Capítulo 8- Kodomo no Kuni
Arn observaba por la ventanilla del autobús, era una carretera
que llevaba a las afueras de la ciudad, los pocos autos que veía
eran la mayoría de trabajadores que iban hacia su empresa.
No tenía reloj, se lo habían mandado sacar, pero por
la oscuridad que aún había en el cielo y la cantidad
de autos rotulados, imaginaba que serían las 8 o las 9, una
hora normal para que los empleados salieran hacia el centro de la
ciudad, a sus puestos de empleo.
Observó un gran complejo a lo lejos, lo había visto
en alguna ocasión antes “Kodomo no Kuni”. Alzó
un poco la ceja bajo el espeso flequillo negro. No le parecía
un nombre muy apropiado para un reformatorio, al menos a él
no le hacía sentirse menos asqueado de tener que estar encerrado
allí por mucho que se llamase “El país de los
niños”. Por lo menos estaría allí dos
años y suerte si luego no reenganchaba con la cárcel,
ya se lo habían advertido, con su crimen… era lo que
le esperaba si no se comportaba ejemplarmente.
-Mokushi Arn, vaya recogiendo sus cosas…- escuchó,
sacándolo de sus pensamientos. Se levantó mientras
el autobús se detenía frente a un edificio y recogió
su bolsa de la parte de arriba del autobús. Apenas le habían
dejado llevar unas pocas cosas, ni siquiera ropa, ya le habían
dado las mudas del reformatorio, camisas negras con un numero en
rojo en la espalda y el pecho y un pantalón también
negro. Se sentía como una res marcada para el matadero.
Bajó las escaleras mirando al suelo, dos hombres guiándolo
de los brazos por el complejo hasta el interior, se sentía
como el preso potencialmente peligroso de alguna película
y lo peor es que no soportaba que lo tocasen, mucho menos que le
apretaran los brazos así. Suspiró esperando y bajando
más la cabeza preguntándose si alguien tenía
que ir a buscarlo para soltarle una murga o algo así. De
todos modos sin preguntar.
-Disculpe- la voz de uno de los hombres se alzó cuando vieron
al hombre rubio que se separaba por fin de la recepción con
cara de querer matar a alguien tras haber charlado un rato con la
mujer de la recepción -¿Es usted profesor aquí,
verdad?
-Sí, dime- contestó el rubio informalmente, acercándose
intrigado y mirando al chico, tenía bastantes cicatrices
de cortes y se notaban más en una piel tan morena, esperaba
que no le preguntasen nada demasiado complicado porque no tendría
ni idea, eso seguro -¿Arn?- preguntó fijándose
mejor.
-¿Conoce al chico? Nosotros sólo hemos venido a ingresarlo…
estos son sus informes y lo demás ya deben tenerlo aquí-
explicó el hombre –Lo dejamos en sus manos…-
lo soltaron por fin, el moreno sacudiéndose un poco como
aliviado, alzó sus ojos verdes observando a Ian que apenas
le daba tiempo a decirles algo a los hombres que ya se marchaban
dejándolo allí confundido frente al chico.
-Sabía que acabarías así… - susurró
el rubio mirándolo –Has crecido
-Si no lo hubiera hecho después de cinco años sería
bastante extraño ¿no crees?- alzó una ceja
como insultándolo mentalmente
-¿Han pasado cinco años sólo? Cierto…
entonces deberías haber crecido más…- se vengó
volteándose para mirar a recepción tentativamente.
Arn frunció el ceño maldiciéndolo pero aprovechándose
del gesto de su rostro para devolvérsela -¿No tienes
ni idea de qué hacer conmigo, cierto?
-Qué listo… ¿no?- el rubio lo miró sonriendo
sin afectarse en nada –Es mi primer día y no me dieron
el manual, ya ves… eh! Disculpa…- se acercó a
una chica joven que pasaba por la zona –Mira, soy nuevo y
acaba de llegar este chico… no sé qué hacer
con él, la verdad…
La chica sonrió ante la cara de Ian –Vale, no te preocupes,
estaba esperándolo yo, ven conmigo, así ves lo que
se hace por si te toca alguna vez ¿quieres? Te llamas Ian
¿cierto? El nuevo, de gimnasia… yo soy Ume- le estrechó
la mano y el rubio hizo lo mismo –Verás cómo
pronto te adaptas.
-Encantado y gracias, te acompaño entonces - la siguió,
pensando que era también bastante amable.
La chica, se aproximó al moreno que los miraba serio y
con cara de fastidio –Arn ¿verdad?- el moreno asintió
con la cabeza –Me llamo Ume- le sonrió llamándolo
con la mano y sujetándole la bolsa con sus pertenencias pese
a la reticencia del chico –Tranquilo, sólo las dejaré
en tu cuarto ¿ya has comido?- el moreno negó con la
cabeza –Vaya… veo que no eres muy hablador…- se
rió un poco sin afectarse por nada, Ian observándola
con algo de admiración por lo acostumbrada y fluida que se
veía tratando con el chico –Ven…- lo cogió
por los hombros y el moreno se apartó, la chica sujetándolo
de nuevo y el chico cediendo como viendo que no había escapatoria.
-Primero iremos al comedor… Mientras comes, dejaré
esto en tu cuarto… ¿de acuerdo?- el chico se encogió
de hombros pensando que tampoco creía que fuera a tener más
opciones –Bien…- sonrió entrando en la sala donde
comían los chicos –Mira… Soren está solo,
le pediremos que te ayude…- lo llevó hasta un chico
de cabello rojo que estaba comiendo en silencio separado de los
demás –Soren… este es Arn… es nuevo ¿te
importa comer con él y explicarle un poco? Luego recuerda
pedirle a Toshihiro-sensei que os muestre donde están los
nuevos dormitorios…
Arn se quedó mirando al chico de cabello rojo a los ojos,
serio, aún sin sentarse, de todos modos no parecía
que esa mujer hiperactiva esperase la opinión de ninguno
de ambos.
-Es que los hemos cambiado a otra ala del complejo ¿Sabes
Ian? Estamos haciendo reformas, necesitábamos más
cuartos… La suerte que tienen es que ahora tendrán
un cuarto individual cada uno… Lo malo… aún no
hay monitores en ese ala nueva… están instalando la
electrónica todavía y hay que hacer rondas nocturnas,
pero tranquilo, hay un guarda de seguridad para eso, no es como
que las hagamos los profesores…- se rió e Ian la miró
pensando efectivamente que jamás se callaba, observando de
soslayo a Toshihiro y deseando ir a sentarse a comer por fin –Bueno,
voy a llevar esto al cuarto de Arn…
-Sí… si me disculpa, me están esperando…
-Oh… claro- sonrió y el rubio fue a sentarse al lado
del profesor que había conocido antes -Dios mío…
creí que jamás dejaría de hablar…- se
rió mirando al profesor y acercando la silla a la mesa –Me
muero de hambre… |