.Novela homoerótica para mayores de edad.
 
Capítulo 57- Trapped (in More Ways than One)

Rein subió corriendo por las escaleras hasta la parte de arriba, de camino a su cuarto. Acababa de ducharse y aún llevaba la toalla en el hombro para que no le mojase la camiseta el cabello. Las luces parpadearon y se quedó en penumbra en mitad del pasillo, sabía que no era normal, por no hablar de que sus ojos se acostumbraban poco a poco a la falta de luz y podía notar las paredes y puertas del cuarto de un hospital –Esto es nuevo… y no me gusta…

El chico de cabello blanco se quedó de pie, mirando al recién llegado, y escuchando los pasos tras él, sintiendo el escalpelo rozarle una mejilla. Echó a correr, sujetando la muñeca del chico y llevándolo consigo, sabía que no era de allí. – Corre.....

-¿Qué pasa?!- lo miró de soslayo un momento, asustado, pensando que su aspecto sí era fantasmal, estaba sangrando por la mejilla. Miró atrás observando a lo que parecía ser un doctor corriendo tras ellos y balbuceando cosas extrañas.

El hombre con la tapa de los sesos a medio coser, corría de forma desmantelada pero lo suficientemente rápida como para que no pudieran detenerse, había algo blanquecino escurriéndose por su oído y mejilla.

- No es nada, si podemos escapar, estaremos a salvo. – le aseguró, mirándolo de soslayo y apretando su mano. El doctor gritando aún más alto, y lanzando una especie de tijera ahora contra ellos. Seiren giró en una esquina, tratando de encontrar una puerta abierta sin tener que detenerse a probar.

El moreno siguiéndolo y notando que la tijera pasaba tras ellos clavándose contra la pared. Cerraron la puerta y se quedó mirándolo inseguro, asustado -¿Seguro que con esto no entrará?.... – empujó una barra de metal de una escoba contra la puerta, atravesándola para asegurarse de que al menos le costaría lo suyo.

- No... sólo lo he visto en los pasillos, nunca en un cuarto, así que no lo creo. De todos modos, es lo mejor. Esperar hasta que todo vuelva a la normalidad... – sonrió un poco, jadeando cansado y sentándose en una de las camas. – Me llamo Seiren. – se pasó la mano por el corte, limpiándose la sangre.

-Rein…- sonrió levemente, sujetándole la mano y pasándole un pañuelo por la mejilla para limpiarlo, mirando a un lado y cogiendo un poco de agua de una botella que no sabía de quien era, claramente. Se la pasó por la mejilla de nuevo y se sentó a su lado entregándoselo por sí quería limpiarse la mano -¿Te duele?

- No, ya no... – suspiró, agradeciéndole el gesto y limpiándose. – Mucho gusto Rein. No te preocupes, dentro de poco podrás volver a tu lugar.

-Eso espero…- lo miró fijamente –Gracias por ayudarme… no pensé que los fantasmas pudieran sangrar… la verdad…

- Creo que no debería, pero este lugar... es muy real, cada vez me parece que más. – miró el techo y luego al chico. – No iba a dejarte allí, no sé si pueda matarte, pero... Supe enseguida que no eras de aquí.

-¿Por qué?- sonrió levemente –Tú no te ves como el otro chico… estás muy pálido… y ese pelo tan blanco ¿siempre ha sido así?- le acarició un mechón entre dos dedos –Es bonito…

- Gracias – le sonrió, algo cohibido. – Siempre ha sido así. ¿Qué otro chico?

-Otro chico… albino…- se rió con suavidad preguntándose si también aquel chico lo había tenido siempre así – ¿Es un hospital de albinos?…- sonrió mirándolo.

- No, hay de todos los colores – se rió un poco, aunque con suavidad. – No conozco a ese chico.....

-Vale… imaginaba- se rió también girándose un poco en la cama para verlo de forma más directa –No imaginaba a los fantasmas así… eres muy bonito…- sonrió pasándole dos dedos por el cabello y pasándolo tras una de sus orejas para verlo bien -¿Cómo se siente? Estar muerto…

- No muy bien... es extraño supongo. – lo miró a los ojos, pensando que era muy amable y que estaba muy tranquilo en esa situación. – Hace un poco de frío, pero más bien, es como si vivieras en un sueño.

-Comprendo…- desvió la mirada un poco aún con la sonrisa dibujada con suavidad en los labios pese a que había pensado en “ella” y no solía sentirse muy bien cuando lo hacía. Lo miró de nuevo y se acercó un poco más sujetándole la cintura con el brazo y recostándolo contra su hombro –Supongo que podría ser peor…- le pasó la mano por la cara sintiendo que efectivamente su piel estaba fría, no lo había notado con el miedo antes.

- Sí, supongo... Me siento cansado muchas veces – susurró, dejándose abrazar sin pensarlo mucho. – No es necesario que hagas esto, no voy a llorar...

Rein se rió con suavidad –No lo hago porque piense eso…- le pasó la mano por el cabello mirándolo y alzándole un poco el rostro para verlo bien –Sólo quería hacerlo… ¿te sientes incómodo?

- No... es agradable en realidad. – sonrió, observándolo. – Rein... es un nombre agradable también. ¿Por qué estás aquí?

-¿Por qué? Bueno… es muy largo… ¿seguro que quieres que te cuente un cuento tan largo? Tal vez te duermas…- sonrió observándolo también y recostando la espalda en la pared, sin soltarlo, apoyándolo en su pecho –Así mejor… que vengo de gimnasia… y estoy molido…- se rió un poco esperando antes de contarle o no.

- Está bien... – sonrió. – Puedes contarme, no voy a ningún lado. Es más posible que te vayas tú antes.

-Bueno…- suspiró suavemente –cabreé a mi padre con todo el propósito para que me volviesen a meter en el reformatorio… soy un yakuza… el hijo de uno…- suspiró con fuerza jugando aún con los dedos en su cabello blanco, acariciándole el cuello con las puntas –Pero no quiero serlo… y odio a mi padre… cualquier cosa es mejor que estar con él… y cumplir sus órdenes…

- Debe ser terrible....- murmuró, comprendiendo en cierta medida lo que era estar atrapado. - ¿No puedes escapar?

-Lo he intentado…pero no puedo, envía a sus hombres… y tengo que volver… Intenté escapar con su segunda mujer una vez… yo estaba enamorado de ella y ella de mí… aunque nos descubrieron el mismo día que ella lo reconoció… fuimos imprudentes… huimos, pero era demasiado tarde… y chocaron el coche contra nosotros…Él la mató de un tiro…sólo me duró la felicidad… un instante…- se rió con suavidad, amargamente, mordiéndose después un poco el labio inferior.

El albino se separó de él, para mirarlo, ahora acariciando él su rostro. – Sé que no es consuelo, pero estoy seguro de que ella está en un mejor lugar ahora. Y desea que seas feliz. – de veras lo creía, pero no podía evitar sentirse vacío al decir esas cosas, no eran consuelo para nada. – Yo jamás me he enamorado.

-Gracias…- el moreno sonrió levemente, cerrando un poco los ojos a su caricia –Lo he superado. Fue hace un tiempo ya… Al principio… hice muchas estupideces, quería matar a mi padre…- se rió con suavidad, aunque no había ninguna alegría en su risa. Lo miró a los ojos, apoyando su mano sobre la del chico y sujetándola después entre ambas suyas porque era agradable, suave y delicada comparada con las suyas –Además de imposible… era una idea estúpida…- casi susurró, apoyándose un poco en el respaldo con la cara, le sonrió –Prefiero hablar de ti…- se rió con suavidad, observando sus ojos rojos -Nunca te has enamorado… ¿Cómo es posible eso? Pero seguro que sí se han enamorado de ti… muchas veces…

- ¿Por qué dices eso?-sonrió, enrojeciendo un poco. – No.... no conocía mucha gente y luego vine aquí. – bajó un poco la mirada, susurrando. – Aunque hay un chico al que me gustaría verde nuevo, pero nunca podemos encontrarnos.

-¿Y eso? ¿También es de aquí?- sonrió al ver que había enrojecido y lo acercó a el de nuevo.

- De aquí... Es de tu mundo, se llama Arn. ¿Lo conoces? –lo miró esperanzado, suspirando luego.- Aunque está bien así. Yo estoy muerto de todas maneras.

-Arn… - alzó un poco una ceja haciendo una mueca –Desgraciadamente no nos llevamos muy bien, se metió conmigo el primer día que llegué… y yo tuve que hacer algo, así que nos pegamos… más o menos. Le pegué con la mesa y luego le dejé que me golpeara dos veces… me tienen vigilado… y no quería que luego fueran a ponerse bravos con él…

- Parece que ese chico está rodeado de violencia. - suspiró, sonriendo apenas un poco luego. – Y tú también. – le pasó la mano por el cabello, colocando un mechón tras su oreja, pensativo.

-Pero me gustaría no estarlo…- sonrió levemente observándolo –Arn parece muy violento… mientras yo me limitaba a detenerlo… él, sin embargo, quería seguir pegándome…- sonrió más alzando la mano para coger la de Seiren –Eres muy dulce, Seiren.

- Y tú eres muy agradable, Rein. – le sonrió igualmente, mirándolo a los ojos. – No me gusta la violencia, pero podría intentar ayudarte, si quieres.

-¿Cómo? ¿Con Arn?... sólo fue en esa ocasión… no es como que vaya pegándome… ni como que pudiera hacerlo…- cerró los ojos recostándose un poco más y apoyándose en el pecho de Seiren como si lo conociese de siempre.

- No, no sería capaz de hacerle nada a Arn. Él también es muy amable conmigo.... – negó con la cabeza, dejándolo recostarse. – Me refería a aquellos que te vigilan.

-¿Y qué harías?- lo miró deslizando un dedo por su mano, jugando con los dedos finos y pálidos –No los mates… ellos no tienen la culpa de ser hijos de quienes son… los empleados de mi padre… sólo cumplen órdenes, no puedo odiarlos por ser fieles.

- No pensaba hacerlo. No me gusta la violencia, ya te lo dije.- negó con la cabeza lentamente. – Sólo asustarlos tal vez, podría alejarlos de ti...

-Creo que preferirían morir a no cumplir con lo que les han ordenado, a saber qué les harían… No te preocupes… no tienes que hacer nada, estoy bien así… no quiero que nadie más se haga daño…- se irguió pasándose las manos por el cabello, pensando que de seguir así, se dormiría sobre él y acababa de conocerlo. Sonrió levemente, sentándose en el borde de la cama y mirando a la puerta trancada. Nadie diría que los había perseguido un… ¿muerto viviente? Hacía un rato.

- ¿Deseas irte? – le preguntó, con aire de melancolía, sintiendo no poder ayudarlo realmente.

-No… no, no quiero irme…- se acostó en el colchón y lo miró desde allí –Estaba pensando… estupideces… - sonrió un poco y se sacó un cigarro del bolsillo, prendiéndolo y cerrando los ojos para darle una calada. Los abrió y miró el techo del cuarto, se levantó de golpe y se giró -¿Seiren?- Había vuelto… ¿así?

El albino suspiró en la habitación, observando el espacio vacío. A veces era difícil creer que no eran ellos los fantasmas.

 
 

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