| Capítulo 34- Sexual Education
El rubio, que estaba sentado en la cama de Soren, movió
la pierna que tenía cruzada sobre la otra, con las manos
apoyadas en el colchón como si estuviera allí. Sonrió
al ver que entraba el pelirrojo –Hola… estoy aquí
para que me lleves de paseo…
El chico se sobresaltó, suspirando luego y frunciendo el
ceño, pasando a buscar su libro. – Estoy en clase....
-No me importa… - se levantó con las manos en los
bolsillos y sonrió aún más -¿Con un
profesor? ¿O una profesora?
- Profesor.... – tomó el libro resignándose
y encogiéndose de hombros. – Si quieres ven, pero te
vas a aburrir. – lo miró preguntándose si de
veras no podía bajar y ya, sin necesidad de un guía.
- Qué suerte tengo…- sonrió saliendo con él,
atravesando aquella puerta por primera vez sin volver a aparecer
en los pasillos del hospital. Observó a los lados, por la
ventana y se detuvo en el pasillo mirando afuera, la calle…
Había un edificio enfrente, no se parecía en nada,
ni siquiera los coches…. Apoyó la mano en el cristal
como si fuera incapaz de moverse.
Soren continuó caminando un poco antes de darse cuentas
de que no lo seguía. Se giró mirándolo y regresando
sobre sus pasos. - ¿Sucede algo?
-Han pasado muchos años…- lo miró a los ojos
como si aún estuviese alucinado –Todo es distinto ahora…-
se giró guardándose las manos en los bolsillos de
nuevo –Pero vamos…
El pelirrojo asintió, caminando de nuevo, aunque pensativo.
- ¿Sabes.... cuanto tiempo ha pasado? – le preguntó,
imaginándose cómo sería el haber pasado todo
ese tiempo sin saber que había muerto. En realidad, comprendía
su reacción inicial.
-No… pero han sido muchos… - lo cogió del brazo
como si fuera el compañero más encantador del mundo
aunque ya sabía que no –Y ese profesor… ¿Cuántos
años tiene?
- Yo qué sé, es adulto... Más de treinta supongo.
– miró al techo, agobiado de que lo estuviera sujetando,
y sin siquiera pensar que el fantasma que llevaba del brazo también
sería adulto.
-Más de treinta…- sonrió como si le hubieran
dado una muy buena noticia –Bueno… pues quien sabe,
a lo mejor no nos aburrimos…- se rió preguntándose
si alguien más lo vería, aunque sabía cómo
hacer que no lo vieran. En realidad… comenzaba a encontrar
aquello interesante.
- Es aquí, no me hagas parecer un demente... – susurró,
soltándose antes de entrar al aula.
- Soren, bienvenido de vuelta. Puedes sentarte por favor. –
le sonrió Toshihiro como si se hubiese ido de viaje, pero
a pesar de los refunfuños del chico, sabía que siempre
era agradable cuando la gente notaba si estabas allí o no.
El rubio se quedó observando al profesor y después
al resto del aula satisfecho de que lo observasen. Se acercó
al hombre, observándolo de arriba abajo y sentándose
sobre la mesa donde tenía los apuntes, apunto de coger una
hoja y finalmente dejándola en su sitio al notar que se vería
la hoja flotar en el aire.
Por el momento, ya le parecía interesante, era guapo y tenía
una edad perfecta para él. Se recostó sobre la mesa
observándolo por el momento sin hacer nada, alzando una mano
y tocándole la cara con los dedos sonriendo.
Toshihiro dio un paso atrás, confundido, y sonriendo luego,
seguro de que estaba imaginando cosas. – Bueno chicos, estábamos
hablando de la percepción. Soren, ya que acabas de llegar,
¿puedes decirnos qué es la percepción?
- Es lo que vemos – casi refunfuñó, sin muchas
ganas de participar y observando al rubio, deseando que se quedase
quieto, aunque por otro lado, eso no le concernía a él.
- ¿Sólo eso...? – Toshihiro trató de
llamar su atención de nuevo al ver que estaba distraído
por quien sabe qué.
- Cómo vemos las cosas – se sentó, negándose
a contestar más.
- Exactamente, cómo vemos las cosas, si son reales o no....
Yudai se rió y se puso de pie, sentándose en el suelo
contra la parte interior de la mesa, alzando una mano y deslizándola
por entre las piernas del profesor, sonriendo. Era increíble,
estaba allí tocando a ese hombre que acababa de ver.
Arn se quedó mirando la cara que ponía el profesor
preguntándose si tendría fiebre o algo así
Toshihiro, se inclinó hacia delante apoyándose en
la mesa. No sabía qué demonios le estaba pasando,
era como una pesadilla. Está bien que le gustase la filosofía
pero tampoco se la ponía dura. Movió la pierna, tratando
de relajarse y de continuar hablando normalmente aunque ahora estaba
serio y un poco rojo. – Arn, ¿puedes decirme... cómo
sabemos si algo es real? – le preguntó. Tenía
mucho que explicar, pero al menos por ahora, le iba a resultar difícil
concentrarse. Mejor hacía la clase totalmente participativa,
hasta que pudiera controlarse.
Arn se quedó sentado tocándose una oreja –No
sé… ¿Cómo lo sabemos?- sonrió
pensando “la filosofía me la come” -¿Tocándolo?
Yudai sonriendo bajo la mesa, se mordió un poco el labio
y le abrió el pantalón antes de que pudiera alejarse,
sujetando su sexo con una mano y su pierna con la otra.
- Dios... – susurró el profesor, sentándose
tras el escritorio, aunque por alguna razón se sentía
atrapado y tomando su sexo guardándolo, fingiendo que no
hacía eso, claro. Lo mejor era salir de allí, pero
no podía ser abrupto. – Disculpa.... tu respuesta no
está mal pero... ¿cómo puedes saber si lo que
siente tu mano es real?
Soren sonrió, bajando la cabeza sobre su escritorio, para
no reírse. Ese tío estaba mal de la cabeza, de veras.
-No lo sé… podría no ser real como cuando tienes
fiebre y flipas…- murmuró mirando luego a Soren de
soslayo y sonriendo.
El rubio sonrió, pensando que encima se sentaba. Tomó
su sexo de nuevo, acariciándolo y deslizando la lengua por
él. Sujetándole la pierna con más fuerza para
que no se escapase. Hacía siglos que no tenía sexo
y aquel profesor cada vez lo excitaba más al ver cómo
lo avergonzaba y cómo trataba de seguir explicando. Su piel
sabía a gloria y olía increíble, lo succionó
profundamente. Totalmente embebido.
Arn se levantó para sentarse en el asiento de al lado de
Soren -¿Qué pasa?- preguntó sonriendo por la
cara tan roja de Toshihiro y el cachondeo que se traía el
pelirrojo.
- ¿Sabes Yudai? ¿El que habita en mi cuarto? –
le sonrió el pelirrojo, señalando al profesor disimuladamente,
por ver si el chico comprendía.
- Eh... – Toshihiro miró hacia abajo sin comprender
nada, aguantándose los deseos de gemir. – Algo... así....
chicos. – tragó saliva tratando de mantener un todo
de voz normal. – Lo lamento pero no me estoy sintiendo muy
bien.... así qu7e les voy a pedir... que me disculpen. Para
mañana seguiremos hablando de eso así que traten de
pensar en ejemplos... de lo que es real y lo que no...
-“Dios…”- susurró Arn, sonriendo y aguantándose
la risa.
Yudai sonrió, preguntándose cómo pensaba levantarse
si no pensaba soltarlo. Deslizó la lengua por su sexo como
si nada, entrecerrando los ojos cada vez que lo lamía. Le
sujetó la mano que se dirigía a su sexo con la suya.
-“Verás…”- Arn se levantó un poco,
observando lo colorado que estaba el profesor y cómo respiraba
-¿Tiene fiebre sensei? ¿Le acompaño a la enfermería?
- No! – el profesor movió la otra mano con rapidez
colocando su libreta sobre sus piernas, cubriéndose. –
No.... sólo necesito descansar... Dile... dile a los chicos
que pueden salir, tienen una hora libre... – le pidió,
rogando porque funcionase, ya que algo lo estaba sujetando. No podía
permitir que se dieran cuenta.
Soren, se rió un poco, ocultando más el rostro, al
ver lo que hacía Arn.
Los chicos se levantaron como si les hubieran enviado un regalo
del cielo por librarse de la clase. Arn acercándose a la
mesa y mirando al rubio, estaba claramente excitado -¿Seguro
sensei? ¿No quiere ir a la enfermería?- le tocó
la mejilla que obviamente quemaba.
Yudai lo miró de soslayo e igualmente sonrió a pesar
de que estaba pensando que el profesor era suyo y que mejor le sería
mantenerse al margen.
- Estoy bien!...Arn... – le sonrió, pensando que había
sonado demasiado agresivo, tan sólo trataba de ayudarlo.
– Estoy bien.... puedes ir....
- Arn... vamos a avisar en la enfermería – le pasó
Soren al lado, completamente serio aunque claro, se moría
por dentro.
- De veras... estoy bien....
-Vale… sólo es por precaución…- el moreno
le sonrió, saliendo tras Soren y cerrando la puerta a su
espalda –Qué crack… - se rió por fin,
refiriéndose a Yudai que sonrió esperando a ver qué
hacía y saliendo de debajo de la mesa.
- Dios... – Toshihiro dejó caer la cabeza sobre el
escritorio, respirando agitado, aliviado de que se hubiesen ido
por fin. Esto no era algo de él, no tenía idea de
lo que le estaba sucediendo, pero no podía salir así.
Sujetó su sexo, empezando a masajearlo, deseando liberarse
de aquello lo más pronto posible, antes de que alguien viniese
a preguntar qué le sucedía.
El rubio sonrió complacido, bajando las manos por su pecho
desde atrás. Tenía un buen cuerpo, delgado, pero firme
y marcado por los músculos. Bajo más las manos pasándolas
sobre las del profesor y sobre su sexo, susurrando en su oído
–“Qué profesor tan pervertido… delante
de sus alumnos…”- sonrió dejándose ver
tras él, besándole el cuello sin dejarle verlo por
la posición de todos modos.
- ¿Qué? – Toshihiro se detuvo, tratando de
ponerse de pie inmediatamente, para ver quien estaba tras de él.
No había sentido a nadie llegar, si.... no se había
abierto la puerta. - ¿Quién es?!
-“Shhhh…”- el rubio lo mantuvo sentado sin dejar
de acariciarlo –“No puedes gritarme cuando estás
de este modo ¿verdad?... tienes prisa… podría
venir una enfermera… ¿y qué harías?...
Pero te diré quien soy si aciertas… a) Un loco escapado
de un manicomio b) Un estudiante c) Un fantasma… d) Un error
de percepción ocasionado por la falta de…- deslizó
la otra mano por sus testículos –liberación…
-Detente..... ¿es alguna broma? – susurró,
jadeando levemente, enrojeciendo. No tenía la voz de ninguno
de sus estudiantes, los reconocería. Pero él tampoco
era dado a esas... alucinaciones.
-No… y no me gusta mucho que me den órdenes, tampoco
estas en posición de hacerlo… jadeando de ese modo…-
le lamió el cuello deslizando el dedo por la punta húmeda
de su sexo –Hum… profesor…- arrastró la
lengua por su oreja encendido –Siempre me han excitado los
profesores… contesta a mi pregunta… y te dejaré
verme…
Toshihiro frunció el ceño, estremeciéndose
sin poder controlarlo, tratando de pensar. – No eres un estudiante....
ni un profesor.... no hay manicomios cerca y aún así
es improbable.... Dios... – se inclinó hacia delante,
demasiado excitado y bastante avergonzado. – Y yo no... imagino
cosas, así que debes ser.... lógicamente, un fantasma...
– jadeó, sonriendo un poco, pensando que definitivamente
tenía que ser una broma.
-…”bingo…”- lo soltó para sentarse
en el borde de la mesa frente a él, observando sus ojos,
su propio sexo terriblemente erguido contra los pantalones azules
del hospital. Se apoyó la mano sobre él, marcándolo
más en la tela -¿Te gusta tu nuevo alumno?- se descalzó
y le apoyó el pie contra el sexo.
Toshihiro parpadeó, demasiado aturdido para hacer nada,
sus ojos violeta fijos en el fantasma. – No.... ¿tú?....
¿Qué clase de juego es este? ¿Eres... nuevo
o algo así? – insistió, bajando la mirada por
la ropa que llevaba y luego apartándola al notar su sexo.
El rubio le sujetó la cara haciéndolo mirar su sexo
y se bajó la ropa con la otra mano mostrándoselo -¿Era
eso lo que quería ver senseei…?- sonrió aproximándolo
–Contésteme ¿le gusto sensei?
- Deje eso... – protestó, tratando de zafarse, y guardando
su propio sexo aunque seguía caliente y erguido. –
Voy a... llamaré a seguridad.
-No… no lo hará… ¿sabe por qué
sensei?- apoyó un pie a cada lado del rubio en la silla y
se pasó los dedos por el sexo, sujetándoselo y masajeándose
–No importa cuanto tiempo haya pasado… puedo oler a
los hombres como usted a metros…- se tiró de los cordones
de la camisa abriéndosela y mostrándole su cuerpo
pálido, marcado por los músculos. Habló con
la voz excitada, probándolo –Dígame esto sensei…
“no quiero tocarte, Yudai”.
Se sentó a horcajadas sobre él a milímetros
de su rostro, susurrando contra sus labios –“No quiero
besarte Yudai”
- “Yudai...” – le susurró, memorizando
su nombre, y echándose hacia atrás. - ¿Qué
significa eso? ¿Los hombres como yo...?
Yudai sonrió, rodeándole el cuello con los brazos,
acortando el espacio que había creado entre ambos, pasándole
la mano por la corbata y tirando de ella para acercarlo, rozando
sus labios al hablar –“Los hombres responsables…
y serios…maduros…”- le besó los labios
con suavidad, varias veces y empujó la lengua entre ellos
tratando de besarlo.
- Hmmm... – el rubio protestó, tratando de librarse
de aquel beso, finalmente rindiéndose. Esto estaba más
allá de lo lógico, era completamente irreal. –
Es... es suficiente... – jadeó cuando por fin pudo
apartarlo un poco de sus labios.
-No… no lo es en realidad…- el rubio lo miró
a los ojos sonriendo casi de forma imperceptible, deslizando un
dedo por la línea del puente de su nariz –Está
bien… si así lo quieres… tendrás que limitarte
a soñar conmigo por el momento…- desapareció
frente a él. Levantándose de sus piernas y parándose
a su espalda y susurrando contra su oído –“Pero
te deseo… y a partir de ahora tú desearás cada
noche… en tu cama que repita esas palabras…no importa
si duermes con compañía o no, pensarás en mí…”-
se separó de él al fin.
Toshihiro permaneció sentado allí, tratando de recuperar
el aliento, aún sintiendo como si nada fuera real.- Sí,
claro... – susurró, poniéndose de pie finalmente,
y pasándose la mano por el cabello, su sexo aún algo
erguido dentro del pantalón, pero creía poder manejarlo
ahora. Abrió la puerta casi estrellándose contra la
enfermera que al fin y al cabo, sí había venido.
- Toshihiro sensei....me dijeron que....
El rubio se quedó quieto de pronto, sin mirarla comprendiendo
lo que acababa de suceder, como si volviese a la realidad. –
“Desapareció” – susurró, más
para sí mismo, la chica mirándolo extrañada.
- ¿Qué dice? Toshihiro sensei, se ve pálido.
Mejor acuéstese un rato. – lo sujetó del brazo,
llevándolo con ella, a pesar de que iba completamente distraído.
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