no golpearse con nada, sintiendo unas escaleras y bajando por ellas lo más rápidamente que podía teniendo en cuenta que no veía nada y llevaba al albino en brazos. Aun no muy seguro de por qué, pero si muy seguro de que no volvería a dejar que matasen a alguien a quien apreciase delante de él. Antes prefería morirse –Son unas escaleras… ¿sabes a dónde llevan?

- A la sección de amputaciones.... no deberíamos bajar. Pero... – miró hacia atrás observando aquellas... cosas persiguiéndolos. – Volverá a la normalidad, pronto volverá a la normalidad, lo sé.

-Dios… ¿sección de amputaciones? ¿Qué clase de hospital es este?...- el moreno sintió que le resbalaba un reguero de sudor frío por el cuello aunque no había mucha más opción que bajar –Atravesaremos esa planta y seguiremos bajando… hasta que esto se detenga…

- Hacían experimentos aquí, ¿no te lo dije antes? – Seiren lo miró sin recordar, dejándose llevar. – Sólo.... no entres en ningún cuarto. No importa a donde vayas, siempre hay algo.

-Vale… no entraré en ninguna…- jadeó un poco cansado, saliendo al otro ala, Se escuchaban gritos y el sonido de sierras quirúrgicas, lo dejó en el suelo a su lado. Cerrando la puerta de golpe y pillando algo asqueroso, le parecía una lengua pero no quería averiguarlo -¿Dónde están las escaleras, Seiren? Salgamos de aquí…al menos ya no nos seguirán…

- Por allí... – señaló el chico a una esquina, echando a andar. – Ya estoy mejor, lo siento. – se disculpó por haber perdido el control de aquella manera, y tratando de no prestar atención a los sonidos que se escuchaban ahora.

-No… es comprensible…- le sujetó la mano entrelazando los dedos con los suyos nervioso, escuchando los ruidos también. Girándose un poco al escuchar una puerta abrirse, sin pensárselo, simplemente echando a correr hacia donde fuera.

-Deténganse ahí! – la voz oscura del hombre retumbó en las paredes, el moreno corriendo aún más aprisa.

- No lo hagas! – gritó el albino como si eso siquiera hubiese pasado por la mente de Rein, corriendo con él, los pasos del hombre tras ellos, cada vez más cerca, como si fuese más rápido de lo que era posible.

- Que se detengan! – volvió a gritar, ya casi alcanzándolos.

-No pienso hacerlo…- el moreno miró atrás de nuevo mientras corría, preguntándose si no sería mejor enfrentarse a él y acabar con eso –Seiren… podría matarlo…

- No! Recuerda.... tú eres el que está vivo. – lo miró, nervioso pensando que era él quien debía protegerlo en realidad. No le sucedería nada, sólo el dolor... y volvería a despertar en su habitación o en algún otro lugar.

Como si su perseguidor le hubiese leído la mente, sus pasos aceleraron, alzó una mano en la que llevaba un bisturí de forma extraña, clavándolo en la espalda del albino antes de que este pudiese reaccionar.

-NO!- Rein lo sujetó incrédulo, apretándolo contra él con un brazo y sujetando la mano del hombre con la otra -Hijo de puta….- le tiró del brazo apartándolo de él. Sujetándolo con las dos manos porque era demasiado fuerte para él. Sintió cómo el albino se escurría. Se abalanzó hacia el doctor, clavándole el bisturí en el estómago con su propia mano.

- Rein.... ya puedes volver.... – Seiren lo miró desde el piso, escupiendo algo de sangre, su mirada cada vez más borrosa, a medida que las paredes comenzaban a cambiar, el dolor cediendo.

-¿Seiren?…- el moreno empujó el cadáver del hombre a un lado y se agachó, sujetándolo contra él –Seiren… no te vas a ir ¿verdad- le sujetó la cara para mirarlo bien.

- Estoy muerto... Rein. – susurró el chico sin abrir los ojos. – Estaré aquí mañana... No te preocupes...

Lo sujetó contra él con más fuerza cerrando los ojos y apretándolo más cada vez, sintiendo de pronto que ya no había nada entre sus brazos. Jadeó desconcertado, levantándose y apoyando la mano en la pared ¿había pasado lo mismo de nuevo? ¿Cómo era posible?


 
 

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