| Capítulo 50- The Strings of
the Soul
Ray se levantó de golpe en la cama como impulsado por un
resorte que se traducía como “mala hostia” –Joder!-
exclamó levantándose de la cama y atravesando el cuarto.
De nuevo no estaba en el suyo, se quedó observando al albino
que le había dicho la “gran noticia” durmiendo
en una cama, se acercó a él y lo miró desde
arriba –Niño…
Serien abrió los ojos, observándolo un poco borroso
y luego claramente. – Eres tú, el chico de Corea, ¿no?
– se sentó, observándolo. - ¿Ya me crees?
-A no ser que me hayan inyectado ADN de estrella de mar y se me
regeneren las extremidades… no me quedan más cojones
que hacerlo ¿no?- lo miró a los ojos y suspiró
con fuerza, echándose un poco hacia atrás –Tampoco…
bah…- se giró pensando en aclararle que no quería
haberla tomado con él pero pasaba. “Que le jodan”
- Está bien, a veces incluso lo olvido.... – le aclaró,
imaginando que dijera lo que dijera, tenía problemas aceptándolo.
Tampoco se lo había dicho de la mejor manera. - ¿Cómo
te llamas?
-Ray…- se apoyó en la cama del chico empujando la
de al lado con un pie, guardándose las manos en los bolsillos
-¿Cómo olvidarlo? Nos han jodido la vida, ahora no
tenemos… nada!- le dio una patada a la otra cama estrellándola
contra la pared y levantándose de donde estaba apoyado, girando
el pomo varias veces –Nos han encerrado joder…
- Es fácil olvidarlo. Todo esto puede llegar a ser muy real.
– “Mucho más real últimamente” pensó,
prefiriendo no decírselo, después de todo, podía
ser algo personal. – Esa puerta por ejemplo, ¿cómo
puede estar cerrada? Ni siquiera existe.... pero allí está.
-Ah… yo qué sé… soy guitarrista no parasicólogo…
todo es real…por un día… y es como si jamás
avanzásemos desde ese día… aunque no olvidemos
lo que pasa…- apoyó la frente en la puerta pegándole
un puñetazo a la madera después.
- Yo tampoco, pero tengo mucho tiempo para pensar en estas cosas,
ahora que el tiempo ha dejado de correr.... – lo observó,
negando con la cabeza y pensando que mejor le hablaba desde su propio
punto de vista. – Si eres guitarrista, no deberías
hacer eso, te lastimarás las manos.
-¿A quien le importa?...- lo miró de soslayo con
algo de fiereza, golpeando el hombro contra la puerta, tratando
de abrirla como fuera aunque no parecía posible. Se golpeó
con la espalda y luego con la cabeza –Quisiera tener mi guitarra…-
cerró los ojos haciendo como si tocara, ignorando la presencia
del otro –pero no la tengo… maldita sea! Abridme!- golpeó
la puerta con el talón.
- Eso no va a lograr nada. – suspiró, pensando que
no había manera de hablar con él y dejándose
caer en la cama de nuevo. – Estarás dormido dentro
de poco. De todos modos, puedes pedirle a uno de esos chicos vivos
que vienen a veces. Tal vez alguien te pueda dar una guitarra.
-Una guitarra… no es mi guitarra…- lo miró pensando
que era típico de alguien que no tenía ni idea de
lo que significaba tocar. Tal vez su guitarra estaba allí,
en algún lugar…la llevaba a la espalda… debía
estar… tal vez… si no se habían deshecho de ella.
Por lo pronto, quería encontrarla, aunque no pudiera tocarla.
- Sólo trato de ayudar.... No es mi culpa. – lo miró
de soslayo, girándose en la cama, y preguntándose
por qué no podía ir con Arn.
Ray lo miró de soslayo también y se sentó
en la cama que él mismo había empotrado –No
las estoy pagando contigo…
- Ya sé que es difícil aceptarlo. No es como que
yo sea feliz. – lo miró directamente de nuevo, suspirando.
– Pero no sirve de nada, llenarse de furia.
-No tengo otra cosa dentro…- miró al techo acostándose,
controlándose para ser medianamente agradable con aquel chico
porque le molestaba que fuera a ponerse a llorar o algo así.
- Eso ni siquiera es posible. – le aseguró el otro
chico, sin ninguna reserva.
-Cómeme la polla, japo…- alzó una ceja, pensando
que era un listo y ya le tenía harto –Eso sí
es posible…
Seiren suspiró, girándose de nuevo, sin decirle nada.
Él mismo era imposible.
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