| Capítulo 28- You Are Not Sick
-Séptimo…- escribió, parándose un momento
a un lado del pasillo, sus ojos azules revisando la libreta mientras
seguía anotando algunas cosas más. Alzó la
vista del papel, escuchaba algunos ruidos extraños cerca.
Sujetó la manilla de la puerta del segundo cuarto de la planta,
girando el pomo con la barra de metal en la mano -¿Hay alguien
ahí?- preguntó antes de abrir, bajando la vista a
la sangre que salía por debajo de la puerta. Parecía
ya casi seca, pegajosa.
Keika tembló, dentro del baño, en donde se había
escondido temeroso. Pero aquella parecía una voz normal.
Abrió la puerta con cautela, asomándose, deseando
que fuese el doctor aunque sabía que no era su voz.- Soy
Keika....
El moreno abrió la puerta, observando al chico que se asomaba
por la puerta del cuarto de baño –Ven, Keika…-
extendió la mano hacia él y después se acercó
a buscarlo él mismo, imaginando que debía estar asustado
-¿Ya has estado aquí más veces? ¿O dormías?
- No... ¿qué? – lo miró sin comprender
la pregunta. – Estaba esperando que regresase Wolf sensei.
Todo está raro.....
-¿Es el hombre que ocupa la otra cama? ¿Wolf sensei?-
lo miró a los ojos a punto de preguntarle cómo podía
estar seguro de que volvería, pero la razón era clara
y absoluta. Los niños pensaban que quien fuera que estuviese
a su cargo, si le tenían apego a aquel adulto, podía
protegerlos de cualquier mal. Se subió las gafas por el puente
de la nariz. Como si fueran algún tipo de súper héroe.
Por ese motivo, los niños pequeños creían que
sus madres podían erradicar por completo al terrible monstruo
que habitaba bajo sus camas aunque lo imaginasen de tres metros.
Lo miró a los ojos como despertando de su reflexión
–Te sugiero que en vez de eso vengas conmigo.
- Pero no se supone que deje mi cuarto sin permiso. – protestó,
aunque no quería permanecer allí solo. - ¿Sucedió
algo? ¿Algo.... malo? – preguntó asustado, y
preocupado por el moreno ahora.
Kadem lo miró, notando que probablemente no tenía
ni idea de lo que sucedía. Le sujetó la mano y se
inclinó un poco para estar más a su altura, carraspeando
y apoyándose las manos en las rodillas –Veamos…
lo cierto es que afuera hay seres peligrosos que podrían
hacerte daño, a pesar de que… el hecho… es que
somos fantasmas…
- ¿Cómo? No entiendo de qué hablas- le sonrió
pensando que intentaba jugar con él.- Ya sé que soy
un niño, pero de veras, me puedes decir lo que sucede. ¿Lo
conoces? ¿A Wolf sensei?
-No… en realidad no lo conozco, pero eso no influye…creo,
para lo que estoy tratando de decirte…- lo levantó
por debajo de las axilas dejando a un lado la barra metálica
y lo subió al colchón a pesar de que estaba sucio
–Veamos… ¿no te has dado cuenta de que no has
crecido? Es… porque hemos muerto… hace mucho tiempo…no
eres un ser humano…- observó sus ojos como curioso
por su reacción.
El rostro del chico perdió todo trazo de sonrisa y permaneció
en silencio por un largo tiempo, pensando en lo que acababa de decirle.
Aquella sensación extraña de que el tiempo no pasaba,
de que las cosas no eran normales, no deseaba creerlo. – No
es cierto, no estamos muertos. Estamos en un hospital y aquí
te curan y.... Me estás mintiendo.
-No…- se irguió por completo, sin dejar de observarlo
–Estamos muertos… esa es la verdad, no puedo explicarle
porque a veces vemos el hospital como fue durante nuestros tiempo
de vida y por qué a veces lo vemos así… en esta
mezcla de nuestros miedos y los de las otras “almas”
de los que perecieron aquí… pero… estamos muertos…
¿Por qué te mentiría?
- Porque estás loco! Porque eres mentiroso! No sé!
– exclamó, negándose a creerlo. – No se
supone que muera! Se supone que me cure! Y vea a mi familia! Y a
Michi! Y que coma helado! No estoy muerto!
-Lo siento…- le pasó la mano por el cabello y se acercó
a abrazarlo, pegándolo a él con fuerza –No estoy
loco y no te estoy mintiendo, estamos muertos…y ya no estás
enfermo…nunca más estarás enfermo.
- ¿No estaré...? –preguntó con un atisbo
de ilusión, renegando de nuevo enseguida.- Pero no quiero
estar muerto! No es justo!!!!!! – gritó, las lágrimas
resbalando por sus mejillas, las paredes del cuarto estremeciéndose
como si fuesen a derrumbarse.
Kadem torció el rostro, observando la pintura de las paredes
agrietarse y caerse. Las paredes temblaban con violencia, la arena
del cemento cayendo al suelo junto con algunos trozos de escayola
del revestimiento del techo –Sé que no es justo y sé
que no quieres estar muerto. Por eso, aunque sea de este modo viviremos…-
lo hizo mirarle a los ojos –Nos vengaremos…- miró
abajo al escuchar el crepitar de la madera y lo sujetó en
brazos. Alzándolo y corriendo afuera, notando cómo
el suelo se agrietaba más a su paso, sabía que llevaba
con él al causante de aquel peligro, pero no lo abandonaría.
- ¿Vengarnos? No hay nadie... – Keika sollozó
entre sus brazos, dando rienda suelta a su dolor y su furia, sin
fijarse en lo que hacía siquiera.- Y ¿Wolf sensei?
No se irá, ¿verdad?
-No, él tampoco… pero tienes que detenerte, oh…
-el suelo se abrió alcanzándolos por completo. Lo
lanzó hacia delante y se sujetó a los bordes de las
baldosas del pasillo. Se rompían –Detente… debes
detenerte…- lo miró agobiado, mirando abajo un momento
y sintiendo que se soltaba una de sus manos. Los dedos se desprendieron
por completo y cayó hacia atrás, hasta el piso de
abajo. Su espalda sonó contra los peldaños de unas
escaleras de madera y miró arriba con la vista casi perdida.
La sangre bajando por la comisura de sus labios.
-¿Estás aquí?- la voz deformada de un hombre
enormemente corpulento se escuchó. Le sudaba el pecho, estaba
lleno de cicatrices enormes de quemaduras. Sujetó a Kadem
del tobillo y lo arrastró escaleras abajo, su cabeza rebotando
en cada escalón y la sangre manando abundantemente.
- Espera!!!!! – Keika lo llamó, asomándose
por al agujero. ¿Cómo que se detuviera? ¿Acaso
él había hecho aquello? Se puso de pie, mirando a
un lado y corriendo escaleras abajo hasta alcanzarlos. El hombre
seguía arrastrándolo a lo largo de las baldosas.-
Déjalo! ¿Qué le haces?!!!!
El hombre lo observó, su rostro quemado desfigurándose
un poco más por la furia, apenas quedaban unos pocos cabellos
en su piel roja y abrasada -¿Qué quieres?!- gritó
subiendo unos cuantos escalones, siguiéndolo y sus pasos
retumbando en la madera, pesados… haciendo que crepitase.
-Corre…- murmuró el moreno, incapaz de levantarse,
sólo mirándolo como podía, inclinando los ojos
hacia arriba –Vete de aquí…
-Nadie se va de aquí! Primero lo mataré a él…-
se rió de forma gangosa, sus manos gruesas y brillantes sujetando
al niño torpemente de la ropa.
Kadem alzó una mano, tratando de sujetarse al pasamos repitiéndose
que aquello no podía dolerle, pero el cuerpo no parecía
querer responderle ya.
- No... no! – le gritó el rubio horrorizado, realmente
deseando correr, pero no quería abandonar al chico que lo
había ayudado y tampoco era como que podía. Observó
cómo el hombre extendía una mano hacia su cuello y
se movió, mordiéndola, haciéndolo gritar. El
rubio escupió asqueado, pataleando y cayendo al suelo, llorando
de nuevo, corriendo hacia el moreno en el suelo. – Levántate...
-Vete…- el moreno se sujetó mejor al pasamanos repitiéndose
una y otra vez que no podía estar doliéndole, que
podía caminar. Su brazo tembló mientras conseguía
erguirse –“Corre… corre escaleras abajo y escóndete…”-
le apretó el hombro instándolo a huir –Iré
por ti…- lo miró a los ojos y luego al hombre que se
volvía bajando las escaleras corriendo hacia ellos.
-Nadie va a ninguna parte! Los dos… seréis mi piel…
os arrancaré la piel a tiras y la usaré!
Kadem se quedó observándolo, sujetando la madera
del pasamanos floja, tirando de ella hasta arrancarla -¿Quieres
morir de nuevo?- lo observó amenazante –Te mataré…
todas las veces que quieras…
- Dame tu piel! –el hombre corrió hacia él,
con el rostro aún más desfigurado por la furia y el
rubio gritó asustado, deseando hacer algo delo que había
hecho antes, pero no sabía cómo. Así que hizo
lo único que se le ocurrió, tomando un trozo de yeso
que había caído del techo y lanzándolo a su
rostro.
-Ahh maldito niño!!- el hombre gritó, el yeso cayendo
en sus ojos. Se frotó con fuerza adolorido, el moreno aprovechando
ese mismo instante para golpearle la cara con la madera. Sintió
cómo le atravesaba la piel con uno de los tornillos y aprovechó
para desgarrarle la piel.
-Ahg!- Kadem gritó también pero de furia, golpeándolo
de nuevo varias veces hasta que lo tumbó. Corrió abajo
con la madera en la mano y sujetó la mano del rubio –Vamos…
huyamos… debemos salir de esta planta… rápido!
Arriba de nuevo! Corre!
Keika corriendo tan rápido como podía, su corazón
palpitando a toda prisa. No se sentía muerto para nada. -
¿Qué fue eso?! ¿Qué está pasando?
-Eso…- carraspeó con el chico de su mano, finalmente
alzándolo y cargándolo en brazos –Era un médico,
pero yo lo maté y ahora cada noche me persigue… y eso
está bien… porque yo también lo busco a él…-
murmuró después casi inaudiblemente. Parándose
al notar que los pasillos se oscurecían demasiado, tornándose
casi por completo negros.
Escuchó los sonidos de los perros, los jadeos –Ya
viene… - la oscuridad era demasiado densa… tanto, que
los sonidos de aquellos jadeos y las manos caminando por el suelo
se hacía insoportablemente intensos. No, a ella nunca había
conseguido matarla, era mejor huir, pero no sabía de donde
venían los sonidos, no sabía a donde huir, parecía
estar en todas partes.
- ¿Qué es eso? – se aferró a él
asustado. - ¿No estás lastimado? –lo miró,
observando la sangre aún resbalando, escuchando aquellos
sonidos aún más cerca, finalmente la voz de la enfermera.
- ¿Qué hacen fuera de sus cuartos? – los perros
ladrando tras ella.
-No me duele… estoy muerto…- susurró el moreno,
a pesar de que su corazón golpeaba en el pecho de forma acelerada,
desbocada incluso.
-Cogedlos! Traérselos a mami…- la mano delgada de
la mujer pasó por el pelaje de uno de aquellos enormes y
horrendos animales que echó a correr hacia ellos.
-Mierda…- el moreno echó a correr con el chico en
brazos sin saber hacia donde y lo empujó dentro de uno de
los cuartos, parándose delante y dejando que aquel animal
lo oliese. Lo golpeó después con la madera, haciendo
que gimiese e inmediatamente le saltó al brazo, mordiéndoselo
con furia y gruñendo.
-Mátalo! Ah! ¿Cómo te atreves a tocar a mis
perros!?
Kadem cerró los ojos un instante hasta que sintió
que una mano le tiraba del brazo apartándolo de la puerta
–Vuelva a su cuarto…- un doctor tiró de él
llevándolo del brazo, el chico respirando con fuerza, su
brazo en perfecto estado. Se había dejado llevar, se había
puesto nervioso por tener que proteger a alguien, era imperdonable,
no ocurriría de nuevo.
- Espera! No sé qué está pasando! No te vayas!!!!
– Keika intentó seguirlo pero una de las enfermeras
le tocó el hombro, deteniéndolo.
- ¿Qué haces corriendo por ahí? Ven conmigo....
- No! Él dijo que estamos muertos y....y..... – el
rubio bajó la mirada confundido, dejándose llevar
un poco.
-Keika! Tú no estás enfermo…- los ojos azules
del moreno lo observaron un momento antes de que lo empujasen dentro
de su cuarto.
- No estoy enfermo... – repitió el rubio, dejando
que lo llevasen a su cuarto. Deseaba hablar con Wolf sensei.
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