| Capítulo 14- The Needle and
the Damage Done
Jun se despertó girándose de inmediato en la cama
y extendiendo la mano para sujetar la que se extendía hacia
él –Niisan- susurró abriendo más los
ojos y retirando la mano de golpe, soltando un grito lo más
bajo que podía, observando al hombre que estaba en la cama
de al lado con las manos estiradas fuera de la camilla y la sábana
ensangrentada a la altura de las piernas. Se sentó con el
corazón en vilo, observando las demás atrocidades
que había en las otras camillas. Levantó sus propias
sábanas casi con el terror ya instalado de encontrarse con
algo terrible. No… estaba bien, una mezcla entre alivio y
miedo aún se acumulaban en su pecho. Se bajó de la
cama y recorrió el pequeño pasillo que dejaban entre
las camas y la pared, buscando a su hermano, tapándose la
cara por el hedor de la sangre seca –Niisan… niisan…-
lo llamó aguantándose el histerismo. No estaba, no
lo veía, había dicho que no los iban a separar…
-Niisan!- lo llamó de nuevo perdiendo un poco la paciencia
ya, recorriendo las camas en el otro sentido y observando a aquel
chico de la última vez. Se acercó lentamente, dudando
entre despertarlo o no… si es que sólo estaba durmiendo.
El pelirrojo se sentó de pronto, alterado, profiriendo un
sonido como si se ahogase, y mirando luego al chico al que casi
había matado del susto. – Te conozco.... – lo
señaló, suspirando. – Estaba teniendo una pesadilla.
-Pues acabas de entrar en otra…- lo miró a los ojos
y luego señaló a las demás camas -¿Estás…
bien? Entero…
Hisaki asintió, mirándolo de arriba abajo como para
comprobar que él también, y apartó las sábanas
bajando de la cama. – No me gusta que nos hayan traído
aquí, es sospechoso. Creo que deberíamos irnos.
-Sí… vámonos… seguro que quieren hacernos
algo horrib…!- se llevó las manos a la boca antes de
poder seguir hablando, frenando el grito al notar una sombra tras
las cortinas sucias y amarillentas, manchadas de sangre, tenía
algo en la mano y parecía una sierra.
- ¿Qué?! – gritó el otro sobresaltado,
girándose para observar cómo la sombra aquella se
acercaba, unos dedos manchados de sangre, sujetando el borde de
la cortina para apartarla. Hisaki sujetó la mano del chico,
echando a correr. No pensaba quedarse a averiguar si era con ellos
el asunto.
-No! Espera…- miró atrás de todos modos aunque
sin dejar de correr. Tampoco era como que pudiese, al ritmo que
lo arrastraba Hisaki. De todos modos, su hermano no estaba allí,
no había ningún albino entre los pacientes –Mi
hermano… mi hermano me dijo que no iban a separarnos nunca…
-¿A dónde van?- la voz del hombre sonó tras
ellos, acallada por la mascarilla de tela que llevaba sobre los
labios, el portón abriéndose mientras corría,
siguiéndolos.
Hisaki se rió, girándose para mostrarle al médico
su dedo especial, sin detenerse.- Tu hermano es un iluso...
-No lo es! Lo dice… porque piensa y sabe que nos están
comparando porque somos hermanos, además…- se sacudió
la mano soltándose de la suya -¿Tú qué
sabes?- echó a correr delante de él, frunciendo el
ceño y pensando que era un estúpido.
- Regresen aquí! – los llamó el doctor, aún
corriendo tras ellos, la sierra quirúrgica en una mano.
- Ellos... harán lo que quieran con nosotros. Ni tú,
ni yo, ni tu maravilloso hermano pueden evitarlo. – se detuvo
de pronto preguntándose por qué corría entonces.
¿Acaso se iba a salvar así?
-¿Qué haces?!- el chico lo miró deteniéndose
para observarlo, sujetándolo de la mano y tirando de él
–Si me voy a morir… al menos no será dejando
que ellos me torturen.
- Y ¿qué harás? ¿Suicidarte? –
preguntó sinceramente, dejándose llevar, aunque ya
nadie los seguía. El hospital estaba en completo silencio
de pronto.
-Si se muere mi hermano… me suicidaré…- se giró
un poco para mirarlo a él y luego más atrás,
caminando más despacio al notar que ya no los seguían.
Se apoyó en la pared, con una mano, refugiándose en
la oscuridad contra el marco de una puerta –De todos modos…
lo que sucedió el otro día… cuando huimos…
¿lo recuerdas? Tú estabas allí… si es
que no era un sueño…
- Pero pensé que tal vez.... ustedes no existían.
Imagino cosas, no es nada extraño para mí. –
le explicó, suspirando, más calmado y se apoyó
en la pared con una mano, retirándola al sentir que se le
quedaba la pintura pegada a la piel.
Jun se despegó de la pared también tras seguir el
movimiento de la mano del chico –No lo imaginamos, no es posible
que imagináramos lo mismo a la vez, mi hermano también
se acuerda… y no recordamos cómo volvimos a nuestro
cuarto…- de pronto se pegó a la pared de nuevo, y estiró
el brazo pegando a Hisaki también. Notando cómo alguien
se acercaba a la puerta junto a la que estaba pegado.
La madera del suelo crepitó suavemente, sus ojos ámbar
bajaron hasta el manillar de la puerta- sonó un chirrido
y el crujir del metal oxidado mientras se abría lentamente,
su propia respiración dificultándole el mantener el
silencio.
Una enfermera salió por la puerta, sin verlos, dándoles
la espalda. Llevaba una bandeja en las manos. Hisaki le cubrió
la boca al chico para que no fuese a hacer ningún ruido,
tratando de deslizarse por la pared, alejándose un poco.
- ¿Qué hacen escondidos allí? – la voz
bonita y joven de la mujer sonó como si estuviese jugando
algún juego con ellos, antes de girarse para revelar su rostro
corroido como por ácido, la bandeja llena de jeringas, escalpelos
y agujas de todo tamaño.
Jun dejó escapar un gemidito aterrorizado al ver aquel
rostro desfigurado y le dio un golpe a la bandeja tirándole
las cosas encima y por los suelos. La mujer gritó llevándose
las manos a la cara y agachándose a recoger las cosas.
-Malditos críos!- lanzó mientras lanzaba las cosas
a la bandeja como si no notase que se cortaba y arañaba,
el pelirrojo mirando atrás un momento, observando cómo
los seguía de nuevo, con una tijera en la mano, apuntando
hacia ellos, la sangre escurriéndose de uno de sus ojos.
-¿Qué le hice? ¿Qué le hice?- le preguntó
al otro chico, tirándole del brazo espantado al ver que aún
llevaba algo clavado en el ojo, tal vez una aguja, no lo distinguía.
- La ayudaste a empezar su cirugía reconstructiva –
se rió el pelirrojo, aunque estaba asustado. Miró
hacia atrás, de pronto halando al chico al llegar ala esquina
del pasillo justo a tiempo para que la tijera pasase volando a su
lado.
-…h!- el pelirrojo se agarró a él con el susto
y se separó de nuevo, tentado a asomarse, pero ni falta que
le hizo. Podía escuchar los pasos de la mujer corriendo tras
ellos, el ruido de los zuecos de enfermera resonando por el pasillo.
Tiró de las tijeras, arrancándolas a la fuerza de
la pared, llevándolas consigo como arma -¿Qué
hacemos?- le preguntó, mirándolo y planteándose
entrar en un cuarto mientras seguían corriendo sin sentido
ninguno –Ya sabemos que no servirá tratar de salir
de aquí… vamos… vamos con mi hermano…
- ¿Por qué? ¿Acaso es un super héroe?
– le preguntó el chico frunciendo el ceño. Estaba
un poco harto de aquello. Empujó la puerta de un cuarto,
metiéndolo dentro, y cerrándola tras de sí.
– Escucha... todos estamos solos. Más vale que aprendas
a cuidar de ti.
Hyouden se levantó en su cuarto, dirigiéndose a la
cama de su hermano, apartando las sábanas. - ¿Jun?
Jun..... – se quedó helado al ver que no estaba. El
sedante que le habían dado debía ser más fuerte
de lo normal para que no se diera cuenta. Frunció el ceño,
apretando los puños, tentando a llamarlo a voces, pero así
sólo conseguiría que lo descubriesen y lo atasen a
la cama de nuevo. – Jun... susurró, abriendo la puerta
con cautela, decidido a encontrarlo como fuera y a evitar que le
hicieran daño.
-Vete a la mierda… Tu estás solo, Pero yo no. Mi hermano
me cuida y yo a él… Y eso es lo que te jode…-
le dio con su mano en la suya apartándolo de él y
se giró de golpe, observando lo que había en el cuarto.
Varios hombres en camillas, sumamente esqueléticos y demacrados
-Agua… agua… agua…
Hisaki se quedó observando al chico como si los demás
pacientes no estuvieran allí. – No sabes de lo que
hablas...- refunfuñó, como dolido, acercándose
a uno de los pacientes y colocando un vaso con agua contra sus labios.
El hombre bebió desesperadamente, pero algo extraño
sucedía. El agua no parecía llegara sus labios, se
evaporaba antes de que bajase por el vaso. – Oye.... oye...-
Hisaki se quejó al sentir la mano esquelética sujetándolo
con demasiada fuerza para alguien tan débil, sus uñas
arañándolo.- Ey! Suelta!
-¿Para qué lo ayudas? ¿No decías que
todos estamos solos? Dices que no sé de lo que hablo, pero
porque tú tengas mala suerte, no todos tenemos que correr
la misma ¿Sabes?- pasó por su lado y abrió
la puerta lentamente, observando afuera. El pasillo estaba oscuro
y le daba miedo ir solo, pero cualquiera le pedía ayuda a
Hisaki ahora, era un idiota.
-Agua!- los hombres de las camillas, se arrastraron hasta el chico
tratando de alcanzarlo y Jun se volteó también, asustándose
y abriendo más la puerta, saliendo y mirando a Hisaki sin
saber qué hacer, finalmente tirando de él, tratando
de sacarlo de allí.
El chico consiguió soltarse, la sangre bajando de los profundos
arañazos en su brazo, corriendo junto a Jun. – No significa
que no puedas ayudar, sólo que sepas.... cual es la realidad.
Hyouden aún caminaba por los pasillos, extrañamente
desiertos, sintiéndose mareado. Aún no se le pasaban
los efectos, pero tenía que encontrar a su hermano. La puerta
a su lado, se abrió de golpe, lanzándolo al suelo,
y dando paso a un médico, cubierto de sangre, y con el rostro
tapado con aquella tela quirúrgica. El albino abrió
la boca al ver la sierra que llevaba en la mano, pero antes de que
pudiese reaccionar, el hombre lo sujetó de la camisa, arrastrándolo
con fuerza inusitada – Necesitamos encontrar a tu hermano
primero.
-Tal vez no me interese saberla…- jadeó, abriendo
otra puerta, aliviado de ver que el cuarto estaba vacío,
sentándose contra ella, esperando, no sabía muy bien
a qué -¿De qué me servirá? De nada…
mejor así…- suspiró mirando al suelo y sus manos,
pensando en su hermano y dónde estaría, tal vez aún
en su cuarto –Yo… voy a volver con mi hermano…-
“en cuanto sepa cómo llegar, claro…” finalizó
mentalmente.
- Bueno, vuelve con tu hermano entonces, a mí qué
me importa. – murmuró, sentándose en una de
las camas y examinando su brazo con cuidado. – Yo tengo otra
idea....
-¿Qué idea?- preguntó, mirándolo desde
la puerta sin moverse, suponiendo que sería una mala idea.
- ¿Y a ti qué más te da? No es una idea para
ti, es para mí. Tú tienes a tu hermano ¿no?
– le sonrió sarcástico, apretándosela
herida y viendo la sangre correr. – De todos modos, no te
gustará.
Jun lo miró fijamente y luego el brazo -¿Te vas a
suicidar?
La sonrisa del chico se suavizó, y alzó la vista
mirándolo a los ojos. – Lees mentes ¿eh? –
Permaneció así por un segundo antes de ser sobresaltado
por un grito proveniente del pasillo.
Hyouden pateó al médico, resbalando y cayendo de
nuevo, su hombro sangrando. Se lo sujetó, comprobando que
no le sucediese nada irreparable, intentando ponerse de pie, el
doctor moviendo el brazo de golpe, clavándole un punzón
en el muslo, atravesándoselo hasta tocar el suelo, alzándolo
de nuevo y arrastrándose para clavárselo de nuevo.
-No! ¿Por qué? ¿Para qué?- se acercó,
apartándole la otra mano, tratando de apretarle la muñeca
con las suya para que dejase de sangrarle –Eres un estúpido…
- refunfuñó, algo impresionado por ver el corte tan
de cerca pero tratando de sobreponerse.
- Precisamente por eso. Tienes razón ¿no? Porque
yo tenga mala suerte no todos tienen que ser igual. Pero yo sí.
– lo volvió a mirar a los ojos, mucho más serio.
– Anoche.... perdí la oportunidad. Puedes creer lo
que quieras, pero no veo qué más me queda.
Hyouden lanzó un nuevo grito, moviéndose de lado,
para evitar otra puñalada, a pesar de sentir que se le desgarraba
el muslo con ese movimiento, sujetando el punzón para detenerlo,
tratando de arrebatárselo con todas sus fuerzas. - ¿Está
loco?!!!!
-No puedes huir!- el hombre tenía una expresión enloquecida,
furiosa –Nadie puede huir!- sintió cómo el albino
alzaba el punzón y se llevaba parte de sus dedos en el proceso.
Lanzó un grito y se agarró a su pantalón, tirando
de él, tratando de atraerlo, aún gritando y manchando
sus piernas de sangre.
-Anoche… a todos nos pasó lo mismo…- lo miró
igual de serio aunque en él suponía que no lucía
del mismo modo. Tiró de una venda que había sobre
la bandeja metálica al lado de la cama y le vendó
la muñeca tan bien como podía –Sólo dije
eso porque estaba enfadado… seguro que tú también
tienes a alguien, que se preocupa por ti…
- Claro que sí, a mí mismo – bromeó,
dejándose vendar, sintiendo aquello extraño. –
Anoche, fue la primera vez que alguien me habló en años.
Hyouden pataleó como pudo, conectando una de sus patadas
con el rostro del médico, horrorizado al ver que se le desprendía
la nariz, y se puso de pie por fin, corriendo a pesar del dolor,
la adrenalina empujándolo. – Jun.... – jadeó,
como llamándolo rogando por que no le hubiesen hecho nada.
El chico lo miró, sintiéndose bastante mal de haberle
hablado así. Claro que no lo había pensado bien, sólo
estaba defendiéndose –A mí me agradas…y
no quiero que te mueras, por eso te estoy vendando…- susurró
prendiéndole la venda al final y sujetándole la otra
mano –Si no podemos salir… al menos podemos estar todos
juntos… Yo quiero vengarme…- tiró un poco de
él pensando “así que vamos a buscar a mi hermano”
pero guardándose el decirlo por si acaso.
- Eres un tonto.... y un iluso.... – negó con la cabeza,
aunque sonriendo y poniéndose de pie. – Ven, vamos
a buscar a tu hermano. Es lo que quieres, ¿no?
-No dije nada…- Jun sintió que enrojecía un
poco y carraspeó, caminando delante de él, arrastrándolo
y reuniendo fuerzas para salir, solo porque ahora era más
importante disimular que le había leído el pensamiento.
Notó que algo se acercaba por el pasillo y echó a
correr, escuchando los jadeos y después a alguien más
corriendo –Tenemos que escapar!
- Debimos salir corriendo ya! – se rió el pelirrojo,
huyendo también. Ni siquiera pensaba mirar atrás.
- Jun.... – susurró el albino al escuchar su voz,
tratando de reunir fuerzas para gritar. – Jun!
-Espera!- el pelirrojo corrió hacia atrás al escuchar
a su hermano, aliviado a más no poder, observando el aspecto
del albino y apresurándose a ayudarlo, sujetándolo
por debajo de los hombros para que se apoyase en él -¿Qué
te ha pasado?...- preguntó mientras se daba prisa en llegar
junto al otro chico.
- Un doctor... casi me.... Me apuñaló... –
suspiró, aliviado de verlo, apoyándose en él
y aún tratando de no dejarle todo su peso encima.- Estás
bien...
- Y ¿ahora qué? Ya encontramos a tu hermano...
-Estoy bien… te estábamos buscando…- el pelirrojo
miró de soslayo a Hisaki y suspiró, caminando con
su hermano y con él hacia delante sin saber realmente a dónde
–Ahora no sé… ¿ahora qué niisan?
- Ahora... tratamos de salir de aquí. Tenemos que hacerlo.-
jadeó, más tranquilo aunque ni mucho, pero no quería
asustara Jun demasiado. Frunció el ceño ante el dolor
que sentía.
- Pero eso ya lo hicimos anoche. Y no resultó. No creo que....-
Hyouden interrumpió a Hisaki, casi gruñendo.
- Pues lo intentamos de nuevo, y de nuevo, y de nuevo. No voy a
dejar de intentarlo.
-Vale… pues… no podemos, porque tienes esas heridas
y estás sangrando mucho así que… no podemos…-
el pelirrojo pensó en lo mucho que ya les había costado
llegar el día anterior cuando se sentían bien y ahora
estaba caminando con su hermano medio a rastras –Ahora…
nos meteremos los tres en el mismo cuarto y nos quedaremos juntos…
Cuando estés bien… intentaremos huir de nuevo…
o… también podríamos matarlos… a todos…
- No quiero.... que nos encuentren, y te hagan daño. –
el albino miró al chico de soslayo, decaído. Jamás
podía protegerlo, era inútil.
-Pues… hagámosles daño nosotros… si
nos tienen miedo, no volverán a tocarnos ¿no?- miró
a su hermano y luego a Hisaki -¿Verdad? Tú también
los odias Hisaki ¿a que sí?
- No hay palabra para describir lo que siento – se rió
el chico, asintiendo.- Si voy a morir de todas maneras, mejor que
lo haga con un show.
- Nadie va a morir... –protestó el albino, sacudiendo
la cabeza.- Y no quiero que hagas nada que lamentes, Jun. Déjame
hacerlo a mí.
-Pero no lo lamentaré! Yo los odio! Además…
le clavé una aguja en un ojo a una señora… ¿a
que sí?- miró a Hisaki como si de pronto fuera su
tabla de salvación a la hora de ganar a su hermano en teorías
–Soy bajo… pero… ya no soy un niño y no
soy bueno…
Hisaki alzó una ceja, pensando en que había sido
un accidente, y en que se la había pasado diciendo que quería
ver a su hermano, pero igual, él no lo iba a delatar.- Yo
estoy seguro de que podría matar a quien quisiera.
- No estamos formando un ejército... –los ojos violeta
de Hyouden se posaron en su hermano, sin poder evitar sonreír
pese a todo. No podía ignorar la realidad, algo muy extraño
estaba sucediendo allí. Ni siquiera estaba seguro de si eran
humanos esos doctores. – Bien, no eres un niño, eres
malo.... Aún así te voy a proteger.
-Oye…- le pegó con el puño en el pecho, aunque
sin hacerle nada porque estaba herido –No digas eso como si
me estuvieras tomando de cachondeo… Te digo que lo hice de
veras… y tú te ríes… baka…- se quedó
mirando al suelo enrojeciendo mientras caminaba pese a todo. Miró
de soslayo a Hisaki por si también le hacía gracia
–Si no podemos salir… al menos podríamos quedarnos
aquí… cuando ellos estuviesen muertos… pero no
me quieres hacer caso… así que… espero tu brillante
idea…- frunció más el ceño contrariado.
- Intentaba...hacerte sentir mejor... No me burlaba.- le aclaró,
bajando la mirada. Se sentía como un fracaso. – No
importa lo que hagas o lo que digas, o si eres el hombre más
grande y fuerte del mundo, aún intentaré protegerte.
Aunque tenga que dejar mi vida.
-Calla…- el pelirrojo se paró para abrazarlo, hundiendo
la cara en su pecho por entre la separación de la blusa azul,
aplastándose la nariz contra él –Si te mueres,
me mataré y no te servirá de nada además…-
su piel olía a sangre e incluso la sentía. Le desagradaba
ese olor pero no quería despegarse, ni siquiera si pensaba
en lo que le había dicho Hisaki de que debía aprender
a cuidar de sí mismo. Decía eso… pero él
no parecía saber hacerlo tampoco.
El pelirrojo apartó la mirada, sonriendo y mirando al suelo.
Se sentía incómodo, sabía que sobraba allí.
- Si haces eso... te estaré esperando para patearte el trasero.
– bromeó Hyouden, acariciando el cabello de su hermano
y apretándolo contra sí. Las luces se encendieron
de pronto y un doctor se aproximó, el albino girándose
para ocultar a Jun.
-¿Qué hacen aquí? Enfermera… llévenlos
a sus cuartos…- el hombre les miró las plaquitas en
el pecho comprobando quienes eran, y una chica vestida de rosa pálido
se acercó a llevarlos hacia el cuarto. Jun la miró
desconcertado ¿Qué demonios estaba pasando?
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