| Capítulo 21- Sweeter than Ice
Cream
Keika echó a andar, aunque no tenía muchas ganas
de aquel paseo. Se había sentido bastante mal la noche anterior,
pero sabía que era precisamente por ello que lo llevaban
a caminar ahora. Claro, no le hubiese molestado si lo hubieran sacado
a algún jardín.
Jun, que se había quedado parado en el pasillo apoyado en
la pared y mirándose las zapatillas, alzó un poco
la vista al escuchar los pasos por si tenía que ponerse a
caminar de nuevo según le habían mandado, pero sólo
era un niño.
Un niño que se alegró bastante al ver que había
alguien más allí, casi echando a correr hacia el chico
y mostrándole la mano. – Soy Keika.
-Jun- le sujetó la mano sonriendo un poco sin poder evitarlo
al verlo correr así. Era la primera vez que veía a
otro niño, no, a un niño, él ya no era un niño,
a la vista estaba que él era más mayor -¿Te
mandan pasear?
- Sí, aunque estuve malo anoche. ¿A ti también?
– le preguntó aún sin soltarlo.
-Sí… pero ya me he hartado… yo anoche estuve
bien…- le dijo aunque no creía que tuviera nada que
ver pero ahora ya era muy tarde para retirar la aclaración.
Carraspeó un poco y le dio la mano por si quería sujetársela
mientras paseaban –Estoy con mi hermano aquí…
¿y tú? ¿Estás solo?
- No, estoy con Wolf sensei. Bueno... no es familia, pero era mi
doctor, y luego enfermó. – le contó, poniendo
cara de tristeza al final. Lo cierto es que siempre se preguntaba
si no lo habría contagiado él.
-Lo enfermaron ellos, seguro…- contestó frunciendo
el ceño –Como a mi hermano y a mí…
- ¿Tú también? Wolf sensei me dijo que no
es cierto, que.... ellos me van a curar. – frunció
el ceño, aunque incluso a él le estaba resultando
difícil mantener aquella ingenuidad. Deseaba creerle pero
¿cómo podía realmente?
-Pero nosotros estábamos bien, lo que pasa es que cuando
nos trajeron aquí… bueno… yo no digo que esté
mintiendo, a lo mejor sólo es que no lo sabe…- lo miró
pensando que a él no le hubiera gustado que nadie dijera
que su hermano mentía incluso si lo hubiera hecho.
- Pero él debe saber, porque era doctor aquí. Y además,
¿para qué iban a enfermar a un doctor? O ¿a
cualquiera? – lo miró como pidiéndole que le
mantuviera aquella ilusión.
-Hum… no sé… no sé, no me hagas caso,
seguro yo me equivoco, él es doctor…- sonrió
un poco presionado por aquella mirada –Yo puedo ser tu hermano
mayor mientras estás aquí... y puedo protegerte…
ayer… no.- se quedó callado mejor ahorrándose
contarle lo de la aguja y el ojo.
- ¿Ayer... no? ¿Ayer no podías? – le
sonrió sin comprender, pero contento de nuevo. – Vale,
serás mi hermano mayor.
-No… ayer me pasó algo pero no me acuerdo bien…-
se rió enrojeciendo un poco por mentir –No me gusta
la comida del hospital…- dijo luego como meditando al observar
un carrito con los platos, casi todos igual de llenos, no comprendía
para qué servían –Quiero una pizza.
- Sí, quiero una pizza también y helado. Le dije
al sensei que es lo primero que comeré en cuanto salga de
aquí. – se rió el chico, ya encontrándolo
agradable.
-También quiero helado…- se rió como si hubiera
olvidado que existía aquello –También quiero
nata con lo que sea… y chocolate… ya casi no me acuerdo
cómo sabe…- lo miró a los ojos –Eres más
bajo que yo…
- Claro, tengo trece, ¿y tú? – lo miró,
midiendo con la vista, lo malo es que ahora tenía hambre.
-Cumplí dieciocho- sonrió un poco como triunfante
–Seguro que tienen algo de comida así en la cocina,
lo que pasa es que sólo se la comen los médicos…-
murmuró como imaginando un banquete para los médicos
y para ellos aquella comida asquerosa -¿Alguna vez has visto
el hospital como podrido?
- No... – lo miró como confundido y luego sonriendo,
reevalúandolo ahora como un cómplice de travesuras.
– Oye... ¿te gustaría colarte en la cocina?
-Sí…- sonrió cómplicemente pensando
que a su hermano no le habría gustado nada que estuviera
haciendo eso. Echó a correr hasta la puerta que cruzaba ese
ala del hospital, sabía que al otro lado estaban las escaleras,
porque por ahí habían ido la otra vez.
- Espérame... –lo llamó, porque había
echado a correr sin avisarle y corrió también tras
él, tratando de no hacer ruido al pisar, sonriendo.
-Te estoy esperando…- se rió apoyado en la pared y
sujetándole la mano cuando llegó a él, un poco
impaciente. Hacía tiempo que no jugaba y siempre trataba
de portarse de forma madura para que su hermano no estuviese siempre
preocupado de él pero la verdad… aquello era muy divertido.
- ¿Sabes por donde es? – le preguntó en susurros,
casi riendo. No lo había pasado así desde.... probablemente
desde antes de estar enfermo.
-Sí…- sonrió entrelazando los dedos con los
suyos para que no fueran a separarlos ni tirando de ellos con fuerza
–Me alegro de haber salido a pasear hoy, nunca puedo jugar
con nadie… todos son mayores… más…mayores
que yo…- se corrigió alzando una ceja.
- Lo sé, mayores, y algunos son gruñones –
se rió, pensando en Ray y apretándole la mano. –
Me agradas mucho.
El pelirrojo se rió –Mi hermano tiene muy mal genio
¿sabes? Pero conmigo no, conmigo es muy bueno…- saltó
las escaleras de tres en tres para darse prisa, olvidándose
un poco de lo que pasaría si los encontraban –No se
quejarán de que no estemos paseando…- se rió
entre dientes –Oye… yo no crecí nada… ¿y
tú?
- No, pero creo que soy pequeño... de tamaño –
aclaró. – Y aún me falta por crecer, tampoco
me voy a quedar así. – comentó luego contradictoriamente.
-No… eso ya lo sé… aunque te ves bien así-
se rió pensando que eso había sido un poco malvado
–Eres cute y eso… pero cuando crezcas también
lo serás… creo… yo no soy cute… y también
debo ser pequeño de tamaño… porque no crezco
nada… y mi hermano me saca por lo menos una cabeza y media
espalda…
- Pero yo creo que sí eres cute, te ves bien. Y sigues siendo
más alto que yo – sonrió, un poco rojo, halándole
de la mano y ya imaginando toda clase de helados. Los reñirían
luego, pero ya habrían disfrutado.
-Pero yo no debo ser cute…- murmuró contrariado aunque
rojo igualmente también por eso de que le pareciese que se
veía bien. Creía que su hermano se lo decía
para no herirlo –Ya está cerca… sh… por
aquí… a la derecha…- salió de las escaleras
revisando primero y caminando por el pasillo esperando no encontrarse
a nadie -¿Alguna vez has tenido una novia?
- Claro que no! Si soy un niño.... y... he estado aquí
desde antes... – sonrió nervioso y avergonzado ahora,
cambiando el enfoque rápidamente. – Y ¿tú?
¿Has tenido una?
-Una cuando tenía once años o así… pero
no me acuerdo bien porque no me gustaba mucho, pero como me dijo
que quería ser mi novia y no sabía cómo decirle
que no… luego ya le dije que mejor no… pero querría
tener una…
- Oh..... debiste decirle que no desde un principio. Wolf sensei
dice que cuando conoces a la persona correcta, lo sabes... o algo
así – se quedó pensativo porque no estaba seguro
de si se refería a tener novia también, o sólo
a lo de tocarse.
-Ya… pero eso es para la gente mayor que quiere una novia
para casarse, a mí me llegaba una novia normal, de esas que
después tienes otra diferente…- se pasó la mano
por el pelo metiéndose el flequillo detrás de la oreja.
- Hum... no sé, yo creo que si quieres a alguien de novia
es porque te quieres quedar con ella para siempre. Si no, no sé
para qué.... – lo miró confundido, y halándolo
de nuevo al escuchar pasos, escondiéndose en una esquina.
El pelirrojo se escondió con él un poco nervioso,
observando cómo pasaba un médico con un hombre detrás
en un aspecto horrible. Le tapó los ojos a Keika y cerró
los suyos también porque tampoco quería ver eso y
los entreabrió luego esperando un poco de todos modos por
si aún no se habían ido –“Para besarse
y eso…”- susurró.
- Oh, pero Wolf sensei también me dijo que debes esperar
a la persona adecuada. – sonrió porque no los habían
notado, saliendo de puntitas.
Jun lo siguió, pensando que ese Wolf debía ser un
viejo o bien era muy anticuado, claro que siendo un médico…
se quedó imaginándose a un hombre canoso con gafas
–Bueno pero es que la gente tiene más novios antes
de casarse, a veces no sale bien a la primera… ¿nos
besamos? Quiero ver qué pasa…
- Pues.... él dijo que no debía pero.... como no
me toques el ombligo ni el pecho.... no sé. Sigo sin saber
cómo sabes. – le sonrió.
-Pues es que no lo sé… cómo es eso que dijo
tu médico yo sólo digo que podríamos besarnos
para saber qué se siente… porque aunque te bese, no
voy a casarme contigo…- se rió un poco imaginándose
algo absurdo –pero si te da pena, le diré a mi hermano
que él me bese… seguro que él ya ha tenido varias
novias… un montón…
Keika se detuvo sonriendo. – Me tienes que presentar a tu
hermano, yo soy hijo único. Pero vale, me puedes besar.
-Vale te lo presento…- se detuvo también y se quedó
mirándolo, rojo de pronto –Mejor cierra los ojos…
El rubio cerró los ojos, poniendo los labios en gesto de
beso, nervioso y a la vez expectante.
-Es que me da pena…- el pelirrojo le apoyó una mano
en el hombro y se acercó un poco más, mirándolo
rojo y riéndose un poco entre pensar en lo que iban a hacer
y la cara de beso que ponía Keika. Bajó un poco la
cabeza y apoyó los labios en los suyos apartándose
casi al momento –Espera! Que me dio pena…- se frotó
la cara con las manos como para quitarse el rojo y ponerse serio
y los apoyó de nuevo cerrando los ojos para pasar menos vergüenza.
Se sentía extraño pero era agradable.
Keika lo besó de vuelta bajando las manos para sujetar las
suyas como si hicieran una promesa, o algo. Le agradaba aquel beso.
Jun se las sujetó también y se separó un poco
para mirarlo aunque estaba muy rojo -¿Qué has sentido?
- Se sentía bien, como un cariño – le sonrió,
enrojeciendo ahora él también, y riendo.
El pelirrojo se rió un poco y le sujetó sólo
una mano, echando a correr con él por el pasillo hacia la
cocina como para quitarse la vergüenza –Como es nuestro
primer beso, no vamos a olvidarnos uno del otro nunca…
- Tampoco quería – se rió el rubio contento,
pero igualmente sintiendo que compartían algo especial.
- Chicos! – la voz de la enfermera que acababa de salir de
uno de los cuartos resonó tras ellos. - ¿Qué
hacen aquí?
-Ah, mierda!- Jun echó a correr hacia la cocina con el
rubio de la mano.
-Deténganse! Eso es la cocina, es peligroso!- la mujer echó
a correr tras ellos aunque eran rápidos como el diablo, aún
así sujetó la camiseta de Jun por detrás halando
a ambos. El pelirrojo la miró a los ojos pensando en hacer
algo horrible.
- No hacíamos nada! Sólo queremos helado! –
protestó el rubio pataleando un poco.
- Allí no hay helado, y no tienen permiso para estar por
aquí. – le riñó la mujer, halándolos
hacia atrás en dirección a los cuartos.
-Déjanos!- el pelirrojo se revolvió, girándose
y mordiéndole la mano hasta que los soltó.
-Ah! Dios!- se sujetó la mano con fuerza y Jun echó
a correr con Keika al interior de la cocina, abriendo todos los
armarios seguido, la nevera.
-No hay…- susurró llevando a Keika de la mano a todos
lados, la mujer ahora entrando con otra –No hay nada así
que…
El rubio miró al chico, decepcionado, sintiendo que la enfermera
lo sujetaba del hombro, ahora de manera más brusca.
- Van a regresar a sus cuartos ahora mismo.
- Fue agradable conocerte, Jun – le sonrió Keika,
a sabiendas de que ya no los iban a dejar fuera más tiempo,
pero esperaba verlo de nuevo.
-Sí… no te olvides de mí!- le gritó
de todos modos mirando un cuchillo y pensando de nuevo en matarla
de algún modo horrible.
- No lo haré! – le gritó de vuelta, porque
ya se lo llevaban y también porque se sentía inclinado
a imitarlo.
|