| Capítulo 33- More Dead than
the Dead
Keika se paró de la cama, saliendo de su cuarto. Ya no le
importaba, estaba muerto ¿no? Y Wolf sensei seguía
sin regresar. Caminó por los pasillos sin encontrar a nadie,
ni siquiera al chico del día anterior. De pronto empezaba
a sentirse nervioso, no era buena idea andar solo por los pasillos
después de todo.
Arn apoyó la mano en la pared al notar cómo se oscurecía
el pasillo a pesar de estar en plena mañana, la oscuridad
devorando paso a paso la luz que entraba por todas y cada una de
las ventanas. Se giró hacia fuera, pero en vez de la puerta
del reformartorio, ahora había una pared y unas escaleras
que bajaban. Negó con la cabeza, decidiendo mejor seguir
adelante por los pasillos de vuelta a su cuarto. Tal vez Seiren
estuviese allí. Recordó lo que Soren le había
dicho de que tarde o temprano, si se quedase allí, lo vería.
Sin embargo, la figura que vio a lo lejos era muy distinta, un
niño probablemente. Se quedó observándolo mientras
se acercaba.
Keika se detuvo frente al moreno mirándolo serio. –
Puedo verte, no estabas allí antes. – comentó
de pronto, observando sus ojos.
-Claro, no soy invisible…- lo miró alzando una ceja
y preguntándose si no hubiera sido mejor ser invisible después
de todo. Con esa cara que tenía en niño de mala leche
-¿Pasa algo?
- Que no estabas allí antes. ¿Eres un fantasma? Pero
si yo estoy muerto, no puedes ser más fantasma que yo...
– continuó tan serio como antes, a pesar de lo que
decía, sin apartar la mirada.
El moreno se quedó serio tratando de digerir aquella conclusión
tan bizarra y luego sonrió. –No, no estoy muerto…
y no creo que se pueda ser un fantasma más fantasma que otro…
a no ser que unos puedan estar más muertos que otros….-
se rió pasando por su lado y entrando en su cuarto sólo
para descubrir que naturalmente era una habitación de hospital
bastante horrenda y decrépita y además no había
nadie -¿Estás solo aquí? ¿Tienes miedo?
El rubio negó enérgicamente con la cabeza, sólo
para admitir luego. – Sí.... es como si todos se hubieran
ido desde que supe que estaba muerto. No puedo encontrar a nadie.
-Tal vez… se hayan enterado también y algo haya sucedido…-
lo miró pensando después que seguro no lo había
aliviado mucho con esa conclusión tan sincera –Podemos
buscar a alguien…
- Por favor – le pidió el chico tomando su mano, inmediatamente.
– Me llamo Keika, ¿cómo es que estás
vivo?
-Porque no soy de aquí, soy del reformatorio que hay ahora
en lugar del hospital este…- levantó un poco la mano
mirando la del chico colgando de la suya y sintiéndose un
poco incómodo. Claro, que sólo era un niño
¿no? Le apretó la mano pensando en Seiren y en lo
triste que se veía -¿Ya has mirado en tu cuarto?-
miró hacia el fondo del pasillo, estaba muy oscuro -¿Siempre
lo ves así desde que te enteraste?
- No, ayer estaba con otro chico, el que me lo dijo y todo se veía
mal, pero entonces... llegó una enfermera y me llevó
a mi cuarto y estaba normal entonces. Sólo que esperé
y esperé y Wolf sensei nunca volvió, así que
salí.
-¿Y quien es Wolf sensei? ¿Un médico?... creí
que todos los médicos estaban tarados en este sitio…-
murmuró caminando por el pasillo sin fiarse un pelo de nada,
ni siquiera del niño que llevaba de la mano ¿Quién
sabía si se voltearía y se habría transformado
en cualquier otra cosa horrenda? Negó con la cabeza mirando
al suelo seguro de que eso no era posible.
- No! Wolf sensei no es... – lo miró entre molesto
y confundido. – Era doctor pero luego se enfermó. Pero
siempre me hacía sentir bien cuando me atendía él.
Y.... no sé si lo sabe, que estamos muertos. Por eso quería
hablar con él. Por eso.... – bajó la voz, con
los ojos aguados de pronto.
Arn se detuvo y lo miró a los ojos inclinándose un
poco -¿Qué pasa?
- Tengo miedo, no quiero estar muerto... - bajó la cabeza,
un poco avergonzado. – Y ¿si no vuelve?
-Oh… eso…- miró a un lado como deseando que
hubiese alguien a quien endiñarle al niño llorando
porque él era malísimo para esas cosas. Le pasó
la mano por el pelo pensando en algo –Bueno… estoy seguro
de que tiene que estar por aquí en algún lado…
tal vez lo han cogido… pero como es un fantasma, no le pasará
nada ¿no?- se rascó el cuello pensando que lo había
hecho peor –No tengas miedo…- le sujetó las manos
y lo cogió en brazos después, besándole la
mejilla –Vamos a encontrar a alguien.
- Espero que sí, porque si no, me voy a quedar solo. –
susurró, abrazándose a él, las luces empezando
a encenderse súbitamente.
El moreno se volteó con el niño en brazos y observó
que un médico los miraba fijamente. –Apuesto a que
ese no es…- susurró antes de echar a correr por el
pasillo.
-Eh! Deténgase! Cogedlo! Hay alguien en el hospital!- salieron
varias enfermeras de las habitaciones y Arn echó a correr
tanto como podía con el niño en brazos, pero no conocía
de nada aquel sitio, no sabía a donde huir ni por donde se
estaba metiendo, sólo atravesaba pasillos rogando por no
estar haciéndolo en redondo y encontrarse con los hombres
de frente de nuevo –Mierda…- murmuró maldiciendo.
- Por ahí! Por ahí! – le señaló
el rubio, el camino hacia su habitación, por alguna razón
pensando que podría esconderlo. – No dejes que nos
alcancen!
-Ya… más quisiera yo…- el moreno frunció
el ceño pensando que no era su especialidad huir, siempre
se perdía y correr tampoco, era más lento que el caballo
del malo –Si me meto ahí, verán donde hemos
entrado, me cogerán y a saber qué me pasa…no
quiero que me mate un muerto…
- Entonces bájame y huye tú. A mí no me pueden
matar. Yo los puedo detener. – le aseguró.
-¿Tú que vas a poder? Si eres un enano…- sonrió
a pesar de la situación pensando que de todos modos, no iba
a dejar a un niño ahí para salvarse él, estuviera
muerto o no. Se quedó mirando la puerta que tenía
frente a él –Mierda…- susurró tras leer
arriba “sala de operaciones” –Al carajo…-
susurró entrando igual y pasando despacio ahora por los pasillos
–Tal vez… haya un modo de salir de aquí…
- miró atrás notando que los pasos se separaban por
otras zonas sin entrar allí –Parece que aquí
no quieren entrar… no me extraña- apestaba a sangre
y desinfectante por no hablar de los gritos que estaba escuchando.
- Nadie quiere entrar aquí – susurró el chico
asustado, pensando que él tampoco y aferrándose más
al moreno. Se escuchaba un chapoteo tras una de las cortinas, acercándose
más y más. – Tengo miedo... – susurró
aún más bajito el chico.
- ¿Ya están los siguientes aquí? – un
doctor salió de detrás de la cortina, con una sierra
quirúrgica en una mano, ensangrentada, goteando.
-Joder… - el moreno se quedó mirando la sierra asustado,
pero no lo suficiente como para no pegarle una patada a la puerta
y hacer que se la comiera de pleno con la cara. Miró adentro
un momento, por malsana curiosidad y salió hacia atrás
de golpe sintiendo nauseas –Vámonos de aquí-
sentenció apresurándose por los pasillos, deteniéndose
al observar el suelo lleno de agujas quirúrgicas regadas
por todas partes. No… odiaba las agujas… eso…
eso era cosa suya, no era lógico, era como si estuviera imaginándose
aquella mierda.
Volvió de nuevo hacia atrás y abrió la puerta
rápidamente, bajando por las escaleras, el enorme agujero
en estas revelando abajo lo que parecía una carnicería
horrenda. Estaba todo lleno de sangre y había un tipo con
muy poca pinta de médico haciendo algo que prefería
no comprender con el cuerpo de una mujer – Dios… esto
no es un hospital…- corrió escaleras abajo angustiado
–Te sacaré de aquí…- le susurró
sin pensar en que no podía.
-¿Puedes? No, no puedes... – meditó el chico,
escondiendo el rostro en su pecho. A pesar de estar internado allí
nunca había visto cosas tan horribles como las que había
visto en los últimos días. Necesitaba a Wolf sensei,
él le explicaría.
-No… puedo…- recordó de pronto. Deteniéndose
en mitad de las escaleras de madera, el pasamanos de madera barnizada,
varios tíos pasando por su lado y observándolo, cómo
cargaba a aquel niño vestido con aquella ropa de hospital
-¿Qué coño miras?- soltó de todos modos
por si acaso. Nervioso, volviendo a subir varios escalones para
sacarlo de donde pudieran verlo -¿Por qué te ven?
Dios, no entiendo nada…
- No creo que me vean.... No me miraban a mí.... –
murmuró, preguntándose ahora por qué no lo
iban a ver, sí el moreno sí podía. –
Pero no sé donde estoy.
-Es el reformatorio… y es verdad, tal vez me miraban a mí
que seguro que tengo cara de haberme cagado encima…y llevaré
las manos extrañamente… sí, será eso…-
subió hacia su cuarto lentamente, aunque en realidad estaba
pensando en llevarlo con Soren para que viera eso, pero no quería
que pensara que ahora se tomaba confianzas por lo sucedido la noche
anterior.
- Pero me trajiste aquí.... y ahora... – parpadeó
confundido. Al menos allí no estaría solo pero le
preocupaba no estar allí para cuando regresase el doctor.
– Tengo que regresar.
-Vale… ya lo sé… pero yo no te traje a ningún
lado, sólo aparecimos aquí y no entiendo una mierda
al igual que tú… así que… tranquilidad…
estoy intentando pensar algo útil…- subió hacia
su cuarto de nuevo –Iremos… al cuarto del reformatorio
que corresponda al tuyo… ¿Cómo te llamas? Eres
muy pequeño.
- Me llamo Keika. Y tú eres muy grande – le respondió
por no ocurrírsele nada más. – Estoy en el cuarto
2. ¿Qué es un reformatorio?
-Una cárcel para menores....- sentenció pensando
en eso de que era muy grande pensando que en realidad no es que
fuera muy alto. Se rió y empujó la puerta, estaba
cerrada –Espera…- lo dejó en el suelo y golpeó
la puerta varias veces hasta que se abrió, eran una mierda
de puertas… así no podían encerrarse en los
cuartos –Ya… pasa… aquí puedes quedarte
esperando a ese médico ¿no?
- Sí... – entró, acariciándose los brazos
como si sintiese frío, y mirando a su alrededor, girándose
luego. - ¿Te vas a quedar conmigo? No sé por qué
estás en la cárcel, pero no quiero estar solo.
-Me quedaré…- entró, pensando que iba a faltar
a una clase y le iban a echar la bronca, pero daba igual. Tratándose
de Toshihiro, no se sentía precisamente muy amedrentado.
Se quedó frente a él y le pasó las manos por
los brazos preguntándose si tenía frío, lo
cierto es que su piel estaba fría. Se sentó en la
cama y golpeó el colchón a su lado –O ven encima
si quieres. - Se quedó esperando sin dejar de mirarlo –Estoy
aquí por cometer varios delitos, pero no voy a hacerte nada-
Le explicó de forma no muy concreta para no asustarlo de
él.
- Keika se subió a la cama, sentándose sobre sus
rodillas, observándolo atento. – Nunca antes conocí
a un delincuente, pero no pareces malo. Aunque ya me han dicho que
no tiene que ver con cómo te veas. Igual me ayudaste....
Gracias. – le sonrió, tomando su mano de nuevo.
Arn lo miró y sonrió levemente alzando una ceja y
pensando que no comprendía por qué con su aspecto,
le parecía buena pieza. Seguramente con lo que veía
en el hospital hasta Manson le parecería un testigo de Jehová
–No es como que vaya por ahí pegándole a cualquiera
o algo así…- se rió bajando la cara pensando
que a saber qué imaginaba -¿Conoces a Seiren?
- No.... pero conozco a Ray, y a Jun. ¿Tal vez ellos lo
conocen? No lo sé, porque Jun está con su hermano.
Estás... ¿preguntando por alguien del hospital, verdad?
– preguntó ahora, ya que se había apresurado
en contestar.
-Sí… por un paciente también, es albino y tiene
los ojos rojos. Si lo ves… dile que he pensado en él…-
sintió que se ponía un poco rojo y renegó,
preguntándose además cómo podía ser
tan fresco, sólo esperaba que no estuviera allí anoche
o se iba a llevar una impresión horrenda de él, probablemente.
Sonrió, pensando que de todos modos era la impresión
correcta.
- O.K., voy a preguntar por él cuando regrese. Pero....
no me has dicho tu nombre – lo miró serio, así
no podía dar ningún mensaje.
-Arn y él sabría…- sonrió, mirándolo,
pensando que era muy… ¿mono? Le pasó la mano
por el pelo revolviéndoselo y lo empujó contra la
cama con cuidado, sonriendo.
Keika se rió, dejándose tumbar, y quedándose
acostado. – Eres baka, Arn.
-Sí… ya lo sé, pero no se lo digas a nadie…-
le pegó en las nalgas una cachetada y se levantó de
la cama sonriendo, girándose de pronto al escuchar que se
abría la puerta de golpe.
-¿Qué hace usted aquí? ¿No debería
estar en clase?- el guarda de seguridad lo observó severamente,
como si hubiera algo que robarse en ese cuarto vacío.
-Buscaba un libro…- contestó casi como si estuviera
jurando en su contra.
-Este cuarto no está ocupado, fuera.
-Me habré equivocado… “come mierda….”-
pasó por su lado y miró hacia atrás para decirle
a Keika que saliera con él pero no había nadie.
-Salga de una vez
-Ya voy…
El rubio observó a Arn desaparecer frente a sus ojos, al
ponerse de pie. Estaba en su cuarto del hospital de nuevo, en su
cama. Cruzó las piernas frente a él, observando la
cama de al lado. Wolf sensei aún no regresaba. Se bajó
de su cama dirigiéndose hacia la cama del doctor y acostándose
allí, no tenía otra opción más que esperar.
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