Capítulo 7- The New Teacher
Ian se recogió la larga melena rubia oscura y aparcó
el coche dentro del enorme complejo. Podía dejarlo fuera
de la muralla, pero dentro del espacio seguro, todo un lujo, tenía
garaje sin ni siquiera pagarlo. Sonrió ajustándose
un poco las gafas de sol y prendiendo un cigarro mientras cerraba
la puerta del descapotable negro. Se alisó un poco la camiseta
sobre los jeans por parecer un poco más serio, aunque el
gesto es su rostro lo hacia difícil.
Dio unos cuantos pasos y se sentó en el borde de una fuente,
en el jardín que había delante del edificio. Le habían
dicho que podía esperar allí, que alguien iría
a buscarlo para mostrarle el lugar. Se bajó las gafas por
el puente de nariz leyendo en letras bien grandes y negras “espacio
libre de tabaco”. Se las subió de nuevo y sonrió
de medio lado, dándole otra calada y tirándolo al
suelo, aplastándolo con la suela de la bota de piel de serpiente.
- Pero no dice, deje su cigarro en el suelo. Claro, es culpa nuestra
por no tener cubo de basura. – Se pasó la mano por
el cabello apartando una de las mechas castañas que caían
sobre su cabello rubio, y le sonrió, saludando. – Debes
ser el nuevo profesor de gimnasia, me llamo Toshihiro. ¿Llego
tarde?
-No, yo he llegado antes- se levantó estrechando su mano
sonriendo y pensando que le reñía nada más
llegar –Soy Ian, encantado, no se suponía que me descubrieran
mientras hacía eso… - retiró la mano quitándose
las gafas y colgándoselas de la camiseta antes de metérselas
en los bolsillos de los jeans riéndose aún un poco
sin poder evitarlo y camuflando la colilla con unas piedrecillas.
Toshihiro se rió un poco al ver lo que hacía, sacudiendo
la cabeza. – Mucho gusto entonces. Tengo entendido que se
va a estar quedando aquí. ¿Necesita ayuda con las
maletas? Creo que es mejor si vamos a su habitación primero
– meditó, imaginando que sería un lastre tener
que regresar luego a por ellas.
-Bueno es que no he traído más que esto por el momento-
le mostró la bolsa de deportes que llevaba al hombro –Pensaba
traer las cosas mañana cuando tenga alguna hora libre…
¿a qué hora se cierran las puertas? Según me
han dicho a partir de una hora no se puede entrar ni salir ¿cierto?
- Cierto, a las diez. Si a esa hora estás fuera, tendrás
que buscar donde alojarte. Son muy estrictos con eso, pero es comprensible.
– asintió, caminando, y adentrándose. –
Como imaginarás, a los chicos no se les permite estar en
el área de los profesores, sus habitaciones están
en el ala contraria.
-Ya…- el rubio observó los altavoces instalados a
lo largo de los pasillos y luego al profesor que caminaba a su lado.,
no se veía muy mayor. Claro, que él tampoco lo era,
pero no era lo mismo cuando se trataba del profesor de gimnasia
-¿Y cómo son los niños? Me han dicho que me
espere lo peor pero yo no creo….
- Sí y no – le sonrió, mirándolo directamente.
– Son delincuentes después de todo, pero si bien eso
es cierto, también son chicos. Sólo necesitan un poco
de guía. La mayoría son bastante agradables, la verdad.
Algunos te darán problemas pero no debes dejar que te afecte,
la mayor parte del tiempo sólo es pose y rebeldía
adolescente.
De pronto se escuchó una voz a través de los altavoces
“Se ruega se dirijan en fila de uno hacia el comedor *repito*
Se ruega se dirijan en fila de uno hacia el comedor”
-No creo que me afecte la verdad… no me afecta nada…
- se rió un poco. Haciendo que no, pero siguiendo con la
mirada a uno de los chicos que pasaba en fila india hacia los comedores,
recién salido de uno de los talleres que había cerca.
Lo cierto es que no estaba en ese empleo porque le agradase ser
profesor o porque alguien lo considerase didáctico. Lo cierto
era que era lo más interesante que había encontrado
tras perder el interés en todo.
- Y como adivinas, por allí queda el comedor. Hay desayuno,
comida y cena, así que no tienes que preocuparte por esas
cosas. Y no, no es mala comida – le aseguró, sabiendo
de sobra lo que se pensaba, y de paso perdiendo el aire formal,
ya entrando en confianza. – Por cierto, ¿vienes de
muy lejos? Tienes hambre, ¿no es así? – le preguntó
de pronto, notando que miraba fijamente hacia allá.
-Sí… un poco…- sonrió ampliamente mirándolo
a los ojos después –Pero primero quiero ver mi cuarto
y el gimnasio…- se guardó las manos en los bolsillos
de nuevo -Vengo de fuera, me ha costado volver a Japón después
de tanto tiempo en el extranjero la verdad…
- Cierto, lo olvidaba. Disculpe. – subió por las escaleras,
tomando a la derecha por los pasillos. – Jugaba profesionalmente
¿verdad? – preguntó, evidenciando que no seguía
los deportes y regresando a hablarle de “usted” más
que nada por vergüenza.
-Sí, fútbol americano pero no me trates de usted,
que creo que soy más joven que tú además…-
se rió ajustándose un poco la bolsa en el hombro.
Subió tras él para no perderse las vistas y caminó
después a su lado por el pasillo -¿Cuántos
monitores están aquí instalados? ¿Tú
también vives aquí?
- No, tengo un piso fuera de aquí. Necesito un respiro de
vez en cuando – le contestó, un poco rojo, porque hubiera
notado lo de su trato y continuando. – Hay monitores en todos
los pasillos, y en las habitaciones, excepto por las de los profesores.
Solía haberlos, pero hubo protestas por eso, y los desactivaron.
– le aclaró, abriendo una de las puertas. – Aquí
estamos, toma, tu llave. Tienen copias en la oficina central si
la pierdes. Le informó extendiéndole una llave claramente
nueva, con el número de su habitación en una plaquita.
– Pero no te aconsejo que la pierdas, es todo un protocolo.
-No, espero no perderlo, no tengo ganas de tratar con la de la
oficina, ya vi la cara de mala leche, o más bien de amargada,
que tiene…- se rió y abrió la puerta observando
la habitación con baño. No era gran cosa pero le daba
igual, sólo quería un cuarto gratis, garaje gratis
y un poco de compañía. A quien le dijera que había
dejado atrás su lujoso piso por eso no lo creería.
Dejó la bolsa sobre la cama y se volteó mirando al
otro profesor –Bueno ¿me llevas a ver el gimnasio?
¿O tienes que volver a clase o a comer?- hizo un gesto con
las manos como esperando a que le contestase.
- No, tengo mucho tiempo libre hoy, por eso me asignaron a esto.
– se encogió de hombros sonriendo y girándose.
– El gimnasio está atrás, es bastante grande.
En realidad, creo que estás en una situación privilegiada.
A los chicos no les gusta mucho sentarse en un aula a escuchar lecciones.
-Claro, los comprendo, a mí tampoco- se rió guardándose
las manos en los bolsillos de nuevo y notando la mirada que le echaba
una de las monitoras al pasar por delante y ver sus jeans. Miró
la ropa del profesor a su lado y sonrió pensando que tal
vez debía haberse vestido más formal, aunque igual
pensaba pasearse en chándal a todas horas por el edificio
-¿Sabes? Yo también estuve en un reformatorio de niño.
- ¿De veras? ¿Por qué? – preguntó,
enrojeciendo y sonriendo de nuevo. – Si no te molesta que
pregunte.
-No, es igual, es que estaba en una banda y nos dedicábamos
a robar y esas cosas. Me detuvieron alguna vez que otra, pero al
final acabaron metiéndome a reformar…- se rió
suavemente –Y lo consiguieron supongo… más o
menos…- alzó una ceja mirándolo –Me gusta
este sitio… se ve agradable, las cosas ya no son como antes
en esta clase de sitios.
- No, supongo que no, pero tampoco es un hotel. – le recordó,
aunque suponía que la mayoría de los chicos estaban
mejor allí que en las calles. Claro, esa era la idea en parte.
– Pero me alegra que existan sitios como este.
-No, porque no puedes salir a la calle, ni divertirte libremente…
pero es mejor que estar tirado pensando que no le importas a nadie…
aunque al principio crean que no es así…- se llevó
la mano al bolsillo para coger un cigarro y las letras en la pared
le recordaron de nuevo que debía ahorrarse el gesto. Bajó
las escaleras hasta la parte de abajo del complejo -¿Es aquí?-
preguntó señalando los portones.
- Así es, puedes entrar, suelen estar abiertas. –
entró tras él, pensando que ya le agradaba su actitud,
y señalando. – Tienes una pequeña oficina allí
en caso de que la necesites y en ese cuarto está el equipo:
pelotas, bates... bueno, ya sabes. Si necesitas algo que no esté
allí, tienes que hablar con la oficina, de nuevo. –
se rió, suponiendo que no le haría falta o más
bien que preferiría ingeniárselas. – Y hacia
allá están las duchas y los casilleros de los chicos.
-Creo que me las arreglaría con una pelota de papel antes
que ir a hablar con esa mujer…- se rió observando el
enorme espacio al aire libre y la zona bajo cubierta por si llovía,
echando a correr a lo largo del campo para ir a inspeccionar la
oficina y demás, sin reparar en que dejaba allí al
otro profesor y llamándolo luego con la mano –Eh, Toshihiro
sensei!- se rió por haberlo llamado así -Me dijeron
por teléfono…- se acercó corriendo hasta él
de nuevo por no hablar a voces –que tú me conseguirías
el horario ¿no?
- Oh! Claro, iré a buscarlo ahora, si no se te ofrece nada
más. – suspiró, pensando en tener que hablar
él con esa mujer. Siempre se sentía como si le estuvieras
pidiendo un favor enorme. – Te lo llevaré a tu cuarto
antes de irme, si te parece. No empiezas hasta mañana.
-Vale…- lo miró sonriendo un poco -¿Qué
pasa? ¿Tienes que pedírselo a ella?- le apoyó
la mano en el hombro.
- Todo hay que pedírselo a ella. – le explicó,
observando su rostro. – Disculpa si me quejo mucho. Tampoco
es un problema.
-No, es igual, iré yo mismo a hacerle el honor de presentarme…-
sonrió palmeándole la espalda y girándose para
cerrar la puerta del gimnasio –Pero gracias de todos modos…-
se giró hacia él caminando de espaldas -¿Tampoco
comes aquí?- preguntó chocándose con alguien
tras él –Perdón…- sonrió a pesar
de la cara que le había puesto el trajeado hombre –Dime…-
se esperó para no tropezarse más.
- En realidad, siempre como aquí, a excepción del
desayuno. – echó a caminar de nuevo a la vez que el
rubio. – No tengo tiempo de nada más, tampoco me molesta.
Por cierto, te aconsejo que consigas una hielera pequeña
o algo así para tu habitación. Por si te da hambre
en la noche, la cocina cierra.
-Nunca como entre horas… pero sí que bebo…
- sonrió observándolo –Guárdame un sitio
a tu lado para comer… no tardo… hablo con la bruja y
regreso…
- Vale, te estaré esperando – asintió, dirigiéndose
al comedor luego de que Ian se separó de él y saludando
a uno de los chicos al entrar, sacudiéndole el cabello a
pesar de la cara de molestia que puso.
El rubio lo observó, suponiendo que debían agradarle
los niños y sonrió antes de voltearse y salir casi
a la carrera por el pasillo hasta la recepción. Había
tenido suerte de que justo fuera él quien tuviese el rato
libre ese día.
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