.Novela homoerótica para mayores de edad.
 
Capítulo 40- To Sleep is to Forget

Las luces brillantes pasaban como un desfile por encima de su cabeza. Podía escuchar los quejidos y los lamentos a su alrededor, no era la primera vez que lo llevaban allí. No estaba seguro de por qué habían cambiado así su tratamiento ni de por qué no lo trasladaban a otra ala. Claro que prefería quedarse allí, con Ray, pero no era como que pudiese oponerse. Lo más probable es que estuviese estudiando los efectos que causaba el virus en su cerebro.

“Tengo muy mala suerte” pensó, entrecerrando los ojos, ahora que la camilla se había detenido por completo, apenas observando el brillo de metal de los instrumentos que se pasaban por encima de su cuerpo, las voces serias casi mecánicas de los doctores. Siempre lo mareaba.

- No te muevas, acabaremos en unos minutos. – le sonrió la enfermera, como si se tratase sólo de sacarle una muela, mientras comenzaba a retirarle las vendas de la frente. Yasu le sonrió de vuelta a pesar de todo, sabía que sentía lástima por él, y tampoco había posibilidades de que pudiese moverse mucho, ni lograr nada con aquello. Tal vez su suerte cambiase hoy.

Escuchó aquel sonido penetrante, estremecedor, acercándose a su cabeza y apretó los puños, cerrando los ojos, y tratando de mantener su dignidad al menos, pero sin poder evitar gritar al sentir el primer dolor, agudo, aplastante incluso, era insoportable. Sintió una mano sostener su quijada con fuerza obligándolo a permanecer quieto, su propia voz alzándose cada vez más.

- No! Deténganse! Ya! – gritó, tratando de liberarse, dignidad o no, su instinto de supervivencia era más fuerte. – Paren! No ughuble..... Pran.... – las palabras aún seguían claras en su mente pero su lengua le fallaba como si no fuera la suya propia. Y súbitamente la vio allí, de pie al lado de la camilla. “Kyoko” – Trató de llamarla con su mente, pero no podía recordar su rostro, y al intentar llamarla de nuevo, tampoco pudo recordar su nombre. Poco a poco, cada retazo de su vida estaba siendo borrado. Ni siquiera sentía el dolor ya, todo lo que permanecía era el pánico, la desesperación.

Y entonces, todo acabó. Se encontraba en una cama, podía sentirla, pero al intentar abrir sus ojos, sólo veía oscuridad, su cuerpo no respondía, no podía levantar ni un dedo. Lo peor de todo, era que no tenía idea de lo que sucedía. No podía recordar su nombre, o quien era ni donde estaba. E incluso si hubiese podido abrir su boca para hablar, lo más seguro es que su lengua no respondiera. Pero podía escuchar una voz, una voz que le parecía conocer a pesar de todo, estaba gritando. No podía comprender las palabras, le llegaban de manera confusa, como a través de una barrera inmensa.... Tal vez era un idioma que no conocía, no comprendía nada. Pero contradictoriamente, aquella voz lo relajaba, le hacía sentir mucho mejor. Sonrió, aunque sus labios no se movieron, podía sentir su propia sonrisa. Y entonces, realmente acabó.

 
 

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