| Capítulo 56- Soñando
Despierto
El pelirrojo suspiró ruidosamente, apoyando la quijada en
una mano, y poniendo cara de estar harto. Apenas acababa de encontrarse
con el grupo de Wolf, como lo había bautizado, y ya de nuevo
estaba perdido, y para colmo, aquello ni se parecía al hospital.
No, era el otro sitito, en donde estaba el profesor ese rubio.
Arn bostezó, mirando al suelo como siempre, con la carpeta
en el bolsillo. Tenían la hora libre después de comer,
y gracias a Dios, porque luego tenían con Ian y no quería
vomitarse encima. Giró el pomo recordando la marca morada
en el cuello de Soren. Se tocó el cuello pensando en si habría
sido Ian, sabía que al rubio le gustaba, era tan obvio…
Hisaki lo observó pasar, sonreído, era mejor que
no lo hubiera visto. No le había mentido a Wolf, ya que era
fantasm,a bien podía divertirse. Claro, eso no era un niño
ni una viejecilla. Se acercó por detrás, sigilosamente,
sujetándole la nalga, y susurrando. – “Bu”
El moreno se volvió de golpe, sujetándole el brazo
alterado de inmediato pensando que era uno de esos gilipollas. Siguió
sujetándole el brazo, mirándolo a los ojos ahora y
enrojeciendo, una, por haberse confundido y otra, porque le hubiese
tocado las nalgas. No, tocado no, sujetado que era peor –No
eres… uno de ellos…- lo soltó observándolo
y separándose un poco por si acaso, como estableciendo una
barrera de espacio vital.
- ¿Uno de ellos? – ladeó la cabeza curioso
dando un paso hacia delante. – Pero sí soy uno de ellos,
uno de los muertos vivi.... No, muertos muertos. ¿No te doy
miedo?- se rió, incapaz de mantenerse serio de todas maneras.
-
-Uy sí… estoy que me cago por la pata abajo…
¿no me ves? Temblando…- los ojos verdes del chico lo
observaron fijamente, aunque claro, dijeras lo que dijeras y fuera
como fuera, el ambiente frío y el aspecto… fantasmal
de aquellos chicos nunca te dejaba totalmente tranquilo –No
me das miedo… ya conozco a otros y sé que no sois precisamente
malvados… ¿estás perdido?
- Siempre – contestó, curioso por su actitud, y caminando
a su alrededor como examinándolo. – No todos somos
iguales, ¿sabes?
El moreno se giró conforme el pelirrojo pasó a su
espalda y le sujetó el brazo de nuevo -¿No? Pues creo
que puedes sentir dolor igual ¿verdad?
- Como todos.... sólo que mañana estaré como
nuevo. También puedo sentir placer – le sonrió
maliciosamente, halándole el cinturón con la otra
mano.
Arn se puso rojo de nuevo aunque se dejó halar. Lo miró
a los ojos fijamente, igual de serio -¿Y? ¿Cuál
de las dos cosas te gusta más?- bajó la otra mano
entonces para sujetarle la otra muñeca y apartarla de su
pantalón.
- ¿Cuál crees? – le guiñó un
ojo, echándose a reír luego. - ¿Qué
harás? ¿Matarme? ¿Violarme?
-¿Violarte y matarte después?- lo empujó un
poco antes de soltarlo, pensando que estaba loco, aunque extrañamente
no le desagradaba su personalidad –Yo nunca violaría
a alguien, es patético.
- Interesante, para un chico de un reformatorio.... – miró
a su alrededor, aún sonriendo. – Yo pude haber terminado
en un lugar así... No, seguro hubiera terminado donde terminé
de todas maneras. – lo miró de nuevo, como si dijera
la cosa más seria del mundo. – No me importaría
que me violaras. Claro que.... supongo que no se puede considerar
violación si te doy permiso.
-Obviamente no… y no es como que seamos todos violadores
en potencia, precisamente, hay gente que esta sólo por robar,
aquí…- lo miró a los ojos como si lo estuviera
retando. aunque seguía igual de serio además de nervioso
por no hablar de rojo, tanto hablar de violar y de hacerlo –Pasa
adentro, no quiero que me vean los profesores…- lo haló
de la mano y cerró la puerta después -¿Por
qué habrías acabado aquí?
- Porque... no me portaba bien. Vandalismo, robos... de vez en
cuando tuve algún trabajo claro, pero al final siempre hacía
algo indebido. – le sonrió notando cómo se escondía.
Se preguntaba si todos podrían verlo en realidad. –
A mí y a mis amigos nos trajeron por estar de ocupas en una
mansión abandonada. Bueno, al final no lo estaba, pero ya
llevaba años sin señales de vida su dueño.
-¿Os trajeron a donde? ¿A un reformatorio o al hospital?-
lo miró a los ojos y abrió el armario cogiendo la
ropa para después bajar al gimnasio, tirándola en
la cama de cualquier manera y rebuscando los pantalones cortos entre
la maraña de ropa arrebujada.
- Se suponía que nos llevasen a un reformatorio, pero no,
nos trajeron al hospital. – suspiró, recordando a los
demás por un momento y bajando la mirada. – No es como
que nadie fuera a preguntar por nosotros. Creo que tenían
un trato con la policía.
-Eso… debía ser algo muy grande supongo, si podían
actuar de ese modo sin que nadie pudiera hacer nada. Habría
personas que sabían que sus familiares estaban ahí,
pero probablemente alguien los protegía… es la única
explicación con sentido. - Lo miró observando la expresión
en su mirada, también la había visto en Seiren, esa
expresión melancólica, la encontraba hermosa. Claro
que decir eso seria un tanto cruel… -¿Conoces a Seiren?
- ¿Seiren? No, no lo conozco. ¿Por qué? –
lo miró de nuevo curioso. – es uno que conociste y
te gustó, ¿no? – sonrió malicioso. -
¿Cómo es?
Arn lo miró un poco rojo de nuevo, sentándose en
el colchón y pensando que debía de llevarlo en la
cara escrito, siempre le decían eso cuando preguntaba por
él –Es albino y tiene los ojos rojos… está
muy delgado y es de mi altura… eso creo… porque sólo
pude verlo una vez…- apoyó los codos sobre las piernas
preguntándose si aún se acordaría de él,
claro… Ian le había dicho aquello pero… -Pero
no lo he olvidado, quisiera poder verlo de nuevo…
Hisaki suspiró, sonriente. – Pues.... si lo veo, le
diré que te mueres por él. ¿Estás consciente
de que es un fantasma, no? – se sentó en su cama, acostándose
más bien, sin dejar de mirarlo.
-Claro, pero no me importa y no le digas eso… no quiero que
salga huyéndome a poder ser…- suspiró con fuerza
mirándolo de soslayo aún rojo, apoyándose la
cara en la mano y tapándose los labios con ella.
- No creo que lo haga, yo no lo haría. – le aseguró
ahora paseando la mirada por su cuerpo. – Yo me enteré
hace muy poco que estaba muerto. Me lo dijo un rubio de aquí.....
-¿Un rubio de aquí?- lo miró de soslayo, pensando
en Toshihiro y luego en Ian, como si no hubiera más rubios
en aquel lugar. Claro, que no en aquella ala del edificio -¿Con
el pelo largo o corto?
- Largo, me desperté en la cama con él. No parecía
muy sorprendido al principio. – se rió, pensando que
así mismo debía de ser. – Me mostró la
fecha y una... cámara, aunque la llamó teléfono
móvil.
-Eso… es porque era un teléfono móvil…
son pequeños y puedes llevarlos encima y llamar desde cualquier
lugar… y tienen cámara de fotos… de video…
internet... aunque no sepas qué es… - murmuró
pensando que a él no le interesaban de todos modos –Y
era Ian… es el profesor de gimnasia… y mi amigo…
supongo…
- Oh, sí, Ian! – sonrió, pensando que habían
avanzado mucho con esas cosas. – Creo que lo asusté.
Arn se rió con los labios aún tapados con la mano,
mirándolo de soslayo -¿Mucho? ¿Gritó?
No te creo…- se rió más abiertamente, mirando
al suelo y bajando la cabeza como para ocultarlo.
Hisaki se sentó de nuevo, riendo un poco por la maldad del
chico. - ¿De veras es tu amigo...? No, no gritó, pero
puso cara de espanto. Es que me enfadé mucho.
- … cara de espanto…- sonrió de todos modos.
La verdad, no podía imaginárselo pero seguro que tenía
gracia –Sí, es mi amigo… o eso creo… eso
nunca se sabe…
- No se sabe... Eso no es cierto. – le aseguró, bajando
los pies al piso y notando cómo su propia visión del
mismo se deformaba, dejando ver el piso del hospital, sucio, abandonado.
– Creo que me iré pronto... – susurró,
no muy contento.
-¿Y no quieres volver?- preguntó, observando el piso
y estirando la mano hacia él, sujetando la suya -¿Tienes
miedo?
- No miedo exactamente.... – frunció el ceño
ligeramente, mirándolo y preguntándose por qué
sujetaba su mano. Lo cierto es que sí tenía algo de
miedo. – Nunca sabes con qué vas a encontrarte, ni
donde.
Arn se levantó, observando cómo el suelo seguía
pudriéndose cerca del chico, dejando ver las baldosas enmohecidas
–Quiero ir contigo… para ir a buscar a Seiren…-
el moreno lo observó, pero casi desapareció ante sus
ojos como si lo hubiera cruzado un repentino bloque de oscuridad.
Bajó la mano que ya no sujetaba nada –Joder…
- bajó la cara mirando el suelo completamente normal y se
sentó en la madera. Era imposible, nunca conseguía
de ningún modo llegar a él, tal vez Soren tenía
razón y había estado soñando despierto.
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