| Capítulo 12- Eat Ice Cream 'till
you Puke
Keika se sentó en la cama, rodeándose las rodillas
con los brazos, silencioso por unos momentos. – Wolf sensei,
¿cree que él tenga razón?
-No…- dijo muy serio subiéndose las gafas sobre el
cabello y mirándolo después –Aún no leo
mentes…¿a quien te refieres?
- Al albino, el que estuvo aquí antes.... Él dijo
que si estaba enfermo era por culpa de los doctores.
-Bueno, pues estaba en lo cierto, la respuesta es no- lo miró
a los ojos, mintiéndole deliberadamente ¿pero cómo
pedirle que asimilase que estaba en un hospital como conejillo de
indias? –De todos modos, yo estoy aquí… si te
dieran algo para que te pusieses enfermo te curaría…-
se levantó de la cama para sentarse a su lado, pasándole
el brazo por encima de los hombros, acercándolo a él.
Pensando que ojalá pudiera curarle de todas aquellas cosas.
Alejarlo de aquello.
- Es cierto, lo haría ¿no es así? –
sonrió, recordando que antes de que el doctor enfermase,
siempre lo hacía sentir mejor cuando lo atendía él.
– También dijo otra cosa, que no me sé cuidar,
que siempre dependo de los adultos para que lo hagan todo. Pero
no quiero ser un problema.
El moreno suspiró con fuerza, estirando las piernas antes
de cruzar un pie sobre el otro, mirándolo desde arriba y
cogiéndolo sobre sus piernas después. Antes de recostarse
contra el respaldo de la cama –No le hagas caso, está
enfadado y cree que los demás deberíamos sentirnos
como él…- le sujetó las manos con las suyas
–A mí me gusta cuidarte… después serás
tú quien cuide de tu mujer… tus hijos, así funcionan
las cosas…
Keika se rió, contra su pecho. – Para eso faltan siglos.
Pero está bien, de todos modos, yo pienso cuidar de usted
también.
Wolf se rió con suavidad, observándolo reírse
y sintiéndose contagiado –Qué suerte tengo entonces…-
le pasó las manos por el pelo observando sus ojos dorados
y apartándole el cabello de la vista. Por una parte, no quería
alimentarle la fantasía de que saldría pero por otra
¿de qué le serviría enfrentarse a una realidad
que ni siquiera comprendería -¿Qué es lo primero
que quieres hacer cuando salgas?
- Comer helado hasta que vomite. – se rió de nuevo,
pensando que seguro era una tontería para el doctor.- Y quiero
ir a la playa también. Pero no quiero ir a la escuela, de
todos modos.
-No, yo tampoco querría…- se rió observándolo
-¿Tenías muchos amigos en clase? Los echarás
de menos…
- Hum.... sólo a dos realmente. Pero puedo verlos sin tener
que ir a clase, ¿no? – meditó, girando un poco
el rostro para verlo. – No me aliente, mis padres se enfadarán.
-No… estarán tan contentos de verte que te lo consentirán
todo, así que tendrás que aprovecharte al principio,
después se acostumbran… y hay que volver a las obligaciones…-
le rodeó la cintura con un brazo antes de hacerle cosquillas
con esa misma mano.
El chico volvió a reír tratando de protegerse de
las cosquillas, revolviéndose como podía, finalmente
escapando. - ¿Y usted? ¿Qué es lo primero que
hará?
-Ir a ver a mi mujer y a mi hijo…- sonrió levemente
pensando que aquella era una ilusión demasiado inocente para
un adulto como él. Sólo rogaba que estuviesen bien
y ella no hubiera hecho ninguna estupidez para tratar de averiguar
qué había pasado con él. Seguro no se había
quedado de brazos cruzados… pero ahora ya lo habría
dado por imposible, probablemente estaría con otro hombre.
Sonrió de nuevo al notar que estaba profundamente serio –Y
comer helado hasta vomitar…
- Entonces puede venir conmigo, iremos todos. – le sonrió,
sin que se le pasara por alto lo serio que se había puesto.
Seguro los extrañaba mucho. – Deberían permitir
visitas..... Hábleme de su hijo.
-No pueden visitarnos porque podríamos hacerlos enfermar…y
no queremos eso- le pasó la mano por el pelo revolviéndoselo
adrede y sonriendo levemente –Se parece a mí…
en pequeño…- se rió rascándose un poco
el cuello, no había tenido mucha oportunidad de disfrutar
de él… sólo cinco años…
- Debe verse gracioso... – se rió ligeramente el chico
sin reparar en lo que decía, pero le resultaba difícil
imaginarse al doctor de pequeño. – Lástima que
no tenga una foto. Seguro lo extraña mucho. – suspiró,
acostándose.
-Sí, mucho… pero espera, tengo una foto…- se
levantó de la cama lentamente, dirigiéndose al armario
metálico. Lo cierto es que jamás les habían
devuelto la ropa, pero tampoco la necesitaban… tampoco iban
a necesitar sus documentos. No sabía por qué les dejaban
quedarse con las carteras, tal vez en un acto de piedad… Dejó
las gafas sobre el armario, últimamente sentía que
ya no las necesitaba, seguramente por algún experimento,
ya no estaba seguro de nada. Se acercó al chico y le apoyó
en el pecho la foto de los tres que llevaba en el monedero.
Keika la tomó con cuidado como si fuera lo más valioso
del mundo, observándola, y sonriendo. – Tiene una familia
muy bonita, y sí, se parece a usted. Pero no se ve gracioso.
– pasó un dedo por la cara del chico como si fuese
un reflejo de sí mismo, pasándole la foto de vuelta
al doctor luego, que la recogió también con cuidado,
guardándola sin mirarla. Lo cierto es que jamás la
miraba, aunque sabía que estaba allí, aunque a veces
deseaba hacerlo, se había jurado que no olvidaría
sus rostros y no lo haría. No quería verlos en una
foto.
-¿Quieres dormir un poco?- se recostó a su lado en
la cama, poniéndose de medio lado y tapándolo hasta
los hombros antes de rodearlo con el brazo.
- Wolf sensei.... me alegra que esté conmigo – susurró
pegándose contra él, extrañando a su familia,
sus amigos, su mascota, a todos en realidad.
-Y a mí…- le besó el cabello antes de acariciarle
la cara con la punta del dedo para que se durmiese, sonriendo levemente
sin poder evitarlo.
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