| Capítulo 51- Hopelessly Charming
Rein salió de su cuarto soltándose la goma del pelo
y sonriendo levemente al ver la espalda del rubio delante de él,
como siempre caminando distraído. Se paró a su lado
con las manos en los bolsillos –Toshi sensei…- sonrió
besándole una mejilla –Buenos días…
- No deberías saludar así a tus profesores, Rein
– sonrió, girándose un poco rojo pero disimulando.
- ¿Cómo te sientes?
-Bueno… bien, supongo…procuro no pensar mucho en lo
que sucederá y limitarme a disfrutar un poco mientras estoy
aquí…- se rió con suavidad pensando que debía
ser el único que disfrutaba de algo así.
- No sé si alegrarme de oír eso o no.... - le contestó
con sinceridad, mirándolo a los ojos. – En todo caso,
sabes que no estás solo ¿no es así?
-Lo sé… por eso me gusta estar aquí…
y porque no me obligan a hacer nada desagradable claro…- sonrió
levemente bajando un poco la cabeza mientras caminaba, pensando
que bastante solo sí que estaba y no era como que pudiera
solucionar aquello. No soportaba esos memos con los que se sentaba,
por eso mejor estar con ellos en todo caso, si alguien tenía
que verse involucrado con él, al menos que fueran esos idiotas.
-Rein... quiero que sepas que voy a ayudarte, aunque no lo creas
– Toshihiro le sonrió, convencido de sus palabras.
Ya sabía que no porque estuviese sonriendo, estaba bien.
– Sólo trata de no meterte en más problemas,
y cuando necesites hablar, no tengas reparos.
-No…- lo miró de soslayo –No puede ayudarme,
así que no se meta en problemas o tendré que alejarme
también… y entonces me quedaré sin nada…
El rubio suspiró, pensando que se le escapaba de las manos.
Lo tocó levemente en el brazo, deteniéndolo. –
¿Qué hago entonces? No puedo detenerme a ver cómo
tu vida..... – suspiró, por no deprimirlo más.
– Rein, creo que mereces algo mejor.
El moreno lo miró a los ojos con el mismo aire de no importarle
nada de siempre y se encogió de hombros –No puedes
hacer nada, ni yo tampoco… cuando mi padre se muera…
supongo que entonces al menos seré un poco más libre…
pero desgraciadamente su salud es perfecta…- se rió
porque no podía hacer mucho más que eso –Hasta
se ha casado de nuevo…
- ¿De nuevo? – dejó escapar, pensando que se
casaba con demasiada frecuencia, enrojeciendo enseguida. –
Lo siento, no es de mi incumbencia. Bueno, creas lo que creas, siempre
puedes hablar conmigo. No importa lo que pase, no quiero que pienses
que te reprobaré o algo.
Rein se rió un poco –Oh… pero lo haces a menudo,
pero no importa, tienes razón… me gusta que me riñan
por cosas razonables para variar…- lo abrazó de nuevo
por más que estuvieran en mitad del pasillo, apoyando los
brazos en sus hombros –Te quiero mucho, sensei…- sonrió
de nuevo suavemente.
- Rein.... te dije que no hicieras eso. – le sonrió,
rojo de nuevo, y meneando la cabeza. No tenía remedio. –
Y sabes a lo que me refiero, tú sólo no empieces peleas.
-Vale…- se separó lentamente notando lo rojo que estaba
–Kawaii sensei…- sonrió abiertamente girándose
y caminando delante de él con las manos en los bolsillos
de nuevo, decidiendo no molestarlo y mirando a una profesora joven
pasar, era guapa… ya la conocería… Las mujeres
o más bien su ausencia, era lo único malo del reformatorio.
Cruzó la mirada con la suya y le sonrió, la chica
sonriendo y bajando la cabeza, acelerando el paso aunque se la veía
feliz de haber recibido aquella mirada, Rein se giró sonriendo
también. Qué fácil era… tenía
la materia de ser inmune a pensar en su futuro completamente dominada.
- Como dije, no te metas en problemas, Rein- Toshihiro le pasó
al lado, dándole una mirada reprobatoria aunque sonriendo.
No se le había pasado por alto aquello. Abrió la puerta
del aula, dándole paso para que se fuera a sentar, antes
de saludar a sus demás alumnos.
-Sensei… era muy bonita… sólo la he mirado…-
se rió pasando por delante para ir a sentarse, recibiendo
la mirada de Arn directamente y sonriéndole un poco a lo
que el moreno respondió señalándose la polla.
Rein se rió sentándose atrás e ignorándolo,
deseando de todos modos que Toshihiro hablara pronto con él
y le advirtiera de que no hiciera esas cosas. Le preocupaba que
no cediese.
|