| Capítulo 15- Standing Up, Lying
Down
- Quédate acostado, Keika, o te marearás. –
la enfermera lo empujó con suavidad contra la camilla, luego
de haber finalizado todos los exámenes en el chico y haberle
inyectado una dosis más fuerte.- Vendré dentro de
una hora.
El rubio cerró los ojos, abriéndolos de nuevo para
mirar al techo. No le gustaba cuando se lo llevaban así,
prefería estar en su habitación. Además, se
aburría.
-Di jillae?!- el albino en la cama de al lado se revolvió
débilmente, como siempre, pese a que le habían prendido
los brazos y las piernas. Apretó las mandíbulas haciendo
toda la fuerza que podía, pero estaba atontado. Las enfermeras
no soportaban acercarse a él si no le habían metido
tranquilizantes como para tumbar a un caballo antes. Notó
que lo pinchaban y luego le limpiaban la piel con un algodón
–Puuuta! Puta de mierda!! Te voy a matar!- a la chica poco
le faltó para salir corriendo del cuarto.
Ray jadeó cansado, mirando las cortinas a ambos lados de
su camilla. Sin Yasu, ni siquiera podía conseguir soltarse
de los malditos amarres pero si no había escuchado mal a
esa tía… ahí al lado estaba el crío ese
–Niño! ¿estás ahí al lado?
El rubio casi se infarta del susto, quieto, planteándose
qué hacer. Por un lado, se iba a marear y el albino decía
puras mentiras. Por el otro.... se aburría y podía
necesitar ayuda de verdad. Por fin se puso de pie, efectivamente,
mareándose y apartando la cortina para observarlo con ojos
de estar a punto de dormirse. –Hola....
-Desátame- lo miró a los ojos, notando la cara que
tenía –No irás a dormirte de pie… ¿no
chaval? Al menos desátame un brazo antes del coma profundo…
- No se supone que esté de pie. – le explicó,
restregándose un ojo para verlo mejor. – Si te desato
me reñirán. – De igual manera, empezó
a desatarle un brazo, pensando en Wolf sensei.
-Si te riñen, les meto una patada en la boca, tú
desátame y ya…- lo miró impaciente por lo lento
que lo hacía todo, aguantándose el pegarle un grito
para que moviese, antes de que fuera a entrar alguien. No tenía
ganas de que saliera huyendo y lo dejase a medio atar.
Keika se rió, terminando de desatarlo. – No eres tan
malo, mentiroso y violento, pero no malo.
-No… soy una monja carmelita…- se dedicó a soltarse
el otro brazo ahora que por fin tenía una mano libre y luego
se sentó para soltarse las correas de las piernas -¿Qué
haces aquí eh? Tan solo… niño… ¿ya
le pediste al doctor que te contase la verdad?
- Y me dijo que mentías – el chico sonrió,
asintiendo. – Yo le creo a él. Y... lo mismo que tú
¿no? Me hicieron unos exámenes.
-Exámenes una mierda…- se tiró hacia atrás
contra el respaldo suspirando con fuerza –Seguro que te han
metido algún rollo… ya verás…- se cruzó
de brazos mirándolo fijamente preguntándose qué
hacía aún allí parado -¿No decías
que no podías estar de pie? Acuéstate de una vez.
- Pero es que me aburro solo! Y vienen en una hora! – exclamó
como si fueran años, sujetando un poco la funda de la cama.
- ¿No me puedo acostar contigo?
Ray alzó una ceja y lo sujetó de debajo de las axilas
subiéndolo a la cama o más bien dejándolo caer
en plancha sobre el colchón para después cruzar las
piernas sobre él aplastándolo un poco y sonriendo
de medio lado -¿Vienen a qué?
- A ver cómo sigo, y luego a llevarme de vuelta a mi cuarto.-contestó
acomodándose y luchando por quitarse las piernas del albino
de encima.
-Quieto…no jodas- protestó como si fuera un cojín
revolviéndose, sonriendo sin separar los labios tirando después
de él, subiéndolo en sus piernas y sujetándolo
contra él de espaldas antes de levantarse y llevarlo cargado
sobre el hombro –Vámonos de aquí.
- Que no! ¿Por qué siempre te quieres ir? –
continuó pataleando sin comprender qué le sucedía.
No debía haberlo soltado. – No te puedes ir del hospital.
-Ya lo he notado… ¿crees que no?- lo colgó
boca abajo, sujetándolo por encima de las rodillas con un
brazo –Me quiero ir porque es una mierda ¿o es que
no lo notas chaval? ¿Te gusta que te pinchen y te metan venenos
en vena a ver cuánto tardas en morirte mientras apuntan tus
sufrimientos en una libreta? Eh?!
- Eso no es cierto! Estás loco! – pataleó con
más fuerza frunciendo el ceño. – No es cierto...
-Es cierto! Y si te lo digo, es para que lo comprendas de una vez!-
lo tiró en el colchón de nuevo y le apoyó la
mano en el pecho bajando sobre él y mirándolo a los
ojos –Estamos aquí para que prueben experimentos en
nosotros… yo no estaba enfermo… ¿sabes? Tuve
un accidente en mi moto… me partí una pierna…
me trajeron aquí y empezaron a experimentar conmigo, es la
verdad! Y ahora mi vida es una mierda igual que la tuya…-
se separó de golpe dejando escapar un grito de rabia y pegándole
una patada a una mesa, tambaleándose un poco y apoyándose
en la pared. Con la euforia, casi olvidaba el “colocón”
que tenia encima de tranquilizantes.
Keika se levantó un poco asustado, los ojos aguados pero
rehusándose a llorar. En vez de eso, frunciendo el ceño.
– No es cierto! Wolf sensei me lo dijo! Y él no me
mentiría!
Ray se volteó hacia él, mirando sus ojos –Chst..-
alzó una mano como señalándolo –Los adultos
mentimos sin parar… para follar… para trabajar…
para no hacer sufrir a otros con las dolorosas verdades… qué
putada ¿no? Que tenga que decirte esto un hijo de puta como
yo… - sonrió de medio lado –En el fondo te hago
un bien… así dejas de pensar gilipolleces…
- No te voy a creer, te odio... – lo miró alterado,
aún tratando de contenerse. Lo que quería hacer era
ir con el doctor y preguntarle, pedirle que lo tranquilizara. No
podía estarlo protegiendo de aquella manera.
-Ódiame… me importa una mierda…- se rió
dejándose caer sentado en el colchón porque ya no
se aguantaba más de pie. Se pasó la mano por el cabello
observándolo a punto de llorar. ¿Qué coño
pasaba con él? El nunca habría hecho algo así
a un crío –Eh… niño… no vayas a
llorar…
- ¿Por qué no?! ¿Te incomoda? ¿Por
qué no te gustan los niños? No me importa.... –
bajó la voz girándose boca abajo en el colchón,
ocultando su rostro de todas maneras.
El albino le tiró de un tobillo arrastrándolo por
el colchón y poniéndolo con el abdomen sobre sus piernas
–No es verdad, me gustan con patatas… al horno…
- Tonto.... Tú también fuiste uno, ¿sabías?
– sollozó, aunque aún con el ceño fruncido
sin levantar el rostro. – No es mi culpa....
-¿Ser niño o memo?- lo volteó hacia arriba
y apoyó las manos en su estómago dándole golpecitos
como si marcase alguna melodía que sólo él
escuchaba.,Lla verdad es que se sentía mucho más tranquilo
conforme le afectaban los somníferos pero no quería
dormirse por nada, ni siquiera quería ser amable. Le pasó
la mano por la cara embadurnándosela con las lágrimas
y despeinándolo de paso.
- Niño, memo aún lo eres – le soltó,
venenoso, incluso mientras se iba sintiendo consolado. – Quiero
ser más fuerte.
-Para ser fuerte hay que poder escuchar las verdades como son y
afrontarlas. Mientras no lo hagas… seguirás siendo
un niño indefenso y yo seguiré metiéndome contigo
todo el tiempo… porque tú eres estúpidamente
feliz sin enterarte de nada… - le metió la mano bajo
la camisa acariciándole el abdomen -Qué suave…
- Deja! –se bajó la camisa, aún sobre su mano,
protestando.- ¿Por qué te molesta que sea feliz? No
soy feliz.... no es cierto.
-Pero te ves feliz…- se rió con algo de socarronería
de que le tapase la mano en vez de apartársela y la dejó
donde estaba -¿Te estás haciendo el feliz por ese
doctor? ¿Eh?
- En parte, pero creo que no lo hago muy bien... – suspiró,
observándolo. – Y en parte, me siento feliz a veces,
me hace sonreír. Pero yo tampoco quiero estar aquí.
-¿Y quien cojones querría?… sólo un
tarado…- se dejó caer en el colchón, pasándose
las manos por la cara, frotándosela para no dormirse. Nunca
sabía donde iba a despertarse cuando se dormía en
aquel lugar –No dejes que me duerma… ¿vale niño?
O te mataré cuando me despierte… - lo señaló
con un dedo y se recostó de nuevo –Dile a ese tipo
la verdad… tal vez quiera oírla… aunque crea
que no…
- Él sabe la verdad, sé que no me miente. –
murmuró, necio, a pesar de que volvía a dudar. El
hospital se sentía extraño por momentos. – Y
no puedo detenerte, te dieron píldoras o algo así
¿no?
-Me pincharon tantas veces que me siento como un jodido alfiletero…-
se rió con bastante flojera, girándose en la cama
para poder verlo –Levántate la camiseta…
Keika parpadeó confundido. - ¿Para qué? –
alzándose la camiseta de todos modos por si acaso.
Ray le pasó un dedo entre el pecho y por la línea
del abdomen, acariciándole el ombligo y deslizando el dedo
alrededor –Por nada… sólo te acaricio ¿no
te gusta?- lo miró a los ojos apoyándole una mano
en la cabeza para que lo mirase en lugar de mirar su mano.
- Sí.... un poco, pero me da cosquillas si me tocas el ombligo-
se rió. - ¿Por qué lo haces?
-Es agradable…hacía tiempo que no tocaba nada tan
suave- le acarició el ombligo de nuevo escuchándolo
reírse pensando que era muy inocente. En realidad, demasiado
para su edad, o tal vez no, ni siquiera se acordaba de cómo
era con esa edad y seguramente llevaba años allí.
Sonrió un poco soltándole la cabeza, hacía
siglos que no sentía una piel tan suave, más suave
incluso que la de ninguna chica con la que hubiera estado -¿Con
cuantos años ingresaste?
- Creo que tenía......no se– finalizó, no muy
seguro. De todos modos, se sentía un poco perdido en aquel
lugar. No parecía que celebrasen el fin de año ni
nada.
El albino le pasó la mano por el abdomen y el pecho, apoyándose
la otra mano bajo la cabeza para levantarse un poco y mantenerse
despierto. Tiró del hilo de la camisa abriéndosela
para verlo mejor -Eres bastante mono, japo…
- ¿De donde eres? – le preguntó, un poco rojo,
pensando que no era tan malo después de todo, aunque sí
inestable.
-Corea… - le pasó un dedo sobre un pezón y
alrededor de este –Era guitarrista…por eso vine a Japón…
- ¿Estabas en una banda? – lo miró interesado,
inclinándose hacia delante. – Debe ser muy divertido.
¿Viajabas por el mundo?
El albino sonrió un poco –Sí…era divertido…lo
era hasta que vine a Japón y acabé en este hospital
de mierda…- frunció el ceño, pero no tenía
fuerzas para enfadarse, con el sueño que tenía. Le
sujetó un poco la espalda, bajó la cabeza sobre su
pecho, apoyando la cara en él mientras le acariciaba el abdomen.
Keika le pasó una mano por el cabello, sonriendo. –
Te estás comportando como Michi, mi gato. ¿Por qué
no duermes si tienes sueño? Luego te devuelven a tu cuarto.
-No me fío… son unos hijos de puta… nunca sabes
lo que te habrá pasado cuando te despiertas…- alzó
una ceja y frunció un poco el ceño porque le hubiera
dicho que se comportaba como un gato –Me gusta tocarte…-
le besó el pecho varias veces con los ojos entrecerrados
y luego un pezón concretamente, sintiendo aquella piel contra
los labios y cómo se rozaba en ellos. Dios, hacía
años… sentía deseos de arrancárselo a
lamidas. Sin embargo sólo lo besó.
- Eres extraño... – sonrió el chico, enrojeciendo
más, y preguntándose por qué tanto cariño
de pronto, si antes le había estado gritando. – Y también
muy nervioso...
-No, estoy tranquilo- mintió porque lo cierto es que sí
estaba un poco excitado además. Le metió la mano por
debajo de la espalda y se giró con él para subírselo
encima, aún acariciándole la espalda ahora con las
dos manos –Tengo un tatuaje… ¿quieres verlo?
- Claro! Nunca he visto uno de verdad. – lo miró a
los ojos, curioso y emocionado a la vez.
-Ábreme la camisa… lo tengo en las abdominales…-
le avisó como si no fuera lo suficientemente grande como
para no notarlo.
- Claro... – el chico le abrió la camisa, pasando
las manos por el diseño del tatuaje. – Dolió
mucho ¿verdad?
-No lo sé… estaba un poco colocado, diría que
no tanto como crees…- le sujetó las manos haciendo
que las pasase hasta su pecho y apoyó las suyas en su cintura
bajo la camiseta, aplastándolo contra él –Tienes
suerte de que esté dormido…
- ¿Por qué? ¿Empezarías a gritar de
nuevo? Creo que sé por qué las enfermeras te duermen
tanto... – sonrió, recostándose contra su pecho
y cerrando los ojos. Apenas tenía una vaga idea de lo que
significaba estar colocado y seguro no era lo mismo que quería
decir el albino, que por desgracia para él, ya se había
quedado profundamente dormido.
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