.Novela homoerótica para mayores de edad.
 
Capítulo 35- Ghosts Are Supposed to Be Scary

Yudai su guardó las manos en los bolsillos, apoyándose en la pared del pasillo. Debía haberse aprovechado de él simplemente, hubiera sido mejor, tal vez había perdido su encanto…. Lo peor de todo es que había vuelto al hospital al perder el control, frunció el ceño molesto.

Keika permanecía acostado en la cama de Wolf, esperando. No comprendía por qué lo dejaba solo. De pronto recordó las palabras de aquel chico, de que algunos no los volvía a ver. Y ¿si Wolf sensei no volvía? Casi se lanzó de la cama, corriendo hacia la puerta, pero deteniéndose antes de abrirla. No sabía donde buscarlo, y afuera estaban los doctores. Frunció el ceño, girando el pomo con cuidado y asomándose.

El rubio torció la mirada observándolo y sonrió levemente -¿Bu?

- Ah... – el chico lo miró asustado, tranquilizándose al ver que era otro paciente. - ¿Conoces a Wolf sensei?

-No… pero tal vez me interese hacerlo… o tal vez lo conozca y no sea relevante en mi mente y por lo tanto no lo recuerde… pero diría que simplemente… no- sonrió, aún pensando que era gracioso.

- No... es que lo estoy buscando. Es mi compañero de cuarto pero no regresa nunca, desde ayer. – lo miró, sin comprender muy bien por qué tantas vueltas., pero sonriéndole también. – Y ¿a Seiren? ¿Lo conoces?

-No lo sé… no soy bueno con los nombres…diría que no… ¿y tú?- le preguntó de vuelta, sonriendo y jugando con él -¿Conoces a Yudai?

- No.... ¿por qué? – lo miró, sonriendo más y adivinando que jugaba con él, completamente distraído de sus preocupaciones ahora.

-Porque dicen que es muy guapo y muy inteligente… pensé que todos lo conocían ya…- se acercó a él sonriendo más -¿Y tú quien eres? Tan pequeñito…- le pasó la mano por el pelo, sacándola del bolsillo.

- Keika, tengo trece, ¿y tú? – le preguntó observándolo y dejándose acariciar.

-Veintidós…me llamo Yudai… soy leo y mi grupo sanguíneo es AB, mi color preferido es el azul…- se inclinó hacia él riéndose entre dientes.

Keika se echó a reír, sujetándose las manos tras la espalda. – Mucho gusto, Yudai. El mío es el blanco... aunque no es un color.... pero es que mi gato es blanco.

-Oh… qué bonito… - sonrió y apoyó el dedo en la punta de su nariz apretándosela un poco y apartándolo -¿Es un gato niño?¿O niña?

- Niño, se llama Michi. Pero... debe estar muerto ahora... – suspiró, entristeciendo de nuevo.

-Oh…sí… cierto… pero probablemente tenga hijos que estén vivos…y esté observándote desde el cielo… ¿no crees?- se irguió aún sonriendo y alzándolo con los brazos, sujetándolo bajo las axilas para verlo a la cara. Lo cogió a horcajadas sobre él sujetándolo bajo las nalgas.

- Sí, cierto – sonrió de nuevo el chico sujetándose, pensando que todo el mundo lo cargaba. Pero no le desagradaba. – Y algún día, si me muero del todo, lo veré de nuevo.

-Pero yo no quiero que te mueras del todo…- le sopló el flequillo apartándoselo del rostro y entró en el cuarto con él, sentándose en la cama sin bajarlo de encima de sus piernas -¿Crees que estoy bonito Keika?

- Sí.... tú lo dijiste, ¿no? Yudai es guapo e inteligente – se rió, aunque algo sonrojado por estarlo molestando.

-Pues acabo de estar con alguien que no opinaba lo mismo…- se pasó un dedo por el flequillo sonriendo de todos modos un poco –y ahora necesito que me abracen…

- Vale... – lo abrazó, preguntándose si estaba triste, o si se sentía solo.

El rubio lo abrazó también, apoyando los labios en su cuello y cerrando los ojos, acunando a ambos un poco. Lo cierto es que no había estado triste hasta recibir aquel abrazo –No debería volver allí… estoy muerto…

- ¿Volver....donde? – preguntó el chico sin dejar de abrazarlo. – Lo sé, yo tampoco quiero estar muerto...

-He ido al reformatorio…- cruzó las manos tras su cintura sin levantarse de su hombro.

- Oh, yo también fui.... No tiene nada de malo – sonrió, pensando en que le había agradado Arn. - ¿Por qué piensas que no debes volver?

Yudai se rió un poco contra su cuello y se echó atrás para observar su rostro –Porque he visto a alguien interesante… pero creo que ya no se me dan bien estas cosas…- se pasó la mano por el flequillo –Tal vez sea la ropa…

- No comprendo, ¿te gusta alguien? – se encogió de hombros, sonriendo. – Yo creo que te ves bien con esa ropa, de todos modos.

-¿Sí?- sonrió un poco y se acercó besándole los labios –Pero a él no le gusto…

- No debes besarme... – protestó, enrojeciendo, y aclarando. – Wolf sensei me dijo que debía guardar eso para alguien especial, aunque sí besé a Jun...Bueno... – sacudió la cabeza como cambiando de tema. - ¿Cómo sabes que no le gustas?

-Fue un beso inocente…- se rió, aunque de hecho no pretendía hacerle nada a aquel niño, sólo le parecía mono -¿Y Jun es tu novio?- preguntó jugando con los dedos en el cabello de Keika –Sé que no le gusto… porque no quiso tocarme…

- Hum.... pero a lo mejor se asustó, somos fantasmas. – lo miró convencido de que los fantasmas debían asustar aunque hasta ahora nadie se había asustado de él, y se pondría triste si eso sucediese. – Y Jun es mi amigo, aunque... ya quedamos en que será mi hermano.

-Pues los hermanos no se besan los labios… es pecado…- se rió con suavidad –Pero es igual… Dios no tenía hermanos… por eso hizo esa ley tan estúpida…- se acostó en la cama y lo llevó con él sobre su cuerpo –Seguro que se asustó… pero no dejaré de ser un fantasma… De todos modos… los hombres siempre se asustan de mí… y me rechazan al principio ¿sabes? Y de todos modos siempre me afecta…

- ¿Te gustan los hombres? – lo miró pensativo y luego continuando como si nada. – No sé por qué se asustan, a mí me pareces agradable. Y no.... aún no éramos hermanos cuando me besó.

-Oh… “técnicamente”… - se rió entre dientes –Ya veo, eres muy listo…- se sentó sujetando al niño al ver que abrían la puerta –Sí… me gustan los hombres… sólo y exclusivamente los hombres…- susurró mirando al que entraba por la puerta un tanto expectante.

-Keika ¿Qué está pasando aquí? ¿Quién es ese?- lo cogió de las piernas del rubio porque sólo había escuchado la ultima frase y sabía lo inocente del chico.

-Tranquilo sensei…- se rió acostándose de lado en la cama y observándolo mientras se pasaba una rodilla por la otra pierna –No te excites, es malo para la tensión…

- Wolf sensei! – exclamó el chico abrazándose a él con todas sus fuerzas. - ¿Dónde estaba? Lo esperé y lo esperé, estaba asustado.....

-Lo siento… me han estado haciendo pruebas hasta hoy en un sitio cerrado… no he podido salir hasta ahora…- le pasó la mano por el cabello apretándolo con más fuerza contra su cuerpo y sonriendo levemente porque había estado preocupado -¿Con quien has estado?- miró a la cama un momento y escuchó que se cerraba la puerta –Se ha ido…

- Oh... – miró hacia la puerta preguntándose si estaría bien. – Se llama Yudai, me estaba acompañando desde hace un rato... Antes estuve con un chico que se llama Arn y antes... con otro, pero no recuerdo si me dijo su nombre. – miró al doctor atento por saber si le iba a decir algo.

-No volveré a dejarte solo- lo sentó en la cama y se sentó en el colchón a su lado, preguntándose si entonces ya sabría que estaban muertos. Observándolo con algo de tristeza y acariciando su rostro.

- Creí que se había ido, porque ese chico me dijo.... la verdad, y no encontraba a nadie. Lo sabe, ¿verdad?

-Sí, ya me lo han dicho, lo siento, creí que podía sacarte de aquí…aún seguía creyéndolo…- se pasó la mano por el cabello, apartándoselo del rostro y luego sujetó su mano con la suya, acariciándosela –Ahora que sé que lo que ocurre… no permitiré que te hagan más daño…

- Pero sabía lo que hacían, aún antes, ¿no es así? Sé que no me lo dijo por protegerme, pero me molesté mucho... – bajó la mirada, porque ahora se sentía mal de haberse enfadado siquiera por unos segundos con él. - ¿Por qué no podemos irnos? Si todos están muertos...

-No quería que tuvieses miedo y estuvieses cada día preguntándote si mañana estarías vivo, Keika, sólo quería verte sonreír, aunque no pudiera darte algo mejor, quería que fueras feliz…que tuvieras esperanzas - le apretó un poco la mano y se llevó la otra a la frente –Pero no podemos salir… no sé por qué… deberíamos estar ¿en el cielo? No lo sé, Keika…

- Ya sé... – susurró, las lágrimas resbalando por sus mejillas aunque había intentado aguantarse y bajando un poco el rostro, refugiándose en el moreno finalmente. – Lo siento, voy a sonreír más, lo prometo...

-Keika…- le pasó la mano por el cabello, sintiéndose fatal por verlo llorar y cogiéndolo en brazos de nuevo, abrazándolo con fuerza contra él –Escucha… esto es como una segunda oportunidad… no podemos salir de aquí… o tal vez sí y sólo haya que averiguar el modo… pero has conocido a gente que te agradaba ¿verdad? Tal vez haya algún niño incluso… y quieras jugar con él…

- Jun.... es mayor que yo... pero sigue siendo un niño.... – susurró, acallando un poco los sollozos pero sin despegarse. – Allá afuera no... no era un niño, Arn.

-Está bien… no importa si son niños o no, si son tus amigos es suficiente… ¿Quién es Jun?- preguntó mirándolo y apartándole el cabello de la cara, notando que lo tenía húmedo y pegoteado por las lágrimas.

- Es un chico que conocí... otro paciente. Está aquí con su hermano, y me fui con él a ver si tenían chocolate y helado en la cocina... – sonrió recordando, y pensando que le gustaría verlo de nuevo. – Y... y me besó, pero no es nada malo! Es que como no va a tener novia y ninguno de los dos sabía...

Wolf lo miró a los ojos alzando un poco una ceja pensando que eso de ¿probamos a ver qué pasa? Era cuento viejo, claro, que si le decía que era un niño… entonces seguramente sería cierto que lo había hecho por eso. Sonrió pensando que igualmente se veía contento al hablar de él -¿Sabes en qué cuarto está?

- No sé, no me dijo... pero está en esta ala. – le aseguró, ahora sonriendo a pesar de que aún le brillaban los ojos. - ¿Quiere conocerlo?

-Claro… pensé que tal vez querías ir a verlo…- sonrió levemente, acariciándole el cabello de nuevo –Mañana por la mañana le preguntaré a las enfermeras en qué cuarto está e iremos a verlo- “tanto si se puede como si no” remató en su mente. Aún sonriendo al rubio.

El rubio asintió, contento, aunque no comprendía por qué tenían que seguir las reglas si ya no importaba. – Ese chico también me dijo que ya no volvería a estar enfermo. Eso es verdad ¿no es así?

-Sí, es cierto, nada de lo que te hagan puede hacerte daño, pero yo trataré de evitar que te hagan nada ya…- lo miró a los ojos y sonrió levemente, limpiándole las lágrimas con la mano, en realidad preguntándose si podrían hacer algo. Algo para al menos estar protegidos entre ellos y que nadie estuviese solo.

 
 

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