| Capítulo 3 - Brothers
Hyouden permanecía en silencio, acostado en la cama, observando
a su hermano dormir. No tenía otra opción, ya que
se encontraba atado a la misma. Quería ir a su lado, se preguntaba
si estaría bien y si realmente estaría dormido. –“Jun”
– susurró, por ver si le contestaba.
El pelirrojo se giró en la cama aunque sin despertarse,
apoyándose en el borde justo y
sujetándose alarmado, por poco cayéndose al suelo
del susto. Se sentó aún adormilado y carraspeando
rojo como haciendo ver que no había pasado nada –Estás
atado de nuevo…- se acercó soltando las correas al
instante.
El albino lo abrazó contra sí, le diese vergüenza
o no. – No quería que te hicieran daño. Lo siento.
-Estoy bien…- protestó a medias como haciéndose
de rogar porque en realidad le gustaba que lo quisiese tanto. Lo
abrazó de vuelta y subiéndose a la cama para acostarse
a su lado –No deberías hacer eso… ya sabes que
no sirve de nada y después te atan… Además…
no quiero que se enfaden contigo y vayan a separarte de mí…-
lo miró a los ojos atentamente. Siempre tenía pesadillas
con que los separaban.
- No lo harán, nos están comparando, ¿no lo
has notado? Porque somos hermanos... – le explicó,
moviéndose un poco para hacerle espacio, con el ceño
algo fruncido. – No te preocupes por mí, soy yo el
que debo protegerte.
-Hum…- lo miró no muy convencido de ese argumento
–Sólo porque hayas nacido antes no tienes por qué
protegerme tú a mí, yo también puedo protegerte…
de… de algún modo… ¿sabes?
- Bien – sonrió sin poder evitarlo. – Entonces
la próxima vez, entre los dos los acabamos – lo miró
de soslayo, añadiendo enseguida, serio. – Es broma.
– Por si se le ocurría hacer algo semejante.
-Pero deberíamos hacerlo… matarlos…- lo miró
a los ojos, buscando sus ojos violeta –y volver con los abuelos…
Hyouden suspiró, pegándolo a sí de nuevo,
haciéndolo bajar la cabeza para que no viera su expresión.
¿Cómo decirle la verdad? ¿Qué eran sus
abuelos quienes los habían enviado a aquel lugar? –
Sí, deberíamos.... – contestó, apretándolo
un poco.
Jun se apartó un poco, asfixiado por la apretadera, frunciendo
el ceño y apoyándole las manos en el pecho para que
no lo asfixiase de nuevo -¿Cómo? ¿Cómo
los matamos? Si… yo no valgo para nada además…-
bajó la cabeza de nuevo él, mismo auto asfixiándose
ahora.
- No digas eso! – el albino se enderezó un poco en
la cama, alzándole el rostro. – Vales para mucho. Y
no necesitas ser un asesino para eso.
-Yo no dije eso!- le gritó, porque además lo había
espantado tan concentrado como estaba en pensar en lo delgado que
era. Se quedó mirándolo tal y como estaba –Sí…
valgo… puedo matarlos a patadas en la canilla… - puso
cara de cabreo y sonrió un poco al imaginarse –No…
qué penoso…- frunció el ceño de nuevo
girándose de frente al techo y jugando con los hilos de la
ropa de su hermano, quien se rió de nuevo, sin poder evitarlo.
- Ya deja los planes de asesinato. – le sacudió el
cabello, acostándose de nuevo. – Tendríamos
que idear otra manera. No podemos quedarnos aquí.
-No hay otra manera…- se quedó con la mano alzada
porque le había quitado los cordones y la dejó caer
sobre el colchón -¿Qué manera? ¿Les
pedimos por favor que nos dejen irnos?- se rió girándose
hacia él -¿Cosplay de enfermeras?
- No lo sé, ¿qué tamaño de uniforme
crees que sea? – se rió de nuevo, jugando con él.
Era lo mejor, pasar el tiempo así. No iba a hacer nada que
pusiese a Jun en peligro.
-Mejor seduces a una y luego le clavas la jeringa en un ojo…-
asintió con la cabeza. Girándose hacia él de
nuevo y pasándole una pierna por encima, moviéndola
como jugando. Trepándose luego encima por completo.
- Eres un macabro – sonrió el albino sujetándolo
y remeciéndolo un poco.
-¿Y ellos qué? Siempre me están pinchando…
y escucho gritos… tú también… Por la noche
no puedo dormir… esto… nos van a torturar hasta matarnos
y …nadie…nadie hace nada…Odio esto…- frunció
el ceño girándose de nuevo ahora al otro lado de la
cama, dándole la espalda –y odio las agujas…
- Lo sé, yo también lo odio, y a las agujas –
se giró de lado también, observándolo y pasándole
la mano por el cabello preguntándose si lo había molestado.
– Y nadie va a torturarte... ni a matarte, no lo permitiré.
El pelirrojo echó la mano atrás de pronto, atrapando
la de su hermano y rodeándose con su brazo, llevándosela
a la cara y tapándose los labios con ella, echándose
un poco más atrás para cobijarse en él. Ya
se sentía torturado, pero mejor no decirlo. Sintió
que se le caía el cabello delante de los ojos totalmente
lacio –No era una broma… quiero huir…
- Ya lo sé, pero.... no sé cómo. – Se
acostó del todo, echándose hacia delante para abrazarlo
mejor. – Lo haremos, vamos a encontrar una manera, pero tenemos
que pensarlo bien. Si sólo atacas a las enfermeras y sales
corriendo, te atraparán antes de que puedas llegar a medio
pasillo.
-Y luego nos matarán…- sentenció el pelirrojo
cerrando un poco los ojos y frunciendo el ceño. Se volteó
un poco y lo miró a los ojos –Pero… ellos creen
que yo no soy peligroso… ¿y si lo fuera?... Ellos no
saben lo que pasa por mi mente cuando nos tocan…- se giró
de espaldas poco a poco de nuevo –No lo saben…
Hyouden apretó a su hermano contra sí, besando su
cabello, no era justo. No soportaba verlo sufrir así. –
Son muchos, la sorpresa inicial desaparecería rápido.
Tenemos que pensar en otra cosa.
-¿En qué? ¿Una bomba nuclear?- se rió
y lo miró de nuevo, notando que ya estaba haciéndolo
sentir mal -¿No has notado que no he crecido nada desde hace
tiempo?
- No seas baka, eso es imposible. – negó, frunciendo
el ceño, aunque sí que lo había notado. –
No estás comiendo bien, es todo. Y una bomba nuclear nos
mataría a todos. Primero hay que buscar una vía de
escape, y no correr por ahí a ciegas. – continuó,
cambiando el tema.
El pelirrojo frunció el ceño subiéndose sobre
él, apoyándole las manos en los hombros para tumbarlo
–Estoy comiendo! Me lo como todo y no crezco… no pases
de todo… a mí me importa…- se levantó
de la cama saltando abajo y caminando hasta la ventana, observando
por los agujeros del panel metálico. Apenas veía nada,
sólo un trozo de campo y a no más de un metro de distancia,
una muralla como de unos 10 metros –“Deprimente…”-
susurró cerrando los ojos y apoyando la frente en el metal
frío.
- No paso de todo, es que.... Vas a estar bien – prometió
sin ningún fundamento real, deseando protegerlo, sintiéndose
inútil. Se sentó en la cama mirándolo. –
Nos iremos de aquí.
Jun lo miró apoyando la espalda en la pared –Creo
que me voy a quedar raquítico… debería de haber
crecido ¿entiendes? Antes crecía… crecía…
todo…- se volvió de espaldas rojo e inclinando un poco
la cabeza porque ya se sentía expuesto de más –Odio
esto…
- Te ves bien como estás de todas maneras. Tienes los mismos
genes que yo, ¿no? – intentó bromear para ver
si sonreía un poco, pero sin acercarse para no exponerlo.
-Pues que se note…- frunció más el ceño
apoyándose más en la pared, hasta que ya casi parecía
adherido –No tiene gracia ¿Sabes?- sonrió quisiera
que no –Tú tienes la espalda como dos mías…
- neceó de nuevo –Además… tú te
pareces a mamá… y yo no… yo debería ser
más alto… - susurró luego como si no le llevase
su hermano 8 años –Bueno… no… pero debería
estar creciendo…
- Soy mayor que tú, es normal que sea más grande.
– se puso de pie finalmente, yendo junto a él, y atrapándolo
quisiera que no. – Eres mi hermanito, si creces mucho, me
deshonras. Estás bien, Jun, tienes buen tamaño. –
le aseguró luego, más serio.
-No es verdad… ¿crees que no me veo en los espejos?-
se giró mirándolo a los ojos –Puedes decir lo
que quieras, pero soy un adolescente!… me reviso… todo
y además… siempre que me pesan y me miden son las mismas
cifras… me han dejado enano ellos… seguro…- bajó
la cabeza con el ceño fruncido, tratando de apartarlo de
él empujándolo del pecho aunque no quería que
lo soltase pero… -Además! Me da igual, me voy a morir
aquí!… No es como que tenga que importarme… déjame!
Déjame!- lo empujó varias veces sujetándole
la ropa con las manos.
- No! Y no te vas a morir! No quiero oír eso de nuevo! –
le gritó, apretándolo contra sí con fuerza
por más que lo empujase. – Y no eres enano, eres perfecto.
No te voy a soltar.
El chico se quedó mirándolo agarrado a la bata del
hospital de su hermano, sorprendido de que le hubiera gritado a
él y como un tanto descolocado ahora sobre cómo se
sentía. Bajó la cara, apoyando la frente contra su
pecho, alzando los brazos para sujetarse a su cuello en silencio,
en parte herido en su orgullo porque lo hubiera amonestado y en
parte asustado.
- No te voy a soltar, y no dejaré que te hagan más
daño. Te voy a sacar de aquí – susurró,
con los ojos aguados, apretándolo contra sí, para
que no fuera a ver eso, y también porque lo necesitaba.
Jun se puso de puntillas y le besó la mejilla, escondiendo
la cara de nuevo contra él, cerrando los ojos con fuerza
para no llorar.
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