.Novela homoerótica para mayores de edad.
 
Capítulo 6- Freedom is Just a Door Away

Yudai caminaba despacio por los pasillos. No sabía de qué demonios iba eso pero había notado las luces parpadear desde el interior de su cuarto hasta que se habían apagado casi, todas al unísono. Apenas veía el pasillo, sus ojos negros adaptándose a la oscuridad, pero de todos modos no le hacía mucha falta ver, sabía por donde debía tratar de huir, lo había hecho una y otra vez, por más infructuoso que resultase.

Mientras tanto, dentro de un cuarto en aquel mismo pasillo, Jun se levantaba de la cama y se subía a la de su hermano, metiéndose bajo las sábanas, cabeza incluida. Tenía miedo, de nuevo aquellos gritos y voces de dolor, las luces apagándose, sumiéndolos en la penumbra.

- ¿Qué sucede, Jun? – Hyouden despertó, abrazando instintivamente a su hermano, notando que las luces estaban apagadas. Nunca estaban apagadas, jamás del todo al menos. Se sentó, escuchando aquellos gritos a su vez, y apretando al chico contra sí. – Será un fallo.

-¿Y los gritos?- se abrazó con más fuerza, aunque le hacía sentir débil hacerlo, pero tenía demasiado miedo para eso ahora. Frunció el ceño de todos modos tratando de reunir las fuerzas –Si es un fallo… ellos tampoco ven… intentemos escapar…- se levantó rápidamente, aunque temblaba, cogiendo sus zapatillas y calzándose.

- Vale, pero espérame – se puso en pie también, sin molestarse por sus zapatillas, sintiendo el piso frío, y sujetando a su hermano de la mano. – No te me alejes.

Yudai los observó salir de la habitación a hurtadillas y sonrió levemente, caminando hacia ellos por su espalda –Aún y en el mejor de los casos, si llegáis a la puerta de salida descubriréis que está cerrada desde dentro con un código que no sabemos….
Jun se volteó de golpe creyendo que se trataba de un médico y por poco subiéndose sobre su hermano del susto.

- ¿Quién eres? – le exigió Hyouden, sujetando a Jun contra sí, tratando de protegerlo. –Sólo queríamos ver qué sucedía.

-Yo creí que querrían marcharse de este lugar pero como veo que no… me iré yo mismo…- pasó por al lado de ellos sonriendo y Jun lo sujetó de la camiseta aunque sin salirse del pecho de su hermano donde estaba refugiado -¿Sí?

-Queremos huir también…- explicó el pelirrojo que había sujetado las manos a la ropa del albino.

-Creo que la única salida que me queda por revisar es la cocina… he intentado escapar unas cuarenta veces… más o menos… - explicó con toda la tranquilidad –Y he visto muchas cosas… en los otros cuartos…- se rió y siguió caminando hacia delante por el oscuro pasillo, tan oscuro que ni siquiera parecía una oscuridad lógica.

- Lo siento, creí que eras uno de ellos. – se disculpó el albino, dejando que su hermano se separase un poco y siguiendo al desconocido. – Me llamo Hyouden y este es Jun. ¿De veras has intentado escapar tantas veces?

-Yudai…- susurró el chico que se volteaba, estrechando su mano y observando al pelirrojo esconderse pegado a su hermano caminando a su lado y mirando al suelo casi de lo mucho que bajaba la cabeza –Y claro, ¿para qué mentiría? Ya sabeis lo que es este centro ¿verdad?

- Sí, pero no he investigado mucho – aclaró el chico, que había preferido no ver según qué cosas, además de que no deseaba asustar más a su hermano. – Por eso deseamos irnos, no, tenemos que irnos. Es... extraño a estas horas ¿no? – miró a su alrededor sintiendo un escalofrío, todo le parecía demasiado silencioso de pronto.

-Está todo demasiado oscuro…- se quedó en silencio y alzó una mano para que ellos se callaran también, escuchando un ruido extraño, algo que pisaba con fuerza el suelo y algo arrastrándose por el mismo. La puerta de una de las habitaciones, más adelante, se fue abriendo poco a poco y Jun se abrazó a su hermano por la espalda, hundiendo la cara en ella sin querer mirar.

Unas zapatillas de hospital cruzaron el umbral… las piernas cosidas totalmente ala inversa del cuerpo del hombre que arrastraba por los tobillos un cuerpo.

- “Dios” – susurró el albino por no gritar, echando las manos hacia atrás por proteger a su hermano como si el hombre pudiese hacerles algo. – Mejor, vamos por acá. – se giró, encontrándose cara a cara con otro hombre, sus párpados cosidos, un hilo de sangre derramándose por su boca, y las manos extendidas hacia ellos.

-Ah! niisan!- el pelirrojo se apretó contra él aunque su intención había sido protegerlo, pero esas cosas eran tan horribles que no podía ni mirarlas.

-No hay por qué temer, al menos no te ve…- Yudai los miró a ambos sintiendo bastante repulsión en realidad, pero sin dejar que aquello lo dominase. Sujetó la mano del albino y se lo llevó con él por el lado, el hombre moviéndose hacia ellos de golpe soltando un grito y sujetando al chico que le pegó patadas sin cesar hasta soltarse incluso de su hermano echando a correr hacia delante por el oscuro pasillo.

-Quiero irme… quiero irme…- empezó a repetir mientras corría frenéticamente contando con que era seguro que su hermano lo estaba siguiendo. Se chocó de pronto con algo y cayó al suelo resbalando hacia atrás, notando que estaba todo lleno de algún líquido. Le hacía resbalar y no conseguía levantarse. Empezó a gemir tratando de agarrarse de las paredes y miró atrás aunque sólo veía la oscuridad –Niisan!

- Jun! No te alejes! – Hyouden empezó a correr hacia el sonido de su voz, con el corazón golpeándole el pecho. – Jun! No te veo! Háblame! – gritó, entrando en pánico y golpeando con fuerza al sentir que algo lo sujetaba del brazo.

-Soy yo… - el rubio lo miró frotándose la mano porque le había dado un golpe bastante bestia –Vamos a buscarlo pero no salgas corriendo así, no vas a encontrarlo por ponerte histérico, al revés…

El pelirrojo los vislumbró, corriendo mientras hablaban allá atrás y sonrió un poco por alivio alzando las manos –Estoy aquí!... me he caído en algo que resbala, no puedo levantarme…

Comenzó a sentir que lo sujetaban unas manos y otras lo tocaban por todas partes, la cara incluida y sin poder evitarlo empezó a gritar tratando de sacárselas de encima, notando cómo se le pasaban por la cara, manchándosela de aquel líquido frío, metiéndose en su boca incluso, las apartaba como podía, asqueado y frenético.

- Jun! – lo llamó de nuevo su hermano, observando varias formas moverse sobre el lugar en donde le había parecido ver al chico. Miró a su lado, negando con la cabeza. – Tengo que ayudarlo... – Echó a correr de nuevo, esta vez llevándose al rubio con él. Se agachó, tratando de ver en aquella oscuridad, tratando de sujetar al pelirrojo a pesar de la cantidad de manos que no le permitían llegar a él. Era ridículo, absurdo, no sabía qué estaba sucediendo pero no iba a permitir que le hiciesen daño.

Jun se aferró a las manos del albino, sin poder hablar a causa de lo dedos que pujaban dentro de su garganta llenándola de aquel líquido que sabía metálico como la sangre. No quería pensar en qué realmente era eso. La emprendió a patadas con todo lo que tenía cerca, sintiendo cabello o incluso pelaje a veces mientras se resistía.
Yudai se agachó, siguiendo los brazos de Hyouden con sus propias manos buscando al pelirrojo, pero había mucha gente allí. Al menos unos cinco y apenas vislumbraban algo. Alcanzó a tocar el pecho del pelirrojo y lo rodeó con el brazo tratando de tirar de él, era inútil pegarle a esas cosas si no sabía a dónde golpeaba.

-Niisan!- el pelirrojo empezó a llorar ya, moviendo las piernas y resistiéndose, ellos dos también le estaban haciendo daño al tirar de él así pero eso le daba igual. Sus manos resbalaban a veces de las de Hyouden y sentía cómo abajo le despojaban de los pantalones. Empezó a gritar aún más histérico, golpeándolo todo con los pies y sintiendo el tacto de todas aquellas manos por su cuerpo, empezaba a no saber ni qué estaba ocurriendo por la pérdida de control.

- No! Suéltenlo! Jun! – le gritó Hyouden, desesperado por sacarlo de allí, aún peor al escucharlo gritar así y sin poder ver nada. Trató de patear aquellas cosas pero era casi imposible darle a algo contundente, finalmente lanzándose entre todo aquello, tratando de cubrir al chico con su cuerpo, sintiendo cómo lo sujetaban también, y pateando con toda su fuerza, luchando de manera salvaje para sacarlo de allí.

Yudai tiró entonces de las manos del chico, que se sujetaron con fuerza a las suyas y echó su propio cuerpo de golpe hacia atrás, por poco lanzándolo contra una de las paredes del pasillo, el pelirrojo mareado. Volvió hacia donde estaba corriendo, buscando a su hermano a tientas igual que el rubio, que sujetó las manos que se movían nerviosas entre aquel “revuelto de miembros”. Tiraron ambos de él, mientras el pelirrojo golpeaba cualquier cosa que encontraba, a ellos incluidos, y lo separaron de la maraña de manos.

-Corred!- les gritó el rubio que no lo pensó un momento antes de echar a correr por el pasillo.

El pelirrojo sujetando aún las manos de su hermano, ayudándolo y corriendo tras Yudai por el pasillo, tratando de no hacer caso a los pasos que se oían detrás casi como si
cabalgasen a cuatro patas, aunque tenía mucho miedo. Resbalaba cada dos por tres y había perdido parte de su ropa, sólo le quedaba la camiseta.

- No te sueltes de mí... – le pidió Hyouden, agitado, corriendo tanto como podía, aquellos extraños pasos acelerando y acercándose cada vez más. Algo se alzó como saltando, y el albino sujetó a su hermano saltando también a través de las puertas del pasillo, por poco tumbando al rubio.

-Ayudadme- se apoyó en las puertas metálicas que cerraban la zona. Aquellos humanos, o lo que quedaba de ellos, golpeándose contra la puerta, observándolos a través de los cristales tratando de pasar de su lado.

Jun se apoyó también contra la puerta, haciendo toda la fuerza que podía y tratando de no mirar al otro lado, aliviado de aquellas luces que por fin se habían encendido por completo –Necesitamos algo… para trabar la puerta… iré… a buscar algo…- sugirió nervioso.

El rubio observaba a una mujer con varios brazos cosidos al torso, gritaba como enloquecida contra el cristal tratando de entrar –Vete tú mejor- le dijo a Hyouden que también sujetaba la puerta.

- Sí... Jun no te muevas de aquí – le ordenó preocupado corriendo y revisando los pasillos y las habitaciones cercanas. Regresó con un trapeador de palo metálico en una mano y arrastrando una silla por si eso no era suficiente. No podía evitar tener el presentimiento de que en realidad se estaban encerrando ellos mismos.

El rubio siguió sujetando la puerta esperando a que atravesase la fregona de un lado a otro de esta y se separó, colocando la silla bajo las manillas de la puerta, pegándole varias patadas hasta que sintió cómo se quedaba encajada. Se separó al fin, Jun también, aunque bastante más dudoso de que eso fuera a detener a aquellas cosas.

-¿Qué es eso?- preguntó casi histérico -¿Qué eran? Me estaban tocando!- miró a su hermano como si tuviera todas las respuestas, el rubio mirando a la oscuridad del pasillo –Estamos del lado del patio, no hay salida por este pasillo…

- Maldición! – protestó el chico al ver sus miedos cumplidos y sujetando a su hermano contra sí de nuevo al notar que sólo llevaba la camiseta puesta, cubriéndolo, e irritándose al sentir el líquido viscoso en su piel. – No podemos regresar por allí, no tengo idea de qué está pasando. Pero creo que debemos buscar a alguien. – suspiró, rindiéndose. No sabía qué era peor, si regresar a aquel pasillo o pedirle ayuda a uno de los doctores. Después de todo, eran ellos los causantes de todo. - ¿No hay ventanas siquiera?

El rubio se apoyó contra la pared con la parte superior de la espalda y los observó a ambos –Sí las hay, pero están rejadas… He intentado sacar las rejas, pero no he podido, ni siquiera con un cuchillo… no tienen tornillos, si no remaches… Es humanamente imposible abrirlas, se necesitan máquinas…- se quitó su camisa porque era la más grande y se la ofreció al pelirrojo que se notaba trataba de taparse como fuera.

-Gracias…- murmuró rojo, frunciendo el ceño mientras se la ponía aún encima de la suya propia, mirando al suelo sintiendo todo el odio del mundo -¿En dónde estamos ahora?

-De vuelta… a vuestro cuarto…- se giró mirando hacia el final del pasillo y señalando –Hemos vuelto atrás…

Hyouden se giró, mirando, comprobando sus palabras. – Pero.... eso es imposible. No corrimos hacia aquí. – negó con la cabeza, confundido. No se conocería todo el hospital pero tan mala orientación no tenía. – Además.... miren los números, falta uno – señaló el lugar en donde estarían los números de cuarto.

-¿Y? ¿Estabas seguro de que no faltaba desde antes? ¿Saliste de tu cuarto y te aseguraste de que estaban todos los números? ¿O saliste nervioso… te encontraste conmigo, te asustaste y no te fijaste en si faltaba un número o no…?- lo observó fijamente, el pelirrojo escondido contra el albino sin decir nada –Fuimos adelante… luego atrás…luego adelante a por tu hermano que huyó y entonces volvimos hacia atrás de nuevo… huyendo… con lo cual… estamos en el punto de partida…

- Y ahora todo es lógico ¿no? Y esas manos... perfectamente lógicas supongo. Sí, las manos salen del piso todos los días, y te persigue gente a cuatro patas – se alteró, aún más por lo nervioso que estaba, abrazando a Jun. – He visto ese número antes, este pasillo, todo lo mantienen en perfecto estado. No lo mencionaría si no me pareciese extraño.

-Está bien, perdona, sólo quería asegurarme- el rubio le sonrió y alzó la mano pasándosela por el cabello para después abrazarlos a ambos –Puedes gritarme si te hace sentir mejor, ya sé que estás asustado, los tres lo estamos pero discutir no nos hará llegar a ningún punto

Jun se apretó más contra su hermano, mirándolo de soslayo. ¿Se puede saber cómo se atrevía a abrazar a su hermano así como así? Echó el pie hacia atrás pisándolo con toda la “mala hostia” –Perdón…- susurró haciéndose el inocente.

El rubio se separó un poco –Tranquilo… si no me pisaste a mi, era sólo la zapatilla…- el pelirrojo frunció el ceño cobijado en Hyouden -De todos modos, creo que tal vez el miedo y lo oscuro que estaba nos confundió… Sé que había esa mujer con varios brazos… pero esa es la clase de experimentos que hacen aquí… entre otros… seguramente había más como ella… ¿no crees? Podría ser… ¿o no?

- Pero ¿por qué tenían que tocar a mi hermano? – protestó de todos modos como si fuera su culpa, ahora no sólo alterado sino también rojo por el abrazo, sin comprender por qué lo había hecho. – Este lugar es el infierno.

-Si no lo es, al menos se parece…- el rubio se rió guardándose las manos en los bolsillos y encogiendo un poco los hombros –No lo sé… supongo que porque fue el primero en aparecer ¿o no?

-Sí! Pero… - el pelirrojo se volteó para verlo con el ceño aún más fruncido de que su hermano se hubiera puesto rojo –Me estaban sobando!- lo acusó como si fuera su responsabilidad

-¿Y qué te hacían exactamente?- preguntó el mayor sonriendo levemente aunque con amabilidad como si preguntase cualquier cosa.

-No lo voy a decir!

-Oh… pues nada…- se rió peinándose un poco.

- No es nada! Dios! – Hyouden apretó a su hermano contra sí, como protegiéndolo de la amenaza pasada. - ¿Qué vamos a hacer? Tenemos que salir de aquí. Eso.... no puedo quedarme aquí- murmuró, aunque en realidad estaba pensando que Jun no podía permanecer allí. ¿Qué tal si se les ocurría hacerles esa clase de experimentos? No podía permitirlo.

-Tú eres un poco bipolar ¿no? Porque me pegas ese grito y de pronto vuelves a calmarte… bueno… podemos volver con la novia de Jun o volver a nuestro cuarto… sea el nuestro o no…

-No es mi novia! Es tu madre!

-Cierto… ahora que lo dices tiene un parecido notable…- el rubio asintió con la cabeza muy lleno de razón, observando a través del cristal, pero poco veía aparte de oscuridad. Apoyó las manos en la barra de la fregona, sintiendo cómo se corroía bajo estas como atacado súbitamente por el paso del tiempo, al igual que la puerta, poco a poco agrietándose -¿Qué es esto?...

- Ja! Lo sabía! Esto no es normal ni lógico! – exclamó el albino triunfante, aunque pensando luego que no tenía razones para celebrar, más bien para preocuparse. La pintura de las paredes comenzaba a caerse, rodeándolos de aquella destrucción. La puerta de su cuarto se cayó de su gozne superior de pronto, quedando guindada de forma extraña. Hyouden apretó a Jun contra sí de nuevo, echándose hacia atrás. – Vamos! Si la puerta del pasillo se destruye, vendrán tras nosotros.

-Sí! Bien! Estamos alucinando!- el rubio celebró con él, aunque en realidad se estaba burlando y echó a correr tras ellos aunque sin quitarse las manos de dentro de los bolsillos del pantalón como si fuera muy cómodo huir de aquella manera -¿A dónde quieres ir por aquí? Te repito que sólo llegaremos al patio… En el patio experimentan con gas, con ácido, con gases, venenos… con fuego, quemando a personas vivas… sólo verás eso… pero no encontraras una salida a no ser que puedas saltar 10 metros de muro…

Jun corrió igualmente sujetando la mano del albino, contrariado. Pero si el rubio estaba en lo cierto la verdad es que no sabía para qué estaban huyendo hacia allí ¿para morir quemados o algo así? –Pero no hay médicos ¿no?! No hay nadie que esté experimentando! Al menos podemos escondernos.

-De todos modos, no hay salida- el rubio siguió tranquilamente como si hiciera footing, volviéndose hacia atrás y observando la puerta golpearse, la fregona cayendo al suelo y varios perros entrando a la cabalgada sobre manos humanas seguidos de una enfermera

-A sus cuartos!!!!!!

- Mierda! No hay adonde ir! – se quejó Hyouden mirando atrás, preocupado y luego adelante. Le creía, no quería ir hacia allá, pero tampoco podían detenerse. Giró de pronto, golpeando una de las puertas, que cedió con facilidad, y halando a Jun hacia aquel recinto, gritándole al rubio. – Por aquí!

El rubio entró tras ellos en el cuarto y cerró la puerta de golpe, corriendo la cama más cercana a la puerta para trancarla, el chico que se había sentado de golpe sobre ella observándolo –Hola…- le sonrió observando sus ojos verdes y poniéndose un dedo delante de los labios –Sh… - se quedó escuchando los pasos afuera, los perros olisqueando bajo las puertas.

- “¿Qué sucede?” – Hisaki parpadeó, confundido y más al escuchar cómo olfateaban en el pasillo. – “¿Son perros?” – los miró, seguro de que se escondían por alguna razón, pero no veía para qué. Se bajó de la cama, cansado de ser barricada, dirigiéndose a la otra, estaba vacía. – Los encontrarán de todas maneras...

- ¿Qué parte de “Sh” no entiendes? – Hyouden lo miró molesto, pensando que los iban a encontrar pero por su culpa, y empujando la cama con su propio cuerpo.

-Creo que es la S…- el rubio sonrió una vez notaba cómo la mujer pasaba de largo y Jun se subió a la cama donde había estado el pelirrojo, sentándose y sintiéndose un tanto cansado de correr para todas partes. Se levantó de nuevo y abrió el armario cogiendo unos pantalones para vestirse y “recuperar su dignidad” al fin.

El rubio mientras tanto, se acercó a la otra cama donde se había sentado el desconocido –Yudai…- le extendió la mano sonriendo -¿Eres futurólogo o sólo demasiado listo?

- Demasiado listo. Hisaki. – sonrió estrechando su mano. – No se puede escapar de aquí, lo he intentado. Pero hasta ahora nunca me han perseguido con perros.

- No son normales, tienen manos humanas... Nada de esto es normal. –el albino suspiró, sentándose junto a Jun, y recostándose un poco. – Yo soy Hyouden.

-Y yo Jun…- el pelirrojo suspiró apartándose el pelo de la cara nervioso aún y pensando que ellos estaban en la cama de la puerta y no le gustaba mucho eso. Observando cómo mientras tanto el rubio se apoyaba en la cama del otro chico

-Ya sé que no se puede… sólo me queda por intentar la cocina… ¿lo has probado desde allí?- lo miró intrigado al ver que también había intentado huir –Han pasado cosas extrañas ahí fuera… de pronto todo se corroía como si hubieran pasado muchos años… y bueno lo de los perros…- se rió sentándose en la misma cama que Hisaki –Eso no me sorprende tanto con las cosas que he visto… lo sorprendente es que les haya funcionado...

- No me parece tan extraño, alguna les tenía que funcionar. – murmuró, serio de pronto. Era claro, después de todo, nadie quería morir, todos trataban de sobrevivir pasase lo que pasase, aunque ya sólo fueran cadáveres andantes. – Hay sólo una ventana sin barrotes en la cocina, por allí dejan salir el humo. Pero no es lo suficientemente grande, supongo que por eso la dejaron así. Vamos a ver... – se puso de pie, caminando hacia la puerta, Hyouden deteniéndolo por un brazo.

- ¿Qué haces? ¿No me escuchaste? Hay perros y....

- Sí, con brazos humanos. Y ¿qué van a hacer? ¿Agarrarme para poder morderme? – se encogió de hombros, sonriendo un poco.

El rubio se rió aún sin moverse de donde estaba apoyado –Cuidado, que ahí va robocop…- se levantó por fin acercándose a él y susurrando a su espalda -¿No será que han investigado en ti y ahora eres un super humano?...- se separó abriendo la puerta y dejándole pasar a él delante ya que era tan valiente –Bueno, si intentan violarte como a Jun al menos veremos algo bonito para variar…

-Oye!- Jun lo miró y luego a su hermano –“No lo soporto…” – le susurró pensando que además no debían salir y sujetando un poco a su hermano como para retenerlo en el cuarto.

- “Yo tampoco” – le susurró de vuelta en complicidad, dejándose sujetar aunque poniéndose de pie. – “Pero no me quiero quedar aquí solo”

- No, para nada. Es sólo que no me importa. ¿Para qué? Si me quedo en esa cama y soy un buen chico, eventualmente moriré igual. – Hisaki lo miró de soslayo. – Pienso que si sigo buscando, algún día encontraré una salida.

El rubio lo miró sin decir nada al respecto, le parecía lógico después de todo –Aunque preferiría no morir a base de mordiscos de perros….- de pronto el hospital se veía normal. Ahora parecían unos locos tras haber dicho aquellas cosas.

- Yo tampoco, pero ya se fueron – se rió de pronto como si aquello fuese muy gracioso. Aunque lo cierto es que no pensaba que corriendo sobre manos pudiesen ir muy rápido. Se cubrió la boca, acallándose. – “No debería hacer tanto ruido”.

- De veras – refunfuñó Hyouden preguntándose qué era tan gracioso, observando el lugar. ¿Estaban teniendo alucinaciones o qué? Pero no les habían dado nada y.... Miró a Jun pensando que las alucinaciones no te quitan la ropa.

El pelirrojo lo miró a los ojos aunque no tenía ni idea de lo que estaba pensando y le sonrió un poco, como diciéndole que estaba bien por si era eso lo que estaba preocupándole. Lo cierto es que comenzaba a hartarse y deseaba volver a estar solo con su hermano, aunque fuera en aquel cuarto, pero no le gustaba la compañía de los demás, ni siquiera le parecían medianamente agradables –Aquí hay unas escaleras…- señaló, sujetándose al pasamanos.

Yudai bajó las escaleras también, tras todos ellos, escuchando el ruido de la pintura al agrietarse e incluso de las maderas de los pasamanos crujiendo –Mira… ya ha vuelto, Hisaki… para que no te sientas excluido… de todos modos… por aquí esta la cocina…- bajó adelantándolos y bajando las escaleras todo lo rápidamente que podía.

- No te preocupes, es la primera vez.... que no me siento excluido – murmuró, aunque distraído por los signos de corrosión que veía. No lo comprendía. - ¿Qué está pasando?

- Te lo dijimos, algo muy raro. – contestó Hyouden, también acelerando el paso junto a su hermano, y notando que el chico se quedaba allí como en shock. – Apresúrate.

Hisaki alzó el rostro como despertando, dando un paso hacia delante y cayendo a través de la madera rota, lanzando un grito y sujetándose al borde, sintiendo que se le clavaban las astillas.

El rubio escuchó el grito y volvió atrás con ellos, sujetándolo de la muñeca y ayudándolo a subir, sin poder evitar dejarlo colgando un rato al observar abajo ¿Qué estaban haciendo? Había un tipo enorme con un delantal del cirujano y dos mellizos en una mesa ¿estaban cosiéndole la cabeza de uno al otro? Daba igual, el caso es que ahora estaba observándolos.

Jun miró abajo también sin poder evitarlo aunque su primera intención había sido ayudar, al notar que el rubio no lo subía de una vez. Tuvo que taparse la boca para ahogar el grito –Corre!- sujetó a su hermano de la mano, Yudai subiendo por completo por fin al pelirrojo, llevándolo de la mano escaleras abajo, sintiendo cómo se partían a cada rato amenazando con tirarlos a aquella sala infernal.

- ¿Qué? ¿Qué estaban mirando? – preguntó el chico, curioso de por qué no lo habían ayudado de una vez, aun corriendo a pesar de que ya habían llegado al piso de cemento.

- Uno de esos experimentos, en la sala bajo la escalera. – le contestó el albino, con el ceño fruncido. No se podía decidir si estar asustado, nervioso, o enfadado. No tenían derecho a hacer esas cosas.

-Estaban cosiendo la cabeza de un mellizo al cuerpo del otro…- explicó el rubio mucho menos secretivo con el tema –Lo peor es que el tipo nos ha visto y no me extrañaría que haya mandado a alguien a buscarnos…- empujó la puerta al final de las escaleras. Ponía “sólo personal” Siguió corriendo como si no necesitase respirar si quiera, atravesando las puertas que ponían “cocina”

Estaba totalmente desierta, en el suelo había algunos cuerpos ya en estado de descomposición y restos de comida por todas partes, ratas e insectos que aún hacían el festejo en aquellos pobres miserables. Los observó con algo de repulsión y lástima mezclados -¿Dónde está esa trampilla?- preguntó al pelirrojo, buscando él mismo.

- Allí arriba – señaló sobre un electrodoméstico que parecía haberse quemado hacía años, asqueado con los cadáveres. – Pero es muy pequeña.... ¿Qué sucedió aquí?

- Ya te dijimos, no sabemos. – Hyouden sujetó a Jun contra sí, tratando de que no mirase aquello sólo controlándose por no asustarlo más. – Todo está así.

Uno de los cadáveres alzó una mano de pronto sujetando su tobillo, haciéndolo dar un salto, con todo y Jun, pateando.

-Esto es nuevo…- el rubio se quedó mirando con cara de repulsión. Cogiendo una de las enormes potas de cocina del hospital y estampándosela en la cabeza varias veces, haciendo que saliera sangre negruzca y algún líquido amarillento, el resto de los cuerpos levantándose y el mismo en el suelo, alzándose pese a faltarle la cabeza –No necesitamos la trampilla! Salgamos por la puerta! Si aquí no hay nadie, no lo habrá tampoco por el resto del complejo o al menos nadie vivo!- el rubio cogió un cuchillo, el más grande que vio ensañándose con todo lo que podía procurando pasar por encima de los muebles para que no le sujetasen las piernas.

Jun corriendo también por las encimeras, sintiendo asco y terror, jamás había tenido tanto miedo y el no poder sujetar la mano de su hermano no ayudaba. El rubio saltó por fin hacia la puerta y la empujó. Afuera todo estaba bien, incluso el enorme recibidor, corrió por las desgastadas alfombras y el parqué de madera –Rápido! La salida está ahí! Ahí mismo!- señaló la puerta abajo, notando la luz del exterior.

Hisaki corrió tras él, por el suelo, golpeando todo lo que se le oponía con una sartén, pateando, y riendo, concentrado en salir de allí. No sería tan fuerte pero la adrenalina y el deseo que sentía era más que suficiente para empujarlo.

Hyouden salió por fin también, un poco más cuidadoso pero igual de decidido, sujetando a su hermano en cuanto estuvieron en el recibidor. No podía creerlo, iban a salir de allí, por fin. Observó cómo Yudai empujaba la puerta, una luz blanca cegándolos por un momento, y volvió a abrir los ojos, encontrándose con un techo blanco. Una enfermera se inclinó sobre él con una jeringuilla, sus manos estaban atadas a la cama. – Tranquilo.... esto te ayudará a dormir.... – la clavó en su brazo, el albino negando con la cabeza, susurrando. “No, no...” – girando la cabeza para mirar a su hermano en la otra cama, su visión borrosa.


 
 

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