| Capítulo 1-Not Healthy Enough
Wolf se levantó de la cama abruptamente, un sudor frío
recorriendo su espalda al escuchar el pitido de las máquinas
que monitorizaban las pulsaciones del pequeño en la cama
de al lado –Keika!
Sus ojos castaños se abrieron. Apoyó las manos en
el colchón, enderezándose súbitamente con los
brazos, mirando a la cama de al lado y secándose el sudor
de la frente, el cabello revuelto sobre esta. Estaba húmedo,
de nuevo la misma pesadilla. Se levantó, acercándose
a la cama donde dormía el rubio plácidamente.
Comprobó su temperatura, no sabía por qué
soñaba aquello una y otra vez. En realidad parecía
encontrarse mejor que nunca, es más, ninguna máquina
lo estaba monitorizando.
El rubio abrió los ojos, al sentir que tocaban su mano,
observándolo y sonriendo. – Wolf sensei.... ¿Está
bien? – se sentó, notando el sudor, rogando que no
tuviese fiebre.
-Estoy bien…- se sentó en el borde del colchón
y sonrió levemente en respuesta a su sonrisa, aunque no tuviera
muchos motivos para hacerlo realmente -¿Cómo te sientes
hoy?- se cruzó de brazos observándolo entre las sábanas
blancas. Hacía unos cuantos días que nadie entraba
en su cuarto salvo las enfermeras para llevar y traer las comidas.
Él tampoco salía, mejor así.
- Bien, mucho mejor- recogió sus piernas con las manos,
bastante emocionado por aquello. No era algo para tomar a la ligera
después de tanto tiempo de dolor y debilidad. – Tal
vez me dejen ir a casa, ¿no lo cree? Si sigo así....
Tal vez usted también.
-Tal vez…no. Seguro que sí…- se corrigió,
pasándole la mano por el cabello y bajando un poco la vista,
completamente serio, preguntándose si no notaba que sus padres
no lo habían ido a visitar jamás. Seguramente creía
que no se lo permitían o algo así. Lo miró
a los ojos igual de serio –Seguro que te echan de menos- sonrió
con algo de lástima.
- Yo también los extraño.... y a Michi – suspiró,
pensando en su gato, pero tratando de no ponerse triste. No servía
de nada y le daba la impresión de que ponía triste
al moreno también. – Podría venir a visitarnos
¿no?
-Claro… ¿Por qué no?- se apoyó las manos
en las rodillas pensativo y bastante melancólico también,
echaba de menos a su familia también, le asaltaban un millón
de dudas respecto a esta.
- Está preocupado, tiene esa cara de nuevo – le comentó
el chico, serio de pronto. Le había tomado cariño,
de alguna manera lo sentía como si también fuese parte
de su familia. Debía ser duro para él, ser doctor
y no poder curarse.
-No, estoy bien- le sonrió revolviéndole un poco
el cabello, prefiriendo ni mencionar que echaba de menos a su familia
para no ponerlo triste –Mi hijo tendrá ahora un año
menos que tú…
- Seguro lo extraña también. – le tomó
una mano entre las suyas, sonriendo. – Me gustaría
conocerlo.
-Claro, lo harás- sonrió un poco más, sumiéndose
en sus propias mentiras y consuelos, observando las manos tan pequeñas
sujetando la suya. Lo atrajo hacia él con suavidad para abrazarlo,
escuchando los pasos afuera y dos voces masculinas. Deseando que
pasaran de largo, tensándose de pronto y mirando adelante.
Hacia esa puerta metálica que ponía 002.
La puerta se abrió sin embargo, los doctores observándolos,
serios, uno de ellos habló sin especificar a cual se dirigía.
- ¿Cómo te estás sintiendo hoy?
- Bien, me siento bien – se apresuró a responder Keika,
nervioso, no fueran a hacerle ningún examen ni a darle alguna
de esas medicinas que lo hacían sentir mal.
-Aún tiene fiebre, las conclusiones serán más
rotundas para cuando se encuentre en perfecto estado- el moreno
se levantó tapándolo un poco tras él y empujándolo
disimuladamente para que se acostase -En cambio, yo me encuentro
perfectamente ya…- tragó saliva forzadamente. Uno de
los doctores ajustándose las gafas de cristal redondo, observándolo
serio, sabía perfectamente lo que hacía.
Lo apartó de delante del chico sin que el moreno opusiera
resistencia, sabía que sólo sería peor para
ambos.
Keika se quedó quieto mientras el hombre examinaba su rostro,
bajando sus párpados inferiores para observar sus ojos, y
colocando el supresor de lengua dentro de su boca para poder observar
su garganta. – Está listo.- le avisó al otro
doctor, que extrajo una jeringuilla con un líquido dentro,
pasándosela.
El médico, tomó el brazo del chico, apretando un
trozo de caucho alrededor del mismo para hacer sobresalir la vena.
- No lo necesito, estoy bien... en serio – protestó
Keika, nervioso, retorciéndose un poco, pero sin poder evitarlo.
Wolf apretó las manos, sujetando con fuerza el borde metálico
del jergón, el otro doctor observando los músculos
de sus brazos tensos y su rostro furioso.
–Recuéstese…- susurró sin alterarse un
mínimo, preparando otra jeringa para él, mientras
su compañero lo revisaba y hacia recostarse.
El moreno cedió respirando agitadamente, observando el líquido.
Era sangre, eso saltaba a la vista. Apretó las mandíbulas
cuando sintió el pinchazo, sentir aquello entrando en sus
venas le repugnaba, estiró la otra mano y el otro se la sujetó
de golpe prendiéndole el brazo con dos correas –Tranquilízate,
no querrás dejarlo solo… - Wolf miró al techo,
de nuevo aquel sudor frío y aquella sensación de impotencia
y rabia.
El rubio giró el rostro, sus ojos dorados fijándose
en su compañero de cuarto. Sabía que lo intentaba
proteger, aunque siempre le era confuso todo aquello. Incluso la
manera en la que lo trataban. Sus ojos se cerraron por un momento,
sintiéndose cansado, un tanto mareado, pero aún así,
volvió a abrirlos.
La puerta se abrió, una mujer morena entrando después
de llamar, seria, en profundo silencio. Wolf la miró a los
ojos aún demasiado alterado, la chica dando un paso atrás
con el carrito de la comida.
-Que vengan a revisarlos en doce horas… - murmuró
uno de los doctores a la enfermera, saliendo sin más junto
a su colega.
-Sí, sensei…- hizo una profunda reverencia esperando
a que salieran antes de alzar la cabeza de nuevo. Colocando las
bandejas de comida en las mesitas, nerviosa a más no poder
al pasar al lado del moreno, a pesar de las correas que lo sujetaban.
Le sujetó el brazo, haciéndole tirar el vaso de agua
tras un ligero gritito –Suéltame las correas…
harás lo que me prometiste ¿cierto?- la chica asintió
sin mirarlo, temblorosa aún, comenzando a soltarlo de todos
modos.
Keika se pasó una mano por los ojos, haciendo el esfuerzo
de sentarse de nuevo, mirando el carrito de la comida. Extrañamente,
no tenía hambre, tal vez era por la inyección. –
Sí, suéltelo... – pidió también,
sólo porque no le gustaba verlo atado.
Wolf se sentó en el colchón, aún demasiado
alterado, llevándose la mano a la frente, sintiendo como
si algo le comprimiese el cerebro, se había tensado demasiado.
La chica le pasó un paño por la frente limpiándole
el sudor y el moreno giró la cara apartándola con
una mano –Haz lo que te dije… - insistió poco
menos que echándola de allí.
- ¿Qué le pidió? – preguntó curioso
el chico, poniéndose de pie a pesar del mareo y acercándose
a la cama del moreno, arrodillándose en el piso para colocar
sus manos y su rostro en el colchón, mirándolo.
El moreno alzó una mano dejándola bajar sobre la
cabeza del chico, pasándosela por el pelo y cerrando los
ojos, tratando de relajarse un poco aunque aún se sintiese
tenso. Escuchando la puerta del cuarto cerrarse y entreabriéndolos
entonces para mirar de soslayo a Keika –Unos papeles…nada
importante… pero no te pongas en el suelo, está sucio…-
suspiró pensando que seguramente mucho más sucio era
lo que habían metido en sus venas. Se escucharon unos gritos
desgarradores y la otra mano se apretó con fuerza sobre el
colchón.
El rubio apretó los párpados bajando el rostro contra
las sábanas, como si aquello fuera a hacerlos desaparecer.
Lo aterraba, y era aún peor cuando lo llevaban a alguna de
las salas de exámenes. Se empujó sobre la cama, poniéndose
de pie, y mirando al moreno, con cara de súplica. - ¿Puedo
quedarme aquí?
-Claro…- apartó las sábanas y se echó
a un lado para dejarle sitio, sonriendo levemente tratando de distraerlo
de aquello –Después podríamos leer un poco ¿Qué
te parece?- lo observó. Lo cierto es que obligarse a mantener
a Keika bien, le daba fuerzas, hacía tiempo que había
notado que sentía como si fuera su hijo, aquel sentimiento
lo martirizaba y enternecía a la vez ¿Estaba olvidando
a su verdadero hijo? ¿Lo habrían olvidado a él?
¿Lo estaría substituyendo otro hombre ahora?
- Claro... – murmuró el chico, entrando bajo las sábanas
y acurrucándose un poco. – Gracias.... – se quedó
callado, pensativo. Los gritos habían cesado, pero serían
reemplazados por otros nuevos si esperaba lo suficiente. - ¿Por
qué siempre están enfadados con usted?
Wolf lo miró a los ojos, sonriendo sin poder evitarlo a
causa de su inocencia –No lo sé, tal vez no les agrado…
- frunció un poco el ceño al sentir un olor un tanto
nauseabundo a carne cocida -¿No estás cansado? Deberías
dormir…- ¿Dormir? Eso era lo único que podían
hacer… cuando tenían la suerte de conciliar el sueño.
- Supongo que sí. – cerró los ojos, aún
curioso, recostándose más. – Me siento mejor,
no hay necesidad de medicinas, no comprendo.... Y no tengo hambre
– añadió, como si necesitase recalcarlo.
-Yo tampoco… pero tenemos que comer. Tendrás que hacerlo
después, ya lo sabes, no querrás que te pongan el
suero de nuevo ¿no?- deslizó un dedo por sus cejas
y por el puente de su nariz, dibujándolo con suavidad, recordando
cómo solía lograr que su hijo se durmiera con eso.
Sonrió levemente, casi observando su rostro por un instante.
Dejándose caer después sobre el colchón, acostándose
completamente y apoyándose la mano sobre los ojos.
- No quiero... – susurró el chico, soñoliento,
ya empezando a dormirse.
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