| Capítulo 29- Growing Up Forever
Jun se quedó parado delante de la puerta. No sabía
qué había, pero era mejor que seguir vagando por aquel
pasillo oscuro sin más. ¿Por qué no estaba
su hermano en el cuarto? Lo estaba siguiendo… aquella cosa
horrible…. Golpeó la puerta con los puños –Por
favor! Ábreme! ¿Hay alguien ahí? NH…-
se movió de un pie al otro nervioso, escuchando aquella cosa,
casi sintiendo que se iba a mear del miedo y echó a correr
de nuevo golpeando la puerta siguiente. Una cosa era atacar a una
mujer y otra cosa aquel ser horrendo, atado por todos lados con
cuero… pero aún así caminaba, reptaba casi –Ábreme!!!-
golpeó aquella puerta agujereada gimoteando ya –Ábreme!
Soren se levantó del colchón en el que había
estado observando aquel cadáver horrendo, como si fuese una
especie de amuleto. Al menos estaba muerta, pero.... Se acercó
ala puerta, abriéndola, tratando de no tocarlo, observando
al chico y lo que venía detrás.
Jun casi pasó por debajo de su brazo y cerró la puerta,
empujándola como si quisiera hacerla pasar al otro lado,
notando cómo se paraba frente a ella y respirando agitado,
escuchando su respiración contra la madera, observando la
lengua que entraba por el agujero en la pared, moviéndose,
buscando. Busco alrededor algo para utilizar. No encontraba nada
y le dio un puñetazo hundiéndola en las astillas del
agujero.
- ¿Qué mierda...? – Soren retrocedió
un poco, escuchando el alarido de dolor al otro lado, la sangre
escurriendo por el agujero mientras la lengua se retiraba. –
Odio este lugar...- murmuró, alejándose más.
- ¿Cuándo vuelve a la normalidad?
-¿Qué?... no sé…- el pelirrojo lo miró
aún agitado, negando con la cabeza, observando luego su mano
manchada de saliva y sangre como si no supiese qué hacer
con ella. Limpiándosela a las sábanas y sentándose
en el suelo casi hecho un ovillo- Su hermano le decía que
estaba muerto y ahora esto, si al menos estuviera con él…
entonces no se sentiría así –Me llamo Jun…
ah!- se cayó hacia delante, la puerta rebotando, golpeada.
Se escondió debajo de la cama gateando por el suelo nervioso
y quedándose allí abajo.
Soren miró la puerta, nervioso, pero tratando de pensar.
Aquel chico definitivamente no lo iba a ayudar. A pesar de todo,
pegó un salto al ver cómo aquella cosa golpeaba la
puerta de nuevo, y miró a su alrededor buscando algo, y finalmente
pateando una vieja silla de madera, hasta romper una de sus patas.
La sujetó con fuerza, esperando por si tenía suerte
y la cosa esa se cansaba y se iba, pero para su desgracia, eso no
sucedió. Observó cómo la puerta se abría
de golpe, y lanzó un grito, tanto para darse valor como porque
estaba asustado, corriendo hacia aquello, clavándole la madera
una y otra vez, frunciendo el ceño ante los gritos horrendos
y sintiendo cómo aquella sangre asquerosa lo salpicaba.
Jun observó la sangre correr por el suelo y apenas un trozo
de la escena desde debajo de la cama, tapándose los oídos
para no escuchar los gritos tan desagradables, el corazón
le iba desbocado en el pecho. Observó al chico de pelo rojo,
salpicado por la sangre oscura –“Ya está muerto…”-
susurró sin salir de su escondite.
- Pues ahora lo está más. – murmuró
el chico, respirando agitado, en shock. Se alejó tratando
de pensar que nada de aquello era real. Es cualquier momento desaparecía.
Se agachó al otro lado de la cama. – Soy Soren.
El pelirrojo se acercó gateando hacia él –No
vas a hacerme nada… ¿verdad?- preguntó, mirando
el palo en su mano ensangrentado, las astillas machacadas y llenas
de sangre y piel desgarrada.
- ¿Yo? – sonrió un poco de medio lado. - ¿No
eres tú...?- se enserió de nuevo sin terminar la pregunta.
No iba a cometer el mismo error dos veces. – No te haré
nada – lanzó el palo lejos de sí, pensando enseguida
que tal vez había sido mala idea.
Jun salió de debajo de la cama y se quedó frente
a él, mirándolo y sentándose a su lado muy
pegado, volviendo a mirarlo entonces –Tengo miedo…-
le dijo como toda explicación a lo mucho que se pegaba –y
no encuentro a mi hermano…
- ¿Quién no en un lugar así? – lo miró
de soslayo, nervioso, ya pensando en decirle que no era ayuda social,
pero con la cara que tenía..... Dejó escapar un suspiro,
aliviado de que nadie lo viese, igual no tenía nada más
que hacer. – Te ayudo a buscarlo.
-Vale…- se levantó tras él y le sujetó
la mano mirando a otro lado y luego a Soren –Tengo miedo…pero
una vez le clavé una jeringuilla en un ojo a una enfermera.
- Pues.... bien por ti... – murmuró el pelirrojo,
sin saber qué más decir ante semejante comentario.
Claro, él acababa de matar una cosa extraña que para
colmo ya estaba muerta. - ¿Cómo se ve, tu hermano?
-Tiene el pelo blanco y los ojos violeta y es más alto que
tú y también más… fuerte… - lo
miró de soslayo, vengándose por haber menospreciado
su hazaña.
- Bien, no pelearé con él entonces... – suspiró,
mirándolo de soslayo. - ¿Sabes por donde buscarlo?
-Si supiera, lo habría buscado yo…- contestó
imitando su tono de hablar pensando que era un desagradable y no
sabía para qué lo ayudaba si no quería hacerlo
–Tal vez haya vuelto a nuestro cuarto…
- Vamos allá entonces. – lo volvió a mirar
de soslayo, preguntando cautelosamente para ver qué le decía.
- ¿Por qué estás aquí?
-Porque no sé… me trajeron- lo miró de soslayo
también preguntándose por qué ese misterio
–Y ahora no puedo salir… porque estoy muerto….-
carraspeó porque le había dolido decir eso -¿Y
tú?
- Así que lo sabes... – lo miró más
directamente. – Yo no.... estoy muerto. Esto es un reformatorio
ahora y esa es mi habitación pero a veces, pasa esto y no
puedo salir.
-Oh… - se quedó callado porque no sabía qué
era un reformatorio, pero igual era un colegio o algo así
-¿Y… puedes traerme chocolate? No es para mí…
Soren alzó una ceja incrédulo. - ¿Eh? Pues....
no importa si es para ti. ¿Puedes comer?
-Sí… pero no tengo hambre y sólo me ponen comida
que no me gusta… y sí importa, porque si no es para
mí, es más importante que si lo fuera… y no
seas tan desagradable… no es mi culpa si estas aquí,
tampoco estoy porque me guste. Si no me quieres ayudar, no lo hagas
y ya esta!- se paró soltándolo y mirándolo
a los ojos serio, aunque ahora tenía miedo de que le dijera
“ala, pues ahí te quedas pringao”
El pelirrojo se detuvo mirándolo, serio también.
– Te estoy ayudando ¿no? Así que prefiero que
no me grites. Y sólo prensé que lo decías por
vergüenza. No me molesta traer chocolate. – “Tal
y como parece, terminaré como asistente de fantasmas...”
finalizó en su mente.
-Pues… vale…- frunció el ceño y le sujetó
la manga de la camiseta de todos modos, mirando a otro lado como
restándole importancia –No es por vergüenza…
es para Keika… porque él es pequeño…-
miró adelante entre la oscuridad –Niisan!
- Supongo que Keika no es tu hermano, ¿un amigo? –
continuó caminando pensando que era un crío. - ¿Siempre
es así? Cuando no estoy.... ¿se la pasan huyendo de
cosas raras?
-No… es normal… como un hospital… horrible…pero
no hay cosas raras…- lo miró echándole la lengua
porque no lo miraba –Keika no es mi hermano, pero hacemos
que sí, mi hermano es Hyouden… y no sé si quiere
chocolate porque nunca se queja conmigo… ¿No tienes
miedo?
- ¿Qué? No..... no está pasando nada ¿o
sí? - trató de ocultar su temor, mirando a todos lados
nervioso de pronto. - ¿Dónde está tu habitación?
-No… no sé… nada que yo vea…- sonrió
triunfal de que se hubiese asustado un poco aunque tratando de ocultarlo
–Es el cuarto cinco… - señaló un poco
más adelante.
- Vamos pues – apresuró el paso frunciendo el ceño
y sobresaltado al escuchar pasos tras ellos.
-Algo pasa…- le avisó el chico escondiéndose
contra él y mirando a la oscuridad, decidiendo después
que era mejor simplemente huir, de nuevo algo arrastrándose
por el suelo. Corrió casi arrastrado por el pelirrojo a su
lado y giró la manilla de la puerta de su cuarto –Abre!
¿estás ahí?!
Pero la puerta no cedía, y nadie daba señales de
vida en aquella habitación. Soren miró hacia atrás,
observando a la criatura que él mismo había matado
minutos antes, o al menos una muy parecida, casi corriendo hacia
ellos, le parecía una iguana del infierno. Apartó
la mano del chico, tratando de abrir él la puerta, y quedándose
con el pomo en las manos, la madera podrida, astillándose
un poco.
Hyouden salió del baño, pasándose una mano
por el rostro húmedo y escuchando los golpes y los gritos
en la puerta. Se apresuró a abrir, asustado al escuchar la
voz de su hermano, y ambos chicos cayeron hacia dentro de la habitación,
una habitación perfectamente normal en esos momentos. El
albino se agachó tomando a Jun entre sus brazos y apretándolo.
- ¿Dónde estabas? No te alejes así.
-Estaba… tú no estabas… y todo estaba oscuro…-
se abrazó a él con el susto, desconcertado al ver
el cuarto como siempre de nuevo y rodeándolo con las piernas
como si no fuera a soltarse fuera como fuera.
- Lo siento, me dormí.... no sabía.... no recuerdo
haber ido a ningún lado – le explicó, observando
al otro chico que se ponía de pie con cara estar molesto.
Lo veía distinto, como si no encajase con sus alrededores.
– Tú eres ese chico... del que me habló Yudai,
¿verdad?
- Soren – sentenció, mirando a su alrededor nuevamente,
una de las paredes empezaba a transformarse en aquellas que estaba
acostumbrado a ver.
-Soren está vivo…pero no sabe salir de aquí-
explicó Jun levantándose y recordando verse digno
delante de los demás, sujetando la mano de su hermano de
todos modos.
- Soy Hyouden, creo que..... tal vez podamos... – intentó
pensar en algo, como forma de agradecerle que hubiese cuidado de
su hermano, ya que suponía que eso había hecho.
- No importa, creo que ya me voy.... – sonrió de medio
lado, notando que la parte que mostraba el reformatorio iba acrecentándose,
aliviado de salir de allí por fin. – Trataré
de traer chocolate si vuelvo.
-Gracias!- lo miró desaparecer frente a ellos y luego a
su hermano, desconcertado –No entiendo nada…
- ¿Tú no entiendes? ¿Por qué va a traer
chocolate? – lo miró intrigado, sonriendo luego y abrazándolo
de nuevo. – Dormiremos juntos desde ahora.
-Vale…- lo miró rojo y luego apartándose un
poco, empujándolo porque se ponía nervioso –Jo…
no me dejas hablar… me lo trae para Keika… que es mi
amigo…- se subió a la cama gateando y tirándose,
sujetando luego la camisa de su hermano para que fuese con él.
- Seguro que Keika se pondrá muy contento, entonces - subió
a la cama también, acostándose a su lado, pensando
que deseaba sacarlo de allí de todas maneras. – Y seguro
lo compartirá contigo.
-Seguro…nos besamos.- sentenció luego tirando de los
cordones de su camisa y besando a su hermano de nuevo en los labios
sólo que más rato –Así…
- Jun! – exclamó, sorprendido y rojo, tratando de
calmarse porque era obvio que sólo era aun gesto inocente,
pero igual se ponía nervioso. - ¿Por... por qué
lo besaste?
-No sé… porque quería saber qué pasaba…
ya que nunca voy a tener novia… y él tampoco había
tenido novia nunca… le pedí permiso…- alzó
un hombro rozándose la cara con él un poco afectado
de que le gritase y volteándose de espaldas cerrando los
ojos.
- Está... eso está bien, sólo que... me tomó
por sorpresa es todo. Te sigo viendo como mi hermanito, chibi....
– le susurró en la oreja buscando hacerlo sonreír.
– Aún creo que cada beso es importante.
-Pero él me agrada… jugó conmigo y estuvimos…
no sé… jugando…- frunció el ceño
mirando al otro lado del cuarto sin querer verlo para no sonreír
y seguir enfadado –Además! Yo no quiero ser así…
sólo lo soy porque no puedo hacer otra cosa y me canso si
finjo… y tú dejaste que te besara antes… - cerró
los ojos sujetándose a la almohada y tocándose los
labios.
- Pero eso es distinto, eres mi hermano.... No importa, no hiciste
nada malo. – le alborotó el cabello aún insistiendo
para que dejase de estar molesto. - ¿Ser cómo? A mí
me gusta cómo eres.
-¿Y no debería ser peor que te besase a ti? Además
de gay es incesto… te crees que no sé nada…-
se tapó los labios para reírse, sintiendo como si
de pronto supiera más que su hermano y luego frunció
el ceño, volteándose hacia abajo en la cama –Ser
enano…y si te gusta pues… sé tú enano
y yo como tú…- levantó el culo y se bajó
de nuevo, olvidando que no debía jugar mientras trataba de
mostrarse lo más enfadado posible.
- No eres un enano, eres un adolescente, no es lo mismo. Y además
eres guapo que llevas mis genes – continuó molestándolo,
sabía que tarde o temprano tendría que sonreír.
– Jun, ya te dije que te veré como mi hermanito así
te conviertas en un gigante de pronto. No significa nada más
que eso, que te quiero mucho. Y no es incesto sólo por un
beso, así que no vayas diciendo eso por ahí, ¿eh?
-Lo diré… tú no puedes evitarlo porque no estás
conmigo todo el tiempo…- se rió sin voltearse de cómo
estaba aplastado contra las sábanas. La verdad es que ni
siquiera entendía completamente lo que significaba incesto
ni lo que era una relación verdadera, ni siquiera lo que
entrañaba exactamente una relación sexual, pero igual
le divertía molestarlo –Y no me convertiré en
nada… ese es el problema…- estiró un brazo y
le pellizcó la pierna sin voltearse.
- Pues no necesitas convertirte en nada – frunció
el ceño, atrapándole el brazo. – Estás
perfecto así, baka. Y cualquiera que no pueda ver eso es
un imbécil. Y voy a estar contigo todo el tiempo, ahora más.
-Bueno…- sonrió mirándolo despeinado de estarse
rebozando por las sábanas –Ya te lo recordaré
luego… cuando quieras buscarte una novia enfermera y me eches…-
se giró en la cama, acostándose sobre él como
si fuese una toalla, mirando al techo y sujetándole las manos
para abrazarse –Tú nunca me cuentas si estás
triste o si estás enfadado…
- Porque estoy bien. Por si no lo sabes, soy el hermano mayor aquí.
Soy yo quien te cuida a ti. – sonrió, abrazándolo
aún más. – Y cuando me enfado o me pongo triste,
siempre pienso en ti.
-Yo también puedo consolarte si te pones triste… no
importa el tamaño en eso…- miró la luz como
reflexionando y se giró hacia él sin moverse de encima,
sonriendo y besándolo de nuevo antes de saltar de la cama
y meterse en la suya bajo las sábanas.
- Y ¿para qué te vas entonces? Incestuoso..... –
sonrió, girándose de lado para observarlo. –
Tú ya me consuelas con sonreír.
-No me llames incestuoso, sólo fue un beso!- le lanzó
la almohada asomándose por donde debía de la cama
ahora y repitiendo sus palabras como si fueran propias -¿Cuándo
eres incestuoso entonces?
- Hum.... cuando tienes sentimientos especiales hacia tu hermano,
o tienes ganas de hacer.... el amor – enrojeció tratando
de explicarlo de una manera no comprometedora y lanzándole
la almohada de vuelta.
-Hum…- se puso rojo también por hablar de eso y se
sujetó a la almohada, poniéndosela en la cabeza –No
me digas cosas pervertidas…- se rió girándose
de espaldas a él.
- No te dije nada...! – suspiró, dejándose
caer de espaldas. – No preguntes, pues.
-No me grites!- lo miró como espantado de pronto y se subió
a su cama cargando su almohada y sin embargo acostándose
sobre su pecho, abrazándolo y pasándole una pierna
por encima.
- Ya, ya, lo siento. No me digas cosas vergonzosas entonces, sabes
cómo me pongo – le aclaró, un poco rojo y apretándolo
contra él para que no alzase la mirada.
-Va…le!- lo empujó un poco, mirándolo con el
ceño fruncido porque lo estrujase así –Nunca
tendrás novia si no puedes decir cosas vergonzosas…
- Eso no es cierto, no necesitas decir cosas así.... –
le aseguró, serio, pensativo. De todos modos, no iba a tener
novia nunca en ese lugar. – Además, a las chicas les
gusta que seas tierno y cariñoso.
-Porque son unas pijas…- se rió jugando de nuevo con
las tiras de su camisa –Yo sí que no tendré
novia nunca…aquí son todas unas ancianas…
- No lo son... y de todas maneras, ya saldremos de aquí,
sólo tengo que encontrar la manera – sonrió,
aunque no tenía idea de cómo.
-Bueno…- sonrió levemente, torciendo un poco los labios
porque sabía que no lo veía así y también
sabía que no irían a ningún lado.
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