| Capítulo 2- The Angry Gaijin
-Duk-cho shibaalnom! Ggujo!- el albino estampó a la chica
contra la pared de enfrente de una patada en el pecho. La cama entera
se movió adelante, sus brazos sujetos por correas de cuero,
estaban rojos y amoratados bajo estas, de la resistencia del chico
a estas y del tiempo que llevaban allí apretándole
durante días y día -Ap'un mee chin nyun…
La enfermera tosió en el suelo, su compañera ayudándola
a levantarse y mirando al chico con el ceño fruncido –Estás
loco!
El chico se rió, eso sí que era lo que le faltaba
por oír, ¿él estaba loco? -Ne jot i na bbal
a ra!
Yasu se echó a reír, aunque no tenía idea
de lo que decía, pero conociéndolo, seguro no era
nada agradable. - ¿Para qué haces eso? Sólo
conseguirás que te pongan un tranquilizante. O será
que quieres uno.
-Sí…uno doble con hielo…- murmuró el
coreano pegando una patada a los barrotes metálicos según
salían las mujeres, haciéndolas asustarse y salir
apresuradamente. Se rozó la cabeza contra la almohada mirando
al techo con los labios entreabiertos. Giró el rostro aún
sin cambiar el gesto –Suéltame… mueve…
- Si me das una patada, pateo de vuelta, ¿eh? – le
advirtió, aunque sonriendo y poniéndose de pie para
desatarlo, haciendo un gesto de dolor ajeno ante el estado de sus
brazos.
-¿Te da asco?- se lo acercó a la cara malditamente,
frunciendo el ceño –Si te da asco, lámelo…
Con suerte te matará lo que acaban de meterme en vena- no
comprendía cómo podía estar tan tranquilo y
sonriente como si nada.
- Eso no tiene ningún sentido. – negó con la
cabeza preguntándose para qué iba a lamer algo que
le diese asco. Se alejó, sentándose en su cama de
nuevo. – No, me daba dolor, el sólo pensar en tenerlos
así.
-Tsk…- se levantó, mirándolo de soslayo paseándose
por el cuarto y sujetando el pomo de la puerta, girándolo,
comprobando que estaba cerrado. No, nunca se olvidaban de cerrarlo
esas… hijas de puta…. Frunció el ceño
pegándole varias patadas al pestillo, ya no sabía
ni para qué se ponía furioso aún. Se metió
los dedos entre el cabello paseando por el cuarto de nuevo -¿Por
qué estás tan tranquilo?! No tiene sentido, eso sí
que no tiene sentido…- se acercó a él apoyando
las manos en la pared a los lados del chico, sus ojos verde claro
mirándolo fijamente como indignado.
Yasu le devolvió la mirada sin alterarse ni amedrentarse,
suspirando. - ¿Por qué estás tan alterado tú?
¿Eso va a cambiar algo? ¿No te siguen inyectando lo
mismo? ¿No sigues sintiéndote como si debieras estar
muerto? No, sólo obtienes eso – señaló
las marcas de sus brazos con un movimiento ligero de la cabeza.
El albino se apartó golpeándose la frente con la
palma de la mano –Increíble… entonces si te violo…
tú me dejas porque sólo obtendrás desgarros
si te resistes y si no, te violaré y punto… joder!
– lo apuntó con un dedo. Siempre estaban discutiendo
y curiosamente no parecía conseguir encontrar el límite
de Yasu. Le hacía desesperarse más.
- Depende.... de si puedo lograr que no lo hagas. No significa
que me rinda a cualquier cosa. Pero esto no es algo contra lo que
vaya a ganar. – se quedó mirándolo, tentado
a sujetarle el dedo, por molestarlo y resistiéndose.
Ray dejó salir su respiración entre los dientes casi
gruñendo antes de sentarse en su cama sin dejar de mirarlo
como si fuera el culpable de todas sus desgracias –No tienes
sangre…- lo volvió a señalar antes de cruzarse
de brazos sujetándose una rozadura con la mano. Lo cierto
es que le dolían las heridas y no quería hacerlo ver
–Eres un parado… eso es lo que eres… te quedarás
aquí encerrado hasta que te maten…
- Y ¿qué piensas hacer tú? No te van a dejar
salir porque no entiendan lo que dices – le sonrió,
refiriéndose a sus gritos en coreano y observando cómo
se sujetaba la herida. – Si le pones un poco de agua, te sentirás
mejor.
-No necesito agua- apartó la mano cruzándose de brazos
simplemente y apoyándose contra el respaldo de la cama contrariado,
observándolo de soslayo y alzando una ceja pensando “estúpido
japonés” –Tu puto país es una mierda…
Esto… esto es culpa vuestra…e insulto en lo que me sale
de los huevos… si tú te cabreases… no insultarías
en inglés por más que estuvieras en USA ¿cierto?...
- No, pero por otra parte, ¿de qué te vale insultar
si nadie te entiende? – se rió suavemente, pensando
que era muy necio. – Era una broma de todos modos, no era
para que lo tomases literal.
-Ah…lo mío no era broma, puedes tomarlo literal…-
“joder…” renegó de nuevo alzando una pierna
y pegándole una patada al colchón, furioso y frustrado
–Me hace sentir mejor ¿comprendes? Rebajarlas…
si pudiera, las usaría de letrina…y a ti te usaría
de muñeca hinchable… eso… mientras tú
te preguntas de qué color quieres las sábanas…
con esa poca sangre que tienes…
- Sinceramente, encuentro mucho más placentero el rol de
muñeca inflable que de letrina. – le siguió
el juego, sin alterarse. – Y estoy bastante seguro de que
tú tienes sangre por los dos.
-¿Quieres un poco de la mía? No… no…
ya te llega con eso que te meten en vena, yo creo que te gusta ¿verdad?
Siempre has querido tener rollo con un médico y tratas de
buscar partido… ¿a que sí? Eso es…. –
se tiró en la cama dándole la espalda, desvariando
como siempre. Le ayudaba a olvidarse de lo cabreado y frustrado
que estaba, de lo deprimido…
- ¿Sabes? Creo que tienes razón. Creo que se te da
bien la psicología. – observó su espalda, y
luego la jarra de agua en la mesa que dividía ambas camas.
El problema con intentar ayudar a ese chico es que te podías
ganar unas hostias.
- Se me da bien todo- frunció más el ceño,
mintiendo como nunca, pasándose la mano por la nuca y por
el cabello hacia delante, alborotando los mechones negros y blancos,
recordando los gritos de júbilo, el sonido de su guitarra
a través de los enormes amplificadores de los escenarios
-¿Qué es lo que más echas de menos?
- Todo, mi vida.... a ella. – sonrió con algo de tristeza,
echándose un poco hacia atrás sobre sus brazos. –
El viento de la mañana, una taza de café... –
se quedó callado, seguro de que si seguía, la lista
sería demasiado extensa. - ¿Y tú? ¿Qué
es lo que más echas de menos?
-Tocar…- se giró un poco, mirándolo de soslayo
y observándolo, notando casi aliviado que al menos algo le
afectaba. Comenzaba a pensar que era un “real doll”
destinado a hacerle perder la poca cordura que le pudiese quedar
–Echas de menos a tu novia… qué mariconada…-
se giró de espaldas de nuevo mordiéndose una uña.
- Eso tiene aún menos sentido que lo que dijiste antes.
– suspiró, no tenía remedio. - ¿No tenías
a nadie a quien quisieras?
-Para ti nunca tiene sentido nada de lo que yo digo… como
si tú fueras lógico!- se giró a mirarlo, alzando
un poco la voz -¿Por qué no tiene sentido? A ver…
di…listo…- dijo la ultima palabra como si pusiese ahí
todo su desprecio, pasando del otro tema.
- Porque si extraño a mi novia, no puede ser una mariconada.
Si fuera una mariconada, extrañaría a mi novio, ¿no
crees? – explicó, tratando de no reírse y notando
que no le contestaba.
-Tío… - lo señaló de nuevo, apretando
las mandíbulas –No me llenes ¿vale? Mi paciencia
tiene un límite… es una cursilada… eso…
ahora no puedes decir nada ¿eh?...
Yasu sonrió más abiertamente, suponía que
el límite de su paciencia se había perdido hacía
tiempo en realidad. – Vuelvo a preguntar, ¿extrañas
a alguien?
Ray exhaló mirándolo fijamente –A mis colegas
del grupo supongo… ¿feliz? A nadie en concreto…
yo qué sé…- se tumbó de nuevo atravesado
en la cama –No pudiste decirme nada de lo cursi que eres…-
sonrió de medio lado sujetándose el paquete.
- Bueno, es que soy cursi – contestó, meneando la
cabeza. - ¿Permitirías que te ayude con las heridas?
-Haz lo que te dé la gana…- se soltó el paquete
mirándolo como podía desde allí, preguntándose
por qué lo ayudaba –Eh! ¿Es que no ves que soy
un desagradable? ¿No lo notas? Estás loco…
- No, tú estás loco. Lo dicen las enfermeras –
bromeó, poniéndose de pie y tomando la jarra de agua,
mojando la punta de las sábanas con ella y sentándose
a su lado. – Además, soy cursi ¿qué no
prestabas atención? Es lo que hacemos.
-Aha… - dijo del todo cínico, mirando cómo
lo curaba y haciendo cara de que como lo lastimase lo sacaba de
una hostia. Frunció el ceño, apartando un poco el
brazo al sentir que efectivamente le hacía daño –Más
cuidado… que no soy de piedra… Cuando acabes me atas
una venda con un lacito y me das un beso en las pupitas ¿sí?
- Lo siento, pero no tengo vendas – lo miró a los
ojos como si de veras estuviera planteándose el besarle las
pupitas, sonriendo luego y continuando. – No soy enfermero,
pero a mí me gustaría que me ayudasen.
-Lo tendré en cuenta…- lo miró a los ojos también
comprendiendo ahora que lo hacía para que después
él lo ayudase cuando se encontrase mal –Debiste meterte
a monje… con la cabeza rapada… todo gay…- le apoyó
la mano en la cabeza bajándosela con algo de brusquedad natural,
echándole el pelo hacia delante.
Yasu se echó a reír, dejando que le moviese la cabeza,
y finalmente soltando su mano. – Hubieras sido mi meta entonces.
¿Crees que pueda salvar tu alma?
-Lo llevas jodido…estoy podrido de mierda- sonrió
y cerró los labios casi de inmediato. ¿Es que era
estúpido para dejarse llevar y sonreír así?
No había motivos para estar feliz ¿Qué coño?
Frunció el ceño mirando al techo, arrepintiéndose
de no haber hecho unas cuantas cosas cuando había tenido
ocasión.
- Todo el mundo sonríe, Ray – el rubio suspiró
al ver que ocultaba su sonrisa. Pero suficiente con que hubiera
sonreído, ¿no? Ahora predecía que venía
otro comentario borde.
-Como si tuviera motivos… no te jode- se giró de espaldas
a él frunciendo el ceño contrariado y pegándole
un codazo casi imperceptible.
- No hay motivos para no sonreír tampoco. Les estás
dejando ganar – susurró, poniéndose de pie,
y dirigiéndose a su cama de nuevo, acostándose en
ella.
-Tú ya lo has dicho antes… haga lo que haga…ellos
ganan de todas maneras…- apretó las mandíbulas
deseando golpear algo y arremetiendo con el pie contra la cama de
nuevo.
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