| Capítulo 55- No Getting Away
Now
Toshihiro se enderezó el traje, pasándose la mano
por el cabello otra vez. Era inútil. No podía seguir
esperando, y no parecía que Yudai fuera a volver. Sí
se encerraba allí hasta su próxima clase, seguro pensarían
que estaba enfermo. Dio un paso fuera del cuarto notando que los
pasillos eran distintos, blancos, no tenía sentido.
Un chico albino cruzó esos mismos pasillos hacia él,
cargando una guitarra a la espalda casi como si fuera un hacha,
sujetándola por debajo del clavijero y volteándola
hacia delante, estaba manchada de sangre al igual que él,
completamente salpicado por todas partes. Resopló con cara
de animal herido, salpicando al rubio en la cara con la sangre que
salía de la respiración fuerte de sus labios. Alzando
el labio superior un poco de pronto, al notar que no alucinaba,
iba vestido de traje, siguió jadeando frente a él
sin hablarle.
Toshihiro se quedó inmóvil, espantado, sin atreverse
a hacer nada, aunque suponía que debía correr. –
Yu... ¿Yudai? – murmuró por fin, por si podía
escucharlo, aunque sabía que era estúpido.
El albino dio un paso delante de golpe, bruscamente y el rubio
se echó atrás, aunque en realidad solo había
sido un juego. Se aguantó las ganas de sonreír, examinándolo
-¿Estás vivo?
El profesor asintió, serio, o más bien asustado,
logrando sacar la voz por fin. – Sí, estoy vivo. ¿Eres
un fantasma, no?
-Claro, genio…- lo siguió observando, sujetándole
la cara y alzándosela un poco sin reparar en si le daba asco
o no que lo tocase con aquellas manos ensangrentadas -¿Llamabas
a Yudai? Es ese rubio majadero… ¿no?
- No es majadero. – protestó, moviendo el rostro para
que lo soltase, y pensando que en realidad, sí lo era, un
poco. Y también en que no le convenía ir por allí
enfadando a los fantasmas. - ¿Lo... conoces?
-En realidad no… pero lo vi gritando como un histérico
en una ocasión… cuando se enteró de que estaba
muerto…- lo miró desde encima, como examinándolo
–Japo… sácame de aquí…
- Yo.... no sé en donde estoy, estaba en el reformatorio.
– balbuceó, suspirando luego. - ¿A dónde
quieres ir?
-Al exterior….- se pasó el brazo por la cara limpiándose
la sangre porque notaba parte correr por su rostro y se lamió
los labios para limpiarse la que los manchaba. Girándose
entonces apenas un poco, mirando atrás de soslayo al escuchar
sonidos.
Una silla de ruedas abalanzándose hacia ellos, una chica
sobre esta, el cuello torcido hacia atrás de forma antinatural
y la piel completamente blanca al igual que sus ojos.
-Joder…- murmuró el albino alzando la guitarra y sujetándola
por el mástil como si fuera algún tipo de arma, golpeándole
en la cabeza y saliendo hacia atrás atropellado por la silla
y la chica, que se sujetó a su cuello, el cabello cubriéndole
el rostro ahora, su cabeza cayendo hacia delante morbosamente como
si el cuello careciese de osamenta.
- Diablos! – gritó el rubio aún más
asustado, por un momento sin saber qué hacer pero sujetando
a la chica luego por los hombros, zafándola del cuello del
albino, y tratando de ayudarlo a ponerse de pie, rápidamente.
Ni sabía por qué lo ayudaba.
Ray le sujetó la mano levantándose y bajando la guitarra
varias veces contra el cuello de la chica con furia hasta que sintió
cómo se separaba del cuerpo. Jadeó resoplando y lo
miró a los ojos –Estas jodidas putas… - murmuró
en lugar de agradecerle o algo así -¿Vas a sacarme
de aquí?
- No sé si pueda... – murmuró, aún espantado,
sin poder dejar de mirar el cuerpo ahora inerte. - ¿Qué
harás si ... sales de aquí?
-Ir a mi cas…- se quedó callado y serio, mirándolo
a los ojos, ¿ir a casa? Su casa ya no podía existir
–No lo sé…- seguramente la realidad le resultaría
aun más irreal que aquello, miró al cadáver
en el suelo y la sangre que resbalaba por su guitarra. Comenzó
a caminar alejándose.
- Espera! – lo llamó el rubio siguiéndolo,
sin poder evitarlo. – Puedes intentar venir al reformatorio,
al menos un poco.... Yo también necesito salir de aquí.
-Escucha! No sé salir de aquí ¿comprendes
japo?!- le gritó porque se había cabreado de pensar
en todo aquello y lo siguió mirando a los ojos, acercándose
lentamente -¿Estás acojonado, verdad?
- Confieso que algo asustado, sí.... – contestó,
obligándose a quedarse donde estaba. – No era mi intención
molestarte.
Lo miró fijamente, nervioso –No me has molestado…
lo que me molesta es estar muerto y encerrado aquí…
pensar que está muerto todo lo que he sido y seré…
y que no soy nada… ¿lo comprendes? No estoy molesto…
estoy… jodidamente furioso… pero tampoco dejaré
que te maten, me has ayudado… y estás cagado…
El rubio sonrió un poco, relajándose ligeramente.
– Espero que digas la verdad... ¿Cuál es tu
nombre?
-Ray- se pasó la mano por el cabello hacia atrás,
peinándoselo un poco, pensando que aquel tipo había
tenido suerte de que había salido a buscar su guitarra o
se habría quedado solo allí –Vamos… sígueme…
no pienso quedarme aquí. He hecho una masacre allí
atrás....
- Y, ¿siempre es así? – preguntó mirando
a su alrededor mientras caminaban, pensando en Yudai de nuevo. –
Mi nombre es Toshihiro.
-No siempre es así, Toshihiro…- repitió su
nombre para darle muestras de que lo había escuchado –A
veces simplemente nos hacen experimentos… como cortarnos extremidades…o
inyectarnos virus… o sea…- lo miró de soslayo
sonriendo de medio lado –Como ves, también tenemos
momentos de tranquilidad aquí…
- No es de extrañar que estés tan enfadado... –
suspiró, frunciendo el ceño en señal de perturbación.
– Yudai me dijo que era un lugar de experimentos pero no me
dio más detalles.
-Experimentos con humanos- abrió un cuarto cualquiera para
dejarle ver lo que había dentro, personas martirizadas, moribundas,
algunos ni siquiera parecían ya humanas. Abrió otra
puerta y otra y otra, según caminaban y luego lo miró
a los ojos -¿Por qué? Siguen aquí….
Los ojos violeta del rubio, lo miraron como en shock. - ¿Por
qué? Dicen... que los que mueren en sufrimiento muchas veces
tienden a permanecer. O tal vez sean sólo recuerdos, impresos
en el tiempo.
-No lo sé… no comprendo una mierda de nada y no sé
si quiero hacerlo ya…- abrió la puerta de su cuarto
pero estaba vacío –Puedes quedarte aquí mientras
si quieres, yo tengo que buscar a unos tíos…
La mano del profesor fue sujetada por la de otra persona que tiro
de él hacia su cuerpo –Sensei…
-¿De dónde coño sales?- preguntó Ray,
no porque le importase si no porque le había sorprendido.
-Del de mi madre… indudablemente…- respondió
el rubio sonriendo con algo de acidez.
-¿Te quedas con este, no?
- Yudai! – el rubio lo miró confundido y luego al
albino. – Sí, estaré bien. Gracias.
El albino se giró sin más marchándose por
el pasillo y mirándolos de soslayo sin querer saber una mierda
más del tema. Yudai lo observó fijamente sonriendo
luego y entrando con él en el cuarto del albino sin soltarlo
–Sensei… ¿has venido a buscarme?
- Sólo aparecí aquí... – aclaró
sin querer ceder mucho, aunque sin poder evitar sonreír.
– Estás bien. ¿Ya no estás enfadado?
– le tocó el rostro aliviado de verlo entero, sin recordar
ya que él mismo estaba salpicado de sangre.
-Ya no estoy enfadado…- le lamió la cara, limpiando
la sangre en su mejilla y después la de su cuello -¿Por
qué tienes sangre, sensei?
- Oh! Ray.... me salpicó. No sé por qué tenía
sangre después de todo. – miró hacia atrás
preguntándose si no estaría lastimado.
-Ray… - lo miró girándole un poco la cara para
que lo mirase –Mírame a mí… tal vez desaparezcas
cuando menos lo esperas…- lo acercó hacia la cama,
pegándolo contra ella -¿En qué sentido son
más importantes tus alumnos?
- Les he dedicado mi vida. Soy profesor aquí porque quiero
ayudarlos. Son chicos que necesitan cierto tipo de apoyo, es algo...
un poco delicado supongo. – le explicó, mirándolo
y esperando que comprendiese.
-¿Y yo? ¿No necesito apoyo? ¿Ayuda?- lo miró
a los ojos fijamente -¿Recuerdas a tu pareja? Pues yo no
soy como él… soy un niño…nunca has estado
con alguien como yo… sensei… Te voy a necesitar…
a todas horas…
- Es cierto, que nunca he conocido a alguien como tú. –
suspiró, pensando que además era un fantasma. ¿En
qué estaba pensando? – Pero no puedo fallarles, bastante
les fallo incluso cuando estoy ahí.
-¿Pero puedes fallarme a mí?- siguió mirándolo
a los ojos y lo empujó con suavidad, sentándolo en
la cama y recostándolo en el colchón a medida que
se echaba un poco sobre él –Sensei… sabes que
me quieres ya...- le tiró de la corbata poco a poco con dos
dedos, aflojándosela hasta soltársela por completo
–Te lo dije el primer día…
- No deseo fallarte tampoco, pero debes comprender.... –
respiró un tanto agitado, mirándolo a los ojos. -
¿Qué te gusta de mí? No creo que quieras cambiarme....
Yudai se rió con suavidad, mirándolo a los ojos –Otra
vez… mi sensei… inseguro… ya te he dicho lo que
me gusta de tí… mejor pregúntame lo que no me
gusta… - le pasó las manos sobre la tela de la camisa,
tocando su pecho firme, deslizando los dedos para abrirle la camisa
poco a poco.
Deslizo dos dedos por la línea que había abierto
hasta el comienzo de su abdomen –Lo mejor de un hombre de
traje… es abrir la camisa poco a poco… y ver…
el cuerpo tan sensual que hay bajo ella…
- No deberías hacer eso aquí. – le sujetó
la mano, enrojeciendo y mirando a la puerta. – Yudai...
-Toshihiro sensei…- sonrió, mirándolo a los
ojos y bajando la vista a su mano, inclinándose y lamiéndola,
tomándola en su mano y ocupándose de succionar sus
dedos, rozándolos contra sus dientes y hundiéndolos
en su garganta tanto como llegaban, mirándolo a los ojos
mientras apartaba la mano, dejándolos resbalar por sus labios
húmedos –Aquí… es donde yo vivo…
¿te gusta ha gustado sensei? ¿Quieres más?
El rubio lo observó indudablemente excitado, acariciando
sus labios con los dedos, su quijada, acercándose sin poder
evitarlo, besándolo por su propia iniciativa, sin pensar
ya en donde estaban.
-Sensei…- el rubio le sujetó la nuca con las manos
besándolo de forma apasionada y enredando los dedos en su
cabello, despeinándolo, pensando que sólo él
podía verlo de ese modo. Lo llevó al colchón
con la fuerza de aquellos besos, sus manos acariciando la piel de
su pecho y sus hombros, apretándolo un poco –Sensei…-
lo llamó de nuevo, separando un poco los labios mientras
le abría la camisa por completo -¿Me quieres? Dime
que sí...
- Apenas te conozco... –respondió por no ceder, aunque
se sentía extrañamente cómodo con él.
No deseaba que dejase de tocarlo.
- Dímelo… te prometo que sea cierto o no… acabará
por serlo… así que no importa si me mientes hoy…
mañana será verdad…- deslizó las manos
por sus abdominales y su pecho, mirándolo como embebido,
agachándose sobre él y besando su piel hasta llegar
a su pecho. Le mordió con suavidad varias veces hasta alcanzar
sus pezones rosados sujetando uno entre los dientes y lamiéndolo
sin soltarlo.
- Hn... – casi protestó el rubio, sujetándose
de sus hombros. – Yo... te quiero, Yudai – susurró,
rendido, respirando cada vez con más dificultad, vagamente
pensando en que debía regresar al reformatorio.
-Sensei…- entrecerró los ojos, mirándolo y
lamiendo su pezón de todos modos, deslizando la lengua en
círculos sobre él antes de morderlo de nuevo. apoyándose
en su pecho después para empujar la lengua entre sus labios,
besándolo apasionadamente, apretándose contra él
y rozándolo con su sexo erguido –Acaríciame…
- Yudai.... ¿cómo puedes sentirte así? –
lo miró a los ojos, bajando su mano suavemente por el abdomen
del chico, hasta sentir su sexo en su mano, pulsante. No parecía
un fantasma para nada.
-No lo sé…- se abrió la camisa sintiendo cómo
lo tocaba y subiéndose más a la cama, bajándose
un poco el pantalón y separando más las piernas para
que lo acariciase. La verdad es que le daba igual por qué,
sólo le importaba cómo se sentía. Le lamió
el cuello con suavidad, besándoselo y mordiéndoselo
antes de apartarse. Bajando de la cama y separándose –Quítate
el pantalón, sensei…
Toshihiro obedeció, aunque no estaba muy de acuerdo con
que le diera órdenes, pero no tenía caso discutir
por una tontería as, no en esos momentos al menos. Su propio
sexo estaba pulsando, deseando ser liberado. Se sentó en
la cama observándolo, estudiando su cuerpo.
El rubio lo observó tranquilo, aunque su respiración
se sentía pesada, se sentía muy vivo en realidad.
Se acercó a él, observándolo y apoyando la
mano en su pecho, recostándolo de nuevo y subiendo sus pies
a la cama, separándolos después para abrirle las piernas.
Deslizó un dedo entre sus nalgas acariciando allí
y apoyando la mejilla sobre su rodilla, observando sus reacciones
y llevándose la mano a los labios para lamerse los dedos.
- Nnn... Yudai... – jadeó sin contenerse, hacía
mucho tiempo que nadie lo tocaba así. Y por alguna razón,
se sentía distinto con el rubio. Bajó la mano para
tocar su otra mejilla, abriendo con suavidad las piernas, como invitándolo
a ponerse en el medio.
Yudai dejó escapar la respiración entre sus labios
observándolo –Te ofreces a mí de ese modo…
- sonrió levemente deslizando los dedos alrededor de su ano
y empujando dos en él, notando el fuerte calor de su interior,
las contracciones y cómo le costaba penetrarlo incluso de
ese modo. Deslizó los dedos fuera de él y los metió
de nuevo, ahora tres, subiéndose sobre él y besándolo
mientras hacia aquello –Apriétame más sensei…
se siente muy bien…- susurró rozando los dedos contra
las paredes de su cuerpo, empujándolas desde dentro.
- Hablas demasiado...- le sonrió un poco rojo, aunque no
lo decía de ninguna manera abrupta, y lo besó, apretando
tanto como podía. No se creía lo mucho que lo deseaba
a pesar de su reticencia inicial.
-Pero sensei…- sonrió en cuanto se rompió el
beso, lamiéndole los labios y sacando el cinturón
de la cintura del pantalón del profesor –Sólo
hemos empezado a jugar…aún me queda mucho por decir…-
le sujetó la pierna con el cinturón, manteniéndola
doblada contra sí misma –Así te ves aún
mejor… - susurró tocando su sexo ahora, de pie entre
sus piernas, masajeándolo con suavidad y tocando insistentemente
la punta de este con el dedo rozando la entrada en ella.
- Ah.... ah.... ¿qué haces? – preguntó
aunque era obvio. No estaba acostumbrado a esos juegos, lo cierto
es que lo estaba volviendo loco. - ¿Qué vas a hacer?
-Esto… supongo…- empujó un poco la punta del
dedo contra aquella estrecha entrada, rozándola y haciéndose
un poco más de sitio, las propias venas de su sexo completamente
inflamadas por el deseo. Jadeó observando el sexo del profesor,
sonriendo un poco más -¿Date la vuelta… ¿Puedes?
¿O te caerás, sensei?
- No me caeré.... – murmuró, estremeciéndose,
y girándose con cuidado para no hacer el ridículo.
– Yudai.... espero que no sea una broma.... – le advirtió,
aunque rojo y ocultando el rostro contra las sábanas.
-¿Una broma?- lo observó excitándose aún
más, deseando tocarlo, pero sin embargo girándose
alrededor de la cama, al otro lado, deslizando la mano por su cabello
y subiendo una rodilla al colchón, acercando su sexo a la
boca del mayor -¿Crees que estoy así porque me haces
gracia…? Lámeme… ¿Cuánto tiempo
hace que no pruebas una? Mucho mejor si es la mía…
¿te gusta? Es grande… y muy suave…- enredó
los dedos en su cabello atrayéndolo y a la vez moviendo su
sexo entre las sábanas y su boca –Hum…- su propia
voz traicionándolo –sensei…- susurró observando
sus nalgas desde ahí.
- Dios, Yudai... – protestó, aunque succionando su
sexo, saboreándolo incluso, lamiéndolo por completo,
deseando que lo tocara de nuevo. Se sentía descontrolado.
-Aaaagh….sen…sei…- se inclinó hacia delante,
recorriendo con la lengua su espalda, jadeando contra ella y subiéndose
más a la cama, moviéndose en su boca, sujetando sus
nalgas desde arriba y empujando tres dedos de una mano dentro de
él mientras las mordisqueaba. Bajó la otra para tomar
su sexo con fuerza, acariciándolo rápidamente para
excitarlo aún más a pesar de que él mismo,
sudaba y jadeaba sobre él descontrolado.
- Hnnn.... el rubio gimió aún succionando su sexo,
aún más llevado por el deseo, el suyo propio pulsando
con fuerza, al contacto de la mano de Yudai. Su cuerpo entero sudando
y estremeciéndose.
Yudai se acarició la cara con las nalgas del rubio, retirándose
de su boca y dejándose ir hacia atrás hasta ponerse
de pie de nuevo con el gesto sumamente agitado, la saliva goteando
de su sexo. Se lo sujetó con una mano, acariciándolo
y pasando tras el rubio de nuevo, empujando la lengua en su dilatada
entrada, lamiéndola en círculos, entrando y saliendo
de ella –Sensei… usa las manos… para mostrarme
más… dentro de ti…
- Yudai, te estás pasando.... – le riñó
apneas con fuerzas, sólo porque se ponía rojo, pero
haciendo lo que le pedía, mostrándole. Lo deseaba
dentro, aquel sexo hinchado. – Por favor...
El rubio sonrió, jadeando contra su entrada lamiéndola
y deslizando luego la lengua por sus testículos, succionándolos
y subiendo de nuevo a su entrada –No quiero que acabe sensei…tenerte
así… para mí… es demasiado bueno…-
jadeó rozando su sexo contra su entrada –Qué
caliente… incluso con lo caliente que estoy lo noto ardien…do…-
se empujó dentro de él, notando cómo empujaba
la carne cálida en su interior, los fluidos deslizándose
por su propio sexo y las piernas del rubio. Le sujetó las
caderas, de pie tras él, moviéndose fuertemente, cada
vez más rápido. Entreabriendo los labios y cerrando
los ojos –Sensei…
- Yudai.... – gimió Toshihiro, apretando los párpados,
sintiéndolo dentro de él, empujando, haciéndolo
estremecerse por completo, su sexo pulsando con más fuerza,
próximo al orgasmo. – Yudai...! – exclamó,
dejándose llevar.
-Aún no, sensei…- sujetó su sexo con fuerza
con la otra mano, no fuera a correrse, y siguió acariciándolo
con la otra, subiéndose a la cama por encima de él
y rozando todo su cuerpo contra la espalda del profesor mientras
lo penetraba. Subió la mano de su sexo a uno de sus pezones
frotándolo y retorciéndolo un poco, notando lo duro
que estaba, apretándolo un poco más mientras su lengua
y sus labios daban cuenta de la nuca del hombre.
- ¿Aún... no? – sonrió, pensando que
le sería imposible, más si lo tocaba así, jadeando,
y bajando la cabeza al contacto de su lengua, gimiendo con más
fuerza, sin pensar más.
-No… aún no…- salió de él notando
la presión de su cuerpo y lo volteó de frente, soltando
su pierna pero sólo para alzarle ambas contra el pecho, jadeando
al observarlo, su rostro agitado, el sudor en su piel, resbalando,
su entrada palpitando distendida –Sensei…ojalá
pudieras verte… lo sensual y atractivo que eres… preciosoh…-
jadeó al entrar de nuevo en su cuerpo de una embestida, empujándose
en él totalmente y moviendo las caderas circularmente para
entrar profundamente en él. Bajó a besarlo sintiendo
su sexo succionado en el interior del mayor, sus labios temblando
un poco mientras lo besaban. Bajó la mano de nuevo, apretando
su sexo otra vez y deslizando de nuevo el dedo por aquel glande
suave e hinchado de sangre, empujándolo dentro de él
difícilmente por la estrechez -¿Se siente bien ahí,
sensei?- lo movió un poco a los lados-Aunque así no
puedas eyacular…
- Ah..... ah..... Yudai.... me vas a matar... – protestó
el rubio, sintiendo que su cuerpo entero temblaba, desesperado.
Y no, no tenía ningunas ganas de verse a sí mismo.
- ¿Qué... haces....? Ah...
-Hacerte disfrutar sensei…- sonrió besándolo
de nuevo, rozando los labios contra los suyos y moviéndose
con más fuerza dentro de él para llevarlo al límite.
Se irguió, apoyando las manos en sus piernas, bajo sus rodillas,
pegándoselas bien al pecho y moviéndose sobre él,
observando cómo entraba y salía de su cuerpo –Si
quieres correrte… tendrá que ser así…
sin que toque tu sexo…- lo observó golpearse entre
ambos con cada embestida, las venas hinchadas y el color inflamado
–Sensei…- sus ojos negros se entrecerraron un poco mientras
lo observaba –Te quiero…
- Yudai.... – gimió, tocándole la mejilla con
suavidad, estremeciéndose de nuevo. No necesitaba mucho más
para correrse, la verdad. Se sentía afiebrado, como si cada
nervio en su cuerpo respondiese a los movimientos del rubio. Se
aferró a sus hombros finalmente, corriéndose casi
como si se convulsionase, sus gemidos cada vez más fuertes.
-Sensei…- cerró los ojos al sentir la mano en su mejilla.
Había deseado que acariciase su rostro en ese justo instante
y se había sentido aún mejor de que hubiera nacido
de él hacerlo. Hundió la lengua en su boca mordiendo
la del rubio con suavidad, succionándola mientras el mayor
se corría. Saliendo de su interior y arrodillándose
a la altura de su pecho sobre él, tocándose para correrse
en sus labios –Sensei…- sujetó su cabello con
la mano llevándolo hacia su sexo, temblando un poco, Toshihiro
entreabriendo la boca para sentirlo, lamiendo el semen que se derramaba
de su sexo, succionando, algo del mismo deslizándose por
su quijada.
El rubio entreabrió los ojos, estremeciéndose y mirándolo
con el cabello delante del rostro, las hebras rubias empapadas.
Se echó sobre él deslizando un dedo por el semen que
resbalaba y pasándolo dentro de sus labios. Le besó
el cuello y lo miró a los ojos de nuevo -¿Cómo
te sientes?
- Nunca... he tenido sexo como este antes... – le devolvió
la mirada, sonriendo luego, y respirando cansado, dejando caer la
cabeza completamente contra el colchón. – Eres increíble.
El rubio sonrió levemente, besándole el pecho y oliendo
su piel bañada por el sudor, acariciándolo con una
mano –Tú también lo eres… perfecto…
haces que me alegre de haber estado tanto tiempo… así…
al menos si pienso que ha sido esperando esto…porque seguirás
conmigo ¿verdad?- lo miró a los ojos irguiéndose
un poco y mirándolo serio. Sabía que estaba muerto,
pero le daba igual, era suyo.
- Claro... eso quiero... pero quiero decidirlo con la mente clara.
– suspiró, sin apartar la mirada de su rostro, a sabiendas
de que no desistiría. – Esto es una locura, no sé
qué voy a hacer....
-No puedes abandonarme, sensei… te necesito…- lo siguió
mirando a los ojos recostándose de nuevo, ahora a su lado,
rodeándolo y girándolo hacia él para que lo
mirase –Y yo siempre estaré contigo… siempre
estaré para ti…- le pasó la mano por la mejilla
y el cabello, acariciándosela –Esperaré…
a que me digas lo mucho que me amas por ti mismo… pero me
amarás… lo sé…
- Jamás he conocido a alguien tan persistente tampoco –
sonrió, pegándose un poco a él. Le creía,
a pesar de todo, pero no era eso lo que le preocupaba. – Dentro
de poco, debo dar clases....
-El tiempo no transcurre aquí… - le mintió,
sonriendo de medio lado y sintiendo que le resbalaba el flequillo
sobre los ojos –Sí lo hace…- susurró luego
más serio –pero aún no te dejaré marchar…
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