.Novela homoerótica para mayores de edad.
 
Capítulo 25- The Only Heaven We Need

Jun corrió hacia su hermano según entró y le saltó al cuello porque aún estaba hiperactivo de haber estado con Keika jugando –Has tard…ado…- se separó un poco al ver que tenía sangre por la cara -¿Por qué sangras?

- ¿Sangro? – lo miró a los ojos, más aterrado de que averiguase la verdad que por lo que le podía suceder, y se pasó la mano por el rostro limpiándose la sangre. – No es nada, debo haberme arañado sin darme cuenta.

-¿Arañado? Entonces límpiate…- se lo llevó de la mano con él, pensando que era demasiada sangre para ser sólo un arañazo y le pasó las manos mojadas por la cara, notando que no tenía ninguna herida visible, sonriendo un poco y girándose para coger más agua con las manos. Observó el grifo oxidado y el metal corroído, el agua bajando a borbotones oscuros y sucios, miró a su hermano, manchado por aquel líquido fangoso y se sacó la camisa limpiándolo y asustándose.

- Tranquilo, no pasa nada.... – le sonrió como pudo, tratando de decidir en su interior. No se atrevía a decírselo, ni siquiera le había dicho la verdad acerca de sus abuelos. Quería que Jun permaneciese como hacía unos momentos, alegre, sonriendo.

-Pero estás sucio y esto…- se abrazó a él de todos modos, dijera lo que dijera asustado, quería ser fuerte y ser valiente…. Se separó con reticencia -¿Por qué pasa esto? ¿Es una alucinación?

Hyouden lo volvió a abrazar contra él, apretándolo con fuerza, decidiéndose. – No, no es eso. Te quiero mucho, Jun.

-Yo también te quiero…- susurró extrañado, pensando que estaba muy raro, sin moverse ni separarse, pero tampoco abrazándolo porque le parecía que estaba a punto de pasar algo malo o bien algo malo había sucedido y no quería decirle.

- No quiero que tengas miedo, sé que eres fuerte. Lo sé. – continuó susurrando, a sabiendas de que no era el mejor modo de decirlo pero no sabía ni cómo empezar. – Serás fuerte ¿verdad?

-No…- murmuró asustándose más y respirando con fuerza –No voy a separarme de ti- lo abrazó con más fuerza imaginándose que lo iban a alejar de él, porque eso era lo que más le aterraba en el mundo.

- No... – paradójicamente lo separó de sí para poder mirarlo a los ojos. – Nunca nos separaremos. Nunca. No es eso lo que te quiero decir.

-Pues dilo ya!- miró al suelo, abrazándose con fuerza de nuevo ahora a su cuello y tirando con los brazos hacia arriba, rodeándolo con las piernas también.

- Lo siento mucho, Jun. Pero.... nunca voy a poder sacarte de aquí, ni darte una mejor vida, ni llevarte a comer helado, porque.... estamos muertos. – le aclaró por fin, apretándolo contra su cuerpo, los ojos aguados sin que pudiese evitarlo. Sabía que lo negaría, aún peor de lo que él lo había intentado.

El pelirrojo se quedó abrazado a él, respirando fatigosamente, apretándose con más fuerza contra él. ¿Cómo? ¿Que estaba muerto? Apenas oía nada aparte de las palabras de su hermano resonando en sus oídos –Pero… no puede ser… porque estamos aquí… vivos… y… yo no quiero…- remató con un susurro apenas audible.

- Yo tampoco quiero.... – susurró, apretándolo más. – Lo siento mucho Jun, no pude protegerte...

-No! No es verdad! Y tú… no eres mi hermano!- se separó, alejándose de él. Eso se lo estaba imaginando, no era verdad, ese cuarto no era el suyo y su hermano no le diría eso… porque no era verdad. Abrió la puerta y salió corriendo por el pasillo, sin saber a donde. Estaba oscuro y tenía miedo, estaba más perdido que nunca. Se paró a medio correr en la mitad del pasillo y se pegó contra una pared llorando en silencio, casi sin hacer el más mínimo ruido.

- Jun... – murmuró el albino sintiéndose lastimado, pero lo comprendía. Echó a correr tras él, llamándolo. – Jun, vuelve! Soy Hyouden! Soy yo! Jun! – lo alcanzó, sujetándolo y abrazándolo de nuevo, acariciando su cabello. – Perdóname.

Jun se abrazó a él, arrodillándose en el suelo y llorando mucho más desconsolado ahora que su hermano estaba allí ¿Por qué? ¿Por qué tenían ellos que estar muertos? Encerrados en ese sitio horrible, ¿Por qué estaba muerto si aún no había hecho nada nunca? Nunca había salido, ni había tenido una novia… ni había hecho nada divertido… -No quiero….no quiero…

- Lo sé, lo sé.... – susurró besándole el cabello, pensando que daría lo que fuera por detener sus lágrimas, por devolverle su vida. – Yo debí salvarte.... –cerró los ojos acunándolo contra él.

-No es verdad… tú… y yo… no teníamos que estar muertos…- habló entre sollozos sin creer posible poder dejar de llorar jamás, le costaba respirar incluso.

Hyouden tragó saliva, tratando de componerse. Era el hermano mayor, era él quien debía ser fuerte, al menos eso podía hacer. – Todos en este hospital están muertos, Jun, no sólo nosotros. Pero eso también significa que ya no estás enfermo.

-Pero no me sirve de nada… porque… aquí no hay nada… sólo esos médicos y… esa comida horrible y…- lo miró a los ojos y se quedó observando sus iris violeta, pensando que tenía que protegerlo, lo quería mucho. Siguió observándolo un rato sin poder hablar, sólo respirando -… te quiero…- se quedó callado de nuevo. Eso… no ayudaría.

- Lo sé, te quiero también – le sonrió acariciando su rostro, sintiendo la humedad de su mejilla. – No debí decírtelo.

-No… sí debiste…porque si no, hubieras estado siempre triste y yo no sabría por qué… y además te sentirías mal por ocultármelo… y ahora… ya lo sabemos… bueno…- se limpió la cara con el brazo y le sonrió un poco –Al menos estamos juntos… para siempre.

- Sí, eso sí, no me voy a separar de ti nunca. Tal vez vayamos al cielo, ¿no? – le sonrió un poco más tratando de levantarle el ánimo.

- Pero el cielo suena a rollo…- se rió tratando de hacer feliz a su hermano, girándose en el suelo, rodando un poco sobre sí mismo para recostarse en su pecho entre sus piernas sujetando los cordones de su camisa y tirando de ellos -¿Me llevas en brazos?

El albino lo levantó, besándole la mejilla. – En el cielo habrá helado. Y veremos a nuestros padres.

- Hum…- se giró un poco, en sus brazos, escondiendo la cara en su cuello –Yo casi no los conozco, para mí tú eres mi padre y mi hermano…y todo… así que no me importa…- le besó los labios y se apoyó de nuevo en su hombro –Es como un cariño…

Por un momento enrojeció, volviendo a sonreír luego. – Vale, es como un cariño. Y entonces, haremos nuestro cielo aquí, ya verás.

-Vale… - sonrió un poco, notando que estaba rojo aunque él también lo estaba, pero no sabía si de llorar o del beso.

 
 

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