| Capítulo 20- Worlds Collide
El moreno se secó la cara, sus ojos azules reflejados en
el cristal del espejo. Se colocó las gafas de cristal fino.
Ya no le hacían falta, sabía que había fallecido,
pero le daba igual. A veces sentía que veía mal sin
ellas. Claro, que a veces también sentía que estaba
vivo a pesar de que sabía perfectamente que no. Tenía
todas las muñecas llenas de cicatrices de cortadas que no
habían servido para nada. Salió directamente por los
pasillos blancos, notando cómo el suelo comenzaba a pudrirse
a su paso sin alterarlo para nada. Se subió un poco las gafas
por el puente de la nariz –Otra vez…- susurró.
“Otra vez”
Arn escuchó aquella voz por el pasillo. Se habían
apagado las luces solas, esperaba que no fuera una nueva bromita…
Se pegó a la pared apoyando allí la mano, notándola
extrañamente pegajosa, apartándola de golpe sin querer
imaginarse qué habrían pegado allí. Siguió
caminando, tratando de llegar a su cuarto y observando a alguien
vestido de azul claro caminar delante de él por el pasillo
–Eh…- apenas alzó la voz, cohibido de levantarla
y renunciando a su oportunidad de pedir ayuda, probando con la primera
puerta que encontró y buscando el interruptor.
- ¿Qué sucede?! – protestó Soren, restregándose
los ojos ante la súbita claridad en su habitación,
observando al chico que acababa de entrar. - ¿Qué
haces aquí?
-Perdón!- cerró la puerta de golpe, más rojo
imposible a pesar de su tez tan morena y entrecerró los ojos
un poco pensando en lo que acababa de ver. ¿Acaso no lo había
visto…? Abrió la puerta de nuevo y lo miró –Soren…
mira en donde estás acostado… es una cama de hospital…-
las sábanas estaban manchadas de sangre seca y los hierros
corroídos.
- ¿De qué...? – el pelirrojo bajó la
mirada, observando la sangre bajo su cuerpo, espantado. –
AH! – lanzó un grito, saltando de la cama, frunciendo
el ceño luego a pesar del susto. - ¿Qué demonios
está pasando? ¿Es una broma?
-No… no lo creo…- el moreno se quedó quieto
como una estatua al escuchar unas voces y entró, cerrando
la puerta de golpe y trancándola con el cuerpo –Hay
dos doctores afuera…- el corazón le iba a toda pastilla
recordando el incidente de la noche anterior –Esto…
era un hospital antes…
- Y ¿eso qué? No me dirás... que son fantasmas
– lo miró, sin creérselo. – Di la verdad,
¿te uniste a ellos? – le preguntó de todos modos,
aunque súbitamente recordando la noche anterior, como aquel
chico había sido detenido al parecer por algo invisible.
-¿Tú eres tonto?...- lo miró incrédulo,
molestándose inevitablemente –Son unos gilipollas integrales
sí… pero no crees que es un poco improbable que hayan
conseguido estas camas y este cuarto… no estaba así
antes ¿no?- alzó la mano a la bombilla que colgaba
de un cable en el desconchado techo –Joder… se nota
que te pillo recién despertado…- frunció el
ceño guardándose las manos en los bolsillos –Te
digo la verdad… en mi cuarto… bueno… es igual…
- Pero es que no es posible! Los fantasmas no existen. –
protestó, molesto de que lo llamase tonto. - Vamos a salir
al pasillo, entonces. Quiero ver qué hay afuera.
-No se ve nada, está muy oscuro…- abrió la
puerta saliendo delante y escuchando jadeos y ruidos provenientes
de otras habitaciones –Mira… sólo salí
de mi cuarto para buscar a Ian pero como no estaba volví…
y se fue la luz…al menos eso creía yo…- frunció
más el ceño ya sin ocurrírsele tocar la pared
pero sintiéndose perdido en la oscuridad. Veía fatal
cuando estaba oscuro.
- Los escucho..... – lo acalló el chico, necio en
su creencia de que era una broma, avanzando un poco y acercándose
a una puerta en la que se escuchaban ruidos. La abrió de
golpe, gritando. – ¿Creen que soy idota?! – y
quedándose helado al ver aquella mujer con los intestinos
colgando por fuera al parece, quejándose en la cama, estirando
los brazos hacia él. Tiró la puerta, retrocediendo,
sudando frío. – Eso... no puede ser un disfraz.
Arn abrió los ojos de una cuarta tras haber visto eso. Es
más, no lo asimilaba, eso no era un hospital, era una carnicería
–Una mierda, eso es un disfraz… además aquí
no hay tías por la noche… yo… me piro- alzó
un poco la voz avanzando sin saber muy bien a donde -¿Vas
a venir? No veo una mierda…-refunfuñó.
- Claro, ya voy... – lo siguió, adelantándose
un poco ya que veía mejor. – Tenía una vela
en mi habitación, pero esa no es mi habitación.
-No… Seiren ¿estás aquí?- preguntó
por si acaso, probando y enrojeciendo en la oscuridad, muy serio
a pesar de todo –El primer día vi un espíritu…
en mi cuarto… no estoy de coña…
- ¿No? De veras.... – refunfuñó como
si no le creyese, añadiendo luego, serio. – Algo sucedió
en la pelea de anoche, había algo más allí
entonces...
-Era Seiren…capullo…- añadió después
pesando que no lo aguantaba ni su madre, aún así siguiéndolo
y pensando que le agradaba –Joder… ¿qué
es eso?- lo sujetó del brazo un momento y lo soltó
después, escuchando, observando caminar algo entre las sombras
a cuatro patas, la cabeza vendada hasta encima de la nariz, pero
parecía reptar por el suelo como oliendo. Jadeaba como un
animal enfermo.
- Y yo que sé, eso... – se alejó instintivamente,
aunque le jodía estar asustado, era algo que detestaba. –
Y tu fantasma.... ¿es así? ¿Cómo estas
cosas?...
-No, “mi fantasma” está bueno por si quieres
que le pida una cita…- le temblaban las manos y las apretó
con fuerza. Observó a aquel ser asqueroso alzar la cabeza
hacia ellos y correr a cuatro patas como si fuera una araña
y sus rodillas y codos se doblasen al contrario –Mierda! Corre!-
echó a correr delante de él sin ver nada en realidad.
Soren echó a correr también, no necesitaba que se
lo dijera, lo que sí sabía es que si era una broma
estaba demasiado bien hecha. Giró hacia un pasillo que no
estaba allí antes. Todo el lugar se veía enorme ahora,
y aquella criatura no dejaba de perseguirlos.
Kadem levantó la barra de colgar el suero y se la lanzó,
incrustándolo en el suelo, escuchándolo gritar y observándolo
soltar espumarajos mientras intentaba soltarse, doblando los brazos
de forma antinatural para arrancarse la barra. El moreno se acercó
subiéndose las gafas y le lanzó el escalpelo que llevaba
en la mano desde lo alto, atravesándole el cráneo.
Lo arrancó, limpiándolo y guardándoselo de
nuevo en el bolsillo. Arrancando la barra y apuntando algo en una
libreta, entrando después en un cuarto.
Arn, que se había girado al escuchar el grito, observaba
la escena atónito –Eh! Espera… Seiren es como
él…como si fuera un paciente.
- ¿Como él? – lo miró de soslayo, deteniéndose
y respirando ajetreado. – Vamos a seguirlo entonces, tal vez
sepa cómo salir de aquí.
-Ok…- susurró alterado aún y caminando a su
lado, abriendo la puerta y haciendo que el chico dentro alzase la
barra de hierro –Espera!- Arn la sujetó también
a punto de incrustársela casi, Kadem dejándola a un
lado de nuevo y subiéndose las gafas mientras los observaba
de arriba abajo.
-¿Quiénes sois vosotros?
- Me llamo Soren, ¿eres un fantasma? – le preguntó,
muy serio, observándolo de la misma manera.
-Encantado supongo… y sí, soy un fantasma ¿vas
a tomarme una foto espectral?- lo miró igual de serio subiéndose
las gafas de nuevo -¿Sois humanos?
-Sí…- Arn lo miró a los ojos siguiendo sus
movimientos.
-¿Y en qué año estamos?
-En el dos mil y pico… yo qué sé…- el
moreno lo miró pensando que estaba loco, observando como
tomaba notas.
-¿No sabes ni en qué año vives?
-¿Tú tampoco?- refunfuñó el moreno
pensando que había cosas mas importantes en ese momento.
-Yo no estoy vivo, el tiempo no transcurre para mí…
¿en donde estabais?
- Estamos en un reformatorio. ¿Y esto qué es? No,
lo que quiero saber, es cómo salimos de aquí –
Soren lo cortó, sin apartar la mirada. No se fiaba y además
quería saber si pensaba tomar notas de todo lo que hablasen.
-No podéis salir supongo, no lo sé, es la primera
vez que veo a alguien vivo en siglos… y ahora si me disculpáis…-
pasó entre ellos con la barra en la mano y se guardó
la libreta en el bolsillo de la camisa -¿Seguro que no estáis
muertos?
-No, eso es imposible, no me he muerto de una baldosa del pasillo
a la otra, joder… ¿te quieres esperar tío?-
lo sujetó del brazo deteniéndolo y el moreno lo miró
a los ojos soltándose bruscamente aunque Arn no se afecté,
él hubiera hecho lo mismo
- No estamos muertos, eso es definitivo. Y tiene que haber alguna
manera de salir. Tenemos que encontrar la salida del hospital, será
la misma que la del reformatorio ¿no? – Soren miró
a Arn, tratando de mostrarse calmado y tranquilo, aunque no lo estaba
claro. Pero exaltarse no iba a ayudar a nadie y tampoco quería
verse débil.
-La salida del hospital está bajando dos pisos… pero
las escaleras se rompieron recientemente… Por otra parte…-
se subió las gafas observando sus ojos –como ya habrás
notado, hay aquí unos cuantos engendros… sugiero que
simplemente volváis a vuestros cuartos y esperéis
a que termine esto… siempre termina…
-¿Qué es lo que termina?- Arn lo miró fijamente
angustiándose un poco con eso de que no había salida
y todo ese rollo de los engendros.
-El hospital vuelve a su aspecto normal… por decirlo de algún
modo…- se apartó un poco el flequillo negro del rostro.
- Pero nosotros no pertenecemos al hospital. No podemos quedarnos
aquí – Soren frunció el ceño, alterado,
quisiera que no. – No vamos a lograr nada sentándonos
a ver qué pasa.
-Pero eventualmente el hospital volverá a ser normal y
por lo tanto, supongo que también vuestra realidad en el
reformatorio, sólo conseguiréis que os maten si vais
por ahí haciendo el héroe…
-El héroe…- murmuró Arn mirando a otro lado
ya empezando a desesperarse –Vámonos… intentemos
encontrar una salida… al menos hacia el otro ala… tal
vez así… ¿no?
- Vamos. – Soren se adelantó, abriendo la puerta de
golpe y encontrándose con aquella oscuridad de nuevo. Al
menos no parecía haber nadie en el pasillo.
El moreno pasó por un lado de ambos y se fue caminando por
el pasillo, con la barra en la mano –Por aquí…-
susurró silbando después y moviendo la barra en su
mano en círculos.
Arn lo siguió mirando a Soren de soslayo y encogiéndose
un poco de hombros –“Como una puta cabra”- susurró
acercándose un poco al pelirrojo para luego seguir caminando.
Notando una luz adelante y el moreno caminando hacia ella. De pronto
unas enfermeras sujetándolo de los brazos, Kadem dejó
caer la barra ahora limpia al suelo y miró atrás de
soslayo dejándose llevar como resignado y negando con la
cabeza hacia donde ellos estaban.
- ¿Y ahora qué pasó? – las luces parpadearon,
encendiéndose sobre sus cabezas, y una voz restalló
tras los chicos. - ¿Qué hacen fuera de sus habitaciones?
-Ya vamos…- Arn se hizo el loco, echando a caminar, mirando
los números en las puertas –“Mejor será…
volver a los cuartos, al menos hasta que nos la saquemos de encima…
ya has visto que esto no es un hospital normal…”. Abrió
la puerta de su cuarto y le hizo una seña a Soren para que
fuese al suyo.
Observó al albino acostado en la cama y se quedó
en el marco de la puerta como inmóvil. Estaba dormido, pero
se veía tan vivo ahora… Se acercó y le tocó
el pelo.
El pelirrojo, por su parte, abrió la puerta de la que supuestamente
era su habitación. No sabía qué hacer, pero
no pensaba acostarse en esa cama asquerosa de nuevo, a pesar de
que ahora estaba limpia. Se quedó quieto al ver que había
otra cama, ocupada para colmo.
..................
Seiren abrió los ojos sobresaltado, sonriendo al ver al
chico. – Arn........ – luego enseriándose sin
comprender qué hacía allí.
Arn apartó la mano de golpe y se echó hacia atrás
un poco sobresaltado por verlo moverse, su aspecto seguía
siendo muy espiritual aún en persona –No sé
qué ha pasado… estamos aquí atrapados, yo y
otro chico del reformatorio.
- Y ¿dónde está el otro chico? – preguntó,
sentándose y apartando las sábanas. – Tienen
que irse.
-En su cuarto pero no podemos salir ahora…- lo sujetó
por los hombros sentándolo de nuevo, preocupado por si estaba
enfermo, apartándose y pasándose el puño por
la nariz enrojeciendo por haberlo ayudado –Hay una tía
afuera, cree que somos pacientes… y… ya hemos visto
lo que hacen aquí…
- No pueden haberlo visto... todo. – sonrió, bajando
la mirada a sus pies. – Nunca he visto a nadie vivo por aquí
antes.
-Ya nos han dicho eso antes… un chico moreno, se llamaba
Kadem- se sentó en la cama de enfrente observándolo
-¿No te acuestas?... quiero decir… que te ves débil…-
carraspeó un poco rascándose el brazo y hablando mientras
observaba las baldosas –Hemos visto el hospital oscuro…
y una mujer con las entrañas fuera, estaba viva… también
una cosa… no sé si era humano… ese Kadem…
lo mató.
- Ya estaba muerto, volverá a rondar por los pasillos mañana.
– le sonrió de nuevo, no por eso, si no por el cuidado
con el que lo trataba. – Y yo también lo estoy, me
siento débil a veces, pero sé que es una ilusión.
Este lugar... es un sitio de experimentos, supongo que fui uno de
los afortunados. – explicó, mucho más serio.
-Sí, desde luego…- susurró tal vez no muy consciente
de que no estaba siendo muy delicado –Pero no pareces muerto….-
lo miró un momento aunque no muy convencido pensando en si
podría ayudarlo de alguna manera. No, no se podía
claro ¿Qué tonterías estaba pensando?
- ¿No quieres sentarte? Permanece conmigo un rato, no me
gusta salir del cuarto.
-Claro…- se levantó de la otra cama preguntándose
si lo que quería era que se acercase y se sentó en
la esquina de la cama en la que estaba el albino -¿Por qué
estás aquí?...
- Vine por mi propia cuenta. Claro, no pensé que sería
tan malo... – suspiró recordando. – Quería
dejar de ser una carga.
-¿Una carga? ¿Por qué?...- lo miró
al rostro esta vez aunque indirectamente.
- Fui un bebé prematuro y tal parece que jamás me
recuperé. Me enfermaba constantemente, siempre fui débil
de salud. – lo miró él, sonriendo para no deprimirlo.
– Pasaba la mayor parte del tiempo en mi habitación
de todas maneras. Y sé que mi familia se esforzaba mucho
aunque no me lo dijesen. Así que cuando supe que.... estaban
ofreciendo dinero por sujetos de estudio, me ofrecí. Pensé
que en el mejor de los casos mi familia recibiría una compensación
y yo.... tal vez encontrase la manera de estar mejor.
-Pero no te ayudaron… ¿verdad?- preguntó sintiéndose
un tanto estúpido pero tampoco quería saltar a conclusiones
-¿No pudiste volver a ver a tus padres?
- No volví a dejar este lugar. - Negó con la cabeza.
– Y no volví a tener mejoras hasta que morí.
-Es horrible…- lo miró sintiendo lástima inevitablemente
y pasándose la mano por el labio un poco incómodo
por haberle hecho recordar eso con su curiosidad –¿Hace
cuantos años? ¿Lo sabes? Ese chico nos dijo que el
tiempo no transcurría para él…
- Tiene razón, me tomó tiempo comprender el hecho
de que estaba muerto. Aquí, sin poder mirar por la ventana,
ni ver las estaciones, era difícil llevar la cuenta del tiempo.
Y luego todo desapareció, no sé cuanto tiempo ha pasado.
Tampoco sé por qué sigo aquí, pero no puedo
irme.
-Tal vez pueda hacerse algo para que por fin puedas descansar ¿no?…
¿pero no desaparecerías?....
- Imagino que sí, ¿por qué? ¿No quieres
que desaparezca? - le sonrió levemente, tomándole
la mano de pronto.
Arn hizo un ademán de sacar la mano pero finalmente la dejo,
sólo era la mano después de todo ¿no? No pasaba
nada –No quiero que desaparezcas- se pasó la otra mano
por la nariz mirando al suelo, era la primera persona amable que
conocía en mucho tiempo. Además había algo…
que le hacía querer protegerlo.
La sonrisa del albino se ensanchó, mientras le apretaba
la mano, susurrando. – Gracias.
-No tienes que agradecerme…- apartó un poco la mano
al sentir que se la apretaba y le sujetó él la mano
por encima de la suya –¿Tú quieres irte?
- Lo siento, ¿te incomodo? He estado solo por demasiado
tiempo. – suspiró, mirándolo a los ojos. –
No me molesta cuando estoy en tu cuarto o cuando estoy aquí
tranquilo, pero... no quiero seguir con la misma rutina que llevaba
en vida, o.... ver ciertas cosas....
-Ojalá pudieras estar en mi cuarto cuando quisieras o venir
conmigo sin que te viesen los demás- sonrió mirándose
las rodillas y sujetándole la mano un poco más para
que no creyese que no quería que lo tocase –Es sólo
que me pone nervioso que me toquen…
- Lo lamento – contestó, un poco cohibido, pero seguía
deseando el contacto. – No quise asustarte anoche, pero me
puse feliz cuando vi que había alguien.
-Ya… es normal… de todos modos ahora siempre miro a
ver si estás cuando entro en mi cuarto y no me gusta que
no estés… Te llamé antes cuando salí
de mi cuarto con ese chico y vi que estaba todo oscuro y eso…
- lo miró a la cara fijándose en su cabello blanco
-¿Ya tenías el pelo así?
- No, era negro. – se quedó mirándolo, y sonriendo
un poco más luego. – Siempre lo tuve así, nací
albino. No cambia mucho tu aspecto cuando mueres.
-No me vaciles…- sonrió tapándose un poco la
boca al pasarse la mano por la nariz, mirando a otro lado de nuevo
-¿Sabes quien está en el cuarto 6?- preguntó
por si acaso, aunque pensaba que Soren sabía cuidar de sí
mismo mucho mejor que él.
- Un chico rubio, lo he visto poco. – le aclaró, pensando
en que de a malas se paraba de su cama cuando estaba vivo, y ahora...
no había tenido el valor de explorar por su cuenta. - ¿Por
qué? ¿Tu amigo está allí?
-No es mi amigo… pero sí, está allí…
¿no te pone nervioso que aún te esté sujetando
la mano?- preguntó mirándolas y luego sus ojos.
- Nadie me ha sujetado la mano en tanto tiempo.... se siente bien
– le devolvió la mirada, enseriándose un poco.
Se sentía un poco tonto ahora, ese chico no comprendería.
– No tienes que hacerlo si no quieres, disculpa. – le
soltó la mano, entrelazando las propias sobre su regazo.
El moreno extendió la mano hacia arriba esperando a ver
si le daba la mano de nuevo –No era para eso, sólo
quería saber si no estarías pensando algo como “a
ver si me suelta ya”- lo miró a los ojos sonriendo
levemente.
- No, no pensaba eso – sonrió negando con la cabeza
y sujetándosela de nuevo. – Pero te estoy haciendo
perder tiempo. ¿No deberías estar buscando la salida?
-Ese tío dijo que lo mejor sería esperar en nuestros
cuartos a que esto acabase… No sé cómo llegar
a la salida y mucho menos con toda esa gente del hospital rondando
por aquí… y si llegase a la salida y luego apareciese
en el reformatorio… en la salida… me metería
en un buen lío, no sé qué hacer…
- Es un reformatorio.... Por eso actuaban así esos chicos...
– murmuró, pensando en la noche anterior. – No
sabía cómo ayudarte.
-Pero lo conseguiste- lo miró un momento y se acostó
en la cama –Acababa de llegar, por eso vinieron, creo que
querían enseñarme quien mandaba, ya sabes…son
unos mamones- se quedó mirando al techo en silencio pensando
en cómo salir de allí.
- No me agrada mucho la violencia – le explicó, pasando
la otra mano por su cabello sin pensarlo bien. – No te preocupes,
saldrás de aquí, no perteneces.
-Eso espero…- se quedó quieto, mirándolo serio,
de todos modos no era posible que él le hiciera daño
¿no? No, no era posible –Pues yo soy bastante violento
y estás sujetando mi mano…
- No eres violento conmigo – le sonrió, mirándolo
a los ojos de nuevo. – Y no estás siendo violento ahora.
Más bien, eres reconfortante.
-Es la primera vez que me dicen que soy reconfortante...- se rió
mirando a un lado pensando que si siempre había estado en
su casa seguramente la violencia aún lo asustaría
más. Lo miró de nuevo y se pasó la mano por
el pelo asegurándose de que estaba sobre su cara –Pero
de todos modos soy un criminal… tal vez vaya a la cárcel…
- Pero aún estás vivo, tienes oportunidad de enmendar
las cosas. – le acarició la mano, deseando poder ir
con él. A donde fuera.
-No… porque cuando salga a la calle, si no encuentro un trabajo,
tendré que volver a hacer lo mismo…y no hay mucha gente
que quiera cerca a alguien como yo… no me importa seguir yendo
a buscar alijos…- tiró un poco de su mano para ver
si se acostaba con él, poniéndose un poco nervioso
como siempre que hacía un mínimo de contacto humano.
El albino se recostó, observándolo. – Siempre
puedes cambiar. No deberías ir a la cárcel y no deberías
pensar así de ti.
-No quiero ir a la cárcel y no puedo pensar de otro modo
porque es lo que veo, me parece normal de todos modos…- lo
miró de soslayo y levantó su mano con la suya bajándola
de nuevo –No me importaría quedarme aquí contigo…
- No, aquí no, no tienes idea de cómo es.... –
le aseguró serio, con la voz suave y cerrando los ojos. –
Yo quisiera ir contigo.
Arn lo miró aprovechando que tenía los ojos cerrados
y giró la cara un poco –Si pudiera, te llevaría
conmigo… - de pronto sintió un temor extraño,
como un vacío en el estómago, lo cierto es que no
quería pensar en él como un muerto… quería
que estuviera vivo, que hubiera algún modo de que de pronto
estuviera vivo.
..................
Yudai se despertó al sentir que abrían la puerta
y observó al pelirrojo que acababa de entrar, extrañado.
Se sentó en la cama sin moverse aún más -¿Quién
eres?- sonrió levemente.
- Soren, ¿quién eres tú? – el chico
permaneció en la puerta, listo para cualquier cosa.
-Ohm…- se rió –No vayas a desenfundar forastero…-
se acostó en la cama de nuevo, reído. No sabía
de dónde salía y no recordaba haber visto nunca a
un chico con esa ropa allí –Yo soy un paciente ¿Que
no es obvio? Si quieres tomarme la temperatura, puedo voltearme…-
sonrió apoyando la mejilla en una mano.
- No quiero tomarte la temperatura – sentenció, serio,
sin quitarle la mirada de encima, añadiendo luego. –
Sabes que eres un fantasma ¿no?
-Oh… no, pero gracias por la noticia…qué tacto…-
lo miró serio, aunque tratando de no verse afectado por aquella
confirmación, de todos modos ya lo imaginaba. Aún
así… oírlo… de ese modo…. Bajó
la cara mirando al suelo y apretando un poco las mandíbulas.
- Creí que lo sabías, eres un fantasma... –
murmuró, tratando de verle el rostro.
-Ya… ya te he oído a la primera, seré un fantasma
pero no estoy sordo…- alzó un poco sus ojos negros
para observarlo a pesar de que aún no levantaba la cabeza
-¿Y tú quien eres? Y no vuelvas a decirme tu nombre,
un nombre no es quien eres.
Soren frunció el ceño. Para ser un fantasma sí
que era autoritario. – Pues no sé quien más
soy, soy Soren. Esto es un reformatorio ahora y este es mi cuarto,
¿suficiente información?
El rubio lo miró a los ojos –No… este es mi
cuarto…- le sonrió levemente, sentándose en
la cama y apoyando los pies en el suelo antes de levantarse, al
pisar el suelo las baldosas tomando el aspecto de maderas nuevas
y barnizadas, la cama empotrada contra unas estanterías,
la ropa de Soren sobre una silla. Se giró sobre sí
mismo mirando alrededor -¿Estoy muerto?...- se preguntó
a sí mismo, incrédulo ante lo que veía, ante
toda aquella situación, sintiendo terror, angustia, furia…
-No estoy muerto!- hizo un gesto con el brazo de golpe y las estanterías
temblaron, la ropa del hospital cayendo al suelo al igual que las
bandejas y los platos de la comida. Yudai miró los cristales
rotos sobre las baldosas blancas.
- No hagas eso! – le gritó Soren, más porque
se había asustado, cosa que odiaba, pero no era de hierro.
Justo a él le tocaba el fantasma violento.
Yudai lo miró a los ojos de golpe. Escuchaba los latidos
de su corazón martillarle en la sien, su corazón latía
¿y estaba muerto? Sí, había barajado aquella
posibilidad, jugado con ella incluso, pero ahora… -Haré
lo que quiera…- los cristales de las ventanas estallaron por
fuera de las verjas del cuarto de Soren, saltando en pedazos dentro
y fuera de la habitación, de nuevo el cuarto del hospital.
El rubio sintió cómo uno de los propios cristales
allí le rozaba la mejilla, la sangre bajó caliente
por su mejilla y sintió dolor –Yasu!- gritó
de pronto, abriendo la puerta del cuarto del hospital de golpe.
-Deténgase! Vuelva a su cuarto de inmediato!- lo sujetaron
por los brazos entre un doctor y dos enfermeras.
Soren permaneció en el cuarto, respirando agitado, suponía
que debía de haber salido cuando el cuarto había vuelto
a ser el de siempre, pero no había podido moverse. Finalmente
salió de la habitación. – Espera! – lo
llamó sin saber por qué, encontrándolo en el
pasillo, luchando con aquellos otros fantasmas, era absurdo.
Sintió cómo lo sujetaba alguien del brazo. –
Tú también, vuelve a tu habitación. –
y se sacudió, soltándose.
- Yo no pertenezco aquí – protestó, aunque
sabía en el fondo que era mejor obedecer por ahora.
Yasu escuchó su nombre, poniéndose de pie, y asomándose
al pasillo cautelosamente. - ¿Yudai?
-¿Qué pasa?- Arn se levantó de la cama donde
aún estaba acostado con el otro chico y lo llevó de
la mano, para mirar por el marco de la puerta, observando a Soren
más adelante y al chico que sujetaban entre varios –No
salgas, cuidado…- lo miró un momento antes de mirar
a Soren -¿Qué pasa Soren?!
Yudai se movió, sacudiéndose como podía, el
suelo del pasillo volviendo a hacerse de madera en torno a él,
mirando abajo mareado. Notó cómo lo sujetaban del
brazo mientras sus rodillas sonaban contra el suelo.
-¿Seiren?- Arn miró a su alrededor, pero todo estaba
oscuro, las luces parpadearon en los pasillos del reformatorio hasta
encenderse por completo, sólo estaba Soren.
- ¿Qué demonios fue eso?! – gritó el
chico, como molesto por todo lo que había sucedido, aunque
en realidad, lo que sentía era algo muy distinto. Se puso
de pie con rapidez corriendo hacia su cuarto para comprobar que
las ventanas seguían rotas, su ropa tirada por el suelo.
Arn lo vio correr hacia allí, desconcertado y sin comprender
nada. Se apretó la mano, aún estaba caliente de sujetar
la de Seiren y él seguía en el marco de la puerta
del cuarto, de su propio cuarto ahora. Miró adentro, naturalmente
estaba vacío.
Soren salió del suyo, respirando agitado. – Y ¿qué
hacemos ahora? Creo que debemos decirle a alguien.
-¿Para qué? No van a creernos…- se encogió
de hombros, mirándolo a los ojos serio –Ya lo sabes…
¿Quién nos creería? Sólo nos mandarán
al maldito psicólogo unas cuantas horas extra…
- Tienes razón. – murmuró avergonzado por actuar
como un chiquillo asustado y frunciendo el ceño, entrando
a su cuarto para sacar la almohada y una sábana. No pensaba
quedarse a dormir allí.
-¿Adonde vas?- lo miró pensando que estaba como una
cabra si pensaba quedarse en el pasillo -¿Quieres dormir
conmigo?
- Pensaba quedarme en el pasillo – lo miró serio,
confirmando lo que creía el otro chico.
-Vale… guay…¿pero sigues pensando lo mismo o
vas a entrar de una vez? - se apoyó con un hombro en el marco
de la puerta mirándolo.
- No, ya voy... – casi refunfuñó, por no admitir
que lo aliviaba aquello, pasando por delante del chico, serio y
con la cabeza gacha.
Arn cerró la puerta y se metió en la cama como si
nada, aunque acercándose a la pared –Yo también
estoy asustado…- murmuró mirando a la pared de todos
modos.
- No estoy asustado – mintió, obviamente, frunciendo
más el ceño. – Tu fantasma.... ¿sabe
que está muerto?
-Se llama Seiren y no es mi fantasma o yo estaría muerto…
pero sí, lo sabe…- se pasó un dedo por el brazo,
tocándose los kanjis tatuados por todo este, notando cómo
se abultaban un poco en la piel –Y vale… eres muy valiente
pues… ¿te acuestas?
El chico se acostó, colocando la almohada y apretándola
un poco para que se inflara. – El que estaba en mi habitación
no lo sabía, por eso se puso así. Parece que creyera
que es mi culpa.
-Seguro que fuiste muy delicado… como siempre ¿no?
Tal vez estaba “shokeado” no me extraña…-
se mordió un poco el labio para humedecérselo y se
volteó en la cama, mirando al techo y luego a Soren -Seiren
me dijo que él era débil…
- Pues si estaba en un hospital, no debía ser muy fuerte.
– contestó, pensando más bien en lo que le acababa
de decir. Lo cierto es que se sentía un poco culpable por
habérselo dicho así, pero no lo había pensado
como siempre. Y además, no era su culpa que estuviera muerto,
era mejor saberlo, ¿no?
-Creo que se refería como ente… y no digas eso…-
lo miró igual de serio, un poco molesto sin saber por qué
en concreto, tampoco quería explicarle, eso era algo privado
de Seiren, cómo había llegado ahí –Ya
has visto que no era un hospital normal.
- No lo sé, creí que a lo mejor.... - desvió
la mirada un tanto avergonzado. – Creí que era porque
estaban muertos, ya sabes, las cosas se distorsionan.
-No… él me dijo “debes irte” y yo le dije
que ya sabía lo que hacían, que había visto
cosas y me dijo “no lo has visto todo” Hacían
pruebas con ellos… por eso él estaba allí…-
le aclaró finalmente porque lo creía necesario para
que pudiese comprender. Además, él también
estaba involucrado –Creo que era algo mucho más allá
de medicina experimental… ¿no crees?
- Pues si esa cosa que había en el pasillo es un indicio,
imagino que sí. – lo miró de nuevo, serio. –
Y ¿qué se supone que hagamos?
-No lo sé… ¿Qué crees que podemos hacer?
Nada… - lo miró a los ojos también serio -No
podemos salvarlos del pasado.
- Pero seguirán aquí – le aclaró el
chico. – Tal vez tú estés bien pero yo tengo
un fantasma psicópata en mi cuarto.
-No lo creo, sólo estaba asustado… seguro que cuando
lo asimile, comenzará a estar mejor, no sé…
podrías intentar ayudarlo… no te hizo daño después
de todo… ¿Qué hubieras hecho tú en su
lugar?- observó sus ojos –No es que seas la viva imagen
de Buda… ya lo habrás notado…- sonrió
sin poder evitarlo.
Soren sonrió un poco, frunciendo el ceño enseguida.
– Lo sé, probablemente hubiera hecho lo mismo.
-Pues eso… pero en realidad querrías que te ayudasen…-
se miró una cicatriz en un dedo y la mordió un poco
porque le picaba. Se volvió hacia la pared de nuevo y apagó
la luz –Tú también me agradas, tranquilo, nadie
nos ha visto sonreír- sonrió en la oscuridad sintiendo
que el cabello le tapaba más el rostro.
- No he sonreído. – protestó, mirándolo
de soslayo y asegurándose de que no lo veía, para
sonreír un poco.
-Ya, ni yo…
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